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La música de República Dominicana ha recorrido el mundo de la mano de Pedro René Peralta Soto, más conocido como Chichí Peralta. Y no solo gracias a los conciertos y las giras por decenas de países en distintos continentes, sino por su amor a la música y a las fusiones culturales que nacen dentro de ella. En sus canciones conviven instrumentos autóctonos de República Dominicana con sonoridades e instrumentos de Brasil, India, Japón, Venezuela y muchos otros rincones del planeta.

Algunas de sus producciones hacen parte de las canciones más recordadas y escuchadas del vasto universo que llamamos música tropical. ‘Amor narcótico’ y ‘Procura’ no solo marcaron a toda una generación, lo siguen haciendo, son temas que hoy encajan perfectamente dentro del mainstream por el número de oyentes que todavía poseen. Pa’ otro la’o, el álbum al que pertenecen estas canciones es un universo sonoro que va desde el merengue y los ritmos caribeños hasta el funk y los momentos acústicos, convirtiéndose en una de las producciones tropicales más relevantes e influyentes de las últimas décadas.

Del Grupo Fragmento a la mítica La Familia André, y de Juan Luis Guerra 4.40 hasta Chichí Peralta y Son Familia, Pedro René Peralta Soto es uno de los artistas —en el sentido más amplio de la palabra— más importantes que ha dado la música del Caribe.

¿Por qué, desde un inicio, se enamoró tanto de la música autóctona de su región?

A los cuatro años construí mi primera tambora con un envase de aceite, pero resulta que, para hacerla, vacié todo el aceite del mes de mi casa y me castigaron [risas]. Después, mi papá me llevó al Mercado Modelo, que quedaba cerca de la casa y donde vendían todo tipo de tamboras, güiras e instrumentos de República Dominicana. Ahí me compró mi primera tambora.

“Trae la tambora”, me decía mi papá cuando estaba escuchando música, y yo empezaba a tocar con la Sinfónica de Londres, con Fefita La Grande, con vallenatos, con cumbias… Ahí nació mi amor por la música, por la música dominicana y por las fusiones.

Más adelante, los grandes maestros de nuestras músicas se reunían con nosotros los jóvenes en los parques para enseñarnos, eso era muy bonito. De manera principalmente autodidacta, complementando mi formación con algunos cursos, continué mi camino en la música.

La música es una parte esencial de la vida; incluso cada planeta tiene su propio sonido. Mi vida se divide, en este orden: Dios, la familia y la música.

“Mucha gente se emociona porque piensa: “Wow, ya no voy a tener que escribir la música, ya no voy a tener que pensar”. Y ahí comienza otro problema enorme: cuando la gente se acostumbre a no pensar, ¿qué nos va a quedar? Ahí es cuando la humanidad empieza a perder una parte de sí misma”.

Antes de lanzar su propio proyecto, hay que hablar de dos etapas fundamentales en su carrera. Primero me gustaría preguntarle por su paso por La Familia André. ¿Cómo fue ese primer gran capítulo musical como percusionista?

Antes de La Familia André, hice parte del Grupo Fragmento, que gran parte, fue lo que después conformó La Familia André en esa etapa, porque La Familia André ya había tenido una época anterior a esa que grabó ‘De oro’ y se volvió mucho más reconocida.

Muchos recuerdos de esa época en la ciudad colonial, amigos entrañables, yo empecé en esta agrupación a los 15 o 16 años… Cuando empiezo a trabajar con La Familia André, con esa forma tan particular de construir los arreglos entre todos, pero con un énfasis muy fuerte en lo rítmico, puedo decir que tuve mucho que ver con canciones como ‘Nande’, que comienza con un solo de percusión, ‘Marcela’ y, por supuesto, ‘De oro’, el tema que nos abrió las puertas y nos hizo muy conocidos en otros países.

Yo ya había asistido al primer Festival de Música del Caribe en Cartagena, con otra agrupación, pero regresé por segunda vez con La Familia André. Recuerdo la Plaza de Toros completamente abarrotada de gente. Siento que ese momento marcó mi carrera.

Después de La Familia André me dediqué a producir jingles en un pequeño estudio que tenía y pasé a trabajar principalmente como músico de sesión. En esa etapa grabé un disco con mi hermano en Cristo, Juan Luis Guerra, y fue entonces cuando empecé a hacer parte de 4.40, agrupación en la que permanecí durante nueve años. Después nació Son Familia, proyecto que finalmente se convertiría en Chichí Peralta y Son Familia.

Trabajó junto a Juan Luis Guerra y 4.40 en discos emblemáticos como Bachata rosa, Areíto y Fogaraté. ¿Cuál diría que fue la mayor enseñanza durante ese periodo?

El amor por la música y la libertad creativa que Juan Luis nos daba a los músicos, especialmente a la base de percusión. Inventamos ritmos como los de ‘La bilirrubina’ y ‘Pedir su mano’. Trabajamos muchísimo, sobre todo en el estudio, creando esa música tan bonita de Juan Luis. Fue una época en la que todos aprendimos. Además, trabajar al lado de uno de los más grandes percusionistas de República Dominicana, el maestro Catarey, fue una experiencia maravillosa.

¿Han pensado en un reencuentro con Juan Luis Guerra y 4.40?

Todo está en manos del Señor, pero claro que sí. De hecho, ya volvimos a trabajar juntos en una canción llamada ‘Bahía de las Águilas’, un tema muy bonito en el que también participaron Joan Manuel Serrat y Danny Rivera. Es una canción en defensa de Bahía de las Águilas, uno de los lugares vírgenes más hermosos de nuestro país. Es muy importante preservar ese ecosistema, con sus delfines, sus tortugas, sus manatíes… es un verdadero paraíso. Espero que, en el futuro, el Señor nos vuelva a reunir con Juan Luis Guerra.

¿En qué momento decide que había llegado la hora de crear su propio proyecto? Además, no es tan común que un percusionista se anime a liderar una propuesta de esa magnitud.

Claro. Lo que pasa es que yo ya no era solo percusionista; también tenía experiencia como arreglista y productor. Como te contaba, ya había trabajado haciendo jingles y toda esa parte de producción. Al mismo tiempo, venía realizando muchos experimentos con la música folclórica dominicana, que es muchísimo más que merengue y bachata. Por ejemplo, tenemos ritmos como la mangulina por mencionarte alguno más.

Hubo un proceso de aprendizaje académico en torno a la producción musical que fue fundamental para lanzarme con mi propio proyecto. Creo que, cuando uno está aprendiendo, llega un momento en el que siente la necesidad de hacer algo propio. Ese camino fue el que me llevó de producir jingles a terminar grabando en Abbey Road junto a la Orquesta Sinfónica de Londres.

Usted ha construido un puente entre el Caribe y distintas culturas alrededor del mundo. ¿Por qué cree que su música se presta para ese diálogo?

Como te decía al principio, todo eso viene de mi papá y de la música que escuchaba. En la casa sonaban desde Fefita La Grande y toda nuestra música tradicional hasta Elvis Presley y la música sinfónica europea. Él pertenecía a una etnia de San Pedro de Macorís llamada Cocolo, una comunidad nacida de la mezcla entre africanos e ingleses. Era todo un gentleman.

Desde muy temprano me enamoré de las fusiones, y eso te lleva a descubrir instrumentos y músicas de todas partes del mundo. De Brasil, por ejemplo, el cavaquinho o el tantán, entre muchos otros; de Asia encuentras el shamisen, el shakuhachi y el koto, instrumentos que hacen de la música japonesa algo exquisito. De hecho, hicimos un documental sobre nuestro paso por Japón, donde fusionamos la música dominicana con la japonesa, llamado Inside Japan. Además, hay una influencia muy fuerte del jazz, del blues y de Robert Johnson, una música que siempre me ha fascinado. Creo que las fusiones fluyen de manera orgánica en mis canciones porque son el resultado del gusto y del conocimiento que he adquirido experimentando durante toda mi vida.

“No sé cómo van a lograr ponerle corazón a canciones hechas completamente en un computador. La música nace de una conexión que viene del Señor y encuentra en nosotros el camino para convertirse en creación. Las computadoras pueden aprender de la música que los seres humanos llevamos siglos haciendo, pero ¿hasta qué punto pueden aprender? El ser humano siempre va a seguir creando”.

Me atrevería a decir que Pa’ otro la’o es uno de los mejores discos tropicales de las últimas décadas, sobre todo porque su sonido sigue siendo completamente atemporal. Canciones como ‘Amor narcótico’ y ‘Procura’ nunca han dejado de sonar; ‘Techno Son’ explora una faceta mucho más cercana al funk y ‘Limón con sal’ apuesta por una sonoridad más acústica. ¿Cómo ha envejecido ese álbum para Chichí Peralta?

Es un disco que, sencillamente, no ha envejecido. Es una obra completamente construida desde la fusión. Como he dicho en varias ocasiones, es latin world music: música latina mezclada con sonoridades de todo el mundo. Fue un álbum diseñado con tanto cuidado, especialmente desde la parte sonora, que el tiempo no le pasa.

‘Procura’ nace inspirada en aquella Cuba de Benny Moré, pero con teclados modernos y una enorme cantidad de instrumentos fusionados con el merengue. En esa canción también le hice un homenaje al músico sudafricano Hugh Masekela, quien luchó desde la música por la liberación de Nelson Mandela. Lo curioso es que, cuando menciono su nombre en la canción, mucha gente cree que digo: “cuando la yuca se quema” [risas]. Hugh acompañó a una extraordinaria cantante llamada Miriam Makeba, conocida como Mamá África, quien también trabajó con Paul Simon en el álbum Graceland.

En ese disco también quisimos darles protagonismo a distintas regiones de Latinoamérica. De Venezuela, por ejemplo, incorporamos el cuatro, un instrumento del que me enamoré y que hoy utilizo en casi todas mis producciones. También hay acordeón, un instrumento que conecta tanto con la música típica dominicana como con la colombiana.

Pa’ otro la’o fue un ejercicio de atreverse a ponerle nuevos colores a la música, igual que ocurrió con De vuelta al barrio, un álbum grabado junto a la Orquesta Sinfónica de Londres, donde fusionamos el son con los arreglos de cuerdas. Además, la introducción de cada canción en este último disco que te mencioné es un homenaje a una época y a un estilo musical en particular.

Te voy a contar una pequeña historia relacionada con esos discos. La bachata nació alrededor de una emisora llamada Radio Guarachita. Allí sonaba muchísimo vallenato y fue donde empezó a tomar forma esa primera bachata, que en su momento no era bien vista por buena parte de la sociedad. La Viuda, que era la dueña de la emisora, me permitió comenzar a promocionar De vuelta al barrio. Después viajamos al sur de la isla, donde unos decimeros conocidos como los chuineros de Baní me dejaron grabar sus voces, después de compartir con ellos un día entero. Esas voces terminaron viajando hasta Abbey Road para sonar junto a la Orquesta Sinfónica de Londres. Por eso digo que cada canción de esos discos guarda una historia muy especial.

Tengo que preguntarle por Jandy Feliz. La unión artística entre ustedes fue un éxito absoluto. ¿Por qué cree que, trabajando juntos, ambos lograron mostrar una de sus mejores versiones?

Fue el momento y la manera en que se dio todo. Trabajamos con varias letras de Jandy y, en un principio, Pa’ otro la’o estaba pensado para que distintas personas interpretaran las canciones del disco. Pero, al final, la gran mayoría de los temas terminaron en su voz, y eso hizo que la producción tuviera una identidad muy compacta. De ahí surgió un álbum muy bonito que dejó huella y que, hasta el día de hoy, la sigue dejando.

¿Qué nos puede contar de este nuevo disco que llegará después de tantos años desde su último álbum?

La nueva producción, que saldrá muy pronto, tendrá una fuerte presencia de las músicas folclóricas de República Dominicana, fusionadas con rock, jazz y blues. Es uno de los discos que más se parece a lo que imaginé desde el principio, porque muchas veces uno entra al estudio buscando una cosa y termina encontrando otra. En este caso, todo fue tomando exactamente el rumbo que habíamos planeado.

Este álbum, junto con De vuelta al barrio, es de esos trabajos que me hacen pensar: “Wow, este es el disco”. Siento que Dios fue armándolo poco a poco. Tiene toda la esencia de Chichí Peralta y Son Familia, pero incorpora elementos de la música de los años veinte, fusiones directas con sonoridades de Asia y la participación del músico senegalés Assane Thiam, quien trabaja con Youssou N’Dour que ha grabado con artistas como Sting y Peter Gabriel. También incluye instrumentos como el duduk, de Armenia, y el bansuri, de la India. Es un álbum con muchísima fusión, pero cada elemento está cuidadosamente pensado.

“Sí existe una gran diferencia entre querer transmitir algo desde el corazón con las manos, como sucede en el arte, para que otra persona lo sienta y lo perciba, a simplemente escribir un prompt. Yo no comparto esa manera de hacer música”.

¿Cómo percibe la evolución de la música tropical con el paso de los años? ¿Cuál era su visión cuando comenzó esta carrera y cómo la ve hoy?

Ha evolucionado en algunos aspectos para bien, pero en otros no tanto. Hay corrientes de la música tropical o caribeña que ya no utilizan un solo instrumento en vivo, ninguno de los instrumentos que realmente representan nuestra identidad: los cueros, la tambora, la conga… Para mí, nuestra música debe estar hecha cien por ciento por seres humanos, como la música tradicional, donde uno podía pasar un día entero escuchando un solo compás hasta encontrar el adecuado.

