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La palabra extraño es un adjetivo interesante. Proviene del latín extraneus, que originalmente hacía referencia a aquello que estaba “fuera”, que era externo, ajeno o extranjero. La RAE lo entiende como “sorprendente o raro”. Raro, por su parte, suele utilizarse con una connotación negativa, aunque el Diccionario de la lengua española propone otra visión: se refiere también a algo “extraordinario, poco común o infrecuente”. Es precisamente esa palabra con la que STRANGEHUMAN describe su propuesta musical, y pocas definiciones parecen encajar tan bien con ella.

STRANGEHUMAN no busca encajar
Cortesía

Nacido en Santiago de Chile, Maximiliano Valenzuela, antes conocido como Max Valenzuela y ahora STRANGEHUMAN —o Nova, según a quién se le pregunte—, comenzó a ganar notoriedad siendo adolescente gracias a la red social Musical.ly —ahora TikTok—, donde sus videos haciendo lip sync y bailes comenzaron a acumular millones de reproducciones y seguidores. Su llegada a las redes estuvo acompañada por apariciones en televisión y eventos, convirtiéndolo, con apenas 13 años, en uno de los primeros fenómenos digitales de su país y de la región.

Sin embargo, la intención de dedicarse a la música no llegó después de la fama. Al contrario, desde muy joven Max tenía como objetivo encaminarse hacia este mundo. “Desde que era niño siempre quise hacer música. Esa fue siempre mi meta, solamente que no tenía los recursos cuando recién empecé para poder grabar. No tenía dinero para ir a los estudios porque, bueno, vengo de una familia bastante común. Todos estos gastos no estaban contemplados para mis padres”, explica. Ante la imposibilidad de comenzar, el chileno tomó la decisión firme de hacerse “famoso” como fuera, sin importar “dar cringe”.

Pero la música que Max imaginaba para sí mismo tampoco apareció de la nada. En el camino fue acumulando referencias de lugares muy distintos. “Cuando empecé con la transición de Max Valenzuela a STRANGEHUMAN, A$AP Rocky fue de mis influencias más importantes. La manera en la que se viste, la confianza que tenía, sus canciones. Incluso el nombre STRANGEHUMAN proviene de uno de sus temas. Ese tipo me inspiró demasiado”, dice, refiriéndose al tema ‘Sandman’ (Permanent bling my tooth is, yeah, I’m a strange human).

A él se sumaron después XXXTentacion, Frank Ocean —su principal inspiración musical en el último tiempo—, Lil Wayne y Drake —o como lo llama el chileno entre risas, el “papá”—, mientras que buena parte de sus influencias más tempranas llegaron desde su casa. Su madre, cuenta, escuchaba Depeche Mode, Nirvana, Amy Winehouse y Sade, mientras él crecía también escuchando corrientes más alternativas del rock y el pop. Esa mezcla terminó convirtiéndose en una suerte de archivo sonoro desde el que comenzó a construir su propia identidad. “Estoy muy inspirado por un montón de cosas”, concluye.

Aunque su recorrido terminó llevándolo de la creación de contenido a la música y la composición, Nova no considera que esto haya implicado necesariamente una transformación de su persona. “Siento que hasta el día de hoy no transiciono por completo porque, al final, sí, a la gente le gusta mi música, pero a muchas personas les gusta mi corazón, mi carisma y, en general, la manera en la que soy. El influencer tiene mucho de eso, de mostrarse tal cual es. No busco tampoco transicionar ni encasillarme en ser un cantante. Me expreso a través de todo: así como en un TikTok o en cómo me visto, en lo que canto […]. Ya las cosas van tan pegadas que no me gustaría encasillarme”, comparte.

Cortesía

Después de varios años construyendo una identidad propia entre las redes, la música y un universo de influencias tan amplio como el suyo, y luego de llamar la atención con proyectos como METAMORFOSIS, STRANGEHUMAN llegó este 2026 a AÚN NO HE TERMINADO, uno de los momentos más personales de su recorrido. El álbum nació durante un periodo en el que Max se sentía estancado y profundamente frustrado, y terminó convirtiéndose en una forma de procesar aquello que llevaba dentro.

