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La primera vez que NIKKÖ tocó en un cementerio entendió que algo en su música había encontrado un lugar definitivo. Por eso, cuando empezó a trabajar en “FRIKIDADIDOU”, una canción atravesada por la imagen de un velorio familiar y los traumas que sobreviven incluso entre los vivos, pensó inmediatamente en una persona: Mariana Enriquez.

La conexión con la escritora se dio a partir de la oscuridad, elemento clave en la cosmovisión de ambas. Todo comenzó en 2024, cuando NIKKÖ –el nombre artístico de Nicole Mugneco– organizó un recital en el Cementerio Británico de Buenos Aires, una experiencia que recuerda como el show más importante y cinematográfico de su carrera hasta ahora. Antes de esa fecha, alguien de su equipo le recomendó leer Alguien camina sobre tu tumba, el libro de crónicas en cementerios de la autora argentina.

“Ya la seguía por entrevistas y sentía mucha conexión con las cosas que decía. Pensaba: ‘Yo quiero ser esa señora en unos años’”, cuenta Nikkö entre risas en diálogo con Rolling Stone. Y dice que intentó invitarla al recital, pero Enriquez no estaba en el país. Quien sí asistió fue la periodista Lala Toutonian, colaboradora y amiga de la escritora, que quedó fascinada con la propuesta. A partir de ahí empezó a construirse un vínculo que terminaría desembocando en “FRIKIDADIDOU”.

“El tema habla de familiares reunidos en un velorio, de gente que no se ve nunca, de la careteada y de los traumas que tiene uno. Entonces pensé: ‘Che, esta canción necesita que Mariana diga algo acá’. Sentía que el tema necesitaba su voz. Que había algo ahí que ella podía narrar mejor que nadie”, dice. Y cuenta que la grabación terminó siendo mucho más relajada de lo que esperaba. NIKKÖ pasó a buscar a Enriquez por su casa y juntas fueron a un estudio en Benavídez. “Lo que menos tiempo llevó fue grabar. Después nos quedamos todo el día hablando de música, tenis, Taylor Swift, canguros…”.

El momento más intimidante llegó cuando tuvo que mostrarle el texto que había escrito especialmente para ella. “Le dije: ‘Capaz esto te parece una mierda y tengo que encerrarme en el baño a escribirlo de nuevo’. Pero le encantó. Lo único que me cambió fue un verbo”, cuenta Nikkö, que de chica soñaba con ser escritora.

NIKKÖ, la cantante que toca en cementerios y convocó a Mariana Enriquez para su nuevo tema
“Hay cosas que no se pueden cantar lindo. Tienen que doler”, dice NIKKÖ. (Foto: Laurita Church)

“Yo me encerraba en mi cuarto y escribía novelas interminables sin rumbo”, recuerda. “Me ponía música y lo que esa música me hacía sentir era hacia donde llevaba la historia”. A los 12 años descubrió accidentalmente que también podía usar su voz. Estaba sola en su casa, en el descanso de una escalera con eco, cuando hizo un sonido y pensó: “Che, creo que puedo cantar”. Las novelas empezaron a transformarse en poemas y después en canciones. Poco tiempo más tarde convenció a sus padres para empezar clases de canto, algo que desconcertó bastante a su familia porque siempre había repetido que quería ser escritora.

La primera vez que cantó en vivo fue en un bar de San Isidro, durante una muestra de su profesora. Eligió “I Love Rock ’n’ Roll”, el clásico popularizado por Joan Jett. “Después, cuando conocí más su historia, me sentí completamente identificada con ella. Cuando cuenta que iba a los sellos discográficos y le decían que no podía cantar, que su música no servía, yo me veo reflejada. Siempre me sentí del lado de los rechazados. En el colegio era la loser, la perdedora. Y arriba del escenario es cuando me siento ganadora. Tocar en vivo es una venganza contra mis pensamientos intrusivos y contra mi yo del pasado, que muchas veces dudaba de sí mismo”.

La primera etapa de su carrera estuvo marcada por Finnegans, la banda que formó después de terminar el colegio y con la que pasó once años grabando discos y girando de forma independiente. Ahí aprendió a tocar, producir, organizar shows. Pero el proyecto cumplió su ciclo. “La banda se terminó convirtiendo en una pyme”, resume. “Tenía una velocidad de ideas muy constante y una banda implica combinar horarios, economías, opiniones. Entendí que Finnegans había cumplido su ciclo. Y supe que no iba a volver a tener otra banda porque mi banda fue esa”.

Aunque el proyecto terminó, muchas de las bases de su sonido siguen ahí. “Salíamos a tocar con camisas largas hasta el piso, todo negro. El último disco, Frank, fue el más pop: nos fuimos a Mendoza, a una finca, tomamos ácido, compramos un sintetizador y empezamos a sonar diferente. Pero cuando armé mi identidad solista me di cuenta de que los momentos que más disfruto en vivo son cuando todo se pone más rockero y violento”, sostiene. En Finnegans ya había guitarras que, por momentos, buscaban ir por el camino de Jack White o The Dead Weather… y “FRIKIDADIDOU” suena a The Kills.

“Cuando la música se pone violenta siento que mi cuerpo la necesita”, asegura Nikkö. “Después de tocar, me tiemblan mucho las manos. Termino con la presión baja, como si hubiese ido a una batalla”. Y aclara: “Amo el pop. Me encanta Prince, me encanta Michael Jackson, me encanta toda la estética de los ochenta. Pero mi alma necesita la catarsis del rock”.

Tras el final de Finnegans, Nikkö inició oficialmente su camino solista justo antes de la pandemia, en 2020, con el EP El nuevo planeta, un primer manifiesto donde probó correrse del rock más rígido para explorar climas oscuros con sensibilidad pop. Más tarde llegó Maniki, su primer álbum, un trabajo introspectivo que llama a hacer catarsis. Los primeros adelantos de su próximo disco muestran su costado más crudo y guitarrero, influenciado por el rock alternativo de los noventa.

Mariana Enriquez con NIKKÖ. (Foto: Laurita Church)

Además del riff podrido de la guitarra y el galope ajustado de la batería, la letra del estribillo de “FRIKIDADIDOU” sintetiza con precisión la mirada actual de Nikkö: “De chica no me gustaba la gente/ ahora veo muertos que están en mi mente”, canta con un grito casi gutural. “Hay cosas que no se pueden cantar lindo”, explica la artista.

“La voz que quedó grabada fue prácticamente la de la maqueta porque ahí me grité todo. No puede ser melódico. Tiene que doler. Eso tiene que salir crudo. Hay momentos que necesitan ser gritados”.

El videoclip de la canción muestra esta pesadilla urbana que narra Nikkö en la letra, que dialoga muy bien con el imaginario literario de Mariana Enriquez. La participación de la autora en el clip no está planteada como un cameo clásico, sino como una presencia narrativa. Una voz espectral que lo invade todo.

Un espíritu similar se evoca en el cover que hizo Nikkö de “La casa del sol naciente” –cantada alguna vez en estas pampas por Palito Ortega–, otro de los momentos clave a la hora de entender su nueva etapa. La idea de la versión surgió después de escuchar la interpretación a capela de Sinéad O’Connor. “Esa canción tiene una soledad muy infantil que me destruye”, dice. “Tenía que convertirse en algo desgarrador”.

La colaboración con Enriquez formará parte del próximo disco de Nikkö, Aquel lugar donde perdí la inocencia, que promete ser “muy crudo, con mucha guitarra, nada de pistas, nada de sintetizadores”. Lo resume así: “Volví a mis influencias más noventosas”. Y adelanta: “Hay un tema que habla de alguien que se suicidó y se arrepintió. Va muy al hueso”. El álbum será presentado el 17 de octubre. Y sí, será otra vez en un cementerio. Mientras tanto, Nikkö observa con entusiasmo el estado actual del rock argentino. Nombra bandas como Dum Chica, Buenos Vampiros y Mujer Cebra como parte de una nueva ola que apareció después de la pandemia. “Cuando estuvimos encerrados tanto tiempo, mucha gente necesitó volver a sentir la distorsión en el pecho”, reflexiona. “A veces no querés que te canten suavecito al oído. A veces necesitás que te griten”.

Su más reciente aparición se dio en la Feria del Libro de Buenos Aires, primero en un recorrido por los largos pasillos del predio, megáfono en mano. Y luego en forma de show. O deberíamos decir, de performance. Porque lo que ocurre cuando Nikkö sale a escena no se parece a un clásico show acústico en una feria en La Rural. El maquillaje, el vestuario, la interpretación y la música, por supuesto, se ponen al servicio del mundo de fantasía dark que construyó Nikkö en su cabeza. Y que cobra vida en sus obras, ya sea entre libros, en el sótano de un bar o rodeada de lápidas.

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iLe comenzó a trabajar en Como las canto yo casi que por impulso. Dentro de sí, siempre había querido grabar un disco que constara de sus propias interpretaciones de los boleros que marcaron su adolescencia, solo que no había encontrado el momento de hacerlo. Cuando por fin sintió que había llegado la hora, quiso incorporar grandes arreglos porque le daba miedo que cada canción perdiera su esencia, pero se desprendió de su visión de fanática para dar lugar a una instrumentación más minimalista que les diera un sonido crudo y directo. Con este concepto en mente creó Noches de Ronda, una serie de shows pequeños en distintos pueblos de Puerto Rico que se caracterizaron por su minimalismo y su cercanía con el público. “La pasamos demasiado lindo”, dice. “Era mi deseo. Uno siempre se prepara para lo peor porque siempre hay cosas inesperadas entre medio, pero lo inesperado fue lo que quería que fuera y mejor todavía”.

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iLe dice haber quedado contenta con el resultado, también en parte por la exploración de las distintas maneras en que se podía traducir el disco a un directo. Para ello la acompañaron varios guitarristas con los que grabó Como las canto yo, así como el músico chileno Martín Silva en el requinto, quienes le aportaron una “onda más ‘guitarrosa’”. “Siento que les da otro color y una fuerza distinta a las canciones”, comenta.

Uno de los objetivos de hacer sus Noches de Ronda era quitar las barreras entre artista y público, logrando presentaciones que retomaran el carácter callejero del bolero en el que la conexión musical y humana es lo que prevalece, aunque esto siempre ha caracterizado a su proyecto musical.

De a poco, iLe ha ido construyendo una comunidad que ella aún no sabe describir con exactitud, pero que le ha permitido tener libertad y un sentido de horizontalidad en el que nadie es superior a otros. “El otro día justo un amigo me dijo, ‘Me gusta tu público. Tienes un estilo de público que tiene los pies en la tierra”, apunta. Lejos del postureo en redes sociales o de la asistencia a conciertos netamente por el FOMO, sus seguidores se centran en vivir el momento y en disfrutar de la música en compañía de otros seres humanos que gozan de lo mismo. Precisamente es “esa familiaridad que trasciende todo lo demás” lo que más le gusta de dedicarse no solo a hacer música sino a interpretarla. “Siento que es otro tipo de lenguaje más emocional y eso, sobre todo hoy día, es lo que más necesitamos: conectar más a través de la emoción y no necesariamente a través de cosas visuales”, opina.

Detrás del micrófono, Como las canto yo ha sido todo un camino de autodescubrimiento y de romper con limitaciones que se había autoimpuesto por temor a faltarle el respeto al género, un proceso que a su vez le ha dejado buenos aprendizajes de cara a su próximo álbum de estudio. Al funcionar como un paréntesis entre su música original, el disco le dio la oportunidad de reconectar con una parte que había abandonado un poco y, al mismo tiempo, la llenó de energía e inspiración para seguir experimentando con sus canciones propias.

Desde la publicación de Nacarile hasta hoy, han pasado casi cuatro años y aunque en términos de industria pueda parecer mucho tiempo, ella es clara en afirmar que sus ritmos son distintos y que nunca ha buscado adaptarse ni satisfacer a nadie más. “Si voy deprisa es porque yo quiero ir deprisa; si voy un poquito más lenta, es por mí, porque me gusta siempre estar conectada un poco con mi intuición”, señala. Considera que está en un buen lugar a nivel compositivo, pero aún no puede explicar la dirección que tomará. Lo que sí puede adelantar es que está en medio de un proceso creativo que tiene su cabeza “en un montón de sitios” y a la vez enfocada en algo específico. “Estoy ‘pompeá’, como decimos aquí en Puerto Rico”, añade.

Para esta ocasión, ha querido interiorizar mucho más que no hay un camino inamovible que la dirija hacia cierto fin, por el contrario, cada situación puede tener más de una solución y que esta puede llegar en un instante, o bien, tardarse en aparecer. “Es como la vida misma, que no es una línea recta. Todo tiene su movimiento y sus vueltas, entonces estoy un poco partiendo desde ahí, pero todavía en proceso de descubrir muchas cosas más”, dice.

Sea lo que sea que traiga entre manos, es seguro que detrás estará su visión de acercar su música a más gente para que más personas la disfruten y sigan compartiendo con ella sus interpretaciones personales. Allí radica la verdadera satisfacción de lo que hace.

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Los artistas suelen abrirnos una parte de su vida a través de sus canciones, una ventana que nos permite comprender su esencia desde distintas perspectivas. Sin embargo, existen experiencias profundamente personales que continúan ocupando un lugar significativo en su mente y que resultan difíciles de expresar con palabras, momentos que aún permanecen en las sombras. En algunas ocasiones, estas experiencias vuelven a cobrar vida a través de una música y una lírica cargada de emoción, y, es ahí, donde esos sucesos que los acompañaron durante toda la vida, adquieren un significado más profundo y pueden convertirse en una vía de liberación y sanación. No obstante, exponer una herida tan íntima ante el público es un acto de valentía que no todos están dispuestos —ni obligados— a asumir. En ‘Te perdono’, Tiago PZK atraviesa cada una de estas etapas para enfrentar, liberar y sanar la historia que ha marcado la relación con su padre.

