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Alex Anwandter: 20 años bailando entre el deseo y la transformación

Alex Anwandter opera bajo una premisa clara: el pop no es un territorio de evasión superficial, sino un espacio de disputa y catarsis. Su discografía puede leerse como la crónica viva de una obsesión: la de capturar el espíritu de su tiempo a través del ritmo. Lejos de la complacencia y de las fórmulas seguras, […]

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El pasado domingo 14 de junio, Oliver Tree falleció al ser víctima de un accidente en helicóptero en Río de Janeiro, donde también fallecieron el youtuber argentino Gaspi y Lucas Vignale, director que trabajó con artistas como Bizarrap y J Balvin. 

La muerte de Tree conmocionó a toda la industria del entretenimiento no solo por cómo fue, sino por su edad. El músico estadounidense tenía apenas 32 años y acababa de estrenar su más reciente entrega, Love You Madly Hate You Badly, con la cual logró que su carrera tuviera un segundo aire tras el éxito que vio durante la pandemia. Sin duda, Oliver aún tenía mucho que ofrecerle al panorama musical tanto lírica como sónicamente. 

Gracias a temas como ‘Life Goes On’ y ‘Miss You’, por un momento se encasilló a Oliver Tree como un “artista de TikTok”. Sin embargo, tres años después y con dos discos más en su repertorio demostró que es un músico en toda la extensión de la palabra. De acuerdo al propio artista, su último álbum es un proyecto mucho más crudo y en el que se muestra ante su público sin interpretar a un personaje. Es un reflejo no solo del músico, sino de la persona detrás de cada canción. 

A poco más de un mes de que el álbum saliera a la luz y dos semanas antes de su fallecimiento, Oliver Tree se reunió con ROLLING STONE en Español para hablar de su proceso creativo, que incluyó una serie de viajes alrededor del mundo —desde México hasta la Antártida—, lo que representó este nuevo proyecto para su carrera y cómo convivían Oliver Tree, la persona, y Oliver Tree, el artista, después de más de 15 años en el panorama musical. 

Tu nuevo álbum salió hace un mes. ¿Cómo se siente finalmente compartirlo con el mundo?

Ha sido muy positivo. La respuesta de la gente ha sido bastante buena. Definitivamente es un disco menos comercial; de alguna manera representa un regreso a mis raíces como productor que hacía música desde su habitación. Quise reconectarme con la forma en que solía crear música cuando era solo un chico en el cuarto de la casa de sus padres. De cierta forma recreé ese escenario mientras viajaba por el mundo y grababa el álbum en habitaciones de hotel a lo largo de 82 países.

Ha sido muy especial poder hacer algo tan crudo y auténtico, completamente fiel a mi visión, sin comprometerla. No pensando en conseguir más reproducciones ni en hacer colaboraciones oportunistas, sino en crear arte por la misma razón que me llevó a hacerlo desde el principio. En muchos sentidos, fue volver a ser ese niño haciendo arte dentro del mismo espacio.

¿Cómo fue ese proceso de reconexión? ¿Qué recuerdos vinieron a tu mente?

Firmé mi primer contrato discográfico cuando tenía 18 años, así que llevo 15 años dedicándome a esto de manera profesional. Y antes de eso ya llevaba otros cinco años haciéndolo. Así que fue hace casi 20 años cuando empecé a producir música por primera vez, aunque ya escribía canciones desde la secundaria, unos cinco años antes. En total, han sido casi 25 años con la música como parte fundamental de mi vida y de mi día a día. Por eso fue muy agradable alejarme un poco de los grandes estudios y de los grandes productores. Incluso de trabajar con mis amigos, algo que disfruto muchísimo y que también extrañé. Pero al mismo tiempo, fue muy valioso poder hacer música sin estar preguntando constantemente: “¿Qué opinas?”, “¿Te gusta esto?”, “¿Te gusta aquello?”. En lugar de eso, me enfoqué en preguntarme qué era lo que a mí me gustaba, en reconectar con mi propio criterio y mis propios gustos.

Para bien o para mal, se trató simplemente de crear algo que fuera fiel a mi visión. Creo que esa siempre fue la razón por la que empecé a hacer arte. Así que fue muy refrescante volver a esa mentalidad, regresar a ese espacio de descubrimiento personal, entenderme mejor, comprender mis gustos y reconectar con ellos. Fue una experiencia muy hermosa.

Y me imagino que eso también te dio mucha más libertad para hacer exactamente lo que querías, no solo con el concepto, sino también con el sonido del álbum. ¿Cómo crees que esa libertad se refleja en el sonido del disco?

Siento que siempre he tenido libertad con mi arte. Incluso durante los últimos diez años trabajando en el proyecto de Oliver Tree, seguí produciendo prácticamente todo, con excepción de una canción. Así que siempre fue algo sobre lo que tuve un control creativo muy amplio. Pero fue muy especial volver a enfocarme únicamente en el trabajo de diseño sonoro y de ingeniería. En este álbum grabé y produje las voces yo mismo en habitaciones de hotel, utilizando una interfaz de audio de apenas 150 dólares. De hecho, tenía un equipo incluso más modesto que el que usaba hace diez o quince años. Pero también quería demostrar que no se necesita un gran presupuesto ni un estudio enorme para hacer arte; que es posible crear algo que conecte con personas de todo el mundo utilizando únicamente las herramientas más básicas.

En cuanto al sonido, creo que se perciben claramente algunos de esos grandes momentos en los que las canciones llegan a lugares bastante experimentales y psicodélicos. Hay temas que, en general, son más experimentales y psicodélicos que otros. Pero creo que existen ciertos instantes en los que la música crece hasta alcanzar lugares muy especiales, lugares a los que probablemente no habría llegado si hubiera estado trabajando en esas canciones junto a otras personas.

Una última conversación con Oliver Tree: “Este álbum muestra mi lado más personal”
Cortesía

Y me gusta mucho el concepto del álbum porque gira en torno al amor, pero no solo sobre el enamoramiento, sino también de lo que ocurre cuando empiezas a perderlo. ¿Qué te llevó a explorar ese concepto en este momento de tu vida y de tu carrera?

El álbum documenta la relación que tuve durante los últimos tres años. Y creo que el amor es una montaña rusa, igual que la vida; de alguna manera la refleja. 

Curiosamente, en mi catálogo no hay muchas canciones de amor. La mayoría de mi música nace del dolor y del sufrimiento. En esos momentos es cuando más necesito la música, cuando estoy deprimido o atravesando algo difícil. Siempre he encontrado la manera de tomar esa energía de la tristeza y transformarla en algo positivo; convertir las ganas de llorar y la profunda tristeza en ganas de levantarme y bailar. Esa es la razón por la que recurro a la música. Me salvó la vida por eso mismo. Me dio una dirección y una guía.

Pero con este álbum me propuse capturar también la experiencia de enamorarse, esos momentos de euforia y felicidad. Quise guardarlos en una pequeña botella y compartirlos con el mundo. Fue algo muy bonito de hacer. Si escuchas el disco, en cierto modo está dividido en dos álbumes. La primera mitad, Love You Madly, está compuesta por canciones de amor y tiene una propuesta más alternativa. Luego está la segunda parte, Hate You Badly, que presenta un sonido más pesado, más electrónico, más experimental y más oscuro.

Esa segunda mitad también explora el aspecto sexual que surge después de una ruptura, cuando estás herido y buscas conectar con alguien. Es algo que también forma parte del proceso de encontrar a la persona de la que eventualmente podrías enamorarte. Así que el álbum termina documentando el amor, el odio y también la dimensión sexual de esas experiencias.

He escuchado a algunas personas decir: “No queremos escucharlo cantar sobre sexo o sobre ciertos temas”, pero eso también forma parte de quién soy y de lo que significa ser humano. No incluirlo habría sido negar una parte muy importante de mí mismo. Aunque quizá no sea eso lo que la gente espera encontrar en mi música, especialmente por la imagen que proyecto. Me presento de una manera tan ridícula y deliberadamente poco atractiva. Después de todo, todo el concepto del proyecto de Oliver Tree surgió de la idea de crear una especie de “Justin Bieber feo”. Y, de alguna manera, lo he conseguido. Hay imágenes de este tipo raro y poco agraciado en espectaculares y anuncios gigantes alrededor del mundo. Pero dicho eso, este álbum muestra mi lado más real. En ocasiones fui muy vulnerable; en otras, muy crudo. Incluso puede resultar impactante para algunas personas. Pero, sinceramente, fue muy gratificante poder mostrar todo el espectro de emociones que implica enamorarse y desenamorarse.

Sí, esos sentimientos encontrados aparecen a lo largo de todo el disco. ¿Eso surgió de manera orgánica o era algo que ya tenías planeado desde la preproducción del álbum?

Sí, fue algo completamente orgánico. De hecho, ya había hecho gran parte del álbum antes siquiera de entender realmente de qué trataba. Intento no partir de ideas demasiado calculadas o forzadas cuando hago arte. Más bien trato de colocarme en un estado mental donde pueda jugar como un niño en un arenero, sin pensar demasiado en lo que la gente va a opinar o en lo que le va a gustar a los demás. No se trata de eso. Se trata de preguntarme: “¿Qué necesito decir en este momento?”. Y después, cuando empiezo a ver una imagen más amplia, puedo llenar los espacios vacíos y darme cuenta de que hay algo que está tomando forma. Entonces pienso: “¿Cómo cuento esta historia de una manera más profunda? ¿Cómo logro conectar mejor con las personas?”.

Cuando armé mi nuevo espectáculo en vivo, quise encontrar un equilibrio entre los éxitos que la gente espera escuchar —las canciones por las que están pagando su boleto— y esos momentos especiales del nuevo álbum. No solo canciones que me encantan, sino momentos específicos dentro de ellas. De hecho, en muchos casos ni siquiera interpreto las canciones completas. Salvo algunas excepciones, lo que el público escucha son arreglos que construí a partir de las partes que más amo de cada tema. Son versiones diseñadas para resaltar esos instantes que considero más significativos.

Mientras ensayaba el show y lo iba construyendo, hubo momentos que me hicieron llorar. Me encontraba llorando en el estudio. A veces me daba la vuelta; no porque me avergüence llorar, sino porque no quería cambiar la energía de lo que estábamos creando. Eran momentos muy íntimos para mí. Estaba profundamente conmovido. Por eso siento que, incluso si nadie hubiera escuchado el álbum, o si todo el mundo lo hubiera odiado, no habría cambiado nada.

Este proyecto era demasiado importante para mí. Era algo muy real, muy visceral y muy crudo. Así que me siento enormemente agradecido de haber podido crear una obra que me permitió expresarme y experimentar de una manera genuina lo que significa ser humano.