El proyecto comenzó a tomar forma entre finales de 2024 y comienzos de 2025, aunque en un principio no tenía una dirección demasiado definida. Max empezó a grabar canciones, dejó varias fuera y se permitió experimentar con distintos registros. Esa libertad también está presente en la primera parte del álbum, donde, según cuenta, buscó simplemente divertirse con la música. “Hay canciones donde se nota que yo lo estoy pasando increíble. Me salen barras que quizás no son tan profundas, pero sentía que también era parte del proceso. Divertirme con la música, hablar y de todo”.

La dirección de este trabajo discográfico, sin embargo, terminó apareciendo casi por accidente. El cantante se dio cuenta de que había un patrón que atravesaba el proceso: las canciones no estaban terminadas, los másteres tampoco y, en general, siempre quedaba algo pendiente. La coincidencia se hizo evidente cuando, a pocos días de la entrega del álbum, su mánager le recordó que debía terminar aquello que había dejado a medias. “Me acuerdo perfectamente que faltaba como una semana para entregarlo y mi mánager me dice: ‘No puedes pasarte esta fecha, tienen que entregarlo, ponte a terminar lo que no has terminado’. Y, hermano, ese es el nombre del álbum, ¿entiendes?”.

El disco está dividido en dos partes. Si la primera mitad nació desde la diversión, la segunda encontró un lugar mucho más íntimo. Allí aparecen las cosas que Max quería decir y que le dolían, aquellas que había ido guardando y que encontró en la música una forma de soltar. “A veces igual siento que hago música por lo mismo, o sea, porque me duele. Soy sensible, me afectan las cosas y la única manera a veces de botarlas es a través de la música”, explica. Así, su segundo LP terminó convirtiéndose también en un ejercicio de vulnerabilidad. “Sentía que quería botar todo”, dice. Y, quizá por eso, la dirección que el álbum no tenía al comienzo terminó apareciendo de manera orgánica.

Entre las colaboraciones del álbum destaca ‘SUSTANCIAS EN MI CORAZÓN’, junto a DannyLux. La canción nació casi por casualidad, durante un viaje a Miami en el que ambos coincidieron en medio de distintos eventos. Max cuenta que no conocía personalmente a Danny hasta que el cantante se acercó a saludarlo en un after party. Después de intercambiar sus redes y escuchar más de su música, la conexión fue inmediata. “Le dije: ‘Hermano, veámonos porque me encanta lo que haces’. […] Creo que como a la semana, dos semanas por ahí, pero en un corto plazo yo le mandé este tema con un primer verso y me dijo: ‘Hermano, me encanta’, y me mandó su verso el mismo día, de una”.

La colaboración no se quedó en el estudio. Ambos terminaron cantando la canción en distintos escenarios y grabaron su videoclip en Miami. Para Nova, además, el encuentro trascendió lo musical. “Conocí a la familia de Danny. Al igual que él, son un amor. Ese chico es especial”.

El mexicoamericano es quizás el más reconocido entre los invitados de AÚN NO HE TERMINADO, pero el disco también reúne a nombres como suei y COSMIC KID, pertenecientes a una generación de artistas emergentes con los que Max comparte una relación cercana. “A mí se me hace que suei es de los mejores de habla hispana”, revela sobre el venezolano. “El tipo sabe demasiado de música, domina muy bien su sonido y cuando hicimos ese tema, él tenía claro lo que quería. Lo grabó de una, no escribió nada. Improvisó”. Del argentino, en cambio, no necesita muchas palabras para describir su conexión. Le basta con decir que “es mi hermano” para dejar claro su vínculo casi familiar.

Esa cercanía parece ser, en realidad, uno de los criterios más importantes para el chileno a la hora de compartir una canción. Más que buscar colaboraciones por el peso de un nombre o por lo que puedan aportar a una estrategia determinada, valora que exista un vínculo genuino con quienes participan en su música. “Más allá de haber colaborado, son personas con las que hablo por videollamada y nos preguntamos cómo estamos. Mantenemos una amistad linda y harto respeto. Siento que eso tiene mucho valor, más que la colaboración en sí”.