En esta entrevista exclusiva con ROLLING STONE en Español, la estrella argentina se toma un momento de introspección para hablar sobre el proceso detrás de una de las canciones más vulnerables y catárticas de su carrera. Abrirse al mundo desde una herida que permaneció abierta durante años no es una tarea sencilla; implica revivir emociones, enfrentar recuerdos y transformar el dolor en arte. Hoy, desde una perspectiva más madura, consciente y marcada por el perdón, comparte una canción que trasciende su propia historia. En ella encuentra una forma de sanar, pero también de conectar con quienes han atravesado experiencias similares. Así, convierte un relato profundamente personal en un reflejo universal de sentimientos y emociones que dejan huellas imborrables y marcan un antes y un después en la vida de una persona. También habló sobre lo que representa su barrio en su camino y reveló detalles inéditos de sus planes a corto plazo.

Lee aquí la entrevista completa:

Presentaste ‘Te perdono’, una canción que implica tu relación con tu padre. ¿Cómo te sientes al mostrar esta parte tan personal al público?

La verdad, siento que me liberé y sané a cierto punto con esa canción. Cuando pasa a ser del público ya deja de ser personal. Va más allá de mí y de mi historia la canción. Cuando empieza a representar a un montón de gente, fuera de quién soy yo, sale algo más grande. Tampoco creo que sea una canción para dar lástima porque es una canción sincera que intenta simpatizar con el otro lado. Esto hace que mucha gente se sienta identificada, no solo hijos, sino también padres. 

Siento que después de esta canción, también cobran mucho sentido algunos temas como ‘Casa de chapa’. 

Es verdad. En general, van de la mano. Mucha música que he hecho, como en Portales u otros discos, ha tenido el motivo de hacer sentir bien y que haga bailar. Pero también tengo música personal, que marca un precedente de lo que viví, de mi historia y muchos otros sentidos. Creo que este tema es perfecto para sacarlo ahora porque mi nueva etapa en la que estoy tiene que ver más con eso: mi barrio, quién soy y mi historia, pero sin dejar el lado divertido del baile para que escuches una noche en la previa o en la fiesta. Es para tener esa sazón barrial y ese lenguaje. 

¿Por qué crees que este fue un buen momento para contar tu historia en ‘Te perdono’? ¿Por qué hasta ahora?

Mira, uno nunca está listo, la verdad. Antes de que el tema saliera tenía un montón de dudas y cuestiones, pero es normal cuando uno va a sacar algo tan personal y ponerse al desnudo ante un montón de gente. Me dije: ‘Está bien. Si no cuento mi historia, ¿quién la va a contar?’. Yo la puedo contar porque fui quien la vivió y quien empatiza con lo que me pasa. Pase lo que pase, y como la gente se lo tome, yo ya había hecho mi trabajo y había hecho mis charlas internas con mi familia y todos los involucrados en la canción. Había buscado el camino de la tranquilidad por el lado personal, así que todo estaba listo: la canción estaba hecha, me representaba y el videoclip estaba hecho en la esquina de la casa de mi tía donde crecí. Todo me llevaba a sacarla y perder el miedo, que la gente pudiera ver que estaba volviendo sacar estas canciones que me representan, sin buscar otra cosa, solo expresarme a través del arte. 

Son temas muy vulnerables de tocar con tu familia, ¿cómo fue volver a poner esto sobre la mesa?

Hay detalles que me gustaría quedarme porque son cosas muy personales. Lo que sí puedo decir es que todo está bien. Hablé con mi papá y entendió que va más allá de él y de mí. Me pasó en el videoclip que se me acercó uno de los padres de los niños que estaban en el coro y me dijo: ‘Mirá, yo soy un ex adicto y pude dejar el mundo de las drogas. Por mi hija estoy sobrio hace un año y medio’. La niña del coro estaba llorando. Esos momentos es cuando puedes palpar lo que la música puede llegar a hacer y cómo te puede ayudar a reflexionar, y quizás sea por un rato, pero te puede dejar algo. En cuanto a la charla, mi papá se lo tomó bien. Tuvimos una charla previa para avisarle y tener el gesto de decirle que sacaría esta canción, que sería una carta para él y que esperaba que se lo tomara de la mejor manera posible. 

¿Crees que el alter ego de Gotti te dio la libertad de contar cosas que no te animabas a decir siendo solo Tiago? Siento que, en esta era de Gotti, en realidad salió Tiago en esta canción. ¿Tú también lo ves así?

Nunca me salió ser Gotti, la verdad. Tengo canciones que sí que soy Gotti y me disfrazo de él, pero Tiago siempre está ahí. Nunca dejó de estar ahí. No me sale ponerme en un personaje. De alguna u otra forma, siempre termino siendo yo. La verdad es que no pudimos cambiar el nombre de Instagram [Risas]. Esa es la realidad, por eso sigue mi nombre como Gotti. Yo ya me hubiera puesto Tiago nuevamente. 

Tiago PZK, entre vulnerabilidad y libertad 
Thomi Raimond

Hablando de la lírica, ¿crees que ha sido la canción más difícil de componer hasta ahora?

Uf, creo que no. Componerla no tanto porque me fluyó todo. La compuse con unos amigos míos que saben mi historia. Ellos estaban ahí en el estudio ese día. La canción no empezó con la idea de hablar sobre mi historia. Cuando la empezamos a hacer, era hablar sobre la perspectiva de un padre que abandonó a su hijo, pero no del mío. Después, cuando la canción fue evolucionando, y escuché la intro, dije: ‘Esta es mi historia’. Ahí escribí el coro, el verso y el último párrafo al final que es como hablado. Eso lo habré hecho en 15 minutos. Fue una ráfaga de inspiración que me bajó en el momento y fue increíble. Lo que sí, es que esa vez no lo pude grabar; se me cerró la garganta y estaba muy conmocionado porque había escrito sobre eso. Eran muchas sensaciones y cosas que habían recorrido mi cuerpo. Fui otro día y la grabé con todo más digerido. 

A ver cómo lo experimentas en el en vivo… 

¡Sí! Eso va a ser loco. Va a estar bueno. Estoy esperando cantar en vivo porque, si mal no recuerdo, este año no he tenido shows. Ya mitad del año y todavía no subo a un escenario, imagínate, qué locura. Ahora que me acuerdo, el último que tuve fue en noviembre del año pasado, en el Movistar Arena en Argentina. 

Yo deseo ir a uno de tus shows en Argentina…

Igual en México me siento como en casa. Cuando es un festival, puede ser difícil porque no es un show tuyo, y puede haber gente que no sabe quién soy, pero los shows míos, en México, son de los mejores. Internacionalmente, en México lo siento muy lindo. Son muy amorosos y muy buenos conmigo. Me traigo un montón de regalos y recuerdos. Es hermoso estar por allá. 

El video de ‘Te perdono’ se filmó en Monte Grande, tu ciudad natal en la provincia de Buenos Aires. ¿Qué te generó regresar ahí desde una perspectiva diferente con respecto a esta situación personal y familiar?

Fue muy loco. Sin mentirte, es el video más lindo. Más allá de la súper cámara y el equipo, con toda la gente corriendo de acá para allá, yo estaba parado en la esquina de mi casa donde yo crecí. Mil recuerdos se me vinieron en ese momento, de mi yo pequeño. Veía la casa de mi amigo Esteban, quien fue mi mejor amigo cuando yo era chiquito. Él no estaba porque se encontraba trabajando, me dijo mi tío. Fue hermoso. Me encontré con un montón de gente que fue al videoclip desde otras ciudades para sacarnos fotos ahí en la puerta de mi tía. A la vez, también me encontré con muchas personas de mi infancia que ya tienen hijos, o amigos y amigas de esa época, de casi cuando tenía ocho o nueve años. Era muy pequeño. Miraba todo el tiempo a la esquina para ver si salía alguien, viste. También compartir con los nenes del coro fue hermoso. Son unos divinos y se quedaron ahí hasta el último momento filmando conmigo, mientras nos divertíamos. Siento que también pude conectar con ellos a nivel humano. La mayoría de artistas que trabajan con un coro, van en el papel de artistas y esperan que ellos solo canten y se van. Pero con ellos, desde el primer día en la grabación de la canción, nos conectamos como seres humanos y como personas, porque sería que me vieran como uno más y no como Tiago. Fue muy emocionante y lindo. Para mí, a nivel sensaciones, fue el video que más he disfrutado. 

Te pega demasiado el tiempo…

100%. En un momento, también pasó alguien que me dijo: ‘Loco, gracias por lo que hiciste por Monte Grande. Gracias por no olvidarte del barrio’. Eso fue tremendo. Estoy muy agradecido. Por ahí, el chabón no se da cuenta que para mí es imposible olvidarme del barrio y de lo importante que es, ¿me entendés? También es muy importante representar a mi ciudad y que se conozca, porque no es tan conocida a nivel Buenos Aires. Es clave alzar la bandera de mi ciudad y que se sientan representados conmigo. A lo largo del tiempo, han pasado varios acontecimientos que le han dado renombre a mi ciudad. Mi idea también de esta nueva etapa es reconectar con esto porque me reconecta con quién soy. 

Cuéntame de esta nueva etapa que mencionas: la conexión con tu barrio, raíces y volver a lo esencial. 

Lo principal, que a la vez me genera un poco de miedo, es que siempre fui un artista a nivel habla en mis canciones, es decir, en la forma de escribir mía, que siempre fue muy internacional. En las canciones siempre internacionalice mi vocablo, porque en Argentina no decimos ‘tú’, decimos ‘vos’, o no decimos ‘eres’, decimos ‘sos’. Y esta vez, será la primera vez que hablaré en mi vocablo 100% argentino, y eso puede limitar demasiado a nivel internacional, o puede ser muy cool la forma de escucharlo y pueda generar algo distinto. No sé lo que pueda pasar en ese sentido, pero sí que estoy contento. Esto es uno de los rasgos que me conecta con mis raíces y barrio. A nivel sonoro, también habrá referencias de lo que escuchaba cuando era chico: la cumbia y otros sonidos. Será R&B, pero tiene mezclas con ritmos de mi infancia. 

Thomi Raimond

Si se pudo internacionalizar el vocablo puertorriqueño, chileno, mexicano, entre otros, no veo por qué no apostar por el argentino. 

Es verdad. Además, apenas estaba hablando con los pibes sobre eso, con LIT  y todos los demás. Todos acordamos de que estábamos haciendo discos conceptuales y sinceros con nosotros mismos, no tanto como para vender, sino para conectarnos con quiénes somos como artistas. Pero apareció Milo J y nos dio una cachetada y nos dijo que éramos todos unos estúpidos, y así escribiéramos bien [Risas]. Todos estamos conectando con eso y está buenísimo. Yo también creo eso. Creo que Milo ha sido la incorporación argentina que nos hizo abrir los ojos a un montón de artistas para reflexionar de que podemos llegar a donde queremos siendo nosotros mismos, sin vendernos como una industria y sin tener que complacer a unos oídos solamente por llegar lejos. Se puede llegar lejos siendo uno mismo, y eso me parece súper auténtico. Aprovecho para agradecerle al Milo porque lo quiero un montón y creo que él nos ayudó un montón a todos los artistas.

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Con el paso de los años, muchos artistas dejan de perseguir a una industria insaciable y empiezan a preguntarse: ¿cuál es la verdadera esencia de mi arte? ¿Qué es lo que realmente quiero lograr con mi música? Porque, aunque para muchos lo más importante es alcanzar los primeros puestos de las listas con canciones genéricas y sin mayor trasfondo, para otros prevalecen el arte y la emoción. Ese es el caso de Llane.

La nueva propuesta del cantante ofrece una mirada mucho más profunda a los sonidos que lo han acompañado desde su infancia y adolescencia. Además, cuenta historias poco convencionales dentro del mainstream musical, que abarcan desde las problemáticas sociales en las periferias y la pérdida de la inocencia en las ciudades hasta el asesinato de su padre cuando tenía apenas doce años.

Ya habíamos hablado de tu amor por la música llanera y de dónde nació. Ahora me atrevería a decir que, por mucho, Aguacero es la propuesta más íntima y con más alma de toda tu carrera. ¿Tú también lo ves así? ¿Cómo te has sentido en estos días desde que el disco salió al aire?

Me siento súper contento y emocionado. No hay nada mejor que lanzar algo que nace tan profundamente del corazón.

Así como lo dices, yo también lo definiría: Aguacero es alma. Es un disco que reúne todo lo que siempre quise y soñé hacer, tanto en lo musical como en lo visual. Para mí, este proyecto es verdaderamente arte en todos los sentidos: en las emociones, en las situaciones de la vida y en las vivencias que lo inspiran. Son expresiones que permiten que la gente conozca quién es uno realmente.

¿Por qué decidiste que era el momento de hacer ese sentido homenaje a tu papá en ‘Cucho,’?

Uno va sintiendo los momentos. Hace unos seis meses me fui para Venezuela con un amigo y gran artista que se llama Noreh. Conectamos porque ambos somos amantes del bolero y hacemos música contemporánea con elementos clásicos. Estuvimos en Valencia y terminamos uniéndonos a través de nuestras historias familiares, porque a los dos nos asesinaron a nuestros padres.

Él iba en el carro con su papá cuando un sicario lo asesinó frente a él. Incluso también intentó matarlo, pero el revólver se quedó sin balas. Yo le conté la historia del asesinato de mi padre y nos dimos cuenta de una coincidencia muy fuerte: ambos nos quedamos sin papá a los doce años.

Compusimos esta canción juntos y siento que no es casualidad que se haya dado esta hermandad entre un venezolano y un colombiano justo en este momento. La colaboración nació sin ninguna pretensión; fue algo completamente orgánico y, para mí, obra de Dios.

‘Cucho,’ es una canción con un mensaje fuerte que funciona como un recordatorio para Colombia y Venezuela de esos momentos difíciles. Es narrar esa realidad desde un lugar adecuado. No podemos volver a vivir situaciones tan horribles; yo no quiero tener un hijo que tenga que crecer sin su padre.

‘Don Jacinto’ es también una canción tan triste como hermosa. Además, cuenta una historia muy real que muchas veces la gente desconoce. ¿De dónde nace esta canción y por qué decidiste incluirla?

Yo soy un amante de la historia. Me encanta escuchar a Diana Uribe en sus pódcast. Desde hace algún tiempo he venido estudiando mucho más nuestra historia, la historia colombiana, porque me ha interesado entender ese gen de violencia que parece acompañarnos.