Y es increíble que, aunque este álbum es distinto a lo que me comentabas antes —que la música te ayuda cuando te sientes mal o deprimido—, aun teniendo una energía más luminosa, sigue conservando ese elemento catártico que forma parte de la esencia misma de la música. 

Totalmente. Creo que, si solo muestras una dimensión de ti mismo, realmente no estás teniendo la oportunidad de contar tu verdad de manera honesta. Y eso es algo con lo que he batallado, especialmente durante los lanzamientos de mis discos, cuando interpreto personajes.

A menudo me encanta hacer el papel del villano, y eso me ha vuelto una figura algo controversial. Me permite crear contenido en el que aparezco como alguien desagradable o difícil de querer, pero en realidad no deja de ser una actuación; soy yo interpretando un personaje. Y a veces, cuando paso demasiado tiempo en ese papel, termino atrapado en él. Me cuesta salir de esa energía, de esa ira o de esa personalidad de villano. Por eso ha sido tan agradable poder mostrar otras facetas de mí mismo.

Cuando empecé a desarrollar este proyecto, una de las cosas más importantes era descubrir todo lo que tenía para ofrecer como ser humano. La pregunta era: ¿cómo reúno todas esas partes en una sola obra que me permita mostrar algo verdaderamente único sobre quién soy? Porque todos somos únicos. Tú eres único, yo soy único. La cuestión está en encontrar la manera de unir todas esas piezas de forma coherente, construir un universo alrededor de ellas y, al mismo tiempo, presentarlas de una manera accesible, bien empaquetada, para que la gente pueda conectar con ello sin sentirse confundida o pensar que no tiene cohesión, es algo realmente complicado. Por eso, el simple hecho de haber conseguido ese equilibrio también representa una gran victoria para este proyecto.

Hablas de ti mismo como si fueras una especie de ser dual: Oliver Tree, la persona, y Oliver Tree, el artista; como si fueran dos entidades distintas. ¿Cómo describirías esa relación? 

Incluso va más allá de eso. Este álbum también trata sobre Oliver Tree, el productor. Porque Oliver Tree, el productor, estaba intentando sacar lo mejor de Oliver Tree, el artista. Pero al mismo tiempo, Oliver Tree, el ser humano, alimentaba e inspiraba a Oliver Tree, el artista. 

La relación más compleja, en realidad, fue descubrir cómo lograr que Oliver Tree, el productor, y Oliver Tree, el artista, se impulsaran mutuamente hasta su máximo potencial. Después de mi álbum anterior trabajé con algunos de los productores más importantes de la industria, personas que han estado detrás de enormes éxitos. Pero, curiosamente, la mayoría de esas canciones nunca vieron la luz. Y muchas de las que sí terminaron saliendo fueron las que hice con mis amigos, porque eran las que se sentían correctas para mí.

No se trataba de pensar: “Esto será una oportunidad más grande” o “esta persona puede hacer la canción más exitosa porque entiende mejor la composición”. Lo importante fue que aprendí de todos ellos. Tomé notas. De alguna manera volví a la escuela, y no digo eso a la ligera. Absorbí muchísimo conocimiento de esos productores. Y después de aprender de todos ellos, me di cuenta de qué era lo que realmente valoraba más.

Por encima de las técnicas, de la composición, de las habilidades de producción o de cualquier otro recurso creativo, lo que más valoraba era la capacidad de crear el entorno y el estado mental adecuados para Oliver Tree, el artista. Ahí fue donde nació toda esta idea: construir el escenario perfecto para que Oliver Tree pudiera crear.

Entonces Oliver Tree, el productor, llevaba a Oliver Tree, el artista, a lugares únicos y extraordinarios alrededor del mundo. Ya fuera viajar por Europa del Este para fotografiar arquitectura brutalista, convivir con la tribu masái en África y dormir en chozas construidas con estiércol, o incluso ir a lugares como Afganistán, donde tomé la fotografía que terminó convirtiéndose en la portada del álbum.

La pregunta siempre era: ¿cómo consigo sacar la mejor versión posible de Oliver? Y descubrí que la respuesta estaba en colocarlo en situaciones completamente nuevas y fuera de lo común, escenarios que despertaran nuevamente sus ganas de crear. Porque después de muchos años en la industria musical uno puede volverse cínico. Hay personas que se aprovechan de ti, rumores que se difunden, información tergiversada y toda clase de negatividad. Llega un momento en que te preguntas cuánto vale realmente la pena seguir haciendo esto y cuánto te hace feliz. Y la respuesta es que, en muchos sentidos, no lo hace.

En cierto punto podría retirarme y decir: “Ya está, tuve suficiente”. Pero el artista que llevo dentro jamás podría dejar de crear. Aunque nadie viera el resultado, aunque nunca publicara nada, seguiría haciendo arte. Por eso todo consistía en encontrar las condiciones adecuadas para volver a entusiasmar a Oliver.

Una de las formas en que lo conseguí fue a través de la fotografía. Logré que Oliver Tree, el artista, recuperara su pasión por la música gracias a que primero volvió a enamorarse de la fotografía. De hecho, lo primero que hice en mi vida que se volvió viral en internet fue precisamente mi trabajo como fotógrafo, por eso fue tan interesante regresar a una disciplina que había abandonado durante quince, diecisiete o casi veinte años. Volver a ella y redescubrirla.

Durante estos viajes incluso realicé un libro fotográfico de aproximadamente 200 páginas, un libro de mesa de gran formato. Y fue precisamente a través de ese reencuentro con la fotografía que logré volver a enamorarme del proceso creativo. Esa pasión terminó trasladándose a la música y me permitió reencontrarme con ella también.

Cortesía

Y hablando de fotografía, específicamente de la portada del álbum, la tomaste en Afganistán, un lugar donde la música es ilegal, lo que básicamente te convierte en un criminal por el simple hecho de ser músico.

Es cierto. Pero también lo hice de una manera respetuosa. No fui allí buscando provocar ni generar impacto por el simple hecho de hacerlo. De hecho, no hablé mucho de eso porque nunca quise utilizarlo como un titular llamativo. Mi intención era acercarme al lugar con respeto. Independientemente de si estoy o no de acuerdo con un gobierno o con determinadas circunstancias, eso no formaba parte de la conversación. No me corresponde a mí decidir qué sucede en otros países. Yo estaba ahí para ser respetuoso y para no romper las reglas.

En el caso de Afganistán, tomar la fotografía para la portada del álbum, técnicamente, no implicaba infringir ninguna norma. Y aunque también pude seguir trabajando en el álbum mientras estaba allí, nunca se trató de llegar con una actitud rebelde y decir: “La música es ilegal, así que tengo que hacer música aquí”, no era eso. Más bien pensé: “Puede que esa sea la situación, pero siempre he soñado con visitar Afganistán”. Siempre he sentido curiosidad por conocer lugares a los que mucha gente te dice que no vayas. Y cuando voy, intento hacerlo con respeto, con la intención de crear, colaborar con la gente local, conectar a través de la risa, construir amistades y aprender de otras personas.

Y durante ese proceso sí trabajé en el álbum, pero de una forma respetuosa. También procuré que mi presencia aportara algo a la comunidad local: contratar personas, generar ingresos para quienes viven allí, para gente que muchas veces atraviesa situaciones difíciles y complicadas. Poder colaborar con personas de distintos contextos y convivir con ellas fue una experiencia realmente hermosa.

Es una gran historia. Y hablando de historias increíbles, también pasaste cerca de un año en la Antártida. ¿Cómo fue esa experiencia y de qué manera impactó el sonido del álbum?

Lo interesante de todos esos viajes es que no creo que hayan cambiado directamente cómo suena la música. Sinceramente, pienso que las canciones habrían sonado prácticamente igual si las hubiera grabado en un estudio en Los Ángeles, durmiendo en un barco en la Antártida, en una choza de estiércol con los masái en Tanzania, en una casa de barro en Irak o incluso en una cueva en Petra. Nunca estuve buscando inspiración sonora, lo que realmente quería era crear recuerdos.

Como artista, sentía que gran parte del dinero que ganaba simplemente se me escapaba de las manos. Además, cuando grabas en un estudio de Los Ángeles, muchas veces la disquera termina siendo propietaria de parte de ese trabajo. Y, en mi caso, por cada dólar que debía devolverle a la compañía, terminaba pagando mucho más debido a las condiciones de mi contrato. Así que empecé a preguntarme si no existía una mejor manera de invertir ese dinero. ¿Cómo podía crear recuerdos? ¿Cómo podía invertir en mi yo del futuro? ¿Cómo podía generar experiencias duraderas, aprender, educarme y conectar con otras personas? Por eso el propósito de viajar nunca fue esperar que la música cambiara dependiendo del lugar donde estuviera. En realidad, quería invertir esos recursos no solo en las comunidades y las personas que conocía alrededor del mundo, aportando de alguna manera a las economías locales, sino también en experiencias que me ayudaran a crecer como ser humano. Esperaba aprender. Esperaba enseñar algo cuando fuera posible. Pero, sobre todo, esperaba conectar con personas de todos los contextos imaginables. Sin juzgar a la gente. Sin juzgar gobiernos. Sin decirles a los demás cómo deberían vivir o qué deberían hacer. Escuchando. Haciendo preguntas. Y cuando no estaba de acuerdo con algo, quizá planteando otra perspectiva, jugando un poco al abogado del diablo y diciendo: “Es una idea interesante. ¿Y qué opinas de esto?”. No necesariamente para convencer a nadie, sino para invitar a la reflexión.

Aunque también entendí que muchas veces ni siquiera era mi papel hacer eso. Quizá mi papel era simplemente aprender, comprender y tratar de ver el mundo a través de los ojos de otras personas. No imponer mis propias ideologías ni mis creencias, sino escuchar y tomar pequeños aprendizajes de aquí y de allá cuando tenían sentido para mí. Intentar construir una visión más amplia y seguir evolucionando. Porque, al final, quería convertirme en una persona del mundo, no únicamente en alguien nacido en Estados Unidos con los privilegios que eso implica. Quería conectar con personas completamente distintas a mí, y gran parte de esa experiencia consistió simplemente en escuchar.

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The Menzingers se estaban entusiasmando al calor de un par de cervezas mientras hablaban de su nuevo álbum, cuando surgió el debate sobre dónde grabarlo. Había estudios y ciudades legendarias, como Los Ángeles, en las que nunca habían trabajado. De repente tuvieron una idea: ¿Y si grababan directamente en South Philly, el barrio en el que han vivido durante 20 años? Claro, ya habían hecho álbumes en Filadelfia antes, en estudios de Fishtown y en el cercano suburbio de Conshohocken, pero para su noveno LP de estudio, Everything I Ever Saw, decidieron mantener todo en su propio patio trasero: el nuevo estudio del productor Will Yip.