La inmediatez con la que muchos jóvenes quieren hacer música ha llevado todo a una velocidad en la que se pierden demasiadas cosas. Esa idea hay que abandonarla. Cada concepto merece trabajarse con calma, por respeto al ente más importante de la música, después de Dios: el público. Nuestra música siempre debe conservar esa vena orgánica de los ritmos, de los arreglos con sustancia, con alma humana. Y también están las letras; sinceramente, muchas de las que se escuchan hoy no son aptas para menores.

No sé cómo van a lograr ponerle corazón a canciones hechas completamente en un computador. La música nace de una conexión que viene del Señor y encuentra en nosotros el camino para convertirse en creación. Las computadoras pueden aprender de la música que los seres humanos llevamos siglos haciendo, pero ¿hasta qué punto pueden aprender? El ser humano siempre va a seguir creando.

¿Qué opina de la inteligencia artificial?

Todavía no he visto una escultura hecha con una impresora 3D que tenga el peso artístico de las que creó Miguel Ángel. A mi entender, la gente se está dando cuenta de que el alma es indispensable en el arte. Por eso la generación Z está mirando hacia atrás: vuelven los vinilos, los CD, los casetes y las cámaras de rollo. Están buscando lo verdaderamente esencial y auténtico.

Hay una sensación irrepetible en tener tu propio vinilo o CD entre las manos, abrirlo, recorrer el arte de la portada, leer los créditos, descubrir quién grabó, dónde se hizo el disco, ver las fotografías… Todo eso tiene algo mágico. No digo que las plataformas de streaming vayan a desaparecer, pero lo tangible es único. Un disco de vinilo viene siendo un máster del máster, y saber que uno tiene eso en las manos produce un sentimiento indescriptible.

Sí existe una gran diferencia entre querer transmitir algo desde el corazón con las manos, como sucede en el arte, para que otra persona lo sienta y lo perciba, a simplemente escribir un prompt. Yo no comparto esa manera de hacer música. Además, cuando uno le da instrucciones a una inteligencia artificial, casi siempre termina generando música al estilo de alguien; difícilmente crea algo realmente nuevo.

Claro, mucha gente se emociona porque piensa: “Wow, ya no voy a tener que escribir la música, ya no voy a tener que pensar”. Y ahí comienza otro problema enorme: cuando la gente se acostumbre a no pensar, ¿qué nos va a quedar? Ahí es cuando la humanidad empieza a perder una parte de sí misma.

Las veces que he estado en Abbey Road recuerdo, con un profundo agradecimiento, haber estado al lado de Sir Colin Davis, toda una eminencia. Todavía se me eriza la piel al contarlo: Estar de pie, en el centro de más de 90 músicos, escuchando tu propia música, es una experiencia sensorial irrepetible. El corazón está completamente ligado a la música y a la creación; a esa experiencia de tocar una tambora con las manos. Eso es muy distinto a escribir un prompt.

Entiendo que, al final, la inteligencia artificial terminará siendo una herramienta más, como lo fue en su momento Pro Tools. De hecho, aquí, en mi estudio, todavía trabajamos de forma híbrida y seguimos grabando con una máquina de cinta de dos pulgadas. Técnicamente, un archivo MP3 necesita comprimir demasiado la música y, en ese proceso, se pierden armónicos. Incluso me atrevería a decir que todavía no existen sistemas digitales capaces de reproducir por completo el ancho de banda de una cinta de dos pulgadas. Personalmente, el sonido grabado en cinta tiene una profundidad, una amplitud y un peso que ningún formato digital me ha logrado ofrecer. Lo análogo, para mí, sigue teniendo el sonido más cálido, más fuerte y hermoso.

“La inmediatez con la que muchos jóvenes quieren hacer música ha llevado todo a una velocidad en la que se pierden demasiadas cosas. Esa idea hay que abandonarla. Cada concepto merece trabajarse con calma”.

Ahora que recibe un Latin Grammy a la Excelencia Musical, ¿cuál diría que es el mayor legado de su música?

Son muchas cosas. Llevo haciendo música desde hace muchísimo tiempo y, en ese camino, he vivido y aprendido de todo. Te conté que había comenzado en el Grupo Fragmento, pero, en realidad, mi primera agrupación fue otra que fundé cuando tenía 12 o 13 años: el Grupo La Azotea. Se llamaba así porque ensayábamos en la azotea de la casa de un amigo que, lamentablemente, ya falleció. Desde muy pequeño hubo en mí una enorme inquietud por la música, y creo que esa trayectoria, construida durante tantos años, ya representa un legado.

También está el sacrificio que exige esta pasión. Muchas veces uno no puede compartir con la familia en fechas especiales porque está grabando, de gira, ofreciendo conciertos, atendiendo reuniones o dando entrevistas. Casi no queda tiempo para descansar. Hoy, con herramientas como Zoom, muchas cosas son más sencillas, pero antes había que recorrer emisora por emisora durante todo el día. No era como ahora, que publicas algo en Instagram y la noticia llega de inmediato a todo el mundo.

Haber vivido esa época, antes de tanta tecnología, me hizo valorar mucho más la cercanía con las personas. A veces siento que la tecnología nos hace perder afecto y humanidad, y yo siempre he tratado de que eso no desaparezca. Ese también quisiera que fuera parte de mi legado.

La música es un camino que va mucho más allá de conseguir un éxito o pegar una canción. Es la decisión de perseguir un sueño, incluso cuando aparecen las dificultades. Siempre invito a los músicos jóvenes a no desfallecer cuando las cosas no salen bien, especialmente frente a una industria que, probablemente, es el reto más grande de todos, y más ahora, cuando se publican miles de canciones cada día. Mi consejo es que se tomen el tiempo para hacer buena música, que respeten el proceso creativo y que siempre caminen de la mano de Dios.

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No todas las transformaciones comienzan con una celebración. Algunas nacen en medio de la duda.

Antes de convertirse en el título de su primer EP, METANOIA estuvo cerca de convertirse en el nuevo nombre de ALMAS. Fue una posibilidad que surgió cuando el girl group mexicano atravesaba un momento oscuro,pues habían ciertas dificultades dentro del proyecto las hicieron cuestionar si valía la pena, o no, seguir adelante. Hoy, ese mismo nombre representa el capítulo con el que Alegría, Dae, Dany y Steph inauguran una nueva etapa, y no hay mejor manera de hacerlo que con un EP que lleva el nombre que alguna vez pudo cambiar sus vidas, pero que hoy las presenta ante el público y sus fans, fuerte y claro.

“En nuestro peor momento, cuando ya no creíamos que esto iba a ser posible y estábamos un poquito desanimadas, surgió ese nombre”, recuerda Steph. “Tiene un significado muy bonito: transformación de la mente. Por eso quisimos que nuestro primer EP llevara ese nombre tan importante”.

El significado no pudo resultar más apropiado. METANOIA no solo marca el debut discográfico del cuarteto, sino que también resume el camino que las llevó hasta aquí.

Para quienes apenas comienzan a descubrirlas, la respuesta de Alegría sobre qué es ALMAS resulta tan breve como contundente: “Música de calidad”. Detrás de esa frase hay años de preparación, una pasión compartida por el pop y un sueño que, aseguran, comenzó desde la infancia.

“Desde muy pequeñas soñábamos con esto. Siempre decíamos: ‘Queremos ser pop stars‘. Crecimos rodeadas de música y admirando a muchas artistas, pero siempre quisimos construir nuestro propio mensaje”, explica Steph.

Aunque hoy proyectan una identidad sólida, la química del grupo comenzó mucho antes del lanzamiento oficial. Dany recuerda que incluso durante la etapa de predebut, cuando todavía no existían certezas sobre el futuro del proyecto, las cuatro compartían la misma convicción. “Siempre nos vimos como un grupo. Nadie nos aseguraba que esto fuera a dar frutos, pero nos aferramos al proyecto y gracias a eso hoy estamos aquí”, comparte.

ALMAS: así nació METANOIA
Cortesía

Esa complicidad, unión y crecimiento que las chicas han construido con el paso del tiempo se hace evidente cuando les pregunto por METANOIA. Aunque el álbum puede entenderse como una narrativa completa, cada canción tiene identidad propia y acompaña distintos momentos, dependiendo de quien la escuche. “Cada canción tiene su personalidad y su momento específico. Si un día te sientes coqueta, fiestera o vulnerable, en METANOIA hay una canción para ese mood“, explica Dae. Steph añade que, si bien el orden de reproducción no es indispensable, todas las canciones terminan dialogando entre sí de forma natural.

Uno de los mejores ejemplos es Crush, una canción que retrata esa etapa en la que una persona invade todos los pensamientos. “Cuando llegamos al estudio siempre hablamos de cómo nos sentimos y de lo que nos ha pasado. Crush viene de una experiencia que todas hemos vivido, pero quisimos darle un toque más retorcido inspirándonos incluso en Yandere Simulator (un videojuego)”, cuenta Steph entre risas.

En contraste, ‘Dumb Boy’ baja el telón del EP con una energía mucho más ligera. Lo que comienza con una frase tan popular como “Ojo de loca nunca se equivoca” termina convirtiéndose en una historia de sororidad, donde las mujeres deciden apoyarse entre ellas en lugar de competir. “Queríamos terminar el EP con algo divertido, pero que también transmitiera nuestro mensaje de apoyo entre mujeres”, explica Steph. La participación de NXNNI en la canción no hace más que complementar con la visión artística de ALMAS. Según comentan las chicas, esta colaboración surgió de forma completamente natural tras conectar con la artista regiomontana durante una sesión de trabajo.

Desde sus primeros lanzamientos, ALMAS ha convivido con las inevitables comparaciones con el K-pop. Ellas no rehúyen esa influencia; por el contrario, reconocen que las coreografías, la disciplina y la construcción de conceptos fueron parte de las referencias que las unieron como grupo. Sin embargo, insisten en que su objetivo nunca ha sido replicar una fórmula.

Cortesía

“Nos gusta tomar elementos como el baile, la narrativa o los conceptos, pero adaptarlos a nuestra identidad. No es solo un sonido; es todo el trabajo que hay detrás”, explica Steph al hablar del L-Pop, un término con el que buscan nombrar una propuesta que conserve la esencia latina mientras incorpora una visión más integral del pop contemporáneo.
La conversación inevitablemente llega a una pregunta que ellas mismas se hicieron hace algunos años: ¿estaba Latinoamérica preparada para un proyecto como ALMAS?

“Sinceramente, cuando empezamos no. Sentíamos que todavía costaba entender lo que estábamos haciendo”, admite Dany. Sin embargo, observa con entusiasmo cómo han comenzado a surgir nuevos grupos en distintos países de la región. “Ahora ya no se juzga tanto. Me emociona saber que hay grupos en Chile, Argentina o Perú. Es bonito que Latinoamérica empiece a construir algo así”.

Ese mismo espíritu es el que quieren transmitir a quienes hoy comienzan a seguirlas. Más allá de las canciones o las coreografías, esperan que su historia sirva como recordatorio de que los sueños también pueden construirse desde una ciudad pequeña del norte de México.

“Queremos que la gente se identifique con nosotras. Somos cuatro chicas que siguen aprendiendo a vivir y a cumplir sus sueños. Si nosotras lo logramos, ellos también pueden hacerlo”.

Antes de despedirse, les propongo imaginar METANOIA como una película. ¿Cuál sería el último plano antes de que aparezcan los créditos?

Dany sonríe antes de responder. “Sería una imagen de las cuatro juntas que dejara claro que esto apenas comienza. Que el público se quede con ganas de más”.

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Judeline es misticismo, magia y poder. Su música nace de un universo propio, construido a partir de todas las influencias que la han acompañado a lo largo de su vida, como si en cada canción dejara un pedazo de sí misma. Ahora, al despedirse de la era de Bodhiria, su primer álbum de estudio, la artista firma un nuevo capítulo cargado de emoción. Una mirada a esos instantes que se viven con la certeza de que podrían desaparecer al amanecer; a esa nostalgia que se instala en la memoria y convierte un recuerdo fugaz en algo imposible de olvidar. Esa sensación de añorar incluso mientras aún se está viviendo. De eso trata ‘BESITO’, su nuevo sencillo.

En esta entrevista exclusiva con ROLLING STONE en Español, Judeline se sentó a platicar con nosotros en pleno corazón de Madrid sobre, tal vez, algunos temas que le quitan el sueño en la madrugada: melancolía, nostalgia, su edad, el presente, el paso del tiempo, la pérdida de la juventud, entre otras cosas. Y es que, ¿quién en sus 20 años no ha sobrepensado todos estos tópicos?

Lee aquí nuestra plática completa con Judeline:

Acabas de lanzar ‘BESITO’, ¿cómo te sientes?

¿Te gustó?

Me encantó. 

Muchas gracias, la verdad. Pues estoy súper contenta. 

Es una súper canción. Cuéntame la historia detrás de ella. ¿Cómo nació?

Es una canción que hice hace como un año y medio. La tenía planeada para salir en VERANO SAUDADE, ya que el concepto es ser eternamente joven. También es como vivir en un verano eterno. Sin embargo, estaba esperando una colaboración que no pasó y se retrasó. Lo dejé y lo dejé pasar, así que ahora decidí hacerla yo sola. 

Me parece interesante lo de la colaboración esperada y no realizada. ¿Qué nos cuentas sobre eso?

Tenía una colaboración en concreto. Si algún día me hago una canción con esa persona, pues lo diremos en plan “jaja”. Pero era una persona que se necesitaba en la canción, pero estaba ocupada y no pasó. 