En ese proceso me he centrado especialmente en los campesinos, en sus vivencias y en lo importantes que son. Ellos son el pulmón de nuestras ciudades.

Cuando compuse esta canción junto a Vibarco quisimos contar una historia. La música llanera tiene esa magia: se presta para narrar historias. Queríamos visibilizar a todos los Don Jacinto de Colombia, su estilo de vida y todo lo que enseñan desde su conocimiento empírico de la naturaleza y desde su sensibilidad. También queríamos mostrar el conflicto y la resiliencia que muchos de ellos han tenido que vivir.

Creo que, por mis padres y por todo lo que he vivido, siempre he sentido una empatía especial por el dolor de las personas. Esas tres canciones —‘Cucho,’, ‘Don Jacinto’ e ‘Inocencia’— retratan una realidad muy dura de nuestro país.

La música tiene el poder de contar historias y transmitir mensajes que no siempre son felices, pero sí necesarios. En este disco lo haces justamente con esas tres canciones. ¿Por qué decidiste que este era el momento para que tu música fuera más allá de lo comercial o superficial y llevara un mensaje más profundo?

Cuando salí de Piso 21 hice una canción llamada ‘La reina’. Esa fue una especie de intento de lo que hoy es ‘Inocencia’, pero aunque tenía buenas intenciones, no terminó de funcionar como yo quería. Recuerdo que en ese momento tenía una necesidad muy grande de hacer algo más con mi música. Quería ayudar a través de ella, como lo ha hecho Bono con U2, pero sentía que todavía no encontraba la manera correcta.

Con ‘Inocencia’, que cuenta la historia de Valentina —y Valentina significa valiente—, y a través de la música llanera, encontré la oportunidad de hablar de estos temas desde una esencia propia, porque lo estoy haciendo con música colombiana y no desde sonidos foráneos. Es una oportunidad para empatizar con estas realidades; una necesidad que nace de mi corazón y de una profunda honestidad.

El verdadero éxito de este disco está en la conexión que pueda generar. Ya no existe esa necesidad de querer ser el número uno. La vida tiene etapas. Con Piso 21 y como solista ya he alcanzado grandes cosas, pero esto es algo que realmente proviene del corazón y me sorprende la aceptación tan bonita que está teniendo.

“ No podemos volver a vivir situaciones tan horribles; yo no quiero tener un hijo que tenga que crecer sin su padre”.

Siento que después de un disco tan sólido como Aguacero, tanto en lo sonoro como en lo lírico, debe ser difícil pensar en un futuro únicamente desde lo comercial, ¿no?

Sí. En este momento estoy recogiendo los frutos de un proyecto que nació completamente desde el corazón. Los arreglos musicales para el show en vivo son preciosos. Siento que este proyecto cuenta historias desde todos los frentes y que todo en él es verdaderamente orgánico.

Hoy me siento muy cómodo con mi arte y, sobre todo, muy feliz. Hacer este proyecto abrió una puerta enorme para mí y, musicalmente, quiero seguir creando canciones que realmente me hagan feliz. Me siento muy pleno.

Hablando de la industria, este es un disco que seguramente no estará en los primeros lugares de los listados. Además, no parece que ese sea su principal objetivo. Antes de lanzarlo, ¿sentías respaldo por parte de la industria?

Siempre hubo apoyo y, con modestia aparte, siento que existe un gran respeto por este disco por parte de mis colegas. Eso es muy bonito.

Hubo momentos en mi carrera en los que me sentí un poco perdido, pero vengo de un padre muy perseverante, alguien que siempre trabajó para sentirse tranquilo con lo que hacía y para ser feliz. Con este disco siento que finalmente encontré a Llane y encontré su sonido. Eso es lo que siento.

Al final del día, eso es lo que buscamos los artistas cuando hacemos arte de verdad: generar conexión desde nuestra esencia y no desde aquello que simplemente está de moda.

Estoy viviendo un nuevo comienzo, donde cada paso es lento, pero seguro. Te puedo asegurar que estamos en el camino correcto y se siente el cariño, el respeto y la motivación por parte de compañeros, industria y público.

Ese es el camino.

Gracias, mi hermano.

Para terminar, ¿cuál dirías que es el gran objetivo de Aguacero?

El título del disco estuvo entre Mi alma llanera y Aguacero. El primero era hermoso, pero Aguacero terminó representando algo mucho más amplio. Puede significar para cada persona lo mismo que significó para mí: un proceso de limpieza, transformación y renacimiento.

Durante este camino me conecté conmigo mismo y entendí quién era realmente. Eso me ayudó a perdonar muchas cosas que tenían mi corazón herido, a transformar lo negativo en algo positivo y a renacer en muchos sentidos. Ese es el gran objetivo del álbum: propiciar un renacimiento y una reconciliación con uno mismo y con los demás.

El Llano une a Colombia y Venezuela, y no me gusta ver los enfrentamientos que muchas veces ocurren entre dos pueblos que son hermanos. Yo quiero ser un puente que nos conecte a través de la música. En una sociedad tan dividida, es importante construir y unir.

Con profundo respeto por la música llanera, pienso mucho en mi padre, que se enamoró de este género hace veinticinco años. Tal vez esa sea una de las razones por las que hoy estoy llevando esta música y tendiendo puentes entre nuestros dos países. Esa es la historia que me gusta contarme y la que resume el gran propósito de Aguacero.

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Tras varios años sin publicar un álbum de estudio, Cultura Profética regresa con En Bucle, un trabajo que marca una nueva etapa para la banda puertorriqueña. Más íntimo, romántico y luminoso que sus antecesores, el disco surge como una respuesta personal y emocional a un momento marcado por la sobreinformación y el agotamiento colectivo.

Conversamos con Willy Rodríguez sobre el proceso creativo detrás del álbum, la importancia de tener finalmente un estudio propio, la colaboración con nuevos compositores y el futuro de una de las agrupaciones más influyentes de la música latinoamericana.

¿Cuál fue el detonante para hacer En Bucle?

Ya era más que tiempo de tener un disco nuevo. Además, desde hace dos años tenemos nuestro estudio propio por primera vez. Acabamos de cumplir 30 años y nos tomó 28 tener un estudio, así que sentíamos que ahora sí teníamos las herramientas para sacar música constantemente.

Nos metimos a producir hace exactamente un año y muchas cosas se acomodaron. No todo fue positivo; también hubo rupturas y desilusiones. Pero incluso esas experiencias me llevaron al lugar emocional correcto para crear este disco tan meloso. Porque sí, es un disco muy meloso.

Hay canciones que hablan de temas difíciles, pero la energía general del álbum está atravesada por el amor. Sentí que lo que necesitaba era hacer música que me hiciera sentir bien y que también hiciera sentir bien a los demás.

El disco parece alejarse de los temas sociales que tradicionalmente han abordado.

Sí. Nosotros siempre hemos hablado de temas importantes y de situaciones sociales que merecen atención. Pero sentí que el mundo está atravesando un momento en el que las malas noticias nos persiguen desde que despertamos y miramos el celular.

Las redes sociales exigen que tomes postura sobre todo. Parece una competencia permanente por demostrar quién está del lado correcto de la historia. Y muchas veces las personas opinan sin entender realmente los contextos históricos o geopolíticos.

Llegó un punto en que pensé: basta. Quiero hacer música que funcione como un abrazo. Eso no significa volvernos indiferentes ni dejar de preocuparnos por lo que pasa, pero ya no depende exclusivamente de la música generar conciencia. El activismo está en todas partes.

Sentí una necesidad extrema de crear canciones que acompañaran y permitieran respirar un poco.

¿Cómo fue el proceso de composición y producción?

Yo compongo la mayoría de las canciones, pero esta vez trabajamos de una manera distinta. Antes nos reuníamos a improvisar y construir las ideas juntos. En este álbum gran parte de las canciones nació a partir de patrones de batería que yo creaba.

Primero construíamos el ambiente musical y después llegaban las letras. Era como decir: ya tenemos la música, ahora hagamos la canción.

Todo el mundo aportó desde la personalidad de su instrumento, pero es un disco bastante íntimo, muy personal.

Además, por primera vez compuse con otras personas. Trabajé con Jayce, de Perú, con quien escribimos dos canciones, y también con Spreadlof, un compositor español que ha trabajado con muchísimos artistas y que recientemente ganó un Grammy junto a Alejandro Sanz.

Willy Rodríguez: “Sentí la necesidad extrema de hacer música como un abrazo”
Cortesía

También hay canciones escritas por otros autores.

Sí. Hay un tema escrito por Mati Zapata, tecladista y director musical de Dread Mar I. Escuché una versión que subió a Instagram y me enamoré inmediatamente de la canción. Le pedí permiso para grabarla y luego terminé de desarrollar la letra para convertirla en una canción completa.

También hay una composición de Frido Vargas, uno de los integrantes más recientes de Cultura Profética. Tiene apenas 26 años y es un genio: toca prácticamente todos los instrumentos, canta increíble y escribe muy bonito.

Todo eso terminó dándole al disco una personalidad distinta y una variedad de estilos que antes no habíamos explorado tanto.

¿Hay una canción que represente el corazón del álbum?

No diría que hay una sola canción que sea el alma del disco, pero En Bucle, la canción que le da nombre al álbum, resume muy bien su espíritu.

Tiene un sonido muy representativo de Cultura Profética. Si alguien piensa en nuestra banda, esa canción recoge muchos de los elementos que nos caracterizan.

En tiempos donde predominan los álbumes cortos, ustedes lanzan un disco extenso.

Las canciones son catorce, aunque hay varios interludios y notas de voz que completan la experiencia.

Para nosotros era importante que el álbum funcionara como una obra completa, no simplemente como una colección de canciones. Queríamos que hubiera una narrativa y que una canción condujera naturalmente hacia la siguiente.

Incluso organizamos el repertorio como si fuera un vinilo clásico, con un lado A y un lado B. En el lado A están las canciones más directamente asociadas al amor y a la dulzura; en el lado B aparecen los temas relacionados con la duda, la distancia y las rupturas.

¿Cómo ven hoy el lugar que ocupa el reggae en América Latina?

Yo siento que Cultura Profética es mucho más que una banda de reggae, aunque evidentemente nuestras raíces están ahí y nos sentimos orgullosos de representar esa estética.

Lo que sigue vivo dentro del reggae latino es el respeto por la música y por los temas que aborda. Hay una energía muy bonita alrededor de esta escena.

Quizás lo que faltó fue una mayor colaboración entre los grupos. Los artistas urbanos entendieron que trabajar juntos fortalecía el movimiento entero. En el reggae latino eso ocurrió mucho menos y creo que ahí hubo una oportunidad perdida.

Los tiempos cambiaron, muchos artistas tomaron otros caminos y los que seguimos aquí somos pocos. No ha sido fácil.

Cortesía

Han logrado conectar con nuevas generaciones. Un ejemplo fue la invitación a Chuwi en Puerto Rico.

Precisamente los invitamos porque vimos en ellos algo que nos recordó muchísimo a nuestros inicios.

Cuando los escuché sentí la misma autenticidad que teníamos nosotros en los años noventa. No importa que el estilo sea diferente; la honestidad artística se reconoce de inmediato.

Fue perfecto para abrir aquella noche porque ayudaron a establecer el ambiente que queríamos crear.

¿Hay artistas jóvenes que estén siguiendo de cerca?

Me encanta Jayce. Es un talento impresionante.

Mucha gente lo conoce principalmente como rapero, pero también es un gran cantante, compositor y músico. Tiene una personalidad artística muy definida.

Siempre admiro a los artistas que son completamente ellos mismos. Puedes encontrar referencias o influencias, pero hay algo inconfundible en su propuesta. Jayce tiene precisamente eso.

¿Qué sigue para Cultura Profética?

Por primera vez en nuestra carrera decidimos detenernos un tiempo. No porque estuviéramos obligados, como ocurrió durante la pandemia, sino porque sentimos que el proyecto necesitaba un respiro para renovarse.

Queremos que la gente viva este disco con calma. En septiembre comenzaremos una gira reducida por algunas ciudades clave y, a partir de febrero del próximo año, arrancará la gira completa.

Tenemos mucha fe en este álbum. Creemos que va a conectar profundamente con la gente y que nos abrirá nuevas puertas.

Además, vamos a grabar varias sesiones en vivo y a trabajar más activamente en las plataformas digitales. Tener un estudio propio facilita muchísimo todo eso.

Y ya estamos pensando en el siguiente disco. En Bucle es nuestro primer álbum junto a Rimas Entertainment y el acuerdo contempla dos discos. Queremos aprovechar este impulso y no volver a esperar tanto tiempo entre un lanzamiento y otro.

Siento que estamos entrando en un nuevo escalón dentro de la historia de Cultura Profética. La idea es seguir haciendo toda la música posible y, si se puede, continuar otros 30 años más.

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Redd Kross es uno de los secretos mejor guardados del rock: han sido imitados y admirados tanto por Kurt Cobain y la movida grunge de Seattle como por la escena del Sunset Strip de Poison y Guns N´Roses, además de haber pertenecido a la escena alternativa de los ochenta junto a Meat Puppets, Hüsker Dü y Dinosaur Jr.

Los hermanos Jeff y Steven McDonald formaron la banda en 1979 en el suburbio de Hawthorne, Los Ángeles, y en sus inicios desfilaron futuros integrantes de Black Flag y Circle Jerks. Born Innocent, su primer LP, fue una muestra de su potencial y rabia, pero para 1984 publicaron Teen Babes from Monsanto, con covers de Kiss, The Rolling Stones y David Bowie. El EP selló su sonido, entre el power pop y el hard rock de reminiscencias setenteras con tintes psicodélicos.

Redd Kross: el eslabón perdido entre el punk, el grunge y el hard rock debuta en Buenos Aires
En esta gira que los traerá por primera vez a Buenos Aires, el núcleo histórico de los McDonald se completa con el guitarrista Jason Shapiro y el baterista Dale Crover, integrante de Melvins. (Fotp. Gilber Trejo)

Neurotica, de 1987, fue la prueba viva de ese nuevo rumbo. La década del noventa pareció prometedora con los discos Third Eye y Phaseshifter, pero tras un último disco en 1997 se separaron. Steven, el bajista, fue parte del supergrupo Off! junto a Keith Morris de Circle Jerks, y Jeff se distanció de la música. En 2012, Redd Kross tuvo una segunda vida. Desde entonces han publicado tres discos (el último doble) y ha salido un documental y un libro contando su historia. Actualmente están acompañados por el guitarrista Jason Shapiro y Dale Crover, baterista de Melvins, grupo pionero del grunge.