Esa importancia de la conexión personal también se extiende a la escena de la que forma parte. Aunque reconoce que no se siente completamente integrado al circuito chileno —en parte porque su carrera se ha desarrollado lejos de su país—, sigue de cerca a los artistas que están construyendo nuevas propuestas. “Me encanta la escena chilena. No me siento tan parte, pero no es porque no quiera, sino porque no estoy aquí. Las cosas han salido como han salido y es parte del proceso”. Entre sus nombres cercanos menciona a sus paisanos IcyCold, Brokenstar y lolosuelto, a quienes considera sus hermanos, además de destacar el talento que existe actualmente en el reguetón y el trap chileno.

Esa mirada se extiende más allá de su país. Max encuentra referencias en distintas escenas latinoamericanas: Little Boogie y Doly Flackko en Argentina; Latin Mafia y legallyrxxx en México; y Big Soto, Underaiki y suei en Venezuela. Más que identificar una única escena de la que se nutra artísticamente, parece encontrar inspiración en distintos lugares y, sobre todo, en las personas que tiene cerca.

Quizás esa amplitud explique también por qué encuentra tanto valor en una camada que parece menos interesada en responder a las categorías tradicionales de la industria. Para Nova, la nueva música no nace de la necesidad de pertenecer a un género. “Yo creo que los chicos no quieren encajar. Los chicos hacen lo que hacen porque les gusta, y ya. Siento que eso es lo lindo de la música de las personas que mencioné: es pura y honesta. Es un buen recordatorio de la razón por la que empezaste en esto. Creo que se nos olvida a veces porque empezamos en esto”.

Esa misma convicción parece extenderse a la manera en que STRANGEHUMAN enfrenta la mirada externa. Aunque el medio y el público puedan ejercer presión, Max asegura que ha aprendido a no dejar que las opiniones ajenas determinen cómo se siente consigo mismo. “No me importa lo que los demás piensen, en verdad. Y no lo digo desde la arrogancia, lo digo desde mi salud mental, desde querer estar bien y no estar pensando en esto”.

Su seguridad, explica, también nace de reconocerse a sí mismo y de tener cerca aquello que considera realmente importante. “Me gusta pensar que me conozco lo suficiente y que los demás no lo hacen. Soy muy seguro de mí mismo y, te repito, tengo a Dios, tengo a mi familia, tengo salud y hago lo que me gusta. Todo lo demás es una bendición”.

La relación con Dios ocupa, precisamente, un lugar importante dentro de esa forma de entender su vida. El cantante aclara que no se considera una persona religiosa, aunque su vínculo con la espiritualidad existe desde niño, cuando asistió durante varios años a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Con el tiempo se alejó de la institución, pero no de su fe. “Creo que mi comunicación con Dios es más directa. Siempre ha estado presente”.

Esa conexión adquirió un significado distinto durante los últimos años. Las dificultades que atravesó las interpreta como parte de un proceso que todavía está aprendiendo a comprender. “Todo lo que me ha pasado siento que no es casualidad. […] Si Dios me ha puesto todas estas barreras y todas estas pruebas, es para que yo las supere, porque lo que le pedí a él es grande y no me lo va a dar así como así”.

Para Max, incluso aquello que parece contradictorio puede formar parte de ese proceso. “Cuando le pedí paz, me envió caos; cuando le pedí trabajo, me dejó sin trabajo”, cuenta. Más que entenderlo como un castigo, encuentra en esas experiencias una forma de preparación para aquello que espera conseguir.

El siguiente capítulo de STRANGEHUMAN ya comenzó a escribirse sobre los escenarios. El pasado 5 de agosto, Max dio inicio a su gira por Latinoamérica en el Club Ámbar de Santiago, en una noche que tuvo un significado especial por ser el punto de partida en su propio país. “Fue muy nostálgico, muy lindo, una experiencia hermosa. En verdad estaba toda mi familia, estaban todos mis amigos y me sentí muy cómodo, me sentía en casa”, cuenta sobre ese primer concierto. 