Prefieres no decir el nombre…

No, no. Saldrá si hacemos una canción algún día. 

¿Era un tipo de colaboración soñada?

No. De hecho, era algo súper random, pero pasa que lo necesitaba para esta canción. Su voz me daba la vibra de esta canción. 

Me cuentas que es una canción que hiciste hace más de un año, y en ese tiempo pasan muchas cosas. ¿Crees que mutó demasiado?

Cambié un par de cosas, como las partes de la colaboración que no se dio. También cambié las letras porque habían unas partes que estaban destinadas para él, pero, al final, salió súper bien porque la module para hacerla yo sola. El feeling quedó igual. 

“Tengo mucha hambre de crear música”: Judeline 
Kirill Reitenbach

Me encanta esa sensación que evoca la canción de vivir en plenitud los 20: la libertad, estar presente en un momento que no se repetirá. ¿Cómo vives estos conceptos como artista y persona?

Yo le doy un montón de importancia. Voy de fiesta o estoy con amigas y me digo: “Joder, qué bien es tener 20”, bueno, en mi caso 23. Aprecio mucho este momento. Llevo toda la vida escuchando a las mamás diciendo que aprovechemos esta edad porque es súper importante y especial, y pues joder, si tanto lo dicen ha de ser por algo. Yo lo estoy disfrutando un montón. Amo tener 23 años, y seguro también me encantará tener 35 años. 

Yo siento que la edad dorada son los 23. 

¿¡SI!? ¿CREES? Pero en los 25 dicen que se termina de desarrollar el cerebro. Igual, qué guay. 

¿Crees que vives en una constante nostalgia sobre esta década de vida?

Sí, totalmente. Vivo con mucha nostalgia todo el rato. Diariamente. De que vivo un momento y ya pienso que lo voy a extrañar. Todo el rato. Desde que cumplí 21 siento mucho este sentimiento. 

Algo que me encanta de ‘BESITO’ son los toques de sintetizadores con los que exploras. ¿Cómo ha sido esta búsqueda de sonidos y encontrarte en ella?

Pues hombre, los sinte y todo eso es un sonido muy del EDM, de la música electrónica, pero la verdad es que me inspiré sonoramente en los teclados que mete el compa, que es un género de ID. Esto me gusta un montón: meter los sintes en la parte final de la canción, donde uno tiene que bailar. Siempre me ha fascinado. 

¿Crees que es un camino sonoro en el que te gustaría seguir explorando en una nueva etapa?

Yo creo que no. Me veo haciendo canciones más parecidas a ‘BESITO’ porque también he encontrado un sonido donde me siento más segura y volveré a él en momentos, pero no es una nueva etapa. Solo estoy disfrutando un montón de las melodías. Yo creo que ‘BESITO’ solo se queda en un single. Es una búsqueda de ir para atrás de cosas que ya he hecho o de ir para delante. Solo fluyo en el estudio sin pensar a qué quiero llegar.

Cortesía prensa 

Podríamos decir que no hay un sonido que te defina…

¿O sí? [Risas]. Es que para mí los géneros no son sonidos. Yo diría que aunque me haga un trap o una bachata, pues suena a mí. La elección de sonidos y colores entran en mi universo. 

Entonces, si pudieras definir tu sonido, ¿cómo sería?

No lo sé [Risas]. Realmente la elección siempre tira a lugares que dan mucho a un imaginario de película y melodías un poco épicas. Son sonidos envolventes. 

La producción del video oficial de ‘BESITO’ tuvo la colaboración de productores de diferentes partes del mundo, como España, Francia e Inglaterra. ¿Cómo viviste esta experiencia?

Fue muy buena. Estaba haciendo música en Madrid con todos. Fue súper guay que vinieran todos y trabar aquí. Se dio muy natural. Esa canción se ha trabajado bastante después, pero la idea principal se hizo ese día. Fue muy guay. 

En una entrevista con nosotros, dijiste que exclusivamente te sentías como otra persona en el escenario, y en tus palabras, también en el sexo. Solo esos dos lugares podían ver una Judeline más segura de sí misma. Sin embargo, con el video oficial de ‘BESITO’ pudimos ver que también lo eres en tus producciones. ¿Lo sientes así? ¿Sientes que has dado un paso contundente en tus videos?

¿Eso dije? [Risas]. Justo me siento así en ese video. Pero siempre que soy artista me siento así. Me refiero a cuando estoy frente a una cámara, en un escenario y en una interpretación de mi música. 

¿Cómo viviste la grabación del videoclip de ‘BESITO’?

Fue muy guay. Lo grabamos en Marsella, Francia. Fue muy divertido y fácil. Es verdad que era verano y de pronto había muchos bichos en el agua que se me metían porque venían a la luz y todo alrededor estaba oscuro. Todo fue muy guay y salió justo como me lo imaginaba. Estoy súper contenta con el resultado. Además, fue en luna llena. 

Justo una de nuestras redactoras, Melisa Parada, dijo que ya tenías cierta conexión con la noche y la luna. 

Sí, total. Siempre me va a jalar la luna llena. Estoy completamente conectada con Catalina. Hay una canción en donde le dicen al sol Lorenzo y a la luna Catalina, ahí el por qué de los nombres. 

¿Cuál crees que es tu conexión con ella?

Yo qué sé. Es que me puedo poner muy hippie. Hay muchas personas conectadas con la naturaleza y la espiritualidad, y la luna es un símbolo muy importante en todo esto. Yo creo que la luna es la energía femenina más grande que hay. No quiero discriminar a los hombres, pero lo que ellos sienten por la luna, no es lo mismo que siente una mujer. Es nuestra Diosa y patrona. 

¿Qué tanto significa ‘BESITO’ para esta etapa de tu carrera? ¿Puede ser el comienzo de algo?

No. Creo que es un single que va a definir una sensación a la que regresaré, pero no es el comienzo de una nueva etapa. Lo dejaría como que es VERANO SAUDADE y que lo próximo empezará después. 

¿No hay fecha para lo próximo?

Aún no.

Pero ya está en tu cabeza.

Siempre lo está [Risa]. 

Después de Bodhiria dijiste que acabaste un poco quemada con la música, ahora, en esta etapa, ¿cómo es tu relación con ella?

Ahora estoy muy hambrienta de música. Tengo mucha hambre de crear música. Me muero por entrar en un estudio. Ya no puedo más. He dado tantos conciertos y mucho tiempo sin entrar al estudio que en el segundo en el que entre buaaafff. Pero la verdad me ha venido muy bien entrar en esta gira tan larga. Ya solo quedan un par de shows para terminar la era de Bodhiria. Se acaba en septiembre. 

Pero siempre va a vivir en ti tu primer bebé. 

Claro, totalmente. Cantaré lo de Bodhiria en las demás giras. No todo el disco ni el show está enfocado en el universo de ello, que me da pena, pero sí. Estoy muy emocionada en ver qué puedo evolucionar. 

¿Algo que nos quieras compartir sobre el “limbo” en el que te encuentras?

Me queda una etapa de creación, que seguramente será más silenciosa y tranquila para volver con el mejor trabajo que pueda, pero no sé cuándo pueda pasar. No hay mucho que pueda decir. Solo estoy esperando. Uno tiene que llevar su propio ritmo.

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Llegan momentos en los que lo único que queremos es escapar. Cambiar de aires, de paisaje, encontrar silencio o, por qué no, descubrir nuevos sonidos. A veces basta con salir a caminar mientras suena nuestra música favorita o ese podcast que dejamos a la mitad; otras, el refugio aparece en el deporte o en un rincón de la naturaleza donde, por fin, podemos escuchar nuestros propios pensamientos. También está la posibilidad de viajar, ya sea físicamente o a través de un libro, donde el único límite es la imaginación.

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Dianka! decidió no conformarse con una sola opción. Durante la creación de Cabriola (relato breve), la artista catalana convirtió la literatura en su refugio. Entre el ruido incesante de Madrid y una escapada a los Alpes —el escenario que inmortalizó a Heidi, uno de los personajes que inspira este proyecto— fue construyendo un universo en el que la imaginación deja de ser un simple escape para convertirse en una manera de comprender la realidad.

Escuchar Cabriola (relato breve) se parece un poco a abrir un libro. Conforme avanzan las canciones aparecen personajes conocidos —Don Quijote, Dulcinea, Heidi o Pippi Calzaslargas—, pero ninguno permanece igual. Todos terminan convertidos en una extensión de la propia Dianka!

En su nuevo álbum la literatura no es solo una referencia, la artista catalana construye un universo donde la imaginación sirve para cuestionar la realidad, la rebeldía consiste en escucharse a uno mismo y los personajes de ficción terminan revelando verdades profundamente personales.

En conversación con ROLLING STONE En Español, Dianka! habla sobre el ruido que dio origen al disco, el día en que Don Quijote le cambió la vida y por qué, al terminar su EP, descubrió que la rebeldía que admiraba de sus personajes favoritos también habita en  ella.

Mientras escuchaba esta primera parte de Cabriola sentía que me transportaba a otro lugar. Pensaba en Heidi, en Don Quijote, en esos espacios enormes, tranquilos, alejados del ruido. Me preguntaba si, para crear este proyecto, también necesitaste alejarte del mundo exterior.

Es curioso porque, en realidad, el álbum nació justo en el momento de más ruido. Lo compuse en Madrid, probablemente el lugar más ruidoso en el que he vivido. Yo soy de Barcelona, y Madrid, al ser una capital tan grande, tiene un ritmo completamente distinto: muchísima gente, coches, movimiento constante… Precisamente esa necesidad de huir de todo ese ruido fue la que terminó impulsando el disco. Así que Cabriola nace del deseo de escapar, aunque paradójicamente fue escrito en medio de todo el trajín de la ciudad.

¿Sientes que Cabriola también funciona como un ejercicio de revisión personal? Mientras lo escuchaba pensaba mucho en la idea de cuestionar nuestras propias versiones de las cosas, de entender que nunca conocemos toda la historia.

Sí. De hecho, el propio título, “Cabriola”, resume muy bien esa idea. Una cabriola es un salto que hace un caballo y me gusta porque dentro del disco conviven dos conceptos muy importantes. El primero es precisamente el salto: para mí representa esa huida de la ciudad, del ruido, la libertad de desprenderse de aquello que ya no te hace bien. Pero también existe esa especie de patada hacia atrás, ese gesto de rebeldía, de intentar sacudirse todo aquello que te ha pesado o que no ha sido bueno para ti. Lo más curioso es que este álbum ha sido diferente a los anteriores. Normalmente uno empieza un disco sabiendo exactamente qué quiere decir. Yo tenía muchas ideas claras, pero Cabriola terminó enseñándome cosas que no sabía de mí. Muchas respuestas llegaron después de terminarlo. Fue como descubrir: “Ah, por eso escribí estas canciones. Por eso necesitaba hacer este disco”. Y ese proceso me parece muy bonito.

“Todos hemos sido el Quijote alguna vez”, Dianka!
Cortesía

La lectura ocupa un lugar muy importante dentro del proyecto. ¿Crees que leer puede ser una forma de encontrarnos, pero también de perdernos?

Yo creo que la lectura siempre ha sido una forma de evasión. Gran parte de la literatura que más me ha marcado —especialmente escrita por mujeres— tiene muchísima imaginación. Me gusta esa capacidad que tiene de alejarnos, aunque sea por un momento, de la realidad. Como artista siento que aprendí precisamente eso leyendo: incluso cuando hablo de experiencias reales, siempre necesito llevarlas hacia otro lugar, crear un universo propio, imaginar. Aunque una canción nazca de algo cotidiano que me ocurrió a mí, me gusta contarlo desde una perspectiva más creativa, construir un mundo alrededor de esa experiencia. Creo que esa manera de narrar se la debo, en gran parte, a la literatura.

A veces siento que aprendemos más leyendo una novela o viendo una película que cuando alguien intenta explicarnos algo de forma completamente técnica.

Totalmente. Estoy muy de acuerdo.

Escuchando el disco siento un viaje constante entre distintas épocas. ¿Qué te atrae de esos mundos y cómo decides qué elementos llevar a tu música?

Creo que todos vamos construyéndonos a partir de las cosas que nos influyen. En mi caso, quizá también tenga algo que ver con ser sagitario, porque la libertad siempre ha sido un tema muy importante para mí. Heidi, por ejemplo, representa perfectamente esa rebeldía, esa necesidad de elegir dónde quieres estar. De hecho, muchas veces me sentí como Heidi viviendo en Madrid. Era como si Madrid fuera Frankfurt y Barcelona representara mis Alpes, ese lugar donde realmente quería volver. Después está Don Quijote, que para mí es una obra absolutamente fundamental. Todos hemos sido el Quijote alguna vez, querido ser algo que todavía no somos. Hemos visto gigantes donde había molinos y nos hemos dejado llevar por nuestras propias fantasías. Todo aquello que me inspira necesitaba estar presente en Cabriola. Quería que las referencias fueran visibles porque forman parte de quién soy y de cómo entiendo la creación.

Ahora que mencionas Don Quijote, me gustaría preguntarte por tu relación con la obra. Es un libro fundamental para la literatura en español y latinoamericana. ¿Qué fue lo que encontraste en Alonso Quijano?