Antes de lo que será su primera visita a Buenos Aires, el próximo miércoles 24 de junio en Uniclub, Rolling Stone habló con el bajista Steven McDonald.

¿Cómo es que comenzaste a tocar el bajo en Melvins y Dale Crover terminó tocando la batería en Redd Kross? ¿Tuvo algo que ver el fanatismo de ambas bandas por Kiss?

Dale reemplazó a Mario Rubalcaba en una gira de Off! (supergrupo punk del que Steven fue parte junto al vocalista Keith Morris de Circle Jerks) en 2014 o 2015. Fue el momento en que Melvins estaba buscando otro bajista. Toqué con ellos y fue una progresión natural que Dale comenzara a tocar en Red Kross. Ha estado con nosotros desde 2017.

Kiss fue la primera banda que vi, cuando tenía ocho años. Estaban de gira con el primer Alive, así que los vi en febrero del 76. Prácticamente me cambió la vida. Buzz Osborne (guitarrista y cantante de Melvins) los vio recién para la época de Dinasty, que no era su mejor momento.

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Pareciera que Redd Kross siempre estuvo un paso delante de las modas: el punk, el grunge, el hair metal. ¿Esto les ha jugado a favor o ha sido una maldición?

Probablemente ambas. Fue malo en el sentido de que, cuando una escena se volvía masiva, al no ser miembros plenos, nunca nos pudimos subir en su totalidad. Fue bueno porque nos permitió mantener nuestra propia identidad. Siempre fuimos inclasificables y no tuvimos que darnos de baja cuando la gente perdía interés en un sonido en particular. No éramos miembros firmes de ninguna de esas escenas y creo que el balance no fue positivo en algún sentido porque, por ejemplo, Melvins estuvieron conectados al movimiento grunge. Cada vez que un chico de doce años se sumerge en esa música y descubre a Nirvana, hay una afluencia de ese público joven que llega a ellos. Creo que Redd Kross nunca tuvo esa ventaja, pero nosotros hacemos lo nuestro y la gente sigue encontrando modos de conocernos.

Siempre me pareció que el libro de Michael Azerrad Our Band Could Be Your Life, sobre las bandas que pavimentaron el camino para Nirvana, debería haber incluido un capítulo sobre ustedes. ¿Qué bandas aparecerían en la versión de Redd Kross del libro?

Creo que habría mucho sobre la escena inicial de Los Ángeles, que es donde comprendimos que nosotros también podíamos estar en una banda, o que ya teníamos la ambición de estar en una banda. El primer recital al que fui en un antro fue del grupo punk X, abriendo para The Avengers, una banda de San Francisco. Había un pequeño sello de Los Ángeles que se llamaba Dangerhouse, con bandas como The Weirdos y The Bags. Todas esas bandas nos inspiraron para intentar conseguir fechas. Ya teníamos guitarras y estábamos aprendiendo a tocar, pero fue ese movimiento el que nos llevó a animarnos. También The Go-Go’s, las vimos muy en sus inicios, al igual que a Black Flag y The Alley Cats. También le daría crédito al DJ Rodney Bingenheimer y su programa radial donde pasaba a muchos de estos grupos. Crecimos en los suburbios de Los Ángeles, que es una ciudad muy extensa. Aunque vivíamos a unos veinte kilómetros de Hollywood, para nosotros eran como miles porque se nos hacía inaccesible llegar allí, pero éramos chicos muy tenaces.

Otra banda fue The Dickies. Fueron los primeros en tener un contrato discográfico. Tenían un EP con los temas “You are so hideous” y “You drive me ape (you big gorilla)”. Yo estaba en sexto grado. Si llovía, teníamos que pasar la hora del almuerzo dentro del colegio, donde podíamos poner discos. Era 1978 y todos llevaban la banda sonora de “Fiebre de sábado por la noche”. Todos escuchaban disco. Llevé ese EP y a partir de entonces mis compañeros me percibieron distinto.

Antes mencionaste Dangerhouse. Su primer disco salió por Smoke 7, un sello del que nunca había escuchado hablar. ¿Cuál es su historia?

Por ahí salió nuestro primer disco, pero nuestra primera grabación fue un EP. En verdad estuvimos en un compilado que luego salió como EP, en el sello Posh Boy, que publicó también a Adolescents, TSOL. En ese entonces tenía doce años. Originalmente queríamos que el disco, Born Innocent, saliera por Frontier Records, que habían tenido un gran éxito con Circle Jerks. Hicimos un demo, pero no le gustó. Lo gracioso es que Frontier terminó reeditando nuestro primer disco años después. Mucha gente conoce la versión de Frontier pero originalmente salió en ese pequeño sello, Smoke 7, de un tipo llamado Felix Alanis que tenía su propia banda, RF 7. Hizo algunos compilados, que era el modelo a seguir en esa época. Creo que Bad Religion está en uno. Felix era muy perseverante y, como Frontier no quiso editarnos, lo publicamos con él.

¿Nunca consideraron publicar en SST, el sello de Black Flag?

Conocíamos a Black Flag incluso antes de que SST fuese un sello. Nuestro primer concierto fue abriendo para ellos, pero decidimos alejarnos de esa escena porque queríamos explorar más creativamente y SST funcionaba casi como una secta. Igual estamos agradecidos de que nos hayan sumado a sus primeros recitales. Nos parecía demasiado limitado, y como te dije, no queríamos ser parte de ninguna escena o movimiento. Queríamos hacer nuestra propia cosa.

Nunca ocultaron sus intenciones de ser una banda de estadios, pero es algo que creo que no estaba muy bien visto. ¿Recordás cómo fue la reacción de la escena y bandas cuando, por ejemplo, Hüsker Dü firmó con Warner? ¿Se los consideró unos vendidos?

Nunca me importó todo eso, la verdad. En aquel entonces, SST había hecho esos stickers que decían “Corporate rock sucks” (el rock masivo es una mierda), y los veías pegados en las estaciones de radio universitarias. Pero lo irónico es que SST estaba estafando a todas las bandas del sello. En verdad se comportaban mucho peor que cualquier sello multinacional. Mirándolo en perspectiva, fue algo sumamente hipócrita.

Redd Kross se presenta el miércoles 24 de junio en Uniclub. (Foto: Buzz Osborne)

Durante aquellos años, a la vez que sucedía el hardcore, también se estaba desarrollando la escena del hair metal en el Sunset Strip, con bandas como Mötley Crüe, Poison y Guns N’ Roses. ¿Había alguna clase de intercambio entre estos mundos?

Había un club que no estaba en el Sunset, sino en West Hollywood, que se llamaba Starwood. Tenía dos espacios: una era como una discoteca y en el otro tocaban bandas. Recuerdo que podías cruzarte en la discoteca a los miembros de Mötley Crüe antes de que fueran una banda y toda esa gente con el pelo gigante, mientras que al lado estaba tocando Black Flag, The Germs o The Go-Go’s . Todos boludeaban en el estacionamiento, pero no interactuaban. Era como estar en el colegio con los diferentes grupitos de amigos.

¿Había apertura en la escena punk a otros sonidos o era todo muy conservador?

Creo que al comienzo era todo más abierto con la gente que iba a ver a The Go-Go’s, The Germs, hasta Black Flag. Hacíamos conciertos con bandas como Descendents, The Last, Meat Puppets. Cada una tenía un sonido diferente. Fue algunos años después cuando la escena hardcore se volvió más cerrada de mente. Había un club llamado Godzilla, donde tocaban los hermanos Stern y su banda Youth Brigade. Ahí fue cuando todo se volvió más reglamentado. Nosotros nos distanciamos de eso y grabamos el disco Born Innocent. Nos volvimos más raros y menos populares. Pero seguimos haciendo lo nuestro y eventualmente demostramos lo que queríamos.

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Sin duda, todo ser humano guarda una chispa que se convierte en el motor que impulsa su vida. Es difícil imaginar nuestra existencia sin una esperanza capaz de robarnos el aliento cada vez que pensamos en ella. En los días malos, en los mejores e incluso en los más ordinarios, recordar y aferrarnos a aquello que ilumina nuestro corazón es un abrazo para el alma. Es una fuerza que nos sostiene y nos recuerda que, aunque sea por un instante, la belleza también habita en la sencillez. Y en ese momento, la vida parece no poder ser mejor. Esa chispa puede encontrarse en una taza de café por la mañana, en jugar con tu perro, en escuchar tu canción favorita, en ver a tu artista preferido sobre el escenario, en compartir una comida con toda la familia, en viajar al lugar con el que siempre soñaste o, simplemente, en el privilegio de estar vivo. Esa luz que arde con la intensidad de la esperanza y la pasión tiene un nombre para Greeicy: Candela.

En esta entrevista exclusiva con ROLLING STONE en Español, la artista colombiana comparte la historia detrás de su cuarto álbum de estudio, Candela. Más que un proyecto que amplía su catálogo musical, Greeicy nos abre las puertas de su universo personal para invitarnos a reflexionar sobre esa pasión que enciende la candela que cada ser humano lleva dentro. A través de las distintas etapas de su vida, encontró en este concepto un mantra que la ayudó a superar las adversidades que alguna vez limitaron su camino hacia la mujer y la artista que es hoy. Por ello, extiende una invitación a todos aquellos que conecten con su mensaje: detenerse por un momento y meditar sobre el tiempo, la búsqueda y el propósito de la vida. Porque al final, solo tenemos una, y la manera en que recordaremos nuestros días se construye en el presente. Es aquí y ahora donde decidimos qué experiencias, sueños y emociones encenderán nuestra propia Candela.

Lee aquí la entrevista completa:

Candela es lo que nos enciende el alma, lo que nos motiva en nuestra cotidianidad y lo que nos sigue inspirando en lo más profundo. Cuéntame sobre esto. 

Me encanta que inicie así la conversación. Definitivamente, esta es la conclusión del por qué le puse Candela al álbum. De hecho, este concepto nace en un momento de mi vida que era difícil, donde el alma estaba un poquito bajita y donde estábamos un poquito apagados a nivel familiar. Estábamos bien, pero había mucho ruido afuera y eso te afecta el alma. Yo dije: ‘Dios mío, gracias porque entendí la importancia’. Todos tenemos una candela, esa lucecita dentro; solo falta que entendamos qué es lo que la enciende. En mi caso, creo que la pasión la enciende, la familia, la música, el orgullo hacia los míos, bailar, mis animales. Siento que la vida me puso en esta situación para analizar varias circunstancias a mi alrededor, así me regaló este concepto. 

“La palabra empezó a llegar desde varios lugares y dije: ‘La vida está muy Candela’

La gente estaba candela, y todo lo estaba. Era lindo que todas las personas encontráramos cuáles son esas cositas que encienden el alma cuando nos duele, o cuando los días están difíciles. Esto nos puede salvar de muchas situaciones. En mi caso, muchas veces digo que le dedicamos mucho porcentaje de nuestra vida al trabajo, pero, ¿a qué le quieres dedicar más tiempo? Siento que trabajamos tanto, que diría que es un 60% de nuestra vida que se va destinada al trabajo, pero tampoco veo las estadísticas. Quiero que la gente se pregunte a qué le queremos dedicar ese tiempo, porque cuando los días se ponen difíciles, no es lo mismo si te levantas a hacer algo que te apasiona y que en el día te hará encender tu candela. Me pasaba que me sentía bajita de ánimo, pero iba de manera responsable a realizar mis labores, pero también decía: ‘Gracias Dios mío por permitirme hacer lo que amo, porque esto enciende mi candela’. Este álbum encierra todo esto. A nivel musical, hay mucha variedad. Siento que cada una de las canciones enciende una candela diferente en mí. 

Candela es una celebración de tu autodescubrimiento. ¿Qué fue aquello que descubriste que no sabías de ti?

Creo que, a nivel de la Candela del alma y del ser humano, hay una muy especial. Esta última etapa de mi vida, y algunas otras que conllevan la maternidad, siento que para las mujeres que tenemos este privilegio de crear vida y de dar vida, es una etapa en la que te das cuenta que puedes dar mucho más de lo que crees. Ejemplo, cuando llegó la maternidad para mí hace cuatro años, yo decía: ‘Wow, yo en mi lista de sueños nunca tuve ser madre y siempre le había dedicado gran porcentaje de mi tiempo a mis sueños, a la actuación, música y arte’. Pero después puse la maternidad como prioridad y me sumergí con intención y alegría a este universo, y cuando pasaron los años, vi que a duras penas me bañaba y me alcanzaba el tiempo, creí que no sería capaz de hacerlo. Sin embargo, con el tiempo entendí que hay muchas maneras de llegar al mismo lugar. No soy la misma mujer de antes, soy mucho mejor porque tengo un motor a mi lado que me motiva, inspira y enciende mi Candela. Encontré otra manera. Sigo encontrando ese balance perfecto para que todo esté bien. Para mí, como quiero estar bien con mi hijo, también quiero estar bien como individuo, y para eso, me gusta sentirme productiva, que trabajo por lo que me gusta y que sigo haciendo música. En esta etapa me he dado cuenta de que somos más capaces de lo que creemos.

A nivel musical, todo ha sido muy bonito porque siempre se puede avanzar. Miro atrás y digo: ‘Wow, no soy la misma de antes’. Hoy, a nivel musical, me siento en otro lugar porque ya sé qué me gusta y sé con qué cosas me conecto. En este recorrido me di cuenta que conecto con un montón de géneros y sonidos. Nunca ha sido fácil definirme o describir a qué género me dedico; solo me gusta la música. Disfruto de la música latina, la bachata, la salsa, el reggae, lo urbano, el folclor colombiano y muchas cosas más. En el álbum se ve un poco todos estos universos que me conectan a nivel musical. Me encantó descubrir que tenemos esa posibilidad de experimentar y explorar porque la gente está abierta a escucharte en otra propuesta, y es que, años atrás, se preguntaba cuál era el género que te definía. Hoy hay mucha posibilidad de explorar con géneros que nunca habías tratado. 