“Fue genial estar en nuestro vecindario. Salíamos a almorzar a nuestros lugares de siempre”, comenta el cantante principal y guitarrista Greg Barnett a Rolling Stone a través de Zoom.

“Fue increíble”, coincide el guitarrista y vocalista Tom May. “Fuimos a Triangle Tavern, New Wave… a todos los mismos lugares a los que hemos ido durante casi 20 años”.

Desde que se mudaron a Filadelfia en 2008, la banda originaria de Scranton —conformada por Barnett, May, el bajista Eric Keen y el baterista Joe Godino— se ha convertido en un pilar de la escena del rock indie de la ciudad. Se foguearon en shows en sótanos, llegaron a llenar recintos como Union Transfer e incluso inmortalizaron a la ciudad en sus emblemáticos discos de punk rock de mediados de la década de 2010, On the Impossible Past y After the Party. Tiene todo el sentido del mundo que The Menzingers hayan inyectado la energía de su ciudad adoptiva en su nuevo álbum, un proyecto que los encuentra explorando un territorio sonoro diferente sin sacrificar la urgencia que los convierte en una gran banda de rock.

“La música suena tan divertida como lo fue el proceso de grabación, lo cual para mí es realmente importante”, dice Barnett, sonriendo al recordar los descansos que se tomaban a la hora del cóctel. “Cuando escucho el disco, suena a que simplemente la estábamos pasando muy bien juntos”.

A medida que la banda pasaba los días viviendo y trabajando en las mismas calles que siempre han inspirado su música, les resultó más fácil conectar con el torbellino de emociones que conllevan los eventos que cambian la vida, como un divorcio o la llegada de un primer hijo; vivencias que dan forma a Everything I Ever Saw.

“Sentimos que teníamos más permiso de ser vulnerables porque nos sentíamos muy en casa y en paz creando allí”, afirma Barnett.

Conectados desde diferentes partes de Filadelfia —Barnett en South Philly y May en North Richmond—, el dúo habla sobre volver a trabajar con Yip, lo que esperan que los fans se lleven de la música y lo que han aprendido tras ser una banda durante 20 años.

Su nuevo álbum, Everything I Ever Saw, sale oficialmente el 17 de julio. ¿Cuándo empezaron a conceptualizar el proyecto?

May: Siempre estamos escribiendo, que es algo que estoy seguro de que dicen muchos músicos. Pero definitivamente elegimos un momento para sumergirnos de lleno en un disco, donde toda nuestra atención se concentra ahí y es cuando realmente empieza a tomar forma. Estamos constantemente de gira, en movimiento, y para este álbum empezamos a escribir y entramos en esa sintonía en abril del año pasado. Fue ahí cuando pudimos empezar a reunirnos cuatro o cinco días a la semana y a armarlo todo juntos en la sala. Grabamos entre septiembre y octubre, así que todo pasó rápido.

Volvieron a trabajar con el productor Will Yip, quien produjo dos de sus discos anteriores. ¿Qué los hizo regresar con él?

Barnett: Cuando trabajas con Will, rápidamente se convierte en un miembro de la familia, y así fue para nosotros. Incluso cuando no estamos grabando, es un amigo muy cercano. Estábamos escribiendo este álbum y las cosas se estaban desarrollando muy rápido; al mismo tiempo, Will estaba abriendo un estudio en South Philly, a donde podíamos ir caminando todos los días. A veces, si tienes que viajar para escribir, sientes que estás en el territorio de otra persona. Esto se sintió como estar completamente en casa. A veces creo que ciertos bloques de canciones gravitan hacia productores e identidades creativas específicas. Mientras escribíamos, pensamos: “Tenemos que trabajar con Will en este disco”. Estar de vuelta con él fue un sueño hecho realidad.

Tom, dijiste que nadie te sube el ánimo como Will. ¿Qué momentos de Everything I Ever Saw recuerdas específicamente donde Will los haya entusiasmado así?

May: Will puede motivarte incluso cuando no le gusta tu idea y sabes que no la vas a usar. ¿Sabes a qué me refiero? Es buenísimo manejando esa parte del proceso creativo. Esa fue también una de las razones principales por las que fuimos con él. Nos preguntamos: “¿Quién va a tratar mejor a las canciones?”. Había un hilo conductor en lo que estábamos escribiendo y hacia dónde decidimos ir, y mucho de eso no era necesariamente un regreso a casa o una revisión de quiénes hemos sido, sino un elemento de confianza.

El álbum los encuentra explorando un sonido diferente, casi pop, con la introducción de sintetizadores en ‘Gasoline & Matches’. ¿Cómo surgió eso?

May: No quiero sonar cínico y decir: “Oh, hemos tocado la guitarra durante tanto tiempo que se vuelve un poco aburrido”. No se vuelve aburrido. Es increíble, pero sí existía el deseo de incorporar otros instrumentos. En los últimos dos años, a mí personalmente me empezó a gustar mucho la música electrónica, y sé que el resto de los chicos… bueno, todos hemos estado escuchando todo tipo de cosas de todas las décadas y pensamos: “Sí, estos sonidos en realidad pueden ser geniales”. Simplemente nos lanzamos, y aun así sigue siendo relativamente sutil. Realmente nos ayudó a expandirnos y fue muy satisfactorio abrir algunas de esas puertas sonoras de esa manera.

Quería hablar de ‘Better Angels’, el tercer sencillo del álbum, que sale hoy. ¿Qué inspiró esa canción?

May: Cuando la empezamos, en realidad era una canción de indie crudo (sleazy indie). La imagen que nos imaginábamos era la de dos amigos bebiendo y resolviendo los problemas del mundo, y cómo tienes ese tipo de conversaciones con ciertas personas en tu vida. Luego se convirtió en la canción punk que es ahora y realmente queríamos transmitir ese optimismo. No es un discurso hippie de “hay que vivir en paz los unos con los otros”. Se trata realmente de personas que sanan las divisiones en su propia familia o en su vecindario e intentan salir adelante de alguna manera.

En una línea similar, ‘Other People’s Money’ parece una continuación de ‘America (You’re Freaking Me Out)’ de su álbum de 2020, Hello Exile. ¿Qué esperan que el público se lleve de ella?

May: Mucha gente siente que lo que ha estado funcionando para la administración actual —desde la presidencia hasta las elecciones locales— es parte de esta estafa de culto a la personalidad, un populismo distorsionado en el mal sentido. Ni siquiera creo necesariamente que esta gente tenga una ideología profunda con la que puedas debatir o a la que puedas exponer. Dicen que la luz del sol es el mejor desinfectante, pero estas personas van más allá de ser oponentes ideológicos. Son simplemente ladrones y estafadores. Así que pensé que sería una forma divertida de escribir una canción que pusiera eso en evidencia.

The Menzingers han dejado de vivir en el pasado
POND Creative

La canción llega después de que circularan videos en internet sobre un nazi que estuvo haciendo el saludo nazi en uno de sus conciertos en Allentown a principios de este año. Fue expulsado de inmediato. ¿Qué pasó ahí?

May: Estábamos en el backstage y nuestro equipo estaba solucionando imprevistos. Estábamos esperando para salir a tocar y nos encontrábamos allí hablando con el alcalde de Allentown y uno de los representantes estatales. Él nos estaba explicando que es el primer alcalde hispano de Allentown y que tiene todos estos planes para el futuro. Mientras tanto, se había desatado una pelea entre el público y uno de los tipos involucrados simplemente empezó a hacer el Sieg Heil. La gente lo empapó con cerveza, la seguridad lo echó y se armó un caos. Tocamos el show y al día siguiente alguien nos envió un reel de Instagram o una publicación de Reddit y nos dijo: “Oigan, ¿vieron que había un nazi en su show?”. Nos quedamos como: “Tiene que ser una broma”.

Barnett: Esa fue una experiencia muy loca porque no tuvimos idea de lo que pasó hasta más tarde. Nos quedamos como: “¿Qué? ¿Había un nazi en nuestro show en pleno 2026?”. Fue completamente demencial. Nos sentimos muy avergonzados de haber estado en el escenario durante una hora y media y no haber podido decir nada. Nos fuimos esa noche celebrando un concierto increíble y luego, al día siguiente, nos enteramos de que este idiota tuvo que arruinárselo a todos los presentes y nosotros no teníamos ni idea. Fue una situación muy desafortunada y nuestros fans la manejaron de una manera increíble. Es que es una locura que vayas a un show de The Menzingers. Claramente sabes de qué lado estamos. Sabes que no hay lugar para eso en un show de The Menzingers en lo absoluto.

La canción homónima, ‘Everything I Ever Saw’, es un tema clásico de The Menzingers. ¿Qué tiene que resume el disco y por qué la eligieron como título?

Barnett: Estuvimos dándole vueltas a varios títulos para el álbum durante un tiempo e íbamos a llamarlo Chance Encounters, pero no sabíamos si englobaba a todas las canciones. El álbum trata sobre vivir en el presente, especialmente durante los grandes momentos de la vida. Como músicos en una banda de gira, constantemente estamos mirando hacia lo que sigue. Sentía que había estado viviendo mi vida así durante mucho tiempo.

Luego, Everything I Ever Saw simplemente hizo clic. Conectaba con todas las demás canciones que hablan sobre estar aquí en el momento y estar ahí para la gente que te necesita. La respuesta estuvo frente a nosotros todo el tiempo. La gente nos ha descrito como una banda muy nostálgica. Es curioso porque yo nunca lo vi de esa manera; se trataba más bien de mirar al pasado en busca de respuestas a las cosas que intentas comprender ahora. Así es como siento que siempre ha ido nuestra composición. El coro, “I don’t want to relive, I just want to remember everything I ever saw” [No quiero revivir, solo quiero recordar todo lo que vi] resume esa parte. Quiero recordar todo esto y usarlo en el futuro para valorar mi vida.

After the Party cumple 10 años el próximo año. Sé que celebraron el décimo aniversario de On the Impossible Past. ¿Tienen planes de hacer algo similar con After the Party?

Barnett: No hay nada seguro todavía, pero estaría bien hacer algo al respecto. Tenemos este nuevo álbum en camino, no conocemos el calendario de giras y demás, pero tenemos que armar algunas fiestas. After the Party fue un disco monumental para nosotros y que cumpla 10 años se siente muy importante.