Siempre me había gustado leer, pero fue en bachillerato cuando cursé una asignatura optativa de Literatura y leímos algunos fragmentos de Don Quijote. Recuerdo perfectamente estar en clase mientras muchos de mis compañeros no conectaban con la lectura, algo completamente normal a esa edad. En cambio, para mí fue un descubrimiento absoluto. Me reía, lo disfrutaba muchísimo y sentía que estaba leyendo a un autor contemporáneo. Había algo en la historia que me resultaba increíblemente actual. Me fascinó esa locura de vivir desde la imaginación, de convertir la vida en una aventura. Fue una lectura que me abrió un mundo enorme. Además, gracias a ella descubrí que quería dedicar más tiempo a la literatura. De hecho, durante mucho tiempo quise estudiar esa carrera, pero no lo hice por las típicas presiones de que “no tiene salidas” o “no vas a vivir de eso”. Lo bonito es que, después de terminar este disco, decidí que sí voy a estudiar Literatura. Siento que también forma parte del camino que empezó con Cabriola.

Qué bonito. Además, siento que este disco ya funciona casi como un libro.

Totalmente. Creo que estudiar Literatura es una decisión que solo puede tomarse por pasión, y en este momento tengo muchísimas ganas de hacerlo.

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Vivimos rodeados de ruido, de opiniones y de estímulos constantes. ¿Crees que hoy es más fácil perder nuestra propia voz?

Qué bonita pregunta. Curiosamente, siento que mi voz nunca me ha fallado. Lo que me han fallado son los oídos. Tengo acúfenos, que son esos pitidos constantes que aparecen en los oídos, y eso terminó influyendo muchísimo en Cabriola. De alguna forma también representaban esa necesidad de escapar de una realidad que, por momentos, se volvía muy incómoda. Con el tiempo he pensado que esos pitidos eran casi una manera que tenía mi cuerpo de decirme: “No quiero seguir escuchando esto”. No quiero escuchar esas ideas negativas sobre mí misma. Creo que, como muchos artistas, he sido muy dura conmigo. Muchas veces la primera persona que me ha dicho cosas que no necesitaba escuchar he sido yo. Por eso me parece muy bonito pensar que, aunque mis oídos me hayan fallado alguna vez, mi voz siempre ha estado ahí para expresar todo lo que necesitaba decir.

En ‘Dulcinea’ sentí esa idea de que la imagen que los demás tienen de nosotros no siempre coincide con quienes realmente somos. ¿Cómo nació esta canción y por qué elegiste precisamente a Dulcinea?

Antes incluso de empezar el disco ya sabía que quería escribir una canción llamada ‘Dulcinea’. Siempre trabajo con una libreta donde voy apuntando títulos, ideas y temas que quiero desarrollar, incluso antes de tener la música. Cuando Pau Aymí, que produjo el álbum conmigo, me enseñó la base de esta canción, sentí que era el momento perfecto para contar esa historia. Para mí, tiene dos grandes significados. El primero era darle voz a un personaje que prácticamente nunca la tuvo. En Don Quijote, Dulcinea existe casi exclusivamente como el ideal que persigue el protagonista. Me parecía muy interesante imaginar qué habría pensado ella de toda esa historia. El segundo tiene un componente mucho más personal. Sabemos que Dulcinea en realidad era Aldonza Lorenzo, una mujer completamente distinta de la imagen idealizada que Don Quijote había construido. Esa diferencia entre la persona real y la versión imaginada me hizo reflexionar sobre mí misma. Muchas veces yo también he sido mi propio Quijote. He perseguido una versión idealizada de Dianka, una artista perfecta que sentía que debía alcanzar. Creo que la canción nace precisamente de esa tensión entre quién eres y quién crees que deberías ser.

Además de Don Quijote, aparecen Heidi y Pippi Calzaslargas. ¿Qué representan ellas dentro de Cabriola?

Siempre pienso que sería maravilloso ver a Heidi y a Pippi compartiendo una historia. Las dos tienen algo muy importante en común: una rebeldía completamente natural. Yo nunca me he considerado una persona especialmente rebelde. Al contrario, siempre fui la niña que quería hacer todo bien, seguir las normas y no equivocarse. Con los años entendí que esas protagonistas representan una forma muy distinta de rebeldía. No nace de llevar la contraria, sino de escuchar esa verdad interior que todos tenemos y que muchas veces dejamos de lado para adaptarnos a lo que esperan los demás. Hace poco volví a ver Heidi y me emocionó muchísimo. Sentí que conectaba con una parte de mí que muchas veces olvidamos cuando crecemos. De niños esa esencia está muy presente. Después, poco a poco, parece apagarse. Para mí, Heidi y Pippi simbolizan justamente eso: la libertad, la autenticidad y esa rebeldía que consiste simplemente en ser quien eres.

Es como preguntarte: “¿Qué haría Heidi en mi lugar?”

Exactamente. De hecho, eso fue lo que hice. Pensé: “¿Qué haría Heidi?”. Y la respuesta fue irse a los Alpes… así que terminé yéndome a los Alpes [risas].

En Cabriola también se perciben muchas influencias de las décadas de los 60 y los 70. Mientras escuchaba el álbum pensaba en cómo la música de esa época tenía la capacidad de transportarte a otros lugares. ¿Cómo nació esa conexión con esos años?

Desde muy pequeña veía un programa en España llamado Cine de barrio, donde emitían películas de los años sesenta y setenta. Ahí descubrí a Marisol, Rocío Dúrcal y muchas artistas que me fascinaron. Recuerdo verlas y preguntarme: “¿Qué es esto?”. Había algo en ellas que me atrapaba profundamente. Siento que Marisol comparte una esencia muy parecida a la que encuentro en personajes como Heidi o Pippi. Es difícil explicarlo, pero todas transmiten una inocencia muy especial. Creo que gran parte del arte de aquella época conservaba una mirada mucho más ingenua sobre el mundo. Todo parecía nuevo, más frágil, más tierno. Quizá por eso sigo volviendo constantemente a esa música. Me recuerda una pureza que siento que, con el paso del tiempo, hemos ido perdiendo.

¿Qué te permite contar un personaje que quizá no podrías contar desde el “yo”?

Creo que hay partes de nosotros que no siempre queremos reconocer. Por ejemplo, una de las canciones del disco habla de algo que me cuesta mucho admitir: aunque soy una persona muy sensible, también hay momentos en los que desconecto completamente de mis emociones. En situaciones muy extremas puedo llegar a ser muy fría. Durante mucho tiempo no encontraba la manera de expresar esa contradicción hasta que apareció esa canción. También me pasa con mi relación con la música. He sentido toda mi vida que la música ha sido una batalla constante. Imagino esa relación como un duelo eterno con espadas. Es algo a lo que amo profundamente, pero que al mismo tiempo me exige, me enfrenta y me pone constantemente a prueba. Durante mucho tiempo me dio miedo reconocerlo porque parecía casi una traición decir que la música podía sentirse también como una enemiga. Pero esa contradicción también forma parte de mí.

Decidiste dividir Cabriola en dos partes. ¿Por qué contar esta historia de esa manera?

Porque siempre pensé este proyecto como un libro. Y un libro necesita tiempo. Siento que Cabriola es un proyecto muy denso, lleno de referencias, detalles y capas de significado. No quería que todo apareciera de golpe. Existe una expresión en catalán que me gusta mucho y que habla de dejar que las cosas reposen. Creo que este disco necesitaba exactamente eso. También influye la manera en la que consumimos música hoy. Todo sucede muy rápido. Un álbum sale y, una semana después, parece que ya desapareció. Yo quería darle más vida al proyecto. Que cada parte pudiera respirarse, descubrirse y masticarse con calma. Incluso yo necesitaba ese tiempo para terminar de comprender todo lo que había creado.

Cortesía

Te parece si hacemos unas preguntas rápidas, la idea es responder lo que te venga en mente.

¡Claro!

¿Cuál ha sido tu mayor acto de rebeldía?

Con este proyecto. Decidí asumir las riendas creativas en todos los aspectos posibles: la dirección artística, la edición, el vestuario, el universo visual… Ya participaba en esas decisiones, pero ahora sentí que debía confiar completamente en mi criterio. Ese ha sido mi mayor acto de rebeldía.

¿Qué palabra te gusta más?

“Triquitra”.

Es una palabra que descubrí en una zarzuela y que terminó convirtiéndose en el título de una canción del disco. Me encanta cómo suena. Además, representa ese traqueteo, ese ruido constante de la ciudad que también atraviesa Cabriola.

¿Qué canción te habría gustado escribir?

‘Tic Tac’ de María Arnal. También ‘Glue’ y ‘Family and Friends’. Son canciones que conectan conmigo de una manera muy concreta y siempre pienso: “Ojalá las hubiera escrito yo”. Y, por supuesto, cualquiera de Marisol.

¿Qué libro te acompaña actualmente?

Olvidado rey Gudú de Ana María Matute. Es una escritora que me ha acompañado durante muchos años y a la que admiro profundamente. Para mí, Ana María Matute también tiene algo de Heidi.

Si pudieras resumir Cabriola en una sola imagen, ¿cómo sería?

Podría decir que sería el instante de un salto, porque es la imagen más evidente. Pero, en realidad, me imagino un cuadro lleno de pequeños detalles. Desde lejos quizá solo verías el salto. Sin embargo, si te acercaras con una lupa empezarías a descubrir un caballo escondido, una cabrita, un libro, pequeños símbolos repartidos por toda la imagen. Creo que Cabriola funciona exactamente así: primero ves el conjunto, pero es en los detalles donde realmente empieza la historia.

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Hace casi dos años, Girl Ultra nos sorprendió con el sonido experimental de blush, su más reciente EP. Ahora, la artista oriunda de la Ciudad de México da inicio a una nueva etapa en su carrera con ‘Denisse’, un nuevo sencillo con el que oficialmente arranca el camino hacia el estreno de su nuevo álbum de estudio, RRRomeo

Si bien este nuevo material verá la luz en octubre, es un proyecto en el que Girl Ultra ha estado trabajando durante casi cinco años. Es el resultado de una larga amistad con el dúo canadiense Chromeo, quienes no solo aparecen en diversas canciones del álbum, sino que también son coproductores junto a la cantautora. “Me invitaron a Los Ángeles a empezar esta producción que no sabíamos en qué se iba a tornar en ese entonces, pero las canciones surgieron hace cinco años y se fueron modificando y me las traje para acá e hice la producción de este lado. Pero sí fue un proceso de añejamiento bastante largo”, cuenta la artista en exclusiva para ROLLING STONE en Español. 

Debido a la anterior, este álbum es mucho más que un compilado de canciones. “Definitivamente este disco para mí cumple esa función de completar un círculo, de trabajar con un proyecto que yo crecí escuchando en esta ciudad cuando empecé a salir y empecé mi vida nocturna en la Ciudad de México”, cuenta la cantautora mexicana. 

Girl Ultra comienza la nueva etapa de su carrera con ‘Denisse’
Alicia Nieto

Aunque la historia pública de RRRomeo se remonta a hace poco más de un año, cuando la artista estrenó ‘Tomás’, sencillo donde también colaboró con Empress Of. “Fue como un pequeño gimmick de lo que podía llegar a ser este álbum”, reveló la autora del proyecto. El sencillo tiene un sonido marcado por un conjunto de sintetizadores deliciosos que establecieron la pauta para lo que sería esta nueva faceta de Girl Ultra como proyecto artístico. 

Si ‘Tomás’ salió primero, ¿por qué esta nueva etapa comienza con ‘Denisse’? “Creo que es la canción que se sale más un poco de la narrativa, del romance, de la fricción y del erotismo del disco”, responde Girl Ultra. “Me pareció lindo reabrir esta conversación de Girl Ultra con este tema, que es honesto, que es crudo y también es tal vez lo más uplifting que he escrito en mi vida”. 

A pesar de que RRRomeo es el resultado de cinco años de trabajo, únicamente estará conformado por ocho temas, lo que requirió de un proceso de selección y depuración riguroso marcado por el crecimiento y la madurez de Girl Ultra como artista. “Creo que viene con la edad y con la seguridad que uno se gana trabajando y cagándola. De repente hay temas allá afuera que todos tenemos que dices, ‘Uy, igual me lo hubiera ahorrado’”, dice. 

El primer álbum de Girl Ultra fue lanzado hace casi diez años y con cada nuevo material se nota una evolución en su sonido, producción y composición. “Como intérprete, uno siempre va a ser rejego y un cantante siempre va a cantar mejor al día siguiente, así que era un reto escuchar. Hay ciertas cosas que se encapsulan en el demo, ciertas cosas infantiles que yo no pude replicar porque hace cinco años mi voz sonaba más infantil. Siento que ahora ya tengo voz de mujer, de treintona. Es chistoso. Es como sentarte contigo más joven en un cuarto y decir, ‘A ver, esto se queda, esto se va’. Es una conversación abierta”, cuenta la mexicana. 

Alicia Nieto

“Es un disco corto pero son canciones largas. Hay más historia dentro de cada canción”, revela la artista. Puede que un artista tenga cariño por las piezas que compone, pero eso no significa que todas funcionen de la misma forma. En este caso, Girl Ultra priorizó que todo fuera en función del álbum y no para recibir buenas críticas, sino para que ella misma pudiera disfrutar de todo el proyecto. “Me encantan los discos que te dan el factor replay. Creo que eso es algo que he notado en todos mis materiales”, comparte. “Y esto no lo hago por la gente, lo hago por mí como escucha, que de repente encuentro una cohesión de este universo y nada le sobra, nada le falta”. 