“Siento que ha sido una etapa de descubrirme en muchos aspectos artísticos y personales” 

A Candela lo percibo como un renacimiento de Greeicy, ¿lo sientes así?

Sí. Y más porque nunca había sentido que un álbum me representara tanto. Yo soy todas las canciones de ese álbum. Hay canciones muy personales, y no sé si las personas las puedan recibir como si fueran suyas, pero, independientemente de que nuestras realidades sean diferentes, todos nos enamoramos, equivocamos y aprendemos, y tenemos el mismo tipo de sentimientos. Siento que es lo lindo que tenemos los artistas para conectar a través de la música, de lo que sea que estés hablando y por más personal que sea. Ha sido muy bonito, porque en todos estos contextos musicales donde me siento identificada, la gente también conecta con cada una de las canciones que hay dentro de Candela. 

También quería platicar de la versatilidad que muestras en Candela. ¿Cómo exploraste esta búsqueda sonora para el álbum?

Siento que el explorar diferentes géneros se ha venido dando en el transcurso de los años. Me he juntado con diferentes artistas; ya había hecho un reggae con Cultura Profética, que es mi banda favorita de reggae, y tener esta segunda canción con ellos es muy especial, no solo porque los considero unos artistas maravillosos, sino porque también son unos seres humanos preciosos. La música latina también me encanta. No soy bailarina profesional, pero la gente sabe que me gusta mucho el baile y me conecto mucho con la bachata, merengue, que tampoco había hecho. También me tomé el atrevimiento de hacer un vallenato, y recuerdo que alguna vez hicimos una versión de ‘Si tu amor no vuelve’ en reggae, pero nunca me había tomado el atrevimiento. De los géneros que experimenté en este álbum, ese fue el que tenía un poco más de nervios, y es que vengo de un país de muy vallenato, donde tenemos exponentes muy increíbles haciendo el género. No quería parecer atrevida y haciéndolo a la ligera. El productor con el que hicimos la canción nunca había hecho un vallenato, pero es un gran músico que entiende la música desde todos sus universos, así que lo hicimos desde todo el respeto. La gente se ha conectado un montón con esa canción. 

Hay otra canción que me recuerda a mi infancia, al folclor. Es la época del colegio donde teníamos clases de danza y nos poníamos las faldas folkloricas. Esa canción representa la alegría de esa época y fue muy lindo porque representa la alegría de la vida, que contagia la emoción de ver a alguien conectando, bailando y demás. También hay afro y todo lo que te invita al baile y movimiento. Traté de agarrar todos esos géneros que me gustan y que escucho en mi día a día. 

Greeicy y la Candela de su alma
Alejandra Hinojosa
Alejandra Hinojosa

Este material tiene colaboraciones con Rawayana, Cultura Profética, La Guru, Calema y Branbel. ¿Cómo se dieron estos juntes?

Con Cultura Profética tuve una colaboración hace como tres años. Soy fan de ellos desde hace muchos años atrás. Cuando ‘Mantis’ salió, fue muy lindo porque llegó de una manera muy mágica y especial. Tuve un encuentro con una mantis religiosa. Lo primero que me dijeron fue que era muy difícil encontrarte con ella, y su significado es muy lindo. Para este álbum, me tomé la tarea de ejercitar mi músculo de la composición, entonces me puse a escribir una canción por mi cuenta, y ese día llegó un mensaje súper especial. Salió casi en dos horas. Nos pareció muy lindo en ese momento. Quedó guardada por casi cuatro meses, hasta que pasa una vaina en la vida de nosotros que fue muy extraña porque era ajeno a nuestra realidad. Después de eso, abrí mi computador porque tenía que entregar el álbum y ya tenía muchos mensajes pendientes, y lo primero que vi fue ‘Mantis’, lo que me erizó la piel. Gracias a varias situaciones, entendí por qué llegó esa canción. Me conecté muy profundamente con esa canción y subí a Instagram un pedacito, y al día siguiente, Willy de Cultura Profética me escribió diciendo que le gustó la canción y que estaría muy lindo volver a colaborar. Me emocioné demasiado y le mandé todo. Apareció de nuevo con su propuesta y me erizó, y lo que escribió, sin explicarle, para mí fue como si la vida o Dios hubieran puesto esas palabras en él. Es muy especial tenerlos ahí.

La que tengo con Rawayana, que es ‘Solecito vení’, es una de mis favoritas, y de los demás también. Tiene mucho que ver con dos cosas: la canción es muy buena y Rawayana está en un momento súper especial. Para mí, esto ha sido un privilegio y empujón gigante de hacer esta canción con ellos. Cuando la hicimos, no pensamos en Rawayana, solo pensábamos en playita y verano, donde puedas compartir con tus amigos en el mar. Salió la canción y me sonaba mucho a Rawayana, sentía la esencia de ellos. Dude en mandarla porque la agenda de ellos es una locura, y no sabía si iban a tener el tiempo de ir a un estudio y hacer su parte. Pero bueno, lo peor es que me dijeran que no tenían tiempo, no perdía con hacer el intento. Le escribí a Beto y le dije que me había tomado el atrevimiento, aceptando si me decían que no porque sabía lo apretada que estaría su agenda y justo estaban terminando Donde es el after. Él me dijo que no se imaginaba que le fuera a mandar algo así, pero le encantó y fueron súper generosos. Sacaron el espacio en medio de toda la prioridad que tenían para finalizar su álbum. Fuimos al estudio y escribió su parte. La canción salió y sabía que si era una colaboración tenía que ser con ellos. 

Otra colaboración es con Branbel, un artista caleño muy talentoso. Lleva haciendo música hace muchos años y nació con ese talento. Está destinado a ser artista. También tiene una historia de vida muy bonita. Él es muy luchador y trabajador. Lo conocimos y nos enamoramos de su talento, así que hemos apoyado mucho su conocimiento para guiar su camino porque digamos que a nivel industria apenas está empezando. Tiene una magia súper bonita. 

Para el vallenato, que me tomé el atrevimiento de hacer desde el respeto y con los profesionales del género, invité a La Guru, una artista colombiana. Me encanta porque siento que ella es la reina del despecho y desamor. Todo lo que sea de esos temas, los toca. La vi mucho en este tema, y no por el género, porque no hace vallenato, pero sentí que su voz, que es muy femenina, contrasta muy lindo con la mía. Ella hace un trabajo de composición maravilloso, y lo que le hizo a la canción fue muy bello. 

Calema, que es un dúo de Portugal, los tenía mucho en mi radar, tal vez no tan presentes como dúo y artistas, pero sí había una canción de ellos que tenía en mi playlist. Yo, más que guardar artistas, voy guardando canciones de diferentes géneros que me gustan; pasa de urbano a vallenato, folclor a salsa y tengo todo lo que me gusta. Tenía una canción de ellos, así que los tenía referenciados. Pensaba hacerla sola, pero en la disquera los mencionaron diciendo que eran un dúo interesante con sonidos africanos, y cuando me los mostraron, claro que los conocía. La verdad, ellos le sumaron muchísimo a la canción. Tienen voces lindas y les quedó muy bella. 

Las colaboraciones me gustan porque son muy versátiles, como el mismo álbum. Son artistas muy diferentes entre ellos, lo que le dio el toque. Así como hay muchos géneros, también hay muchos artistas. Esto me encantó porque amplifica y redondea todo el universo que hay dentro de Candela.  

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“Anulo mufa”, dice Trueno. Como buen futbolero sabe que corre un riesgo a la hora de aceptar la propuesta de ser la cara del Mundial 2026 de Rolling Stone Argentina. Así que, antes que nada, toma sus precauciones. La elección no es casual: a sus 24 años, es uno de los artistas argentinos de mayor proyección global. Representante del flow vernáculo en el flamante álbum de Gorillaz, capaz de llevar el espíritu del barrio al prime time global (en el emblemático programa de Jimmy Fallon arrancó su set sampleando a los Wachiturros) y acaba de lanzar Turr4zo, su cuarto álbum. Oriundo de la Comuna 4 (¡cuatro!), del barrio porteño de La Boca, dice que numerológicamente daría todo perfecto para que la Argentina consiga su cuarta Copa del Mundo. La cuarta.    

Trueno: “Cantar afuera es como jugar en la Selección, sentís que estás representando al país”
“El cuatro me persigue; vendría perfecto que se venga la cuarta”, dice Trueno (Foto Fernando Gutiérrez).

“El cuatro es un número que me persigue desde que soy chiquito. Justamente en esta etapa me tocó encontrarme con el cuatro por todos lados: sacamos el disco y debutó cuatro en el mundo, así que vendría perfecto que se venga la cuarta. Pero como decimos todos los argentinos, anulo mufa y dejo que las cosas pasen, se lo dejamos el destino”, dice ahora Mateo Palacio Corazzina en la intimidad que ofrece el estudio ubicado en la frontera entre el arrabal de La Boca, la bohemia de San Telmo y el glamour de Puerto Madero.

Para esta producción, elegimos una casaca con historia. Es una obra del diseñador Oscar Tubio de mediados de los 80, que utilizaron Charly García (cuando cantó su versión del Himno Nacional Argentino en la presentación de Filosofía barata y zapatos de goma, en noviembre de 1990) y Diego Armando Maradona. Era la prensa diseñada por este pionero del márketing deportivo, responsable de la camiseta de Boca con las cuatro estrellitas que Diego había lucido en 1981 y que haría colaboraciones históricas con arqueros como José Luis Chilavert, Hugo Gatti y Carlos Fernando Navarro Montoya (el “Mono”), entre otros.  

“Por la historia que tiene esta camiseta, me toca representarla bien”, afirma Trueno (Foto Fernando Gutiérrez).

Trueno recoge la antorcha y se emociona. “Es un orgullo y un placer. Al enterarme de la historia que tiene esta camiseta y los ídolos que la usaron, me toca representarla bien porque el peso es demasiado grande”, expresa. Y sabe que es una ocasión especial. “Todos los mundiales nos generan expectativas a todos los argentinos, es un momento donde sabemos que un poco se para el mundo para nosotros. Y se juega el orgullo, también: las ganas de verlo, de poner todas tus emociones en ese momento, de juntarse con los demás argentinos. Siempre digo que nosotros nos estamos peleando todo el tiempo, pero cuando toca defender la bandera somos uno solo. Y eso es lindo. Este mundial también me llega muy cercano porque ya me llega con una madurez. Todos los otros mundiales los vi de muy chiquitito. Entonces, me dan ganas de ir a verlo, de vivirlo ahí, en persona. Tengo muchas ganas”.

Puede establecerse una analogía entre los jugadores de fútbol y los artistas a la hora de representar a la Argentina en el exterior. En el caso de Trueno, siempre se encargó de llevar el barrio y la argentinidad a cada escenario. Lo vive con orgullo, y también con responsabilidad.Hay que tomar la mejor parte de las dos cosas”, dice. “Por un lado, que la gente te dé ese lugar de internacionalizarte, de empezar a plantar bandera. Al mismo tiempo, sentís el peso de decir: ‘Bueno, este no soy solamente yo, no es algo individual; estoy representando a un grupo de gente, a un país’. Esa es la nafta que me hace demostrar en cada show afuera que no puedo dejar a la Argentina mal. Me lo tomo como una responsabilidad linda. Cada vez viajo al exterior me siento como un prócer que va con el caballo a clavar la bandera donde sea. Eso me llena de energía y es lo que más ganas me da de salir a tocar”.

En la vigilia del lanzamiento de Turr4zo, Trueno publicó una charla con el futbolista Leandro Paredes, mediocampista y capitán de Boca Juniors [equipo del que el rapero es fanático] y pieza clave en la selección nacional, en la que intercambiaban experiencias sobre sus respectivas profesiones. En un pasaje de la charla, se refieren a lo que sienten cuando se suben a un avión para representar al país: uno en una cancha de fútbol, el otro en el escenario de un festival. “Al principio era una locura dimensionarlo tanto en mi vida personal y con lo que me estaba pasando en lo profesional, con la carrera, el freestyle y mis primeros shows. Tomar un avión a España, volver, bajar en Ezeiza y después subirte al Uber para meterte en el Bajo de La Boca era un golpe de realidad”; explica Trueno. “Al principio me sirvió mucho, porque por más que pudiera estar en Madrid o en Barcelona, no me ponía tan bien como cuando volvía en el taxi y entraba a mi barrio. Me parecía muy loco tener la posibilidad de viajar, pero lo que más me gustaba era volver, estar tranquilo y reconectar”.

Trueno lanzó Atrevido, su disco debut, en 2020: plena pandemia. Fue un año después, cuando se empezó a abrir el confinamiento por el Covid-19, que empezó a viajar. “A viajar fuerte”, dice. Y dice, también: “Me volví bastante adicto. Me encanta conocer y aprender, me considero un alumno de todo. Me empezó a gustar conocer países y culturas nuevas. Yo ya era muy apegado al freestyle y a viajar. Cuando vi que había un público que me esperaba, que los conciertos se llenaban, dije: ‘Ya está, esto es lo que quiero para mi vida’. Estoy segurísimo de que el esquema de mi vida va a ser sacar un disco y salir a girarlo”.

¿Te acordás cuál fue tu primer viaje gracias a la música?

Mi primer viaje en avión fue en 2016, a Perú, para a competir. Tenía 14 años, era muy chiquitito. Lo máximo que había hecho antes era viajar a Uruguay con mi familia en Buquebus o Colonia Express. Subirme al avión en 2016 para ir a Perú me encantó.  Compartir con los otros competidores, conocer otro país, su cultura, su gastronomía, su gente… Inconscientemente empecé a compararlo con Argentina: mira qué diferente es esto, qué igual es lo otro. A partir de ahí se empezaron a dar viajes para una cosa o la otra. Nunca me voy a olvidar de Perú; le tengo un amor especial porque fue el primer país que me recibió.

El uruguayo Jaime Roos hizo muchas de sus canciones fundamentales, muy concentradas en la idiosincrasia uruguaya, transitando una especie de exilio en Europa. Y son muchísimos los artistas que se conectan con sus raíces desde afuera. ¿A vos te pasó eso de conectarte más con la argentinidad estando lejos?