Este álbum marca el vigésimo aniversario de la banda. ¿Cuál es la mayor lección que han aprendido de estar en una banda durante tanto tiempo?

May: La mayoría de las cosas no duran 20 años, especialmente estar en una banda de punk rock y hacer algo que gneralmente se asocia con la energía explosiva y la ingenuidad de la juventud. Es increíble estar juntos durante tanto tiempo, haciendo lo mismo y, al mismo tiempo, siendo capaces de cambiar juntos a medida que la vida también cambia. Lo único en lo que puedo pensar es en lo orgulloso que estoy de los demás chicos, de mí mismo y de nuestro equipo por haber llegado tan lejos, y por ser capaces de aprender todas las cosas que aprendimos, estar en este momento presente y apreciarlo por lo que es.

Barnett: Si estás tocando en un festival, debes llegar a las duchas antes que las bandas de metal, porque tienen el cabello muy largo. Hay muchas de esas pequeñas cosas; tengo muchas historias así para entender esta vida de gira. Pero lo más importante es cuidarse mutuamente y cuidar a las personas que te rodean.

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Toda relación implica una transformación. Hay personas que llegan a nuestras vidas y lo cambian todo, para bien o para mal. Al final, hay un hecho irrefutable: cada vínculo nos deja una huella. Algunas transformaciones nos ayudan a crecer; otras, sin que lo notemos, terminan alejándonos de quienes somos. Para MAR Solís, Fuiste Tú nació precisamente de esa contradicción: la sensación de estar enamorada de algo que parecía hacerla florecer mientras, poco a poco, la desconectaba de su propia esencia.

“La canción habla de un amor que te hace sentir que estás volando cuando realmente te está hundiendo”, explica la cantante. “Te está alejando de quien realmente eres, te está haciendo olvidar de tu poder, pero tú sientes que estás floreciendo de alguna manera”.

Lejos de construir una historia desde el resentimiento, MAR decidió abordar la experiencia desde otro lugar. Fuiste Tú no es una canción sobre una ruptura, sino sobre el momento en que una persona logra reencontrarse consigo misma después de haberse perdido en una relación. “Quise que cualquier persona que la escuchara sintiera que en cualquier momento puede reclamar su poder, reconectarse con su esencia y escogerse a sí misma. Nunca es demasiado tarde para hacerlo”, comparte.

“Cuando nos desconectamos de lo que amamos, de lo que nos inspira y nos conmueve, sentimos el llamado de nuestra alma a regresar”. 

El nuevo amanecer de MAR Solís comienza con Fuiste Tú
Cortesía 

La artista reconoce que, incluso cuando atravesamos situaciones que nos hacen daño, existe una parte de nosotros que siempre conoce la verdad. El problema es que enamorarse puede volver difícil escuchar esa voz interior.

“Creo que realmente siempre lo supe. Creo que todos lo sabemos. Esa verdad vive dentro de nosotros”, reflexiona. “Cuando nos desconectamos de lo que amamos, de lo que nos inspira y nos conmueve, sentimos el llamado de nuestra alma a regresar. Todos tenemos algo sagrado dentro de nosotros que debemos proteger”.

Esa búsqueda de regreso personal atraviesa gran parte de la nueva etapa artística de MAR. Después de lanzar Saco de Sal, una canción centrada en el amor propio y la claridad emocional, Fuiste Tú funciona como el siguiente capítulo de una misma conversación.

“Hablan de la misma situación, del mismo escenario”, explica. “Pero una habla de la ilusión del amor cuando no estamos viendo claramente el reflejo de la otra persona y la otra habla de sentirte en el fondo, buscando volver a encontrar la luz”.

La diferencia es que ahora la cantante se siente preparada para compartir emociones desde un lugar mucho más vulnerable. Si en proyectos anteriores exploraba una faceta más espiritual y contemplativa, hoy sus composiciones nacen de experiencias que está viviendo por primera vez.

Cortesía 

“Estoy escribiendo desde un lugar mucho más vulnerable que en cualquier otro momento de mi vida”, asegura. “Antes estaba mucho más en mi burbuja, en mi propia energía. Ahora estoy hablando de cosas que estoy viviendo por primera vez”.

Esa sensibilidad también se ha convertido en una herramienta para conectar con el público. Durante sus conciertos, MAR ha visto cómo las canciones se transforman en espacios donde las personas pueden sentir, sanar y reconocerse sin juicios.

“He visto renacimientos en las tarimas”, cuenta. “He visto personas dándose permiso de sentirlo todo, de estar en comunión con sus emociones y tomarse un momento para observarse sin juzgarse”.

Sin embargo, mantenerse conectada consigo misma dentro de una industria marcada por la exposición constante sigue siendo uno de sus mayores desafíos. Para encontrar equilibrio, ha construido pequeños refugios lejos del ruido.

“La naturaleza, el movimiento y el piano son mi balance perfecto”, dice. “La naturaleza siempre tiene mensajes para nosotros. En el silencio encontramos exactamente lo que necesitamos escuchar”.

Bajo esa idea, su manera para entender las relaciones ha cambiado. Si antes buscaba cumplir una lista de expectativas, hoy cree que el amor verdadero tiene mucho más que ver con aceptar la imperfección.

“Antes tenía una lista enorme de cosas que sentía que eran indispensables”, admite entre risas. “Poco a poco entiendes que buscar la perfección es buscar algo que no existe. Toda la belleza vive en la imperfección”.

Quizá por eso una de las ideas más poderosas que atraviesa Fuiste Tú es la decisión de volver a confiar. No solamente en otra persona, sino en la vida misma.

“Es muy fácil observar lo malo de la humanidad”, reflexiona. “Por eso es tan importante elegir confiar, elegir pensar que la mayoría somos amor y que todos somos reflejos de algo más grande”.

Cortesía 

“Poco a poco entiendes que buscar la perfección es buscar algo que no existe. Toda la belleza vive en la imperfección”.

Después de todo lo vivido, MAR asegura sentirse más segura que nunca. No porque tenga todas las respuestas, sino porque ha aprendido a escucharse sobre el ruido. “Ahora me siento muy en paz, muy contenta y emocionada cada día que me levanto”, dice.

Cuando se le pide resumir esta nueva etapa en una imagen, responde al momento: “un amanecer”. Quizá no existe una mejor definición para Fuiste Tú: una canción que nace de la oscuridad de una experiencia dolorosa, pero que encuentra su verdadero significado justo cuando aparece la primera luz.

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La Grecia, Reybruja y Posguerra recomiendan discos, películas y libros

Después de consolidarse como una de las propuestas más atractivas del circuito porteño, este viernes 26 de junio Sonido Konex regresa con una nueva edición que vuelve a poner el foco en algunos de los proyectos más intensos de la escena under actual. Con una programación que combina distintas formas de entender la canción contemporánea, […]

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Así es. Han pasado diez años desde que ‘Traicionera’ irrumpió en las fiestas y se convirtió en la banda sonora de toda una generación. La icónica canción de Sebastián Yatra no solo marcó una época, sino que también se consolidó como uno de los éxitos más memorables de su repertorio. Tanto es así que, con algo de suerte, aún puede escucharse en algunos de sus conciertos, donde sigue despertando la misma emoción que en sus primeros días. Pero para Sebastián, ‘Traicionera’ es mucho más que un recuerdo. Es una cápsula de tiempo que guarda momentos, emociones y memorias compartidas; una canción que conecta con una etapa especial de la vida de millones de personas. Para el artista, además, representa el punto de partida de una carrera que apenas comenzaba a tomar forma. 

‘Traicionera’ fue el génesis de un Sebastián Yatra lleno de sueños, metas e ilusiones que parecían lejanas hace una década, pero que hoy forman parte de una realidad construida con esfuerzo, talento y perseverancia. Fue el antes y el después, la canción que abrió las puertas de una trayectoria internacional que continúa creciendo. Por eso, hoy celebramos el décimo aniversario del hit que impulsó a Sebastián Yatra al estrellato y que, una década después, sigue ocupando un lugar privilegiado en la memoria de sus seguidores.

Antes de sumergirnos en esta entrevista cargada de nostalgia, pasión y algunos recuerdos melancólicos, nos encontramos con un Sebastián Yatra contagiado por la euforia que despierta cada temporada mundialista. Entre risas y comentarios llenos de picardía, el cantante aprovechó para aclarar —de una vez por todas— un rumor que lo ha perseguido durante años: nunca ha querido ser futbolista y, según él mismo admite, tampoco tiene planes de convertirse en uno. La razón es sencilla. Tiene claro que el fútbol exige una velocidad y una agilidad para correr que no figuran precisamente entre sus talentos. Eso sí, no por ello se queda fuera del juego: le pega con entusiasmo al balón cuando tiene la oportunidad y luce con orgullo la camiseta de su adorada selección colombiana. Y para que quede registrado en actas, esta breve pero apasionada conversación futbolera transcurrió entre carcajadas, bromas y ese inconfundible sentido del humor que caracteriza a Yatra. 

Ahora sí, sin más por el momento, lee aquí la entrevista completa con Sebastián Yatra:

Platiquemos sobre el ícono que ha sido ‘Traicionera’ en tu carrera. ¿Puedes creer que hoy se cumplen 10 años?

¿Sabes qué? Por un momento, siento que ha pasado más tiempo. Me ha cambiado tanto la vida en estos 10 años desde que saqué ‘Traicionera’, que agradezco mucho. Me parece como si hubiera metido 30 años de mi vida en solo 10 por la cantidad de cosas que he hecho. ‘Traicionera’ salió en el 2016, imagínate. En ese entonces, por el 2017, yo hice 221 shows, y ese fue el año en el que hice más conciertos. Puede que en el 2016 haya hecho 200 y en el 2018 otros 200. A lo largo de estos 10 años, con lo que más me quedo es con lo que la gente me hace sentir; con el amor que voy compartiendo y recibiendo. También me quedo con los aprendizajes. Lo bonito de la música es que tiene la capacidad de transportarte a esos momentos donde, la mente consciente, no es capaz de darte malos ratos. Yo escucho ‘Traicionera’ y es como un viaje en el tiempo. Tengo mucho que agradecerle a esta canción, porque sin ella, no habríamos dado ese primer paso tan fuerte para que se abrieran las puertas a hacer muchas otras cosas. 

¿Qué parte de la persona que escribió ‘Traicionera’ hace diez años ya no existe hoy? ¿O qué sigue de esa persona en la actualidad?