Este nuevo disco verá colaboraciones con distintos artistas, siendo quizá la más llamativa junto a Buscabulla. “Son uno de los proyectos pop latinoamericanos más consistentes que he escuchado desde que era más chica. Y en este disco dije, ‘Quiero tener dos de esas voces que he admirado desde hace tantos años del pop’”, menciona la artista. “Quería hacer este homenaje a esta época de autoconocimiento entrando en la música y estas voces”, añade. 

Al igual que blush, este nuevo álbum gira alrededor de un mismo concepto. “Es una exploración fetichista de los ochentas, del erotismo en el sonido, de la oscuridad del pop”, externa Mariana. “Es un disco muy sexual, pero a la vez es sugerente, no es explícito, como todas estas canciones de Daniela Romo, de Yuri, donde te sugieren un acto, pero no está pintado. Para mí esto era la exploración máxima”. 

Esto se ve reflejado en la portada, donde la cantautora aparece besándose con un chico. “La intimidad de un beso, de ver a alguien besándose, es algo complicado de compartir. Quería encapsular eso. Un beso para siempre con una persona en un vinilo, me parece algo para la posteridad igual”, revela. 

Alicia Nieto

Siguiendo con esta idea, el sonido de RRRomeo se vio influenciado por la música de la época, aunque sin perder esa esencia experimental que caracteriza a Girl Ultra. “Hay temas en los que se crea un dancefloor que dura cinco minutos; que surge del gusto por el puente instrumental de antes, que duran un minuto entero sin que nadie cante y se construye un universo sonoro. Son cosas que no me permitía blush, que en RRRomeo dije, ‘Tengo 30 años, puedo hacer que mi canción dure 15 minutos si quiero’”, comparte. 

Y es que la experimentación y evolución sónica constante son fundamentales en el desarrollo de su carrera. “Siempre he visto a Girl Ultra como un espacio de vanguardia y de exploración sonora. Creo que con los años he entendido que en Girl Ultra me puedo permitir hacer un género y darle un giro a donde yo quiera. Las posibilidades son infinitas”, externa. 

Aunque, a pesar de su sonido y estética, lo que promete definir a RRRomeo es un llamado de Girl Ultra a la audiencia; una invitación a volver al romance de antaño y experimentar esas aventuras que cada día se ven menos. “Que traigan el romance de vuelta, que se besuqueen en todos lados. Yo quiero que eso vuelva. El romance se murió hace rato, así que quiero que este disco traiga eso; que reviva a todos los románticos de esta ciudad y del mundo”, finaliza. 

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Después de crecer frente a millones de espectadores como Mike Wheeler en Stranger Things, Finn Wolfhard atraviesa un momento de reinvención. Lejos de quedarse atrapado en el fenómeno que marcó su adolescencia, el artista canadiense ha encontrado en la música un espacio para explorar quién es ahora: un lugar donde las guitarras, la vulnerabilidad y la espontaneidad hablan por él.

Con Fire From The Hip, Wolfhard abraza una nueva etapa creativa impulsada por el instinto y la libertad. Entre influencias del country, americana y el rock and roll clásico, el álbum captura la energía de una banda tocando en vivo y la urgencia de crear sin esperar el momento perfecto. En conversación con ROLLING STONE en Español, el músico reflexiona sobre crecer bajo la mirada pública, producir sus propias canciones y la importancia de seguir evolucionando.

Entonces, ¿qué has estado haciendo estos días?

Todo bien, he estado ocupadísimo con este mi álbum (Fire From The Hip) que saldrá pronto. Así que le he estado dedicando harta energía y también volví a mi casa en Vancouver (British Columbia, Canadá), que es donde vivo la mayor parte del año cuando no estoy haciendo otras cosas. He estado intentando relajarme antes de mi tour, en realidad.

Escuché tu álbum y ¡me gustó mucho!

Gracias, gracias

Tiene un sonido cálido, muy honesto y orgánico. ¿Por qué crees que este fue el momento indicado para hacer Fire From The Hip?

Creo que fue esa energía insólita que absorbí cuando estaba en tour el año pasado con mi banda, fue un viaje espectacular… y tenía estas canciones y decía “oigan, deberíamos tocar este nuevo tema en vivo por la noche, ya saben, para intentarlo a ver que pasa”, una canción inédita, ¿sabes?

Todos tenían buenas vibras al respecto y pienso que tenían ideas muy chéveres para el show, decíamos “¡Uy, le deberíamos añadir esto!”, o también “¡de pronto lo toque así!”. Se sintió muy… orgánico, muy bien, o sea, sentí que esta gente, los que tocan para mi banda (The Slaps) se integraron de tal manera que hizo clic en el momento.

Además, había querido sacar un disco hace resto, porque, para mi primer álbum, Happy Birthday, tuve que esperar un año y medio para publicarlo por qué estábamos en la espera de que saliera Stranger Things para darle el tratamiento del tour y compartirlo con la prensa.

En esa época escribí varias de las canciones para Fire From The Hip porque estaba que me escribía un nuevo álbum. Así que, apenas capturamos esa buena energía entre nosotros, queríamos continuar con eso. Lo grabamos rapidísimo, fue un cambio tremendo, lo grabamos al inicio del año y ahora está que sale en el verano (el álbum sale el viernes 10 de julio). Así que siento que tengo mucha suerte por todo esto por qué usualmente se demora un año por lo menos para que salga al público.

¡Claro! Es muy bueno pasar por esta fase y sacarlo delante de una

Definitivamente, si todos tuvieran la oportunidad sería increíble; Fire From The Hip (Fuego Desde La Cadera en español) encapsula ese sentimiento de ir ¡YA!, y creo que el proceso de grabación refleja esa sensación. Estoy convencido de que muchas bandas anhelan sacar su música lo más instantáneo posible, por eso siento que tuve mucha suerte.

Increíble, ¿Descubriste algo nuevo sobre ti mismo mientras hacías este álbum?

Sin duda, pienso que producir un disco cuando estás solo o tienes un equipo pequeño de personas o algo por el estilo te deja ser sincero y ser vulnerable emocionalmente. Por ejemplo, coproduje mi primer álbum con mi amigo Kai, y él… fue asombroso para trabajar, pero aprecio sobre todo la libertad que sentí al poder hablar de lo que quisiera con Kai. Cuando no sabía qué hacer, simplemente le preguntaba y lo sacábamos adelante.

Obvio, con este récord, tuve la opinión y ayuda de muchos amigos a los que les podía hablar, pero esta vez quería aprender de mí como alguien que es capaz de ser un productor individual. Siento que tenía muy clara la meta en cuanto al sonido que estaba construyendo. Sentí que pude confiar en mi intuición, en mis referencias, en cómo quería que sonara la percusión, cosas así.

Me di cuenta de que adoro ver a la gente expresarse y tocar lo que deseen. Entonces quería encontrar ese balance colaborativo entre lo que la banda quería y los límites que veía necesarios para lo que quiero de mi álbum. Fue un proceso de aprendizaje, o sea, produje muchas de las piezas que toqué con mi anterior banda, The Aubreys, aprendí mucho, pero la diferencia es gigante cuando se trata de un estudio más grande y desafiante que en mis proyectos más pequeños.

Dijiste que habías encontrado tu sonido y siento que exploras muchos géneros musicales en el álbum, pero aún existe un sonido coherente que amarra la experiencia.

Esa es la evidencia del trabajo de mi ingeniero y mezclador, Andrew Humphrey, quien es brillante y ha hecho algunos de mis discos de rock and roll favoritos, de verdad sabe como amarrar el sonido de un proyecto y en la mezcla, la mezcla es clave.

Creo que mucho del sonido del récord refleja nuestras relaciones y la gente que estuvo ahí mismo, lo que sentíamos en el momento, por ejemplo, grabamos muchas de las canciones en vivo y también nos aseguramos de darnos nuestra libertad sin que se saliera de control para que el álbum fuera coherente. Todos estábamos en la misma página, sabíamos lo que queríamos hacer y eso fue una gran ayuda porque nadie estaba perdido.

En cuanto a la producción, siempre que terminábamos una canción, escuchábamos la anterior para saber si aún seguíamos esa línea sónica similar entre cada una. No queríamos añadir cosas solo porque queríamos, sino también por lo que eso contribuía a la canción para que tenga sentido dentro de la canción.

Además, el álbum no tiene tantos instrumentos, sigue siendo muy simple, eso me gustó, no estaba sobredimensionado (over-engineered).

Sí, claro, exacto

Finn Wolfhard: “Ya no soy ese niño, soy un adulto intentando encontrar significado en mi vida”

Hablemos acerca de algunas de las canciones… A mí me gustó mucho ‘Light Goes Down’ ¿Qué nos puedes contar acerca de ese tema?

Esa canción… la hemos tocado en tour durante un largo tiempo, esa probablemente fue la primera, la que estableció el tono “country side” del álbum por qué… creo que Rand, el guitarrista, a pesar de que no toca country, tiene esa vibra americana llena de alma y pasión cuando toca la guitarra. Y escuchamos mucho country viejito, tipo, Uncle Tupelo o, aunque admito que no es tan country, Tom Petty, escuchamos todas esas bandas, como Grateful Dead, esa vibra country/americana que he querido tocar hace mucho tiempo y en esta canción encontré una ventana de oportunidad para realizar ese deseo.

Fue divertido crearla por la letra y por las referencias que pude insertar de la cultura pop. En pocas palabras, es una canción acerca de mí yendo a ver Batman, el de Robert Pattinson… La he vuelto a ver, me gusta mucho, pero en ese momento en mi vida que fui a verla estaba deprimido y no sabía que estaba deprimido, así que cuando me estaba quedando dormido viéndola fue una señal que no me estaba sintiendo bien. En general hay referencias a películas y cosas así, pero en esta canción le doy un giro más cómico. Hay un optimismo ahí, pero pues…

También me gustó ‘Oscilloscope’, es muy bonita.

¡Uy gracias!

Esa es la canción que tiene más de los “Slaps” (la banda que acompaña a Finn), tiene esa influencia muy marcada. También estábamos hablando de, por ejemplo, de Minutemen, canciones que tienen estos aspectos más rápidos y excéntricos. Por eso me encanta esa canción. Gracias.

Muchas personas te descubrieron cuando eras mucho más joven, ¿de qué manera crees que tu música permite que otros te conozcan como eres ahora?

Creo que fue una gran manera de mostrarle al mundo como… quien soy yo ahora, ¿sabes? Y siento que eso es lo más chévere de tener la posibilidad de hacer estos proyectos.  Da miedo publicar o lanzar algo porque, cuando sale, se queda ahí para siempre, pero también hace estas dos cosas, donde trabajas para que se sepa en el futuro mientras vives en el presente.

Este álbum significa mostrar quien soy en este momento en mi vida y eso es precioso por qué pues… a final de cuentas siempre seré ese chico de la serie (Stranger Things) y pienso que fue increíble y me alegra serlo, pero al mismo tiempo, me alegra saber que, para mi desarrollo y mi salud, puedo demostrar que he crecido y que en varios aspectos ya no soy ese niño. Quiero que sepan que soy un adulto que está intentando encontrar el significado en su vida y que le apasiona hacer música, así que ha sido muy lindo… Además, aprecio poder ver hacia atrás y darme cuenta de cómo me sentía en ese periodo de mi vida.

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Hace dos años, House of Vans Ciudad de México organizó un concurso para elegir a una de las bandas que participaría en su ya conocido Bazar de Bandas que toma lugar en el Parque Bicentenario. Entre los proyectos independientes que se presentaron aquella noche, destacó la presencia escénica de Gael Briones —mejor conocido como Galo Barker— un compositor, productor y músico multi instrumentista nacido en Puebla, México, que acababa de presentar su segundo EP, DEMOKID

Aquella noche, Galo se llevó la victoria del concurso y, semanas después, se presentó en el mismo escenario que Juanpalitoschinos durante el festival. A partir de ahí, muchos de los asistentes lograron descubrir una de las propuestas artísticas mexicanas independientes más interesantes de los últimos años. Pues, con apenas 23 años, se caracteriza por construir desde el riesgo, sin miedo a explorar y experimentar en su sonido, creando nuevas propuestas dentro de la escena musical. 

Aunque muchos lo conocieron a partir de DEMOKID, su camino comenzó tres años antes con Dead of Blue Bird, un EP completamente en inglés donde predominaban las influencias del indie alternativo y el R&B, con una propuesta mucho más cercana al rock que la que desarrolla actualmente. Desde entonces, su música ha evolucionado sin perder esa curiosidad por mezclar géneros y reinventar su sonido. Paralelamente, trabaja de tiempo completo como productor musical, colaborando principalmente con artistas emergentes originarios de Puebla, una faceta que también ha moldeado su forma de entender la música.

Después de DEMOKID continuó lanzando sencillos que eran tan buenos, que parecían imposibles de superar, pero Galo siempre lograba hacer magia. Era una gran canción tras otra, como ‘X AQUÍ’, ‘UNNO’ y ‘NRML’. No fue hasta el 16 de octubre del año pasado, con el estreno de ‘SI T VAS’, que la cosa se comenzó a poner seria: Galo estaba preparando su (esperado) álbum debut. 

Entre reggae, rock, jazz, R&B, indie y mil géneros más sin etiqueta, sacó cuatro sencillos más, que terminarían formando parte de WOOF, lanzado el pasado 1 de julio de forma independiente. En este proyecto, Galo fungió como compositor, productor e intérprete de las 11 canciones que lo conforman, colaborando con Abu Barret en tres de ellas, y con SASH en una. Es por eso que, en ROLLING STONE en Español, nos reunimos con el artista para descubrir que hay detrás de la mente creativa de Galo Barker, el camino que lo llevó a WOOF y la filosofía que ha construido alrededor de su música.