Súper, súper. Eso me llevó mucho a hacer este disco, Turr4zo. Es una buena pregunta porque da el puntapié al porqué, al hecho de agradecer mucho. Con el último aire de Bien o mal —que coincidió con la anterior entrevista de tapa que hicimos para Rolling Stone— tuve una explosión tan grande y mundial que fue el disco que más países me hizo conocer. Nos dio mucha exigencia en cuanto a girar: tocar un día, seguir viajando al otro, no parar un segundo y conocer Europa. Hicimos una gira sold-out. Conocer países nuevos y encontrarte con los argentinos y latinos que viven allá te hace ver el orgullo y la nacionalidad desde otro lado. Yo la tenía muy internalizada desde el lugar del residente: “Sí, soy argentino, viajo, pero vuelvo y nunca me voy a mudar de acá”. Empezar a encontrarme argentinos afuera, hablar con ellos y que te agradezcan por llevar un poquito de Argentina a esos países me conectó mucho con este disco. Después de esa gira escribí “Pumas”, que para mí es el tema más argentino del álbum. Habla de volver a tu tierra como un prócer que va a la batalla y la defiende, pero sabiendo que lo más lindo es traer el premio a casa. Me ayudó mucho a ver otro lado mío y de la identidad en general: cómo la gente se sigue sintiendo argentina viva en el continente que viva.

Ya nos vamos a meter a fondo en Turr4zo, pero antes quiero preguntarte por el Mundial. Sos muy futbolero y es difícil encontrar un barrio más futbolero que La Boca. ¿Qué representa el fútbol en tu vida?

Puf, un montón de cosas. Siendo un pibe de acá, tan influenciado por el club y por figuras como Román [Riquelme], [Diego Armando] Maradona o Carlitos Tévez, es imposible no soñar con ser alguno de ellos tres. De chiquito mi cabeza estuvo en paralelo: era el fútbol o el rap. Eran mis dos hobbies, las cosas que me hacían feliz, por las que me desvivía, no dormía y buscaba cómo ser mejor. Como todo pibe de acá, intenté jugar a la pelota, pero no le dediqué el mismo tiempo ni me generaba la misma pasión que rapear y hacer freestyle. Para mí el fútbol está muy ligado a lo que moviliza a la gente. Quizás no se lo considera un arte, pero termina siéndolo, y los jugadores que nos representan son más que deportistas. Román en mi barrio, Maradona o Messi para la Argentina son imágenes trascendentes, muy grosas. Lo que genera en la gente —la pasión, el amor, el ir a presenciarlo en vivo— tiene mucho que ver con la música. Por suerte, con el hip-hop ya llegamos a hacer dos estadios de fútbol, así que estamos conectados con el deporte a pleno.

Pensando en tu historia con los mundiales, este te agarra más maduro. ¿Cuál es el primer mundial que recordás bien? 

El primero que vi fue Alemania 2006, pero lo único que tengo son flashes porque tenía cuatro años; me acuerdo de pocas cosas, como levantarme muy temprano para ver los partidos. El que sí recuerdo como el primer mundial vivido con plena conciencia, con preocupación por si ganábamos o perdíamos, fue el de Sudáfrica 2010. Con el Diego de DT, Palermo, Carlitos Tévez, Messi, Palacio, Cambiasso… Me lo acuerdo como mi primer gran mundial, esa experiencia de que el mundo se paralice.

“Ir a un mundial es una hazaña que uno no se puede perder”, afirma Trueno (Foto: Fernando Gutiérrez).

También fue un gran mundial para Uruguay, el mejor de su historia contemporánea con ese equipazo. 

Como comparto eso con mi viejo, que es uruguayísimo, y con mi familia paterna, nunca queremos que se crucen. Somos mitad y mitad; si uno pierde, hinchás por el otro. Me representa mucho el estilo uruguayo de juego, eso de ponerle el pecho a todo. Siempre pasa algo lindo: cuando a nosotros nos gana alguien, Uruguay se venga más adelante en el mismo mundial, y al revés también. Somos hermanos.

¿Y este Mundial en particular qué te genera? Mencionaste la posibilidad de hacerte una escapada para ver algún partido en vivo.

Me encantaría. Nunca fui a un mundial. El de Brasil me agarró con 12 años, lo viví muy fuerte porque estaba acá al lado y tenía ganas de ir, pero estaba en la primaria. Fue el que más cerca tuve. En los de Rusia y Qatar yo estaba acá y eran superlejos. Durante el de Qatar estábamos de gira en Estados Unidos. Ir a un Mundial es una hazaña que uno no se puede perder; es como ir a ver un partido de Libertadores en vivo, hay que vivir esa experiencia. Además se suman muchas cosas: seguramente sea el último de Messi y de varios más. Va a tener una connotación especial, y al mismo tiempo un renacer de la Selección con nuevos jugadores que van a ser leyenda. Siento que estamos hasta mejor que en el mundial que ganamos.

Aparte tenés línea directa con Paredes y otros jugadores de la Selección. Me imagino que eso le suma un plus extra. ¿De qué son esas charlas? ¿Ellos te hablan de música y vos de fútbol, o fluye por otro lado?

He recibido el respeto de muchos de los pibes. Rodri me invitó cuando estaba por Miami; hablé con Mac Allister, con Lisandro, con Enzo, a quien invité a un show en Londres. Tenemos gente muy cercana. Lea es el que más cerca está. Ahora también están yendo otros chicos de Boca… Cuando uno genera esa cercanía, en vez de calmarse el fanatismo, me vuelvo más fan si los conozco en persona. Las charlas van variando. Inevitablemente se habla de eso, pero creo que salimos un poco de los casilleros y hablamos de la vida, de cómo está uno, de la familia. Siempre empieza por el respeto: yo apoyándolos a ellos, ellos apoyándome con alguna canción. Los jugadores deben estar cansados de hablar de fútbol y yo de música, así que encontramos un espacio para hablar más amistosamente.

A partir de tu charla con Lea trascendió esa similitud entre las carreras de los músicos y los futbolistas. Sobre todo ahora, que tu generación tiene acceso a un éxito muy grande y muy tempranamente, igual que los futbolistas.

100%. Me pasó viendo series, documentales o videos de detrás de escena de ellos. Te ponés a pensar y se van de gira igual que nosotros: viajan veinticinco personas, están en el micro, en el avión, en el hotel… Cambia solamente el momento de estar en acción: ellos en una cancha y nosotros en un escenario. Tampoco es tan diferente, porque cada uno está demostrando lo que es ante una multitud. Nosotros en el aeropuerto estamos jugando al truco, tomando mate, haciendo chistes, jodiendo en el hotel; termina siendo lo mismo. De ahí surge la necesidad de generar un vínculo con tus pares y compañeros para que después en el escenario salga todo mejor; me pasa lo mismo con mi banda, con mis técnicos y con mi equipo. También la necesidad de estar tranquilo antes, para poder sacar tu versión “de la cancha”. Los jugadores se vuelven locos en la cancha y nosotros en el escenario. Es muy necesario ese contraste y ese balance entre la vida cotidiana y la vida profesional.

Disciplina. Ese concepto, clave en el universo de Trueno, aparece en esa charla con Leandro Paredes. Y en muchas de sus entrevistas, un rasgo fundamental de su modus vivendi. Es una palabra que uno asocia inmediatamente con los deportistas profesionales de alto rendimiento, acaso con ciertas prácticas espirituales, pero no necesariamente con los artistas. Para Trueno, la disciplina es indispensable. “Para la vida en general”, argumenta. “Para todo lo que uno haga. Seas artista, deportista o el trabajo que elijas, es clave. Con el talento se nace, pero después el talento se perfecciona; se perfeccionan las costumbres, los modos. Todo tiene que ver con la constancia, con el trabajo y con la recompensa de pasar por un proceso; las cosas no se dan porque sí”.
Dice Trueno: “Gente talentosa hay un millón; talento le sobra a los pibes del barrio para cantar, pisar una pelota o mostrar ese ángel que uno tiene. Pero realmente los que trascienden y llegan son los que se desviven por lo que hacen. Si sos músico, implica tener conocimiento musical, nutrirte, aprender, buscar formarte más y tener más experiencia. Con el deporte es el entrenamiento y el físico. Cambian los métodos, pero es una moraleja de la vida: por más que te sientas bueno en algo, no te podés descansar, porque si no te quedás en el mismo casillero para siempre y no avanzás”.
A pesar de ser un solista, el pensamiento de Trueno es colectivo. En lugar de posicionarse como una estrella, se muestra como la cabeza de un proyecto, el líder de un equipo en el que se sostiene y que tiene, también, el deber de mantener. “Me encanta codearme con gente que sabe otras cosas. Obviamente Trueno soy yo, pero el proyecto tiene muchas ramas. En la producción, Tatool y El Guincho tienen el mismo mérito que yo en este disco. En el vivo, mis músicos y los técnicos tienen el mismo mérito que yo. Es una cadena: si una cosa falla, se cae todo. Por eso, me encanta sentir que somos un equipo. Haciendo un paralelismo con el fútbol, que nos entendemos, que tenemos nuestra manera de hacer las cosas y que la defendemos. Tenemos una identidad basada en los valores: por qué se hace una cosa, por qué no, quién forma parte del equipo según cómo es como persona. Me gusta generar una tripulación, un equipo que siente que está con la misma camiseta. Eso hace que, en la cancha o en el escenario, salga todo mejor”.

Leé más sobre Turr4zo, la colaboración con Gorillaz y el vínculo con Damon Albarn, su participación en el show de Jimmy Fallon y mucho más en la próxima edición de Rolling Stone.

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Cuando un artista anuncia una pausa, es fácil asumir que se trata de un descanso necesario. Después de todo, pocas profesiones exigen tanto como la música: giras, promoción, creación constante y la presión de estar siempre en movimiento. Detenerse parece la oportunidad perfecta para reconectar con aquello que hizo que todo cobrara sentido en primer lugar: compartir historias, transformar emociones en canciones y encontrar en la música una forma de decir lo que a veces resulta imposible explicar de otra manera.

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Para Nil Moliner, sin embargo, la pausa no salió como esperaba. Tras años viviendo entre escenarios y conciertos, decidió alejarse durante un tiempo. Pero apenas tres meses después descubrió algo que no había anticipado: echaba de menos la música. No solo escribir canciones, sino también el directo, su banda, su equipo y el vínculo con el público.

Ese reencuentro consigo mismo terminó convirtiéndose en NEXO, un álbum que retrata emociones, pérdidas, recuerdos y los lazos que construimos con otras personas. Su nuevo trabajo es un mapa que conecta ciudades, etapas de vida, relaciones, ausencias y versiones distintas de uno mismo.

En conversación con ROLLING STONE en Español, Moliner habló sobre el parón que transformó su perspectiva, el proceso detrás de algunas de las canciones y la manera en que la música, una vez compartida, deja de pertenecerle para convertirse en la banda sonora de quienes la escuchan.

Este es tu regreso después de un tiempo alejado de los escenarios. ¿Cómo fue ese proceso?

Justamente en 2022 giré muchísimo y sentí que era conveniente hacer una pausa. Le dije a mi equipo que quería parar durante un año y medio, pero cuando apenas llevaba tres meses me di cuenta de que había parado demasiado tiempo.

Empecé a sentirme mal, a echar de menos muchas cosas: el directo, mi público, mi banda y mi equipo. Perdí un poco la noción de lo que hacía hasta que llegó el 20 de abril de 2024, cuando retomé la gira en el Palau Sant Jordi de Barcelona. A partir de ahí se me quitaron todos los males.

Entendí que lo que me pasaba era que echaba de menos el directo. Eso es lo que me hace sentir vivo. Y fue precisamente a partir de ahí cuando empecé a escribir NEXO.

Había leído que habías empezado en la música con otras bandas desde muy joven. Imagino que una pausa así debió sentirse extraña.

Totalmente. Desde los 12 o 13 años siempre he estado en bandas y siempre he tenido conciertos. Nunca había pasado tanto tiempo sin subirme a un escenario. Fue algo muy raro.

Durante ese tiempo me mudé de Barcelona a Madrid buscando también un cambio. Y fue muy bonito porque allí conocí a muchas personas que terminarían convirtiéndose en productores de este disco. Por eso digo que ese parón, aunque removió muchas cosas, terminó siendo maravilloso para poder escribir NEXO.

‘Me acuerdo de ti’ abre el disco y hay una frase que llama mucho la atención: “He sabido encontrarme al final de la nada, escapar de la gran ciudad en busca del mar”. ¿Habla de ese reencuentro contigo mismo?

Sí. De hecho, habla de Barcelona. Es el lugar que me hizo reconectar con todo y donde volví a encontrarle sentido a las cosas.

La canción nace de ese momento concreto que viví el 20 de abril de 2024 en el Palau Sant Jordi. Ahí me reencontré conmigo mismo. Por eso ‘Me acuerdo de ti’, que abre el disco, habla precisamente de esa situación y de todo lo que significó para mí.

Nil Moliner encontró el camino de regreso en NEXO
Cortesía

En ‘Vive lento y ama bien’ parece haber una reflexión sobre respetar los tiempos de cada proceso. Creo que a veces el proceso para entender que  todo tiene un tiempo es un  proceso asfixiante, ¿cómo fue para ti entender que no se tienen que apresurar las cosas? 

Fue algo que me enseñó la propia situación. En 2023 mi discográfica me preguntó si ya tenía canciones para empezar a trabajar en un disco y les dije que era incapaz de escribir porque no me sentía bien. Me respetaron muchísimo. Me dijeron que me tomara mi tiempo y así fue. Han sido dos años en los que he podido escribir de una manera muy tranquila, orgánica y sin presión. Sin fechas límite. Eso ha sido maravilloso porque me permitió disfrutar del proceso y dejar que las canciones aparecieran cuando tenían que aparecer.

Tus letras conectan mucho con la gente. ¿Cómo es tu proceso creativo?

Todo ese tiempo me permitió acumular muchas cosas. Voy grabando melodías en el móvil, apuntando palabras, situaciones o momentos que veo por la calle. Escribir canciones te vuelve muy observador. Después llego al estudio e intento dar forma a todo eso. En este disco además trabajé mucho en equipo. Siempre había colaborado en los discos, pero nunca había co escrito canciones para mí de esta manera.