Esta es una muy buena pregunta, me gusta. Perdura siempre el amor, la ilusión, la capacidad de asombro. Siempre fui un niño viviendo mi carrera y así me siento en mi vida, por más que ya haya más madurez y vaya pensando todas las cosas que voy haciendo. No es como que las haga sin consciencia. Creo que lo que cambia, que cuando uno ya tiene más experiencia y las vive buscando el aprendizaje y el crecimiento, no estás en un loop de repetir lo mismo. Mis prioridades han cambiado. He vivido muchas cosas y cumplido muchos de mis sueños, pero también muchos de mis sueños, ahora, son mirar para adentro. Es un crecimiento interno y espiritual, donde no solo existe mi carrera apuntándole a hacer más música o hacer estadios, que claramente son muy bien recibidas, pero mi vida va creciendo y le dedico mucha parte a mi proceso personal. Para mí, es un mensaje que va en contra de las cosas que uno ve en redes sociales hoy en día, sobre todo con esto de la IA; como Elon y ellos, que están en un momento de su vida donde su visión es que todas las horas despiertas son horas de trabajo. Hay etapas de la vida para eso, pero también hay etapas para no quedarte en ese ritmo frenético, y yo no quiero esperar hasta que tenga 50 años para dedicarle el tiempo a cosas que me llama mi corazón, solo por llegar a las expectativas que tienen sobre uno. Es interesante este proceso y es muy bonito. También es muy inspirador al momento de crear música porque no la entiendes desde un vacío, sino desde un lugar donde te sientes lleno y feliz. Te encuentras emocionado por compartir tu arte por el amor de simplemente compartirlo con las personas. 

Justo ese pensamiento es en el que se centró tu último álbum de estudio Milagro. Justo hablamos de eso hace un año y sigues demostrando que es un mantra que llegó para quedarse. 

Totalmente. Pasó un año de nuestra conversación y hay mucha evolución, tanto tuya como mía porque cada uno seguimos en nuestros caminos explorando. Es bonito sentir que esa forma de pensar de hace un año me trae a las conclusiones de hoy, además de que me ha traído a personas que he conocido en este tiempo, precisamente por empezar a vivir más los pequeños milagros y darles la importancia. No solamente tienes que ser capaz de ver la magia a tu alrededor, sino también de disfrutarla. Pero, cuando nos enfocamos en una gran meta, todo lo demás pierde valor porque solo se la estás dando a una cosa. Yo creo que lo más grande que uno puede lograr es darle importancia a cada una de las cosas que te pasan en la vida, como esta conversación que estamos teniendo, o después que iré a tomarme un café con unos amigos y almorzar con ellos. 

¿Crees que esta ha sido tu mayor reflexión en la vida en estos 10 años desde que salió ‘Traicionera’?

Creo que sí. Tengo diversas reflexiones constantes que hago antes de irme a dormir. Tengo una que dice: ‘La luz y la sombra se abrazan, son una’. Nosotros siempre estamos peleando con nuestra sombra y nuestro lado más luminoso, pero son lo mismo porque somos parte de esas dos cosas. No son dos cosas, son una misma. 

Con el lanzamiento de ‘Traicionera’, ¿sentías que se avecinaba el éxito que hoy en día vives?

Sí, me lo imaginaba. Yo acababa de firmar con Universal, y al día siguiente tenía la grabación de mi siguiente sencillo que se llamaba ‘Te voy a amar’ con Cali y El Dandee, que al final no la grabé y la hizo Andrés Cepeda con ellos. Escribí un día antes con Dandee y Andrés Torres ‘Traicionera’, y yo llegué al día siguiente con todo el equipo y se las puse. Les dije que cambiaría el sencillo por ‘Traicionera’. Desde el principio, yo sabía que esa canción tenía mucha capacidad de llegarle a mucha gente y sabía que era muy especial. Más allá, puedo decirte que sentía una energía que me hacía creer que se iban a dar las cosas, no sé cómo, pero iban a pasar cosas mágicas. Simplemente era ser capaz de ver la magnitud de las cosas que iban a pasar. Me siento muy agradecido y afortunado de poder haber visto esto desde pequeño, pero sobre todo, de haberme escuchado. En el fondo, todos sabemos lo que es mejor para nosotros mismos. 

También hay momentos en la carrera de altibajos, canciones que uno piensa que les va a ir bien y no, pero eso está bien, porque esos tropiezos son parte del camino y aprendizaje. Si todo te sale perfecto, y simplemente llegas a la meta sin que nada te haya costado, no llegas transformado. Solo llega la misma persona que arrancó la carrera. 

“Es la canción que me cambió la vida”: Sebastián Yatra en el 10° aniversario de ‘Traicionera’
Pablo Crespo

También siento que ‘Tacones rojos’ es como una hermana perdida de ‘Traicionera’. 

Totalmente [Risas]. Esas son las dos canciones que han sido más significativas para mi carrera. También ‘No hay nadie más’. Lo que pasa es que con ‘Traicionera’ y ‘Tacones rojos’ me siento muy afortunado, porque, cada una en su género, ha sido de todas las generaciones. Han sido transversales y lograron gustarle al abuelito, pero al niño también y a los adolescentes que solo les gustan las cosas cool y de moda. Fue un momento de conexión colectiva. 

Tal vez ‘No hay nadie más’ entra como una prima por el mensaje y elementos sonoros. 

Justamente [Risas].

Si ‘Traicionera’ nunca hubiera existido, ¿quién crees que serías hoy?

No tengo ni idea. Es la canción que me cambió la vida, así que no tengo ni idea qué hubiese pasado. Así de grande fue esta canción. Es como si le preguntaras a Danny Ocean qué hubiese pasado si no existiera ‘Me rehúso’ [Risas]. Antes de ‘Traicionera’ ya había salido ‘¿Cómo mirarte?’ y ‘Por fin te encontré’ con Cali y El Dandee y Juan Magán, que fueron dos canciones muy importantes, pero lo de ‘Traicionera’ fue un golpe muy grande, donde la música tenía espacio para entrar. Gracias a esas canciones, en ese preciso momento, pude tener la oportunidad de que me escucharan más y crear una carrera de conectar con la gente en muchos momentos de su vida. No sé qué habría pasado. 

¿Después de ‘Tracionera’ viviste algún tipo de presión por seguir a la altura de las expectativas?

Sí, Xime. Yo siento que soy una persona buena para aguantar la presión, pero llega un punto donde uno se cuestiona y se tiene que deshacer de ella de alguna forma. A eso me ha llevado mi vida, porque me cuestiono el por qué tengo que aguantar esta presión y por qué lo hice en su momento, solo que se fue haciendo cada vez más grande esa carga. Mi última canción que puedo decir que fue un ‘hit’ fue hace como tres años con ‘Vagabundo’, y puedes hacer que te derrumbe la presión o agradecer todo lo que ha pasado. Cuando no estás con los ojos tan puestos en ti, también te permite enfocarte en otras cosas de la vida. También agradezco todo lo que ha ido pasando y reconocer que no tengo que estar aguantando esa presión, porque solito me la estoy poniendo. Si uno quiere ir al ritmo del mundo, siempre va a perder. 

Pablo Crespo

A lo mejor la presión estaba ‘bien’ cuando era la época de ‘Traicionera’, porque estabas tratando de consolidarte, internacionalizar tu arte y tener un primer hit. Era una era muy distinta a la que vives ahora, siento un referente del pop contemporáneo. 

Qué loco que tú lo veas así desde afuera. Yo, te confieso, que fue desde hace poco que le bajé a esa presión. Pasan los años, y por más que se construyan cosas, sigues con esa mentalidad cuando estás muy metido y sientes que tienes algo por demostrar. Te metes tanto, que llega un punto que es difícil mirarlo desde fuera. Es bonito cuando lo hablas con alguien y te cuenta las perspectivas de fuera y de los demás, así te sales un poco de sí mismo para agradecer las cosas y quitarte un poco la presión de encima. Le pasa mucho a las personas que tienen un éxito grande en su vida porque ese éxito empieza a definir su realidad y no empiezas a sentirte como tú mismo, sino como tu éxito. Te quieres agarrar de eso porque pones tu seguridad ahí. Todas tus bases las empiezas a construir sobre tu éxito y no sobre tierra firme, sobre estar aquí en el presente con tu familia y lo que es tangible. 

¿Quisieras agregar algo para conmemorar estos 10 años de ‘Traicionera’?

Quiero darle las gracias a todas las personas que llegaron al final de la entrevista: a todos aquellos que nos leen en digital y papel. ‘Traicionera’ ya no pertenece; es una energía que pasa a través de todas las personas que se conectan y están abiertos a recibir. Se está intencionando desde un lugar bonito. Quiero decirle a la gente que está leyendo que, lo que sientan en el fondo del corazón, hay algo que hacen infinitamente mejor que yo. Hay algo que ustedes hacen que nadie más puede hacer, tienen su regalo y magia. Todo el mundo tiene un camino que nos conecta directamente con Dios, con el amor, y que, de alguna forma, escogimos. Tenemos que confiar en nosotros mismos.

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Después de tres años del estreno de Tripolar, la banda argentina Usted Señalemelo presentó Términos y Condiciones, su nueva entrega. Si bien el trío, conformado por el vocalista Juan Saieg, el guitarrista Gabriel “Cocó” Orozco y el baterista Lucca Beguerie Petrich, tiene a su público acostumbrado a grandes cambios con cada nuevo álbum, puede que ninguno haya sido tan drástico como este. En esta ocasión, la agrupación se adentra de lleno en la música electrónica explorando diversos géneros y sonidos, desde el drum n’ bass hasta el disco. 

A dos meses del lanzamiento de este nuevo material, los tres integrantes de Usted Señalemelo se sentaron a conversar con ROLLING STONE en Español sobre los nuevos paisajes sónicos que conforman este proyecto, los retos de trabajar en nueva música y al mismo tiempo estar de gira, sus colaboraciones con Jay de la Cueva, Portugal. The Man y Enanitos Verdes, y mucho más. 

Términos y Condiciones se estrenó ya hace un par de meses. ¿Cómo ha sido el recibimiento de su público?

“Cocó”: La verdad que muy positivo. Fue medio sorpresivo, porque nuestro público no estaba acostumbrado a ver esta faceta nueva de nosotros, pero la verdad es muy lindo cómo la gente nos quiere y nos banca y sabe que somos una banda cambiante y disfrutan de ello. Así que ha sido muy positivo en todos los lugares a donde nos escuchan y todos los lugares que vamos a visitar en esta gira también.

¿Qué es lo que ustedes sienten que es diferente en Términos y Condiciones en comparación con sus anteriores álbumes?

Lucca: Me parece que cada álbum que hacemos tratamos de que sea diferente en el sentido de las fórmulas a la hora de componer y también a la hora de producir. Con este disco fue la primera vez que lo hicimos mientras estábamos de gira por un montón de lugares. Fue un proyecto que lo empezamos a componer en México, después en España, después seguimos en Argentina.