Primero que nada, ¿quién es Galo Barker?

Soy un músico y productor. Tuve este acercamiento a la música desde muy morrillo y, poco a poco, alrededor de Galo se ha construido una comunidad de músicos en Puebla. Realmente, yo, Gael, siempre le doy crédito a toda la gente que se involucra en el proyecto. Entonces, creo que para mí el ser músico, el ser productor y todo eso, va de la mano con la gente que está apoyándonos y con la gente que se suma al proyecto. Yo diría que Galo es como el conjunto de todas estas experiencias, personas y, en especial, obviamente, la música.

La música ha estado bien presente en mi vida desde bien temprana edad, no conozco otra cosa. Más bien, no hay algo más grande, fuera de la gente, que la música. Es esa combinación de cosillas que hay, de rock and roll, de latino, de todo un poco. Siento que me gusta ser bien diverso y, principalmente, me gusta mucho poder estar en el escenario, poder estar en la música y poder estar con los panas. Siento que esto me ha permitido ser yo cada vez más y conocerme más.

Mencionas que la música te ha acompañado desde que estabas muy chiquito. ¿Cómo inició ese acercamiento con todo este lado más musical y artístico tuyo? ¿Y cómo pasó a iniciar el proyecto musical de “Galo Barker”?

Mi bisabuela era soprano, cantaba ópera; mi abuela paterna también toca la guitarra; mi tía, mi papá… Por ese lado de la familia, muchos han tenido acercamiento con la música. Desde muy chiquito crecí con jazz, blues y rock. Mi papá siempre me mostró mucha música. Por el otro lado, mi mamá es muy versátil; le encanta la cumbia, el rock, le gusta de todo. Ella siempre me impulsó porque, por ejemplo, a mí no me gustaba ir a clases de música y ella me obligaba. Era como: “Tienes que ir a clases de música” y, obviamente, a la fecha es algo que le agradezco.

Yo iba a estudiar zoología, no música. Me encantan los animales, trabajé en un rancho como cuatro años. Cuando eres joven y no tienes idea de lo que es la industria musical, tienes todas estas barreras de “yo no puedo estudiar esto porque no voy a comer”, por eso mi primera opción fue otra cosa. En la pandemia me compré una interfaz de audio para grabar música en la computadora. Ya hacía música y grababa con mi celular, pero nada estructurado. Fue en ese lapso cuando empecé a grabar muchísima música: cuatro o cinco rolas a la semana. No sabía nada de producción ni de audio, pero las ganas de hacerlo te llevan a buscar cómo. YouTube fue mi maestro.

Mi mamá escuchó las rolas que había hecho y me dijo: “Pues están chidas tus rolas, pero aquí no va a pasar nada. Tienes que salir a tocar, tienes que sacarlas. La artisteada es cuando eres morro y tienes que darle full o nada”. Entonces empecé a hacer mis portadas, pagué la distribuidora para Spotify y en pandemia saqué mi primer EP. Todavía cantaba en inglés. De ahí decidí estudiar Producción Musical. Al entrar a esa carrera me di cuenta del amplísimo mundo que es la industria musical. No solo tienes que ser un rockstar o una superestrella; puedes ser mánager, productor. Desde ahí supe que eso era lo que quería hacer. El primer paso es subir tu música y compartirla con la gente.

Artistas que debes conocer: Galo Barker
Cortesía

Después de ese EP sale DEMOKID. Ahorita, escuchándote, me doy cuenta que haces muchas referencias a todo lo que te pasó, porque también hay una canción donde dices que ya no cantas en inglés.

Es chistoso porque cuando entré a esta universidad de música, realmente en mi entorno no había músicos, y Puebla es un estado donde, en ese momento, todavía carecía mucho de proyectos independientes. Casi todo lo que había aquí eran bandas de covers y cosas así; no había mucha gente haciendo música. Actualmente sí, pero en ese entonces no. Entrando a esta escuela fue que empecé a conocer muchos músicos, y ellos me empezaron a enseñar música en español. Topa que yo en la prepa iba a las fiestas y me gustaba mucho el reguetón y el Rels B, pero era algo que yo no consumía. Yo en la prepa era el más fan de los Rolling Stones.

Entonces, estos panas de la universidad me empezaron a enseñar música en español y lo que era el urbano actual. Recuerdo que escuché a ‘BAD BITCH’ de Ca7riel, mucho antes del Tiny Desk y fue justo mi referencia más dura para DEMOKID. De ahí me empecé a empapar de este urbano en español, medio alternativo, medio funky, y el producto fue como esta sátira de “yo nunca he sido rapero, pero me gusta hacer música”. Entonces, de ahí nació todo este concepto. La neta no esperábamos que le fuera tan chido. Justamente fue el primer proyecto en español y todo fue sucediendo como a veces tiene que pasar. Nos abrió muchas puertas y estamos muy, muy agradecidos con ese EP, que nos hizo conocer a bandita chida.

Ay, es padrísimo. A mí me encanta. ¿Lo hiciste cuando seguías en la universidad?

Sí, justo. Fue en mis años de la uni. De hecho, hasta aproveché y lo entregué para varios proyectos.

¿Y qué te dijeron tus profes?

Que estaba chido. De hecho, justo en mi proyecto de titulación, cagadamente, un profe me dijo: “Está chido, pero está muy acá, muy alternativo”. Y yo era como de “No, profe…”.

No entiende la vibra.

Sí, fue esta exploración de escribir en español, porque también, la neta, creas o no, es mucho más difícil el español que el inglés cuando sabes inglés. Porque, si te pones a analizar un poco la música, muchas veces el mensaje en inglés es bien vacío, ¿sabes? O cualquier cosa se escucha bien. En cambio, el español, gramaticalmente, es más difícil de rimar y de que diga algo chido. Fue un salto bien abrupto, pero también bien chido. Obviamente, en la uni aprendí un poquito más de ingeniería y salió chido, la neta. Lo aprecio mucho. Al inicio no lo iba a sacar.

¿En serio DEMOKID no iba a salir? ¿Cómo fue que decidiste sí sacarlo?

Fue más un tema de que ya había hecho casi todo, y creo que muchas veces, como músicos y como personas en general, nos gana el orgullo. Como dicen, tú eres tu peor enemigo. Entonces, siempre nuestros juicios ante lo que hacemos son muy duros. Algo que he aprendido, y de hecho con este disco que acaba de salir creo que es lo que más he aprendido, es que la música es un proceso. Yo en ese momento perseguía la canción perfecta, para mí era de que tenía que darle a la rola. No tanto que fuera un hit ni nada, sino algo que me llenara. Pero no entendía que apenas estaba en el proceso de buscar y de saber quién era.

A la mera hora de escucharlo, para mí no estaba chido. Pero ya habíamos hecho fotos, ya medio había hecho portadas y, unas dos semanas antes, dije “ya no lo voy a subir”. Mis panas me dijeron “Estás, güey, súbelo, está chido”. Y pasó lo que tenía que pasar. Me hubiera arrepentido mucho de no haberlo subido.

Y retomando lo del lenguaje, creo que algo que define mucho tu música, es la manera en la que escribes tus canciones. Tienes un lenguaje muy relajado, muy natural, muy Galo. ¿Cómo logras crear esa narrativa o ese lenguaje en tus propias canciones?

Yo soy productor. Realmente llevo ya dos años produciendo a mucha banda, entonces muchas veces te apoyas de los procesos de las demás personas y, obviamente, eso lo implemento en lo que hago. Considero que a lo mejor lo que ayuda a que se sientan, como dices, relajadas o sueltas, es que en especial, DEMOKID era una etapa de soltura y diversión. Tenía muchas ganas de hacer algo así porque venía del indie, que era más chill. También sirvió mucho porque DEMOKID sucedió durante el transcurso en que empecé a tocar en vivo. Yo nunca había tocado en vivo y, la neta, el en vivo escaló súper rápido. Nuestro tercer show fue en Sala Forum, que es de los foros ya un poquito chidos de aquí de Puebla, y fue mucha gente. Entonces, el escenario también me enseñó sobre la energía de la música, de cómo se transmite y de la importancia de transmitir. Porque siento que yo pensaba mucho en el sonido. 

Y el en vivo te baja a la realidad; es todo lo contrario. Es cómo logras hacer sentir a la gente con cómo suena tu música. Siento que eso también influyó en mi manera de soltarme. Me volví menos tímido, porque siempre he sido un poquito timidón. Entonces, creo que eso también ayudó al proceso de que sonara así.

Además DEMOKID te trajo a tocar aquí en la ciudad, que fue en el House of Vans, ¿no?

Justo, sí. También aquí en Puebla hay un festival. El festival más grande que pasa aquí es el Tecate Comuna. Y justo, en un concurso, logramos pasar y tocamos; abrimos el Tecate. Creo que fue nuestro cuarto show. Realmente DEMOKID fue algo que no iba a suceder y acabó siendo la puerta a todo. 

Ha sido un viaje. Y ahora pasemos a tu álbum debut, que está llegando dos o tres años después de ese EP. Cuéntanos de WOOF

Actualmente mi trabajo al cien por ciento es producir y mezclar para otros artistas. Cuando te gradúas empiezas a decir “ok, hay que comer, hay que chambear”, y así empecé a dedicarle más tiempo a las producciones, a producir otros artistas, y realmente me tomó casi año y medio en el que casi no hice nada mío. Sí toqué y todo, pero casi toda la música que trabajé era para otras personas, que fue algo muy bello y muy chido. Obviamente, todo suma. Pero sí llegó este punto donde dije: “fuck, necesito hacer música”. 

Este proceso también estuvo acompañado de que, justo por DEMOKID, nos cayó nuestra primera oferta grande de un label, que al final no tomamos por muchas cosas. Pero esta oferta era hacer un disco anual y desde ahí entró una chispita en mí de pensar en qué haría yo ahorita si tengo que hacer un disco. También, como artistas —bueno, personalmente yo—, siento que idealizamos mucho la idea de un primer disco. Que tiene que ser un hit o grabado en estudios carísimos. Y, chistosamente, todo este año de producir y de conectar un poquito más con la música me hizo entender que cuando más me la estaba pasando chido haciendo música era cuando esto era mi hobby, cuando no tenía nada de micrófonos, cuando no sabía nada.

Entonces, un poquito intenté hacer eso con el disco. Intenté recuperar parte de ese proceso, que fue un poco difícil. El disco no fue un concepto desde el principio. Yo diría que es más una recopilación de toda la exploración que tuve musicalmente durante un año, más o menos. Exploré rock, exploré rap, exploré de todo, porque no me gusta encasillarme en un género. También creo que todos los temas son muy personales. Honestamente, siento que este disco sí cambió muchas cosas en mi cabeza. Me volvió un poquito más hippie, de que no se trata tanto de la rola perfecta. 

Sí siento que hay rolas del disco que todavía estuvieron en esa etapa de mi vida donde yo buscaba construir un castillote o un coro súper legendario. Pero pienso mucho que los artistas ya no somos dueños de nuestras rolas. Una vez que las sacas, las canciones son de la gente. Entonces, tampoco está chido privar a la gente de algo que le pueda gustar. Así que el disco, en sí, es este proceso personal de entender por qué estoy aquí y por qué hago lo que hago.

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Me parece muy simpático lo que compartes de la disquera porque justo hay una línea en DEMOKID que dice “¿Quién quiere grabarle un disco a este morro sin carrera?”. Y al final sí, ese mismo EP, te trajo a alguien que sí quería grabar un disco contigo.

Es una locura, ¿no? Cómo es la vida, cómo se va conectando.

Nos cuentas que has producido a distintos artistas. ¿Con quiénes has trabajado?

He trabajado con pura escena local de aquí de Puebla. Estoy trabajando ahorita con un chavo que se llama René Antonio, al que le está yendo muy bien. También estuve trabajando un año con Adrián Tlapa, que es un artista de aquí de Cholula que hace folklore mexicano y cosas prehispánicas.

Mariano Dev, que también es artista de Cholula. Es muy mi cuate. Trabajamos su primer disco junto con Abu. René y Alboroto también hay unas rolillas… Lily Ballester también es muy buena, aquí de Puebla. Mi intención también es que este año, a finales de agosto más o menos, quiero mudarme a Ciudad de México. Porque igual he conocido mucha banda estos últimos meses, tanto en línea como en persona. Bueno, ahorita un compa nuestro la está pegando bien chido, se llama Lucas Gael. Con él tuvimos ahí contacto en línea y vino a Puebla. Hicimos una rola que ya nunca salió.

También he platicado mucho con Big Sempa. Hay algunos proyectitos ahí que siento que les ha gustado, de cierta forma, lo que han visto que hemos hecho. Y, fuera de ser artista, mi intención también es que no importa si es un feat, si es una producción o si es una mezcla; mi intención realmente es poder compartir lo que hago y mi visión de la música con artistas que también me gusta mucho lo que hacen. Entonces, mi intención con esta mudanza, aparte del proyecto, es colaborar, porque allá está todo.

Es todo un mundo por acá. Ya casi para finalizar. ¿Por qué le pusiste WOOF a tu álbum?