Desde allí, el recorrido continuó por Perú, Colombia y Guatemala. Ahora, Max se prepara para cerrar el recorrido en su segunda patria, México, donde concretó dos sold outs

La gira llega mientras Nova comienza a mirar más allá de AÚN NO HE TERMINADO. Después del álbum, Max ha publicado los sencillos ‘Airdrop’ y ‘BOOMERANG’, aunque, al menos por ahora, no parece tener demasiado interés en definir cuál será el siguiente movimiento de su proyecto. “Creo que estoy un poco a la deriva y eso me gusta. Solo quería sacarla. Sentía que era el mensaje que quería dar”, explica sobre ‘Airdrop’.

Detrás de la canción hay, además, una búsqueda espiritual que parece prolongar algunas de las inquietudes que atravesaron su último álbum. “A pesar de que empieza con ‘Too many hoes’, va más por el lado de empezar a pedirle una señal a Dios. Que me hable. Eso me hace sentir súper bien”. El tema ya encontró un lugar en los conciertos de esta nueva etapa: “Cuando la canté ayer fue un momento muy lindo y dije: ‘Bien ahí’”.

Más que anunciar una dirección concreta, Max prefiere dejar abierta la pregunta sobre qué vendrá después. “Esta canción me encanta. Creo que ahora voy a empezar a pensar en qué es lo que quiero decir y qué historia quiero contar”.

Por ahora, esa incertidumbre parece ser parte de la propia propuesta. Con una gira a punto de terminar, dos nuevos sencillos y un proyecto que todavía se resiste a ser encasillado, STRANGEHUMAN no parece tener demasiado interés en adelantar el próximo paso. Cuando le pregunto qué pueden esperar sus seguidores para lo que queda del año, responde: “Muy inesperado. Desearía que no esperen nada, que se sorprendan”.

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“’La Espina’ habla de ese lado B que existe detrás de las cosas que más amamos y de los sacrificios que muchas veces hacemos para perseguir aquello que nos define”, explica Daniela Spalla sobre su sencillo más reciente y la canción que fija el amanecer de una nueva era en su carrera. “La compuse hace dos años más o menos, y bueno, después de la experiencia de haber sacado un disco a dúo el año pasado, el regresar ahora a las canciones solistas se siente muy especial porque las historias que cuento sola son distintas”.

El dúo al que Daniela se refiere es al que compuso de la mano de Esteman en 2025, una de las parejas más relevantes del pop latino. De esta colaboración nació Amorío, un disco que mezcla perfectamente ambos estilos y que llevó el junte a otro nivel, con giras locales e internacionales y un sold out en el Palacio de los Deportes de Ciudad de México. 

Para Spalla, este fue uno de los periodos más exitosos de su vida artística, una etapa que comenzó en 2024 con una presentación en el Auditorio Nacional ante 10 mil personas y la explosión de ‘Lejos de la Ciudad’, tema que se convirtió en uno de los hits virales más importantes de ese año, alcanzando el Top Viral de Spotify en más de 18 países y los primeros lugares de los charts en México y Latinoamérica. 

Sin embargo, esa expansión repentina y, hasta cierto punto fuera de su control, llevó a Daniela al límite mental, sintiéndose constantemente culpable por no poder disfrutar de ese éxito por el que tanto había luchado. Fue en ese contexto donde ‘La Espina’ nació y la cantante encontró una forma de asimilar lo que estaba ocurriendo en su vida profesional y personal.

Un año después, durante sus vacaciones en Argentina, exactamente en Córdoba —lugar donde creció—, sumó a esos sentimientos preguntas sobre su origen e identidad, marcadas profundamente por la relación que tenía con su familia, el tiempo que llevaba lejos de su patria —equivalente ya al tiempo que pasó en ella— y el desarraigo. Fue ahí donde, en medio del folklore argentino, comenzó a trabajar en nueva música pensada para que, al terminar su colaboración con el cantante colombiano, el mundo viera una parte de ella que nunca había exteriorizado. Su proyecto más personal.  

En medio del comienzo de su nueva etapa, Daniela Spalla tuvo una charla con ROLLING STONE en Español donde habló, como no, de este nuevo trabajo discográfico, pero también sobre su relación con México, casi una segunda patria para ella; el tiempo que pasó trabajando hombro a hombro con Esteman; la relación con su tierra natal, entre muchas otras cosas.