Fue también un disco donde tuvimos que unificar un montón de canciones que habían nacido en diferentes lugares y con diferentes personas, porque también fue la primera vez que nos abríamos a componer con otra gente. Nosotros éramos muy herméticos en ese sentido en los álbumes anteriores. Y en este queríamos experimentar qué pasaría si sumábamos gente al equipo a la hora de estar en el estudio componiendo. Y fue algo que nos encantó y que nos enseñó un montón de cosas. 

Creo que un poco la estética más electrónica —que es algo que la banda siempre ha tenido, pero un poco más oculto o en un segundo plano— fue una decisión que apareció mientras estábamos haciendo las canciones; de decir, “Este debería ser más el eje central y tratar de hacer algo un poco distinto a lo que veníamos haciendo”, porque también era lo que necesitábamos nosotros internamente a la hora de hacer música. Todo el tiempo buscamos hacer cosas nuevas o distintas a lo que ya hemos hecho.

Hablabas de que este fue el primer disco que grabaron estando de gira. ¿Fue el proceso más complicado a comparación de cuando se centran en hacerlo en el estudio?

Juan: Creo que al principio nos sacó un poco la presión, inclusive que en otros momentos en los cuales no nos teníamos que enfocar en hacer música y no estábamos de tour. También el estar de tour te trae una inspiración, el estar en otro lugar te trae una desconexión de la rutina diaria de cada uno. Así que siento que hasta inclusive es el momento indicado para concebir o componer una canción. Lo que sí fue difícil fue tratar de unificarlo después.

Y es que el álbum tiene un sonido muy versátil. Encontramos elementos de drum n’ bass, dance, electro. ¿Qué los orilló a estos sonidos mucho más electrónicos?

“Cocó”: La verdad es que la electrónica nos gusta desde hace mucho tiempo, muchos años, en todas sus facetas, ya sea el drum n’ bass o el house más puro. Desde chiquitos nos gusta y queríamos incorporarlo en el disco y que también se escuche como esa faceta y esa cuestión interna que tenemos en un disco nuestro. Estando de gira y todo, la computadora fue un instrumento principal también, aparte de los instrumentos que tocamos cada uno, y un poco el instrumento donde haces las canciones te lleva un poquito a lugares distintos. Pero bueno, la esencia de lo que es la electrónica la llevamos adentro y es algo que nos gusta mucho.

¿Ustedes conversan antes de sentarse a componer y a grabar sobre estas temáticas y estos sonidos que va a tener el álbum o van saliendo conforme ustedes empiezan a tocar?

Juan: Corrijanme si me equivoco, pero no hemos tenido un disco en el cual hemos tenido claro desde un principio qué era lo que queríamos, sino que lo fuimos encontrando a medida que lo hacíamos.

Lucca: Sí. Quizás tenemos claros ciertos métodos o recursos, pero que también van cambiando permanentemente. 

Nos pasó en este disco. Empezar a hacerlo de una manera, como te decíamos, de colaboración con mucha gente y de repente frenar, que fue algo que no le habíamos hecho a ninguno en el proceso de grabación, y decir, “¿Qué es lo que nos está dando esto a nosotros”, y ahí empezar a replantearnos a nivel recurso, a nivel estético, cuáles son los límites que vamos a poner. Por ejemplo, la mayoría del disco está tocado por nosotros, está solo Tweety González, está Jay de la Cueva, pero porque son invitaciones muy puntuales desde otro lugar. No solo desde la capacidad de tocar un instrumento, sino ya que hay un vínculo y que nos gusta que sean parte, pero en otros discos hemos tenido arreglos de cuerdas, de viento, hemos tenido un montón de instrumentos que no los podemos tocar nosotros y en este disco un poco el proceso fue que lo toquemos nosotros y que esté todo resuelto por nosotros y para lo que no podemos hacer nosotros, buscar recursos desde los procesos, las guitarras o los sintetizadores y llegar a eso. Así que lo fuimos encontrando en el proceso.

Conoce los Términos y Condiciones de Usted Señalemelo
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Y hablando de Jay de la Cueva, ¿cómo fue trabajar con él?

“Cocó”: Increíble, la verdad es que es muy bueno trabajar y componer con gente que lleva muchos años haciendo esto, que es nuestro objetivo, ser como Jay, tantos años tanto en el foco y también disfrutando, porque eso es lo que uno ve, que está disfrutando del momento, que no tenía por qué hacer una canción con nosotros y se copó y pegamos muy buena onda con él. Fue puro aprendizaje, la verdad. Era una idea de vuelta muy linda. Es una canción que nos gusta mucho, que nos llevó por lugares muy lindos. 

Además, creo que ambos proyectos están en una sintonía, porque el último álbum que Jay sacó igual está muy influenciado por la música electrónica y la música disco. 

Juan: Tiene como una onda ochentera el último disco de él y creo que eso que decís de la sintonía hizo que en el estudio funcionáramos tan bien y en un solo día haya salido ‘Prácticas’.

Y si bien ahorita decían que Jay tuvo influencia en el álbum y Tweety González también, nada más hay una colaboración pura, por así decirlo, que es con Portugal. The Man. ¿Cómo fue acercarlos a su sonido y traerlos a su disco?

Lucca: Hicimos un show con ellos. Fue increíble. Nosotros no los habíamos visto nunca en vivo, así que fue una sorpresa hermosa no solo conocerlos sino poder ver el show y ver también cómo ellos están de local en su país tocando. Fue una noche hermosa donde pegamos muy buena onda. Estuvimos compartiendo toda la noche charlas, ellos estaban muy al día con lo que pasaba en la música en español alternativa, así que también nos preguntaban muchas cosas. Estaban muy interesados en meterse un poco en la música en español alternativa y salir de lo que es Estados Unidos, así que quedamos en contacto y cuando apareció esta canción, ‘Dando vueltas’, lo primero que se nos ocurrió fue invitarlos porque sentíamos que era una canción que había nacido desde un lugar más influenciado por la música que escuchábamos en esa época, en la década del 2010, toda esa onda más indie, alternativa. Entonces, les mandamos la canción y les encantó y dijeron que sí de una. Fue algo muy natural y orgánico que no siempre pasa. Para nosotros fue una oportunidad hermosa y que sean la primera colaboración así en un disco de nosotros es algo increíble.

Ahora que hablas de la escena alternativa, me llama mucho la atención que últimamente artistas argentinos están explorando estos paisajes mucho más electrónicos. Pienso en Silvestre y Naranja, pienso en Peces Raros, hasta CA7RIEL & Paco Amoros lo están explorando un poco. ¿Qué sienten que está pasando en la escena argentina para que muchos artistas se estén inclinando hacia estos sonidos?

Juan: Creo que en Argentina también tenemos un público que es muy exigente y eso a los artistas los hace tratar de diferenciarse más o tratar de experimentar más o tratar de llegar a un lugar nuevo. Mundialmente la electrónica tuvo de alguna manera una especie de revival después de todo lo que pasó con Fred again.. y de alguna manera creo que está conectado con eso. No sé qué esté sucediendo para que muchas bandas lo estén experimentando, pero creo que es un momento mundial también.

Y háblenme también de la parte estética de este proyecto, es muy monocromática, todo está en blanco y negro. ¿Por qué tomaron esa decisión?

Lucca: Fue un poco lo que nos pasó también con el tema de unificar musicalmente lo que estaba pasando y agarrar el recurso de la electrónica. Todo lo que nosotros también estábamos usando a nivel concepto, con el nombre del disco y con todo lo que estábamos viendo de referencia a nivel estético, tenía mucho que ver lo monocromático, las letras, los números y la sobreinformación, así que fue un poco natural el hecho de decir, “Esto está muy conectado con lo que también está pasando musicalmente”, y queríamos que eso fuera así. Queríamos que fuera un disco muy directo donde estuviéramos vestidos siempre de la misma manera, donde las canciones tuvieran funciones similares en el sentido de estructura o de lo directo que son. Toda la parte estética fue apareciendo también a medida de que íbamos encontrando la parte musical. 

Históricamente siempre fuimos muy de los colores y de que todas las etapas de la banda estuvieran marcadas por ciertos colores muy glamativos, así que también, de alguna manera, es tratar de empezar de cero en cuanto a decir, “Bueno, esto es blanco y negro y a partir de ahora todo lo que pasa es como renovarse”. 

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Me quiero pasar a hablar de una colaboración que salió hace poquito que hicieron con Enanitos Verdes para una nueva versión por el resto de tus días, ¿cómo fue trabajar con estas leyendas del rock?

Lucca: Fue increíble, la verdad. Nosotros los conocemos desde que éramos muy chicos. Nosotros somos de Mendoza, ellos también son de Mendoza, así que había un vínculo muy cercano de toda la vida. Y cuando Felipe [Staiti] empezó a hacer este disco el año pasado, nos escribió porque tenía ganas de que estuviera una banda representando lo que es la música mendocina y de cierta manera pasar la aposta. 

Lamentablemente fue a la distancia. Obviamente estuvimos mucho en contacto, pero él estaba de gira y estaba con un montón de cosas del disco, así que no pudimos brindar ni festejar como corresponde. Creo que es algo que nos quedó pendiente por el tema de su partida, pero nos queda el orgullo, el honor de ser parte, de vivir esa experiencia y de compartir esos momentos aunque sea a la distancia, pero sabiendo que él y Marciano fueron personas que siempre estuvieron ahí apoyándonos, muy presentes, estando al tanto de lo que pasaba y nos queda ese lindo recuerdo de poder haber compartido aunque sea una canción en este disco.

Y esa confianza que tuvieron tanto Marciano como Felipe no ha sido infundada y lo han demostrado con su música y creciendo porque ya son más de diez años de este proyecto. El año pasado se cumplieron diez años desde que se estrenó su álbum debut. 

Lucca: Es loco porque son ya diez años, cuatro discos, y todos marcaron una etapa diferente. Nuestra amistad empezó con la música, básicamente, por lo que siempre ha sido parte fundamental y siempre ha ido evolucionando nuestra música. Nuestra forma de escuchar o de hacer música ha ido creciendo con nuestra forma de ser también. Al estar tan unidos desde tan chicos, cada disco marca una etapa muy marcada de nuestras vidas, y eso es loco porque el primer disco, como decías, teníamos 18, 19 años. Es un disco que empezamos a hacer en la preadolescencia y que tuvo una forma de hacerse muy diferente al segundo disco y al tercero. 