Todo el concepto de los perritos, si lo vemos bien a fondo, no nace de algo súper guau. A mí, Galo, pues así me dicen de toda la vida. El Barker, honestamente, sí fue algo que me inventé hace muchos años, creo que cuando hice mi cuenta de Instagram. Me gustaba mucho esto de los labradores y así. Entonces pensé “ladrador = Barker”. De ahí salió ese nombre. Chistosamente, luego lo usé en Spotify y, desde mi primer EP, como yo hacía las portadas y todo eso, siempre metía perros porque me gustaban mucho. Poco a poco esa imagen del “woof” se fue aliando con el proyecto. Siento que terminó de amarrar cuando, en varios shows, yo usaba como intro unos perros que empezaban a ladrar, y la audiencia ya nos veía y nos ladraba. 

Siento que “woof” abarca el origen de todo. Acabó siendo la interacción con los fans, el como nos distinguían. Era de que “el Galo ladrador”, “el guau guau”. Y eso también me llevó a recordar que mi primer loguito fue un perrillo. Después me alejé de eso porque justo DEMOKID era como un alter ego de rapero. WOOF fue regresar un poquito a quién somos.

Este proyecto también es un agradecimiento a toda la banda que ha estado ahí. Te digo, incluida tú. Al final, casi todas las oportunidades que hemos tenido han sido porque la gente nos apoya y porque la gente escucha la música y la disfruta. También es este agradecimiento a los woofs, que han estado ahí asentando las bases de dónde estábamos y por qué hacemos lo que hacemos.

¿Y qué sientes de que te estén igualando con Nsqk? ¿Has visto esos TikToks?

Sí. Lo que he visto es mucho esto de la nueva ola alternativa, que realmente es algo que yo vengo viendo desde hace mucho. Justo Nsqk fue de los primeros proyectos, junto con Yoshi, Jessy Baez, porque siento que el R&B realmente ya no es R&B. El R&B es otra cosa, porque el alternativo en México, después de venir de esta época del trap súper duro y del reguetón, se estancó ahí unos cuatro años. Obviamente iba a venir una ola bien disruptiva. Actualmente es bien difícil categorizar la música. Ya no puedes decir: “Esto es esto”, porque ya no hay géneros de la misma manera. Como todos tenemos computadoras y todos podemos hacer beats —que eso es algo súper chido—, ya no tienes que decir: “Soy rockero” o “soy rastafari”. Ya puedes hacer lo que quieras. Y si me gusta el reggae, puedo usar un poco de reggae; puedo usar un poco de funk. Eso se siente bien chido.

Yo siempre he pensado que, para mí, tiene mucho más peso aportar que crecer. Porque te puede gustar mucho el pop o algo más mainstream, pero al final siento que, como músicos y artistas, tenemos un deber, que es regresarle algo a la música. Y siento que la mejor manera de regresarle es darle algo nuevo. Plastikboy también es uno de los proyectos que me gusta muchísimo, porque siento que sí es esta nueva ola que está buscando algo bien nuevo. Se siente bien chido y agradezco mucho que nos consideren parte de esa ola que apenas va empezando. Obviamente, es algo que nos gustaría mucho. Y también, un día poder colaborar o algo.

Se vendrá Galo… lo manifestaremos. Y ya para acabar, ¿qué canción tuya le recomendarías a alguien para que conozca tu proyecto?

Podría ser ‘AUX4’. Es que, fuck, todas son diferentes. Pero del disco yo diría que puede ser esa o ‘SENSACIONES’. 

Más bien, mira, ya sé cuál va a ser: ‘trankilo’, porque tiene tres o cuatro géneros y es todo un trip. Esa podría ser la rola con la que actualmente diría “Con esta conecto”.

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Un día, cuando tenía 18 años, Lisa Cerati llegó del colegio, tomó prestado un teclado de su hermano y se encerró en su habitación con las luces apagadas con la intención manifiesta de escribir su primera canción. El resultado final de esa primera experiencia compositiva fue “Selva”, un trip-hop lento y atmosférico, con acordes que parecen evaporarse para abrirle paso a una voz fría y cautivante a la vez. Sin saberlo, el tema fue el punto de partida de su debut como solista, que firmó con los dos nombres que le eligieron sus padres: Lisa María.

“Para mí, este disco es un punto de llegada que reúne a muchas Lisas de distintos años, de las que por ahí ahora me siento muy distinta, pero tenía que atravesar para llegar a esto. Hay temas que tienen diez años y otros que tienen un mes, pero en todo estoy yo”, dice sobre el álbum que vio la luz el 1° de junio, un mes después de haber cumplido 30 años.

De alguna manera, con este disco Lisa continúa un mandato familiar presente en la obra de su padre, pero también por vía materna, la realizadora y DJ chilena Cecilia Amenábar. “Me llegó tarde la conexión musical tan en serio, pero vi el proceso desde siempre, en mi papá y también en mi hermano, él graba desde que tiene cinco años e hice coros en sus discos. Aprendí observando mucho a mi papá, y también a mi mamá, que tiene la colección de discos más grande que vi en mi vida, incluso más que la de él”, cuenta Lisa. Dentro de esa misma lectura, elegir presentarse con su nombre propio y prescindir de su apellido es un hecho artístico en sí mismo. “Nunca me gustó el Lisa solo, pero Lisa María siempre me pareció interesante porque María suele ir primero y mis papás lo dieron vuelta”, dice tras recordar que comparte apelativo con la hija de Elvis Presley. Luego, agrega: “Además, el trasfondo de la elección de mi nombre no es tan alucinante, es porque a mi hermano le gustaban Los Simpson, y soy María porque cuando nací me parecía a una abuela de mi mamá llamada así, arrugada como un bebé. Decidí usarlo porque me gusta llevarlo a mi mundo de creaciones”.

Lisa creció en una casa en la que el vínculo con la música trascendía las actividades de sus padres (“Era como tener mi propio Spotify”, dice al referirse a la cantidad de discos que tuvo a disposición desde mucho antes de que el streaming fuera siquiera una idea), y tardó en entender que su realidad era distinta a la de los demás. “Lo empecé a notar cuando iba al colegio, era como un bicho raro. Había momentos en los que sufría y quería que fuera todo normal, no quería que fuera todo un acontecimiento porque llegaba mi papá”, repasa sobre una infancia en la que el estímulo creativo era moneda corriente. “Todo el tiempo sentía mucha libertad, y hoy la agradezco un montón. Los dos siempre nos impulsaron a mi hermano y a mí a hacer cosas, a crear. Cuando hacía videoclips de chica, mi mamá me ayudaba filmando y después mi papá hacía presentaciones a sus amigos de todo lo que hacíamos, muy orgullosos los dos”, recuerda.

El destino inevitable de Lisa Cerati
(Foto: Ignacio Arnedo)

A pesar de contar con todo ese estímulo a disposición, Lisa tardó en seguir con el mandato familiar, al menos de manera directa, con incursiones en el diseño gráfico, la producción audiovisual, la conducción televisiva y la realización de videoclips, casi como un derrotero para llegar a un destino inevitable. “Desde chica me enfoqué en lo visual y estudié cine, aunque la música siempre estaba golpeando mi puerta, pero quizás más desde pensar una banda de sonido que acompañara lo que estaba haciendo”, dice sobre una situación que no forzó, sino que esperó que decantara por su propia naturaleza. “Tengo el recuerdo de ver a mi papá o a mi hermano haciendo música mientras yo hacía videoclips, hasta que un día me dije: ‘A ver si me siento a componer con lo que aprendí y lo que observé, a ver qué sale’”, cuenta sobre un camino que tambiénguió lo visual, con canciones inspiradas en colores, imágenes y texturas que se le venían a la mente.

Para grabar las nueve canciones de su álbum debut, Lisa recurrió a Estanislao López, productor clave del último lustro gracias a su trabajo con El Club Audiovisual, Buenos Vampiros, Mujer Cebra y El Nota, y que decidió ficharla para su sello propio, Hora Cero Records. “Empezamos a trabajar poquito antes de la pandemia, a finales de 2019. Ella me mostró unos demos y cuando los escuché me encantaron las letras y las melodías, sentí que tenía una sensibilidad muy especial”, explica López. De a poco, la dupla empezó a revisar maquetas para luego reformularlas en un plano sonoro distinto, un ejercicio que ganó celeridad en el último año. “Forjamos una amistad y me sentí cómoda al ver qué pensaba de esas canciones alguien además de mí, me dio empuje para tomármelo en serio”, explica Lisa.

La primera muestra de esta etapa asomó a mediados del año pasado con “(Solo aire)”, un pop electrónico de pulso amable que ofició como carta de presentación ante un público nuevo. Le siguieron otros dos singles, “Sentimental” y “A mi nube”, pero la idea de disco todavía aparecía como algo lejano hasta que llegó José Fogwill, conocido por su trabajo junto a Marttein, Nathy Peluso y Fito Páez, que la ayudó a redondear el universo visual detrás de Lisa María. “Le escribí y me ayudó muchísimo, me leyó de afuera. El disco tiene unos visualizers que tienen mucho peso conceptual, que era lo que le faltaba al rompecabezas, sobre en cuanto a mi personaje y a los colores”, explica acerca de la elección detrás del rojo carmesí profundo que domina la tapa del disco y también la paleta de colores del clip de “Demente”, en lo que fue su primera experiencia frente al lente.

Aunque en su acompañamiento visual pueda estar interpretando un rol, las canciones de Lisa María son todas narradas en primera persona, casi como una bitácora privada en clave dream pop en lo que fue más un impulso que una decisión planificada. “Salió de una necesidad de hablar, de decir algo, de salir. Tenía que llegar a ese momento para conectar con el mundo y sanar una parte de mí de esta manera, recién lo estoy experimentando”, cuenta antes de reconocer que el proceso fue también una manera de hacerse cargo de lo que enunciaba hacia el afuera.

“Sentía que la música ya hablaba por sí sola, entonces las letras me salían siempre en inglés. De hecho, en ‘Lava Flow’ dejé el estribillo así porque me gustaba esa frase y era imposible de pasar al castellano, pero a los demás temas tuve que cambiarlos porque siento que era un escudo, algo medio despersonalizado, y esto es lo más para afuera. Las letras hablan mucho de los vínculos, conmigo misma y con otros. Es como una terapia o una doble terapia; ahora que saqué todo eso me siento en un lugar mucho más liviano para lo que sigue”, analiza.

La origin story de Lisa María puede rastrearse hace más de una década y media. En 2009, una Lisa de 13 años y un Benito de 16 publicaron Forever Michael, un álbum homenaje al Rey del Pop, con producción y arreglos a cargo de papá Gustavo. Con el paso de los años, su hermano fue un modelo de conducta y también una fuente de consulta por su experiencia al frente de Zero Kill y también con su faceta en solitario. “Hoy en día estamos mucho más parecidos que en otros momentos, siento que antes él era muy barroco a la hora de componer, y yo me sentía muy lejana a eso, porque me considero simple. De hecho, la mayoría de los temas son dos acordes y construyo en base a eso”, dice antes de deslizar una nueva fantasía para homenajear a su ídolo: “Nada me gustaría más que hacer algo juntos, estamos en la misma frecuencia. Mi sueño sería hacer con él algo tipo ‘Scream’ (el single que grabaron juntos Michael y Janet Jackson en 1995) y reírnos de los haters”.

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El Nota, Máze y Gaby Caniza recomiendan discos, libros y películas

La nueva edición de Sonido Konex vuelve a reunir proyectos que entienden la música como un espacio de exploración constante. El próximo jueves 9 de julio, el ciclo recibirá a El Nota, Máze y Gaby Caniza, tres artistas que, desde universos sonoros muy distintos, construyen canciones atravesadas por la experimentación, la sensibilidad y una marcada […]

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Hace dos décadas, después de años siendo parte de Zurdok y Vaquero, Chetes decidió emprender su propio camino al lanzar Blanco Fácil, su primer disco como solista. A pesar del paso el tiempo, el álbum sigue sintiéndose actual gracias a su sonido y letras atemporales, así como a la fuerte conexión que todavía tiene con el público, tanto con aquellos que escucharon el proyecto cuando se estrenó como nuevas generaciones que lo han adoptado hasta apropiarse de él. 

Para celebrar estos 20 años de Blanco Fácil, el cantautor regiomontano reestrenó el material con todas sus canciones remasterizadas y cuatro versiones nuevas de algunos de sus temas más icónicos junto a grandes voces del panorama musical actual: Majo Aguilar, Natalia Jiménez, Denisse Guerrero y Vivir Quintana. 

En el marco de la celebración, Chetes se reunió con ROLLING STONE en Español para hablar sobre lo que significó el disco para su carrera, recordar cómo escribió algunos de sus mayores éxitos, compartir cómo logró reconectar con su versión de hace 20 años en esta nueva etapa y mucho más. 

¿Qué significa Blanco Fácil para la carrera de Chetes?

Es un disco que cambió todo realmente. Es mi primer disco de solista y me dio mucho éxito comercial y también éxito en cuanto a crítica. Cambió muchísimo mi carrera porque antes de eso yo venía de Zurdok, que es un grupo que en su momento no fue tan entendido. Empezó a agarrar un poco más de fans con el paso del tiempo. Pero en ese momento, cuando estaba haciendo Blanco Fácil, Zurdok apenas empezaba a conectar con los fans.

Blanco Fácil fue un álbum que por primera vez llegó mucho más lejos, incluso a otros países. La música conectó de forma contundente en cuanto a radio, en cuanto a lo que causó en la calle, en el mundo real. Se sentía que la gente conectaba con las canciones y de forma inmediata se sintió que fue muy bien recibido. 