Ha sido un viaje muy bonito porque hay personas a tu lado que entienden lo que te sucede y te ayudan a ponerle palabras. ‘Vive lento y ama bien’, por ejemplo, nació junto a mis amigos J. Cruz y Liam. Fue un momento de conexión muy especial entre los tres para contar una historia que llevaba mucho tiempo queriendo escribir.

En ‘Tu cuerpo en braille’ hay una imagen que me llamó mucho la atención: la del hombre lobo. Habla de cómo ciertas personas pueden sacar una versión de nosotros mismos que ni siquiera nos gusta. ¿Cómo nació esa canción?

Es una historia muy curiosa. De hecho, todo el proceso de creación está documentado en un video porque dejamos una cámara grabando durante toda la sesión.

Estábamos en la montaña escribiendo la canción y de repente apareció una luna llena enorme. Empezamos a hablar de ella, a obsesionarnos un poco con esa imagen, y a partir de ahí comenzó a surgir la letra. Eso me enseñó algo muy importante: el entorno influye muchísimo en una canción. ‘Tu cuerpo en braille’ nació literalmente de ese momento. La canción habla de una relación tóxica, de esas conexiones que te confunden y te transforman. Le tengo mucho cariño porque fue un proceso muy natural y muy auténtico.

Después llega ‘Ya no estoy triste’, una canción que parece marcar un cambio de energía dentro del disco. Además cuenta con varias colaboraciones. ¿Cómo surgió?

‘Ya no estoy triste’ es un nexo maravilloso y una conexión muy real con Pablo y Nico, de la banda colombiana Mapache. Desde el primer momento en que nos conocimos sentí que compartíamos una manera muy similar de entender el mundo, la música y la forma de trabajar. A partir de ahí empezamos a reunirnos cada vez que ellos venían a España y escribimos muchas canciones juntos. Entre ellas nació este son cubano que tanto nos hace bailar. Después se sumó Dollar [Selmouni], que viene de un universo musical muy distinto al mío, y eso hizo que la mezcla fuera todavía más interesante. Es una canción muy divertida, la estamos tocando en directo y la estamos disfrutando muchísimo.

A medida que avanza el álbum parece haber una invitación constante a vivir las emociones sin esconderlas. ¿Crees que estamos aprendiendo a reconciliarnos con lo que sentimos?

No lo sé. Yo puedo hablar desde mi experiencia. Siempre he intentado expresarme de una manera muy abierta. He hablado públicamente de la ansiedad, de mis bajones y también de mis momentos buenos. Nunca he tenido problema en abrirme. En este disco incluso más. Hablo de todos los temas de una forma muy expuesta y muy honesta. Así que, en mi caso, no siento que haya sido diferente a otros trabajos. Siempre he intentado abrirme en canal para emocionar.

Hay una canción que me detuvo por completo mientras escuchaba el álbum: ‘Alex’. Creo que cualquier persona que haya atravesado una pérdida puede sentirse identificada con ella. ¿Qué representa para ti?

Es una canción que quería escribir desde hace mucho tiempo. Perdí a un amigo en 2019 a causa de un accidente y empecé a escribir sobre esa experiencia como una forma de terapia. Tenía varias canciones inspiradas en él, pero ninguna terminaba de encontrar su lugar. Hasta que un día, también en la montaña, empecé a trabajarla con los productores y comenzamos a darle una textura más cercana a una banda sonora. Entonces apareció una letra muy sincera, muy simple y al mismo tiempo muy cruda. ‘Alex’ nació así.

Creo que es una canción que va a remover a mucha gente porque, por desgracia, todos hemos vivido alguna pérdida. Lo estoy viendo en los conciertos. Se está convirtiendo en un abrazo colectivo muy bonito, en un duelo compartido. Cuando la escribía ya no pensaba solamente en mi amigo Álex, sino también en todas las personas que he perdido por el camino. Habla de una emoción que, de una forma u otra, todos conocemos.

Hay una canción que me llamó mucho la atención: ‘Bona nit’. Aunque no hablo catalán, la sentí como una despedida dulce, como el final de un día que no quieres que termine. ¿Qué historia hay detrás de ella?

No vas mal encaminada. [Risas] ‘Bona nit’ cuenta la historia de dos adolescentes que se enamoran durante unas colonias o campamentos de verano. Habla de esos momentos alrededor de una hoguera, cuando todos se reúnen con una guitarra antes de irse a dormir.

Es una historia muy concreta y muy personal. Me pasó cuando tenía 13 años y ahora, más de veinte años después, la convierto en canción. Habla de preguntarte qué habrá sido de aquella persona, qué habría pasado si aquella historia hubiera continuado. Además, tiene una referencia muy especial. En Cataluña hay una canción muy popular del grupo Els Pets que también se llama ‘Bona nit’ y que suele cantarse en ese tipo de encuentros antes de dormir. La historia que cuento ocurrió alrededor de esa canción, por eso decidí recuperar ese título como una especie de homenaje a aquel momento.

A lo largo de tu carrera has mantenido una conexión constante con el catalán. ¿Qué lugar ocupa dentro de tu música hoy?

El catalán es mi lengua materna y siempre tendrá un lugar muy especial para mí. Me encanta escribir y cantar en castellano, pero el catalán forma parte de quién soy. De hecho, siempre me ha gustado incluir alguna canción en catalán en mis discos y es algo que seguramente seguiré haciendo. No descarto que algún día pueda hacer un proyecto completamente en catalán. Es una lengua muy familiar para mí y me encanta poder expresarme también a través de ella.

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¿Hubo alguna influencia musical que te acompañará especialmente durante la creación de NEXO?

Cuando estoy creando intento no escuchar demasiada música para no influenciarme de forma directa. Prefiero trabajar desde los recuerdos y dejar que las referencias aparezcan solas. Lo que sí descubrí durante este disco es que empecé a subir la distorsión de las guitarras y a conectar con una parte más rockera de mí. De repente apareció el Nil adolescente que escuchaba a El Canto del Loco, Pereza y todos esos grupos que marcaron los años 2000. Me permití explorar ese lugar, pero no fue algo premeditado. No empecé el disco con referencias concretas en la cabeza.

¿Cuál fue la conversación más importante que tuviste contigo mismo durante este proceso?

Que tenía que volver a disfrutar. Tenía que emocionarme y pasármelo bien haciendo música. Por eso me permití trabajar sin presión, ir al estudio cuando realmente me apetecía y no hacerlo cuando sentía que no era el momento. Cuando entraba al estudio lo vivía como un juego y como una aventura. Además, el disco fue tomando forma en distintos lugares. Lo escribí entre Madrid, Barcelona, la montaña y el mar. Incluso me fui dos semanas a vivir junto al mar para escribir canciones allí. Cada lugar terminó aportando algo distinto. Cada canción tiene un pedazo de ese recorrido.

Justo por ahí, en una de las canciones, escuche Malasaña y pensé: “debe haber historias buenísimas ahí”. 

[Risas] Absolutamente.

NEXO parece construirse como una conversación entre tú y quienes escuchan tus canciones. ¿De qué habla realmente esa conversación?

Habla de conexiones. Hay algo muy bonito que me ocurre en los conciertos. Cada vez siento más que soy un nexo entre la canción y la gente. Un canal por el que pasa la música.

La canción pasa a través de mí, pero yo no soy el protagonista. La protagonista es la canción. Cuando miro al público veo historias. Veo parejas que se acuerdan de un momento importante, personas que reviven un verano o una emoción concreta. La gente ya no me mira a mí; celebra esas canciones entre ellos. Y eso es precioso. Creo que ese es el verdadero discurso de NEXO. Yo escribí estas canciones, pero ya no me pertenecen. Ahora forman parte de la vida de otras personas. Son la banda sonora de nuevos recuerdos, de nuevas historias y de nuevas emociones. Yo simplemente soy el conector entre la canción y quien la escucha.

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Entre giras que cruzan continentes, ensayos que no se detienen y la inminente grabación de un nuevo disco, Allison atraviesa uno de sus momentos más intensos y expansivos. La banda mexicana, con más de dos décadas de trayectoria, no solo ha perfeccionado su maquinaria en vivo, sino que ha encontrado nuevas formas de habitar el escenario: con mayor control creativo, una puesta en escena cada vez más precisa y una relación con su público que se vuelve más cercana y visceral con el paso del tiempo.

En esta conversación, el grupo repasa ese presente de movimiento constante, pero también mira hacia atrás para entender cómo se construye una carrera de largo aliento en el punk y el pop punk latinoamericano. Desde la responsabilidad de ser una banda formativa para nuevas generaciones, hasta el aprendizaje que deja compartir escenario con íconos globales y la escena underground por igual, Allison habla desde un lugar de madurez creativa donde la experiencia ya no es solo acumulación, sino criterio.

Ismael: Entre organizar el tour de Estados Unidos —que se viene pronto—, el tour en Latinoamérica  y la grabación del nuevo disco, y sumado a eso estamos tocando todos los fines de semana, entonces es un montón de trabajo. No hemos parado. Todos los días estamos haciendo algo. Justo ahorita venimos de una junta y llegando a la oficina de aquí para darle. 

Suena bien, suena bien. ¿Están contentos con todo lo que está pasando?

I: Sí, sin duda. Creo que al final estar a full en la música y buscando las maneras para poder compartir nuestra música con nuestros seguidores es el objetivo, y sobre todo que los shows cada vez los disfrutamos más, creo yo. 

¿Por qué? ¿Por qué lo dices?

I: No sé si sea un poco la consecuencia de la edad, la consecuencia de que la gente también cada vez es más eufórica. También creo que tiene que ver con que a medida que hemos crecido como banda y como personas podemos controlar más lo que sucede alrededor de un concierto de nosotros, y el tener control de alguna manera o poder decidir muchas cosas alrededor de nuestro show hace que nuestro mensaje sea completamente lo que queremos decir: Visual, experiencia y musicalmente.

Eso es algo que cuando eres una banda que va empezando, no realmente te involucras en esas cosas, y al poder compartir el mensaje completamente y estar involucrado en todo, hay una satisfacción de por medio y un gozo al subirte al escenario, porque al final sabes que si las cosas salen bien son por ti, si las cosas salen mal son por ti y dejas de deslindar responsabilidades a otras personas. Creo que hemos aprendido a delegar muy bien y a trabajar en equipo. 

La edad creo que nos juega un factor bastante importante porque si bien la música, el arte, la foto y la pintura nos ha sensibilizado mucho más con lo que sucede en nuestro entorno, a medida que crecemos esa sensibilidad y ese amor por lo que hacemos es mucho más grande. De igual manera, cuando la gente muestra cariño, amor o algún tipo de respuesta hacia lo que hacemos, se siente mucho más. 

Allison: 20 años después, el vértigo de seguir tocando
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Claro. Genial. Se nota que tienen un montón de equipo de producción para estos shows. O sea, ya que a me dices que tienen controlado todo, ¿quiere decir que ya pensaron en en cada cosa?

I: Sí. Creo que hemos aprendido a que cada parte de la banda, hablando de nosotros como banda, esté en cada sección, y a medida que hemos pasado y hemos girado, tenemos un crew muy específico aprendiendo a delegar cada parte. Para nosotros la experiencia en vivo juega un papel muy importante. Al final, si bien un disco puede estar maquillado, puede sonar de una manera, un video puede verse de una manera, tú te puedes ver de una manera en una foto, en vivo es la banda como es, entonces nos hemos encargado de que la parte en vivo, por lo menos lo que nos toca a nosotros que es ensayar y tocar esté perfecto.

La realidad es que creo que hoy en día hemos aprendido un montón de toda la gente que trabaja con nosotros y hemos aprendido que la experiencia en vivo es un trabajo en equipo de todo lo aprendido, de todas las bandas, de todos los conciertos, de todos los festivales. El trabajo en estudio también es lo mismo. Es el camino recorrido de ya cuatro discos de estudio, dos discos en vivo de toda la gente que ha producido, mezclado, masterizado y que nos rodea. Es un montón de cosas que de pronto viendo hacia atrás hemos hecho a nivel práctica. La cantidad de shows que hemos tocado, la cantidad de discos que se han grabado, como que no hay mejor práctica que hacer las cosas.

Estamos en un gran momento. No me gustaría decir que estamos listos para todo, pero creo que hemos cometido tantos errores que podemos estar listos para todo. 

¿Cómo es llevar esta gira fuera de México? Me imagino que debe ser complicado tener este mismo nivel de control tanto en Estados Unidos como en América Latina.

Diego: Pues mira, la realidad es que creo que uno de los puntos que nos mantiene más felices hoy en día es que podemos llevar esta experiencia a muchas personas. A medida que la banda ha podido comunicar la música en Latinoamérica, que hemos visitado Latinoamérica, Europa, Estados Unidos, cada vez se ha sumado más público, y eso es la consecuencia de poder hacer shows más grandes y de poder tener más recursos para lograr mejores shows. 

Hoy en día creo que una de las cosas que más nos tiene felices es poder llevar una mejor experiencia a Latinoamérica. Si bien hace 10 años nuestros shows eran más pequeños porque íbamos comenzando a trabajar en estas ciudades, hoy en día podemos hacer shows más grandes. Ahorita anunciamos dos shows en Perú, tenemos shows en Colombia, tenemos una gira muy extensa en Estados Unidos, y de las cosas que más orgullosos nos sentimos es que estamos yendo en un formato que es uno el cual puede expresar y compartir el mensaje que queremos y muy parecido a nuestros shows más grandes en Ciudad de México. 

Sí. Genial, genial. Bueno, me alegra mucho, qué chévere eso. Y ahora sí, creo que ya acaba de llegar Eric y Alfie. ¿Qué tal ¿Cómo están? 

Erik: Un gusto ¿Cómo vas?

Bueno, cuentenme cómo es crear un show de Allison hoy en día. ¿Cómo es escoger un setlist sobre todo, tenía tantas décadas de trabajo encima?