Creo que a cada disco le tenemos un cariño muy grande y siempre tratamos de no perder esa esencia que nos representa; esa identidad. Más allá de que la música suene diferente, creo que siempre está la identidad de nosotros en cada disco y eso es lo que tratamos de que prevalezca.

Juan: En el proceso de en Términos y Condiciones nos basamos un poco en la época del primer álbum también y en nuestros inicios: cuando empezamos también a compartir música entre nosotros. El primer disco fue como una especie de referencia, aunque no se nota, pero bueno, siento que dando vueltas podrías ponerlo en el disco y se relacionaría con un montón de canciones de uno y el otro. 

¿Dirías que reconectaron con esa versión de ustedes adolescentes?

Juan: Sí, yo creo que sí. Hace poco, Lucca dijo algo que a mí me quedó resonando, que en el primer disco también hay bajos que están tocados con sintetizadores, que los tocó el papá de Lucca. A lo que voy es que este disco de alguna manera nos conectó mucho con ese adolescente personal de cada uno de nosotros y quizá en esos momentos no sabíamos realmente cómo generar esos sonidos o cómo buscarlos y quizá hoy, con la experiencia de todos estos años, hemos llegado a poder igualar ese audio de referencia que quizás desde el inicio estuvo.

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Redd Kross: "El éxito se trata de encontrar a las personas que conectan genuinamente con nuestra propuesta"

Son contadas las bandas que pueden decir que comenzaron su carrera en un viejo garage cuando apenas eran adolescentes, tocando un punk iracundo y dentellado, y que, casi medio siglo después, siguen en pie. Redd Kross es una de ellas, y la lista de factores que podrían haberla hecho desaparecer en el camino es extensa: […]

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Es un sábado de mayo y el viento dulce del oeste arrastra un frío riguroso que hace sentir el otoño. Faltan apenas un par de horas para que Wos salga al escenario del Club Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó, quinta escala de una gira bonaerense que empezó en Mar del Plata, pasó por Bahía Blanca, Tandil, Junín, Villa Ballester y que cerró el fin de semana pasado en Lanús. Afuera, mientras el sol se muere, late algo difícil de transferir. Ocurre con pocos artistas de su generación y lo podemos reducir, apenas, en un término: “mística”. Eso que está en el aire, se percibe a medida que el público, su público, se acerca. Es mística, sí. Pero no cualquier mística. Es una mística que conecta con el fenómeno musical, social y cultural más importante en la historia del rock argentino: la mística ricotera. “Qué bueno que se genere y se sienta esa sensación. Obviamente no es algo que uno pueda buscar, ¿no?”, dice Wos, con una mezcla de timidez, asombro y orgullo. “Pero lo que sí te puedo decir es que, en este camino, me fui encontrando con cosas que me van sorprendiendo a mí mismo”.

Wos: ‘La mística no es algo que se pueda buscar”
a. Rumbo al escenario, con el baterista Tomi Sainz y la guitarrista Chipi Rud, y a su derecha, el mánager y socio, Peter Ehrlich (Foto: Gustavo Correa).

La decisión de hacer esta gira bonaerense, emulando una ruta que transitaron grupos como Sumo y Los Redondos en tiempos en los que la mayoría de los artistas de su generación está tocando en Europa o Estados Unidos, parece ir en esa dirección. Para un artista que se acostumbró a llenar estadios de fútbol, son conciertos casi íntimos. “Con todos los que son parte del proyecto, estamos buscando qué cosa realmente nos hace sentido y nos late en el momento para no entrar en el automático y, de verdad, hacer contacto con lo que estamos haciendo”, le explica en su camarín Valentín Oliva, el artista conocido como Wos, a Rolling Stone luego de la prueba de sonido. “Teníamos ganas de volver a conectar con esa energía. Un poco los Obras tenían esa misma línea, pero además queríamos hacerlo por [la provincia de] Buenos Aires y también porque ese público está en un montón de lugares, pero no necesariamente viaja a ver los shows. Nos dimos cuenta de eso: hay mucho público local en cada fecha que quizás no está acostumbrado a trasladarse, y otros que aprovechan para moverse, acompañar y caer desde otros lados. Pero creo que fue un poco eso: las ganas de ir a buscar a esa gente, ese contacto más cercano, y también el estilo de show, con menos capas”. 

En el camarín, últimos toques antes de salir a escena (Foto: Gustavo Correa).

En septiembre del año pasado, Wos lanzó Ilusión supersport (Doguito Records), un EP de cuatro canciones, que iba acompañado por un mediometraje en blanco y negro, dirigido por Lucas Vignale, el director que fallecería trágicamente en el mismo accidente que el youtuber argentino Gaspi y el cantante estadounidense Oliver Tree.

Al mismo tiempo, protagonizará Magnetizado, el nuevo film de Luis Ortega, inspirado en la novela de Carlos Busqued. Uno de los atractivos de esta gira, para Wos, está en la escala, un vínculo mucho más cercano con la audiencia que permiten este tipo de venues. Microestadios que no superan los 5 mil espectadores. “Es un camino extraño el mío, porque empieza con mucha exposición”, argumenta Wos. “A veces, en algunas cosas, fue un camino inverso; en un sentido tuve algo que muchos tienen que construir por años hasta llegar a esa exposición y a ese nivel de escucha. Pero, por eso mismo, quizás te salteás o hacés otro tipo de camino donde te perdés cosas muy lindas también, como pueden ser este tipo de fechas y este contacto distinto con la gente. Aparte, me está pasando que son los shows que más disfruto arriba del escenario. Es muy loco ese ida y vuelta, y el disfrute que se está generando con la banda también me motiva mucho”. El feedback con sus seguidores gana en intensidad con la proximidad. “Siento que el público cumple una parte muy importante en nuestros shows y tenerlo cerca es clave. Desde que hacía rap y freestyle existió ese ida y vuelta energético, esa interacción. Después se fue transportando también a las canciones y agrandándose a un público totalmente nuevo que fue cambiando con el tiempo. Entonces, después de muchos años de tocar, es lindo encontrarme tan cerca con el público de ahora, que ya no es el mismo de hace cinco años, como nosotros tampoco somos los mismos. Es como actualizar algo, volver a estar cerca de esa gente, ver sus caras, su energía, y volver a sorprenderme. También hay algo de conectar con esta cosa más esencial, que es lo importante de salir a tocar, lo que nos gusta a nosotros. Es como un alivio, ¿no? Es decir: bueno, fuera de cosas exuberantes, en esto hay algo totalmente vivo y totalmente potente que existe, que es juntarnos para esto puntual que sucede. Entonces es muy lindo tener esa oportunidad, y te pasa a importar muy poco todo lo demás”. 

La relación con el imaginario ricotero no es forzada, ni casual. En marzo de 2024, Wos presentó “Quemarás”, con la participación especial del Indio. Se trata de una balada mid tempo, una melodía circular que adopta aires marciales cuando Solari canta “podés resistirte a todo, menos a la tentación en tus modos, el amor es un sentir (y también una idea)”. El fuego, elemento fundamental de la naturaleza y también de la poesía ricotera, ocupa un papel preponderante en la canción. Pero hay otro fuego en ese asunto: el de la antorcha que entregó el Indio, que parecía señalar a Wos como uno de sus herederos. “Saber que el Indio me abrió ese lugar y que para él también fue algo estimulante es impagable. Ese vínculo de amistad que se generó con los años, y que además pudo continuar con ese tema y que quede plasmado en algo artístico, es impresionante. Esa energía de él también nos acompaña. Estar tocando y que aparezca su voz, y yo conectar con eso, es una energía que sí o sí te tira para arriba y te hace estar muy agradecido”, decía Wos. Nadie imaginaba la noticia de la muerte del excantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, apenas un par de semanas después de este encuentro. El 5 de junio, desde su cuenta de Instagram, lo despidió así: “Hoy que necesito palabras tengo pocas, esta tristeza y un profundo agradecimiento. Nos cambiaste la vida a muchos. Te vamos a extrañar de maneras que aún no imaginamos. Llevo tu música y tu amistad en el corazón. Hasta siempre…”

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Volvamos al camarín, en Ituzaingó. Sobre ese vínculo con el Indio, decía Wos: “Es algo muy especial, algo que ni siquiera sé si me animaba a soñar. ¿Sabés qué pasa? Por cómo soy, las cosas se van dando. A veces tengo cierta timidez con respecto a las cosas que admiro; no en todo lo que me gusta me quiero involucrar, a veces simplemente lo disfruto desde afuera. Pero esto se fue dando de una manera natural, con ciertos guiños que nos fueron conectando. Y es loco que se haya dado, obviamente con tantas diferencias en lo musical. Pero me parece que fue más allá de eso y que terminó mixeando y conectando muy bien”.

La tribu de mi plaza 

Las bandas wosistas van cubriendo el microestadio. Nadie hubiera pensado, hace una década, que en las competencias de freestyle en las plazas se estaba gestando un movimiento que crecería (y mutaría) en multiplicidad de direcciones, y que llegaría a lugares tan inesperados y disímiles, como las playas de Miami, las salas de conciertos de Europa, el late night show más popular de Estados Unidos… o este reducto del conurbano bonaerense. Alguna vez, en los 90, Sandro recibía al periodista Mariano del Mazo en un pequeño camarín de un cine de San Miguel con esta frase: “Bienvenido al Madison Square Garden”. Estaba allí porque había ido a cubrir uno de los conciertos suburbanos con los que solía preparar su desembarco en la calle Corrientes. Wos se ríe cuando le cuento la anécdota: “De la plaza es de donde venimos, más allá del lugar puntual o del barrio. Justamente esto de lo que hablaba, de las plazas y el hip-hop: no hay nada más en contacto con eso que ese momento del hip-hop, de las competencias, y lo mismo pasa con el rock de otras formas. Por eso se vive lo que se vive y se siente esa energía, porque es parte de lo que soy y de lo que somos todos”. 

Wos y su banda en la prueba de sonido en Ituzaingó (Foto: Gustavo Correa).

De todos modos, para Wos esto no formaba parte de un plan. “No lo soñé”, podría decir para seguir con la dialéctica ricotera. Pero lo que dice es esto: “Alguno que otro decía ‘con esto va a pasar tal cosa’, pero a mí ni se me cruzaba. De pronto empezó a suceder y para los que estábamos ahí fue una sorpresa enorme. Pero, como te digo, sí había una energía muy fuerte y genuina que encontró un lugar en eso: gente con ganas de expresarse y de tirar una rima sin demasiadas capas, sin demasiado elemento, en un contacto muy directo con los otros artistas y con la gente. Justamente, las rondas de freestyle siempre se dieron así; es algo donde se comparte una energía que circula. Fue muy potente lo que pasó y, como toda cosa que se agranda así, al ser una energía tan grande va encauzando hacia distintos lados. Es como una fuente de agua que va a distintos ríos; cada uno arrastra cosas distintas y lleva después su propia corriente, pero de alguna manera muchas cosas salieron de esa explosión”. 