No es que estuviera nervioso en el momento de sacarlo, sí sentía que era un blanco fácil, por eso le puse así al disco. Sentía que iba a ser criticado porque venía de Zurdok y de Vaquero. Es más común hoy en día, pero en ese entonces era raro ver solistas que también estuvieran en bandas.

Fue un antes y después, realmente. Me pude expresar realmente como lo que soy, con temas más personales, errores, más directo y más enfocado a la música que me gusta a mí, la música que me gustaba en ese entonces. Es un disco muy personal. 

El sonido del álbum es muy distinto al de Zurdok y Vaquero. ¿Cómo surgen estas ganas de explorar géneros diferentes a los que tocabas en estos dos proyectos?

Fue el hambre de explorar, de querer hacer cosas nuevas. Me acuerdo que, por ejemplo, una rola que se llama ‘Poco A Poco’, que fue una de las más importantes del disco, la propuse para Vaquero, pero no encajaba muy bien. 

Yo venía con otras influencias también. En ese entonces estaba escuchando mucho a Electric Light Orchestra, el disco Zoom, y quería hacer algo similar, melódico, y ya no encajaba mucho con Vaquero. También tenía otra canción que había hecho para una película y que no se usó, ‘El Sonido De Tu Voz’, que era en formato de trío y después grabé con arreglo de mariachi. Como era un disco de solista, decía, “Ya puedo realmente expresar lo que quiero sin discutirlo con otros integrantes de mariachi”. 

En sí estaba en un momento muy padre. Estaba por casarme también y estaba a punto de comenzar mi vida ya como adulto. Fue un disco que me cambió, que tenía muy buena vibra y esperanza. 

Blanco Fácil: un recordatorio de por qué Chetes hace música 
Fotografía de Chetes en 2006 (Cortesía)

Hablando de ‘El Sonido De Tu Voz’, creo que cuando la gente vio tu disco solista, nunca se imaginó que fuera a tener una canción con esos arreglos de mariachi y donde las trompetas tuvieran un papel principal. ¿Cómo fue el proceso para componerla?

Era para una película que no me acuerdo cómo se llamaba, pero estaba involucrado en el proyecto John Leguizamo. Estaba aquí en Monterrey hablando con varias bandas. No me acuerdo cómo era el proyecto, pero era una rola tipo mexicana. De hecho lo conocí. Vino a Monterrey y fue al ensayo de Vaquero. Después hice la canción y no se usó.

Ya cuando estaba haciendo Blanco Fácil, me faltaban rolas para el disco. Dije, “Tengo esta canción que no se usó para la película”, y la agarré. Dije, “Ahora la voy a explotar, la voy a hacer todavía más grande”, y fue cuando hablé con Potro Farías, que en paz descanse. Dije, “A ver si me ayuda a hacer un arreglo de mariachi”, y le gustó mucho la idea. 

Siempre me gusta tener una rola que se salga un poquito del concepto general del álbum para que sea una especie de sorpresa y esta rola cumplía con eso. Después, ya que salió el disco, sí fue algo polémica porque muchos fans me decían, “¿Qué te crees? ¿Te crees Luis Miguel?” Mucha gente no entendía lo que estaba haciendo, pero con el paso del tiempo fue agarrando público y ahora se convirtió en una de las canciones más escuchadas del disco y me da mucho gusto porque yo creo que es distinta pero bonita.

Y ahora salió una nueva versión que tiene a Majo Aguilar como invitada. ¿Cómo surge esta idea de incorporarla?

Cuando estábamos por relanzar Blanco Fácil, estábamos pensando qué más podíamos hacer y salió la idea de hacer unas nuevas versiones de algunos temas. Como ya conocía a Majo de hace un par de años y he venido siguiendo su carrera —y también como fan de cómo canta—, decidí invitarla. Le mandé la rola, le gustó mucho y de ahí se armó esa conexión para hacerla. 

Después, ya que hicimos la mezcla, salió la idea de invitar a más chicas porque en esos días me empezó a seguir Natalia Jiménez. Dije, “Qué buena onda que me empiece a seguir, le voy a escribir a ver si le parece la idea de grabar ‘Completamente’”. Le gustó, y dije, “Sería bueno que fueran puras chicas para que sea diferente el sonido de estas versiones”.

Fue una cosa muy natural y realmente creo que todo se dio porque encaja muy bien con la música que se está haciendo en México hoy en día, donde es mucho más aceptado hacer este nuevo mariachi combinado con otras cosas. Es una mezcla diferente y creo que queda muy bien. 

Cortesía

Y el público de todas las chicas que forman parte de la reedición del disco —Vivir Quintana, Natalia Jiménez, Majo Aguilar y Denisse Guerrero—, es muy distinto al tuyo. ¿Sientes que, a raíz de estas nuevas versiones, más gente se ha acercado a tu música?

Creo que sí porque cuando pensamos en esta estrategia para relanzar Blanco Fácil de forma digna y que estuvieran contentos los fans originales, también estaba buscando ese tipo de duetos que me llevan a otro público y creo que se logró muy bien porque lo están escuchando muchísimo. Eso me indica que una nueva generación está conectando con el álbum. 

Muchas felicidades por el éxito que ha logrado el disco. ¿Cómo fue el proceso de grabación de estos nuevos duetos? ¿Regrabaste algo o trabajaron sobre las pistas originales?

No regrabé nada. Quería que fuera el mismo sonido para darle gusto a los fans, pero sí quería incorporar a estas cantantes y remezclar las rolas, darles un balance distinto, más moderno. Pero no regrabé nada. La idea era hacer esta remasterizada en alta definición, que tuviera más cuerpo, que tuviera más impacto, sin cambiar la esencia original del disco. En este caso, pueden escuchar la original y pueden escuchar esta versión nueva. 

Después de dos décadas, el disco sigue conectando muy fuerte tanto con la gente que lo escuchó en su momento como con nuevas generaciones que lo comienzan a adoptar. ¿Qué es lo que crees que ha hecho que la gente se mantenga tan conectada con este proyecto? 

Creo que se debe a varias cosas. Una es que los temas son universales, que hablan del amor, del desamor, de buena vibra, de cosas personales, temas con los que la gente se puede sentir conectada, como ‘Completamente’, que es una rola que aspira a que uno se acepte a como es y no estarse quejando de los defectos. Creo que la gente se puede identificar con eso. O en una rola como ‘Regresa’, que habla del desamor, de estar esperando a que regrese esa persona querida o alguien que falleció. O ‘Camino A Casa’, que es sobre querer regresar a tus raíces.

A su vez, creo que está producido en una forma muy clásica. No está saturado de efectos o sonidos digitales. Está todo interpretado con puro instrumento real en el estudio. Todo es totalmente natural y esos tipos de sonidos tienden a no envejecer. Ese tipo de decisiones que se tomaron en ese momento creo que le ayudaron mucho a que, con el paso del tiempo, siga sonando actual. 

Ahora que hablabas de ‘Completamente’, es sin duda el sencillo por excelencia del proyecto y la canción que la gente más ha escuchado. ¿Te acuerdas de cómo surgió?

Estaba haciendo los demos y era mucho más tranquilo. Era una balada con un piano y es una de las rolas que ya no tuve tiempo de producir tanto. Al principio, la hice como una balada con piano y, para mí, era una canción más. Me acuerdo cuando la compuse y se me hacía que era una buena rola, que estaba bonita. No se me hizo tan importante en ese momento, pero cuando se la enseñé a la disquera, me dijeron, “Esta rola es un sencillo”, y se la enseñaba amigos y me decían que era la más comercial, y nada más decía, “¡Qué chido!”, pero no me daba cuenta.  

Todo el mundo le daba importancia, pero para mí era una canción más. Pero empezamos a probarla de diferentes maneras: más rápida, más rockera, más lenta, más balada, y se llegó a un punto medio. Fue una buena combinación. 

Es una rola que, de alguna forma, es comercial, pero tiene muchos tonos y cambia a cada rato. No es el sencillo que uno esperaría. Fue una de las últimas canciones que hice para el álbum y es una de mis rolas más queridas, no tanto porque me gusta a mí sino porque conectó con la gente. 

Fotografía de Chetes en 2006 (Cortesía)

Cuando salió este disco, tenías 26 años. El público con el que conectó en aquel entonces también era bastante joven. Pasaron dos décadas y tanto tú como tu audiencia han madurado juntos. ¿Crees que para tu público ha cambiado el significado de alguna de las canciones del disco?

Yo creo que sí, uno va encontrando el diferente significado de las cosas. Creo que la esencia permanece, pero siempre las rolas tienden a tomar otro sentido con el paso del tiempo. Y creo que por eso es bueno dejar que no sean tan directas, que sean un poco más abiertas para que puedan tomar un rumbo distinto. 

Todo va cambiando de significado y obviamente todos vamos creciendo y vamos a aprendiendo muchísimo en la vida. Pero, de alguna forma, siento que esa parte del niño interno sigue en mí, me sigo sintiendo igual, por eso sigo conectando con esos temas. Hay rolas muy inocentes, como una rola que se llama ‘Se Fue El Dolor, que tiene una parte que dice, “Dale a tu propia vida / Un poco de alegría / Más vale tu sonrisa / Que todo lo que digas”. Y hay de repente cosas muy tiernas en el disco, que ahorita igual y no tiraría por ese camino.

Estaba bonito saber que en ese entonces estaba pensando de esa manera y que todo lo veía de una forma un poquito más optimista, por decirlo así. Pero sigo siendo algo optimista todavía, inocente y por eso conecto con el álbum. 

Todos vamos cambiando y la idea con la música es hacer que conecte buena vibra y que sea para todo el público, para gente más grande, para gente joven y para todo tipo de público.

Volviste a escuchar todas estas canciones y con ello reviviste recuerdos, memorias, lo que estabas pensando en esa época. ¿Cómo fue ese proceso de volver a conectar con el Chetes de hace 20 años?

Sigo tocando en vivo muchas de esas rolas en vivo y nunca las he dejado de tocar porque la gente las pide muchísimo. Hay álbumes en los que haces la gira y de pronto ya terminas tocando después una o dos rolas nada más. Pero Blanco Fácil siempre ha estado en mi repertorio y ha sido un disco que ha estado muy cercano a mí siempre. 

Obviamente te echas un clavado en esa época y te da mucha nostalgia al ver cómo estabas en ese entonces y te transportas a ese momento y vuelves a experimentar lo que sentías. Es muy bonito, pero creo que lo que está padre de esto es que realmente tengo la fortuna de siempre haber hecho la música que a mí me gusta y que es mía. De alguna manera sigo conectando con eso. Todo lo que está ahí es parte de mí. Esa parte nunca se fue y es exactamente lo que estaba sintiendo en ese momento.

El paso del tiempo es algo que siempre ha estado en mí y en mis rolas. Siempre he sido muy nostálgico en ese sentido. Veo fotos viejas y me emociono mucho, hasta lloro.

Cortesía

También el público ha tenido oportunidad de reconectar con este disco. ¿Qué te han dicho sobre el relanzamiento?

Veo muchísimo entusiasmo. Me habían estado preguntando muchísimo, “¿Cuándo lo vas a relanzar?”, y ahorita me llegan fotos todos los días de gente con el disco, las tornamesas girando y con la portada. Me encanta ver eso, que la gente  se toma el tiempo de primero comprarlo y de escucharlo y luego tomarle fotos y compartirlo. Es algo muy bonito porque uno hace la música precisamente para tratar de que tenga una conexión con alguien y que no sea olvidada; que no sea algo que se esfuma en el aire. Y el ver cómo la gente aprecia tu trabajo y que lo tienen guardado en sus casas en formato físico, en vinilo y que la gente lo sigue escuchando también en plataformas es algo increíble para mí. Es mi mayor premio. 

Me gustaría aprovechar esta oportunidad para preguntarte por tu futuro. ¿Qué sigue en la carrera de Chetes?

Estoy muy prendido con varios proyectos. Este año lancé música para una película que se llama Sobriedad, me estás matando, que estuvo en los cines y ahora está en plataformas. Ya estoy trabajando también en componer el nuevo disco, con música nueva, tengo también por ahí y varias propuestas de producir otros artistas. También vienen por ahí varios proyectos con mis bandas anteriores, Zurdok y Vaquero.

Me encanta hacer música, me encanta estar activo haciendo lo que me gusta, así que estoy agradecido con la gente que me sigue apoyando y que sigue estando atenta a lo que estoy haciendo y haciendo todo esto posible para que pueda seguir haciendo lo que me gusta. 

Al haber estado este último tiempo reviviendo todas estas memorias y teniendo tan presente lo que fue Blanco Fácil, ¿crees que el sonido de este álbum debut va a influenciar estas nuevas rolas?

Le diste en el clavo porque justo eso sucede cuando tú te empapas, por ejemplo, con el espíritu de Blanco Fácil. Lo primero que pensé es que estaría bien chido regresar a grabar a Nashville. Ya hablé con Ken Coomer, el productor que hizo este álbum y Efecto Dominó y tenemos la intención de volver a trabajar juntos. Obviamente eso no es que queramos hacer Blanco Fácil 2, sino que queremos reconectar con estas cosas chidas. 

Me siento como con el mismo espíritu con el que me sentía cuando hice Blanco Fácil y sí influye todo. Me siento reconectado con ese momento. A veces uno se olvida de quién es. No es que te olvides de dónde vienes, sino que hay demasiada información en lo que estás haciendo, así que es padre también revisitar el pasado, ver tus raíces y reconectar con esa parte tuya para encaminarte a lo que eres. En este caso, siento que me sirvió mucho reconectar con Blanco Fácil para recordar por qué hago esto. 

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