E: Es difícil. Siempre es un tema el conciliar lo que queremos expresar con lo que queremos tocar, porque de repente uno quiere tocar un montón, y hay momentos en los que es mejor tocar menos y diseñar un show en el que no haya ningún momento dónde se pierda la atención del público. Obviamente también nuestros shows son muy energéticos, tienen mucha potencia y muchas cosas que suceden en el escenario, entonces también tratamos de que nuestros shows cuenten una historia, que los lleven a toda la gente desde momentos muy energéticos a momentos de introspección, a momentos en los que tenemos de repente discurso, porque obviamente tener un micrófono es un privilegio, pero también una responsabilidad, entonces tratamos de llevarlos por todos esos lugares por donde los queremos llevar y cerrar con una curva de hits que detonan la melancolía y la nostalgia dentro de todos los espectadores y ya se vuelve una montaña rusa que acaba hasta arriba.

La manera cómo se mueve ese tipo de show nos gusta mucho, no tanto para show de aniversario, que generalmente en la Ciudad de México, Monterrey o Guadalajara hacemos shows bien largos como de casi 3 horas. Tratamos de que ese mismo formato le quitamos cosas y lo dejamos trabajar para hacerlo en esos shows que son de gira más continua. 

Claro, genial, genial. Bueno, también por aquí me contaban que andaban ya dándole al nuevo disco. ¿Qué se puede saber de esto? Cuéntenme cómo ha sido ese proceso del nuevo álbum. 

E: Tenemos mucho tiempo queriendo grabar un disco. La verdad es que ha sido largo el proceso de componer, de juntarnos, de encontrar qué queremos expresar. Creo que es definitivamente algo que como artista se vuelve más complicado cada año que te haces más viejo el de qué vas a hablar, de qué va a hablar esta nueva etapa de la banda. Hay mucha responsabilidad en el peso de tener 23 años de carrera. No podemos hablar del mismo amor adolescente que estaba en nuestra adolescencia. Eso creo que ha sido el proceso más difícil, pero bueno, ya tenemos muchas canciones en estados muy avanzados, de hecho mañana entramos ya al proceso de entrar a grabar ya al estudio.

Hemos tenido muchas sesiones en el estudio por años tratando de cada año estar impulsando  y tratando de cerrar este disco, pero ahora tuvimos la oportunidad de estar una semana en Nashville, componiendo con un gran songwriter de por allá que ha trabajado con bandas como Son 41, Machine Gun Kelly y Avril Lavigne, y eso fue un aventón fuerte que tuvimos y eso nos ayudó a cerrar este disco.

Ahorita ya vamos a empezar el proceso de grabación y ya tenemos las canciones, simplemente es cerrarlas y mezclarlas con alguien increíble y ya estamos muy cerca de esta de esta curva de esta recta final. 

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Me imagino. Y digamos, ¿con qué equipo están trabajando la grabación y la mezcla?

E: Llevamos años trabajando ya con alguien increíble en Denver, que se llama Jason Livermore. Él ha mezclado, grabado y producido discos de bandas icónicas de nuestro género. Bad Religion, un montón de bandas, o sea, AFI, ha trabajado son Rise Against, un montón de bandas bien increíbles y la verdad es que los últimos dos sencillos los ha mezclado él y estamos super contentos con su trabajo, así es que muy probablemente se lo demos a él el disco completo.

Genial, genial. Para mucha gente, Allison fue una puerta de entrada al punk rock y el pop punk alternativo en español. ¿Ustedes son conscientes de ese lugar formativo que ocupan en la vida de sus fans y muchas bandas de América Latina?

D: Yo creo que así como tal vez nosotros somos para la gente que entró a la música por medio de nosotros, a nosotros nos pasó igual. Yo creo que siempre va a haber alguien que te abre la puerta a los géneros. Nosotros cuando nos lo dicen o cuando la gente nos lo ha hecho saber, lo tomamos como un comentario muy lindo y muy afortunado hacia nuestra carrera y también cuidamos mucho eso. Sabemos que el estar en un escenario, el poder tener esta voz para compartir y este nivel de difusión que hoy en día nos hemos ganado tras los años, tras estar tocando, pues también conlleva una gran responsabilidad, compartir un gran mensaje. También que la congruencia de lo que hablamos se vea reflejado. Yo siempre he creído que no hay mejor declaración al mundo que tu propia vida.

Tratamos de ser lo más conscientes con nuestro entorno, con la gente que nos rodea, tratamos de ser muy sinceros a través de nuestra música, incluso cómo suena la banda, lo que decimos en las letras, siempre hablamos de experiencias reales o experiencias que nos hacen sentido, y sobre todo desde una manera muy sincera, sintiendo lo que se está haciendo, sintiendo lo que se está diciendo y esa es nuestra manera de agradecerle a toda esa gente que ha llegado por nosotros a este género. No sin dejar de lado que al final no somos ni los primeros ni los últimos y que detrás de nosotros ha habido muchas bandas de Latinoamérica, de México e internacionales que han abierto el camino. 

Creo que nosotros somos muy afortunados porque nuestro primer disco salió en un momento donde mucha gente quería escuchar este género. Necesitaba que hubiera canciones que les hicieran sentido en su vida. Creo que siempre hay momentos muy bonitos para la música y nosotros, o por lo menos este género, reventó en un gran momento y bueno, nosotros somos parte de esto y cada vez se sigue sumando nuevas generaciones. Vemos muchos niños en nuestros shows y eso nos habla de la gran responsabilidad que tenemos como personas, y repito, que tenga mucha congruencia lo que decimos, lo que hacemos, con lo que queremos compartir con toda esa gente y sabiendo que al final son semillas lo que decimos y que eso va a impactar de algún modo de la gente, como a nosotros nos impactaron todas esas bandas que escuchamos cuando éramos chicos. Que una banda decía algo y tú te lo llevas y ese es tu mantra de vida, entonces tratamos de pensar que todo lo que hacemos, decimos, componemos siempre va a tener una consecuencia y queremos que sea lo mejor para toda la gente que nos sigue. 

E: Los años nos han llevado hasta esta encrucijada de ser congruentes con el “pienso, digo, hago”.

D: No hay mejor carta de presentación que tu propia vida.

Hablando de esas bandas que los inspiraron, ¿cómo estuvo y qué aprendieron, más que nada, de haberle abierto a blink-182 allá en el Estadio GNP? 

D: Mira, yo personalmente creo que una de las cosas que me gustó mucho de Blink 182 es ese amor por la música que tienen y ese involucrarse en cuestión de producción, de todo lo que trabajamos. Era la última fecha de su gira en Latinoamérica, pero ver a Mark en el escenario, llegar y probar su bajo enfrente de nosotros y poder ver, son cosas que te hablan de alguien que tal vez no tendría que hacerlo a esos niveles, pero sigue involucrado con su sonido, sigue involucrado en qué está sucediendo en su show, sigue involucrado en saber cuáles son las bandas que están tocando.

Compartimos un par de minutos con Travis Barker y justo hablaba con su fotógrafo y nos decía “mira, son Allison, es la banda de la que te hablé que van a abrir”, entonces, están enterados de lo que sucede y yo sé que Travis Barker por medio de su fotógrafo estaba muy enterado de todo. De quién iba a abrir el show en México, que en este caso éramos nosotros, por qué nosotros estábamos abriendo el show. 

Si algo yo personalmente puedo aprender es que ellos siempre están involucrados al 100% en su mensaje, visualmente en su concierto, musicalmente en cómo suena y bueno, y con su trabajo personal de cada músico se me hizo increíble eso. Eso yo personalmente. 

E: Sí, yo iba a apuntalar la respuesta, pero realmente Isma dijo todo eso, o sea, la verdad fue fue un momento muy bonito y también es muy inspirador el poder ver que una banda por más trayectoria que tenga no se deja de involucrar en lo que hace. Al final creo que nosotros como bandas, hablo en general, siempre tenemos esa responsabilidad de ser arquitectos de lo que uno como banda quiere y todas las personas que trabajan alrededor deberían ser como los albañiles, los constructores. No da la vida para renunciar o para relajarse en lo que tú quieres como proyecto, porque al final no hay nadie a quien le importe más que a ti. Se supone [risas].

D: ¿Sabes algo curioso cuando hiciste esa pregunta y terminaste con Blink-182? Yo creo que de las bandas que más he aprendido yo y sé que muchos de nosotros, ni siquiera es de las bandas más grandes. Hemos aprendido muchísimo más de las bandas chicas y de las bandas de la escena underground. Creo que en México por lo menos en la escena del foro Alicia, cuando recién empezábamos mucho antes de nuestro primer disco, creo que algo que aprendimos fue a hacer todo por ti mismo: vender tu merchandising, de compartir tus discos, que justamente en nuestro primer disco hicimos un tributo a todas esas bandas, bandas como AXPI, Hule Spuma, 301 Izquierda, Bye Sami. ¿Quién más estaba en ese tributo Erik? 

E: Taller para niños.

D: Taller para niños. Entonces, creo que sí aprendemos de las bandas grandes, pero la realidad es que aprendemos un montón también de las bandas chicas, y de bandas nacionales. Cuando tocas con bandas aquí en México como, no sé, tuvimos la oportunidad de tocar muchas veces con Molotov, con Caifanes, con Café Tacvba, incluso con Maná tocamos hace un hace unos meses en Estados Unidos, y ves su calidad de show, todo el tiempo te estás empapando de las personas con las que te rodeas, entonces nunca dejas de aprender en la música. 

Ralfie: Creo que al final también se resumen muchos puntos en cómo uno aprende a ser agradecido y lo afortunado como banda de tener lo que tenemos en este momento en esta trayectoria y cómo la gente se ha sumado a los proyectos, las bandas que nos han abierto las puertas, al final también hay que agradecer eso, y nosotros compartir eso.

Cuando vamos a otras ciudades procuramos que las bandas locales se sumen a nuestro show de alguna manera porque en algún momento a nosotros nos tocó. Nos tocó estar abriendo shows de nuestras bandas favoritas, que mejor que poder compartir eso con las nuevas generaciones. Entonces, creo que de los principales puntos que yo podría subrayar es que somos una banda muy afortunada por todo el apoyo que hemos recibido, tanto de los fans que nos han seguido y de las bandas, afortunados y sobre todo agradecidos de todo esto. 

Hoy mucha gente dice “no, ya no es lo mismo”, pero de todas formas entre las bandas sigue habiendo un apoyo, un sentido de pertenencia. Eso está chévere.

E: Y somos comunidad. Eso es algo también que se ha desarrollado con los años. También más cerca de la adolescencia siempre hay un sentido ahí de competencia que ahora yo lo veo en retrospectiva y me chocaba un poco eso, todo ese sentido de competencia que había cuando éramos más adolescentes…

Aplicado a la vida artística, también eso hizo que muchas bandas todavía te inspiraban, como “wow, estos güeys tocaron bien cabrón. Bueno, ahora hay que tocar igual de cabrón que ellos, y hay que hacer nuestra merch igual y hay que superarnos para tener una buena guitarra como este güey que tiene una buena guitarra e involucrarnos en nuestro sonido”. Siempre fuimos muy así, siempre fuimos muy apasionados de lo que nos gusta, y como amamos la música, siempre fuimos bien geeks. También eso creo que de alguna manera nos ayudó mucho, el que siempre tecnológicamente estábamos muy a la vanguardia de alguna manera. 

Qué genial, qué chévere eso, que siempre tuvieron no envidia sino que como referentes, que podían aspirar a algo más, y se ha dado los frutos, qué chévere eso. Ahí están, ahí siguen, aquí continúan. No todos pueden darse ese lujo. Eso es cierto. Bueno, chicos, ¿Qué más me hace falta? 

E: Ahorita creo que algo importante que me gustaría platicar, no sé si Fear ya platicó de esto, pero nosotros en cierto momento de nuestra carrera, recuerdo que fuimos a tocar al LAMC.

Entonces, fuimos al Warp Tour de asistentes, y fue como, wow, fue increíble. Vimos a Motion City Soundtrack, a NOFX, un chingo de bandas increíbles que para nosotros eran íconos del movimiento, y ese mismo año nos lograron colocar dentro del festival. Entonces, al siguiente Warp Tour que fuimos, ya íbamos tocando, y ahí fue algo muy fuerte para nosotros poder tocar en nuestra primera edición del Warp Tour, que fue por ahí de 2007. 

El siguiente año volvimos a ir a Warp Tour Tour. Ya estábamos con Paramore, en la época del Riot, Killswitch Engage, un montón de bandas increíbles y este año regresamos de nuevo al Warp Tour. Pasó mucho tiempo, también estuvo bien construirnos y endurecer el muro de de la banda para poder llegar y soportar este tipo de conciertos, y aparte también muy emocionados de que vamos a poder estar en la edición mexicana, que va a ser en el GNP, compartiendo escenario con un montón de bandas amigas mexicanas que a mí también me me da muchísimo gusto que haya habido tantas bandas mexicanas en el festival compartiendo escenario con todos estos iconos del movimiento eh global en este festival tan increíble. Es la edición más grande que se haya hecho de punk, emo, punk rock en México, y eso creo que va a ser algo trascendental para la historia de nuestro género en el país y estamos muy contentos de esto.

Aparte de que también estaremos tocando la edición de Orlando y tocando en Los Ángeles, también estaremos en la edición mexicana y creo que esto abre una puerta gigantesca para las nuevas escenas y los nuevos grupos de la ciudad del país en general, y creo que va a haber mucho público de Latinoamérica, de la gente que lamentablemente, o afortunadamente no pueden ir a Estados Unidos [risas], y van a estar todos acá en México aperrando el festival, eso a mí me da muchísimo gusto, porque creo que se va a dejar sentir una vibración muy alta.

Cortesía

Claro, y en pleno 2026, algo impensable.

D: Es una locura, y de lo mejor que tiene este festival es que las bandas de otros países están muy emocionadas. Yo los veo como viendo a México y sobre todo a Latinoamérica como una plataforma para su música. Ya no ven solamente como a Estados Unidos, todas estas bandas internacionales.

El fan latinoaméricano es otra cosa.

Sí, los mejores shows se dan acá, en todo Latinoamérica. Tenemos hoy en día muchos amigos de bandas internacionales que están emocionados por venir a México con el festival, y eso es increíble porque también para nosotros cuando estemos allá es como seguir conviviendo con ellos. 

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