La plaza funcionó mucho más que como un espacio de encuentro y exhibición. Fue una escuela. “Ahí es donde yo hice ese recorrido, que es más raro. Esos fueron mis comienzos, mis inicios, que no son los convencionales para después armar una banda. Pero sí, obviamente eso me forjó y esa energía sigue estando. La gente que me escucha lo sabe, lo vio, y se siente también cada vez que en el show aparece la parte de improvisación. Más allá de que yo tocaba la batería y siempre estuve cercano a la música, descubrir la improvisación hizo que construyera mi identidad con eso. De hecho, mi primer acercamiento a las canciones fue a partir del rapeo, de ese formato. Después esa semilla fue deformándose, creciendo y apareciendo cosas nuevas”. 

La improvisación es clave a la hora de pensar el freestyle, pero también es clave en la música que hacían (y hacen) los padres de Wos. Alejandro Oliva es uno de los miembros fundadores de La Bomba de Tiempo, el grupo de tambores que improvisan dirigidos por señas que desde hace dos décadas reinventa las noches de los lunes en la Ciudad Cultural Konex. Maia Mónaco es una notable artista multidisciplinaria, cantante y actriz que actualmente se enfocó en una suerte de electrónica orgánica, como una Björk criolla. Juntos, compartieron el grupo El Diablo en la Boca, una propuesta libre de géneros lanzada a la aventura de la improvisación. [Ambos están esta noche acá, en Ituzaingó, y no pueden creer cómo al primer acorde, miles de voces acompañan las complejas letras que canta su hijo]. 

El mimo de su madre, la cantante y performer Maia Mónaco en una charla casual antes del show (Foto: Gustavo Correa).

Wos tardó en trazar una bisectriz entre la música de su casa y la de la plaza. “Me fui dando cuenta después”, confiesa. “En un momento dije: ‘Ah, claro, había algo acá’. Eso viene de ahí, estuve rodeado de eso en mi casa. Y es un tremendo juego que abre una puerta a ese mundo misterioso; un poco me la dio la improvisación. Yo obviamente me doy cuenta de todo eso que absorbí, incluso en lo rítmico puesto en la improvisación. Yo hice percusión de chico y después como que se fueron uniendo las cosas, ¿no? En algún momento de pronto mirás para atrás y le encontrás sentido a todo”. 

En primera fila, las fans buscan un registro cercano con sus celulares (Foto: Gustavo Correa).

No es casual que esa sea la piedra angular de su método creativo. Él lo explica así: “Para mí la improvisación, incluso en la composición, es siempre la puerta para sentarme a escribir después. Hay mucho de eso que para mí es muy importante. Las nuevas cosas que estoy componiendo también, muchas salen de las zapadas, así que es como un instrumento que está muy presente para mí. Sé que es lo que más me conecta con esa cosa más inexplicable y de disfrute, a la que después le voy dando distintas formas y distintos canales para darles un orden y una forma en el afuera. Pero la energía primordial creo que es esa”. 

¿Sentís que al momento de empezar a desarrollarte como artista ese background te daba herramientas distintas o tu escuela como freestyler estuvo únicamente centrada en escuchar rap?
No sé si fue distinta o no, porque la verdad es que hay demasiada gente, demasiados estilos y formas de hacer. Hay mucha originalidad, sobre todo acá, en Argentina, que es algo que también hizo que eso . afuera llame la atención. Yo creo que cada uno tuvo un enfoque distinto, por lo menos los que yo fui conociendo en ese momento. Había algo muy particular de cada uno que es algo con lo que no podés mentir: en algo tan visceral, todo lo que vos traés aparece ahí, es medio inevitable. Algunos están más relacionados con una cosa que con otra, de acuerdo con lo que pasó en su vida y con lo que absorbieron. Por eso siento que cada uno fue muy distinto y dejó ver su universo. Y por eso también ahora, de los que fueron a construir un camino en lo musical y en lo artístico, se ven cosas tan distintas.

 Así como sentís que fuiste encontrando tu propia voz en el freestyle, ¿cómo armaste tu identidad al momento de posicionarte como solista por fuera del movimiento? 

Y, fue haciéndolo. Fue todo muy en el presente y no hubo demasiado tiempo para planificar nada; todo fue en vivo, digamos. Fue un experimento que se fue construyendo en simultáneo con ese ida y vuelta, con la situación que venía pasando con la exposición y con las giras. Obviamente todo eso que va sucediendo empieza a entrar en tu música. Una cosa era al principio, pero después, cuando ya empecé a tocar en vivo, aparecen otros elementos que empiezan a incidir en el estudio. La vida misma y los años te van dando cosas que ni te imaginás, ni buscás o entendés. Después, en mi caso, creo que hubo siempre una curiosidad de qué más podía encontrar en esta energía, qué otros cauces tenía o qué formas de estímulo podía encontrar para sacar eso que tiene que salir. Bueno, ese es mi eje. Para mí, lo que yo siento es: tengo esta energía misteriosa, desordenada, caótica, y le voy encontrando maneras distintas de que salga y estímulos distintos para que eso aparezca. Se fueron encontrando así cosas incluso muy distintas en mis propios discos, uno de otro. Y también con mi propio productor, con Evlay, llevamos un camino de años donde desarrollamos un vínculo en conjunto que es importantísimo.  

Hay una palabra clave en la industria de la música en esta época  que es la “narrativa”. Muchos artistas están pensando en un disco  y, más allá, en una narrativa que lo  acompañe, y me da la sensación de  que esa palabra no está en tu vocabulario, sino que vas hacia algo  más genuino. 

 Sí, creo que nunca me salió armar demasiado la cuestión. A veces  es más fácil cuando uno puede  construirse esa coraza o esa “narrativa”, como se dice. Digo, capaz  que sería más sencillo para encarar  ciertas cosas, pero no es algo que  haya pensado o tenido en cuenta.  Creo que la propia vida te va dando  su propia narrativa y que entregarse a ese lujo de la vida y de lo que  va pasando es lo mejor que, por lo  menos yo, siento que puedo hacer.  Cada momento me va dando una  materia prima distinta.

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Thom Yorke escribió “Nude” para narrar, de manera desgarradora, eso que pasa cuando te das cuenta de que lo que soñaste nunca va a suceder. Pero lo que el líder de Radiohead nunca imaginó es que la introducción de esa canción, uno de los paisajes más desoladores de In Rainbows (2007), iba a terminar siendo el colchón perfecto para que un pibe de Sarandí que soñó mucho y que, según dice, está cumpliendo sus sueños, le cante al culo.

“Baby, te pusiste un putishort que no te calza/ ese culo es más grande que una casa./ Voy a dejarte un negro adentro de la panza/ te hago el amor mientras las horas se pasan”, rezan las primeras barras de “Putishort”, el cuarto track del flamante El que compró perdió, el segundo álbum de Little Boogie.

Martín Velázquez, el nombre detrás del personaje, tiene 25 años y vive en Buenos Aires. Pero cuando atiende el teléfono para hablar con Rolling Stone está en La Saladita, Sarandí, en la habitación de la casa de sus padres. La misma donde grabó sus primeras rimas, donde tiene una carpeta de dibujos tan polvorienta que, según dice, le provoca estornudos. Dibujos de una época en que también quería ser ilustrador de Marvel. “Para 2014, 2015 ya era solo un sueño frustrado”, dice y se ríe con la tranquilidad de alguien que saldó esa cuenta.

Su padre, Carlos “El Buitre” Velázquez, fue boxeador y trabajó dos años junto a Carlos Monzón. Salió de la Isla Maciel lustrando zapatos y encontró en el deporte un idioma para entender el mundo. Ese idioma se lo pasó a su hijo. Y también la música. El primer disco que le regaló Carlos fue Number Ones de Michael Jackson. El segundo, uno de Luis Miguel.

A los seis años, Martín ya sabía lo que quería. “Le dije a mi vieja: yo voy a ser rapero”, recuerda. Su mamá lo miró sin entender del todo. Martín piensa que lo asoció a la cumbia villera que ponían los primos cuando iban a lo de la abuela. “No sé a qué lo asoció. Pero en el fondo siempre trató de consentirme”, dice.

Little Boogie, el rapero de Sarandí que samplea a Radiohead y Charly García
“A veces sueño que me busco a mí mismo para decirme: lo hiciste”, dice Little Boogie. (Foto: Lara Schottland @laraschottland)

Un día apareció una escuelita de hip-hop en el barrio. Martín se anotó y conoció gente que escuchaba lo mismo que él. Se enamoró del baile, una de las ramas del hip hop. “Sentí que era parte de algo”, recuerda. Pero crecer en un lugar marginal, aclara, tiene una física propia: tarde o temprano uno termina eligiendo el camino del barrio. “Soñar está mal visto. Ser artista está mal visto. Hacer cosas nuevas está mal visto. Y eso es lo que la sociedad nos inculcó por mucho tiempo”, reflexiona.

A los 21 estaba laburando en un frigorífico. La música, en pausa. “Pensaba como la sociedad piensa de un pibito que es de zona sur y baila y canta y dibuja. Ya pensaba así, y me enojé mucho conmigo mismo”. Una charla a tiempo con Delfín, uno de los dos integrantes de Stereo –el dúo productor que hoy es su columna vertebral artística–, fue el cachetazo necesario. Sos artista, ponete las pilas, sacate la bronca. Algo así le dijo. Y de ahí nació “Ni cabida con el ditroit”, el tema con el que empezó a hacer ruido en internet. Algo que confirmó con “Okupas”, donde samplea (y reversiona) “Más o menos bien” de Él Mató.

El disco que acaba de editar junto a Stereo es una de las propuestas más singulares del rap local. Con samples que van de Duki (“She Don’t Give a FO” en “Joven por siempre”) a Charly García (“Promesas sobre el bidet” en “Bando (Freestyle)”), una colaboración con Milo J que impacta (“Voy a dispararme”, que incluye un inesperado sample de la cantante Caroline Polachek) y hasta una balada de redención a piano y voz (“Mamá tenía razón”) que podría salir en la radio.

“Los sueños que estoy cumpliendo son para el guachín ese, para ese pibe que estaba acá en esta habitación hace unos años”, cuenta. “A veces sueño que me busco a mí mismo para decirme: lo hiciste”.

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