‘La Espina’ marca el inicio de una nueva etapa para Daniela Spalla
Pampa Aramburu

Más adelante te voy a preguntar cositas específicas sobre ‘La Espina’ y este álbum que viene en camino, pero antes me gustaría ir un poco atrás, y es que desde tu primer disco, Ahora vienen por nosotros, hasta Amorío, junto a Esteman, creo que se percibe una evolución muy clara tanto en tu sonido como en las letras que escribes y tu manera de componer. ¿Cómo has ido construyendo y fortaleciendo tu identidad artística a lo largo de todos estos proyectos?

Lo he hecho siempre por una inquietud. Siempre llega un punto en que me empiezo a aburrir de lo que estoy haciendo y hay cosas nuevas que me están influenciando, inquietudes nuevas de las que quiero hablar en las letras, o historias nuevas que me empiezan a atravesar. La evolución siempre ha venido por ahí, desde un lado de necesidad muy genuina y sin buscarlo tanto. Es más como una cosa natural que empiezo a sentir.

Viéndolo en perspectiva y a la distancia, siento que el cambio más notorio puede haber llegado entre Camas separadas (2018), que fue mi segundo disco, y Ahora vienen por nosotros, que fue el primero. Yo creo que ese fue el cambio más notorio porque en 2018 empecé a escribir de una manera un poco más abierta, con los sentimientos un poquito más a flor de piel y sin tanto miedo de que la gente supiera lo que me pasaba. Por el contrario, quería contarle a la gente por medio de mis canciones que sentía y que pensaba.

Creo que esa fue la transformación más grande. A partir de ahí, con esa premisa de poner de la manera más directa y auténtica lo que me pasaba, bueno, se fue nutriendo la música según cada etapa de mi vida.

Cuando hablas sobre expresar tus sentimientos y pensamientos más abiertamente, quizás es algo complicado en una industria que busca constantemente éxitos virales o canciones más superficiales. ¿Qué desafíos te supone ahora, y te supuso durante tu carrera, mantener este enfoque en tus letras?

Si bien es cierto lo que mencionás sobre los éxitos virales o cierta exigencia que pueda haber en la industria, también a mí la industria y el mismo público me demostraron que cuanto más genuino y personal era lo que yo contaba, más se identificaba la gente con mis letras. Eso es algo que puede contra cualquier medición, contra cualquier número. 

Incluso, cualquier canción que tiene la capacidad de llegarle a las personas, de llegarle a un público grande, tiene una cuota de autenticidad, porque la gente tampoco es tonta y se da cuenta. La gente quiere conectar con historias, quiere sentirse representada.

También me llama mucho la atención tu relación con México. ¿Sientes que vivir ahí y nutrirte de la cultura del país ha enriquecido tu forma de crear?

100%. De hecho, cuando te hablaba del cambio entre mi primer y segundo disco, el suceso más importante en ese cambio fue que me mudé a México y, con la mudanza, creo que llegó una clase de relajación. 

Yo no sé si acá pude inventarme una nueva versión mía, pero creo que hay un poco de eso. Uno se muda de ciudad, de país, para empezar de cero, y ese empezar de cero te da la oportunidad de reinventarte, de ir ajustando los niveles de tu personalidad según lo que quieras. Al final, como nadie te conoce, nadie te va a decir “qué cambiada estás”. Entonces, ese cantar sobre mis sentimientos de una manera más directa tiene mucho que ver con mi mudanza a México.

Acá yo me sentí muy bien recibida, me sentí abrazada por la gente, y vi cómo la gente también estaba muy en contacto con sus sentimientos. La música mexicana hace un culto al sentimiento, a ese corazón desgarrado, y justo me tocó atravesar una historia de mucho desgarro emocional en esa época en la que escribí Camas separadas. El disco salió así y fueron varias cosas que sucedieron en el mismo momento, que coincidieron. A partir de ahí aprendí que podía escribir de una forma que para mí era muy terapéutica, muy catártica, y que el público conectaba con eso.

¿Qué contrastes y qué similitudes encuentras entre la cultura argentina y la mexicana?

Ambos son pueblos muy musicales, con una tradición musical muy extensa e importante. Son pueblos muy orgullosos de su cultura y eso es maravilloso porque, tanto el pueblo argentino como el pueblo mexicano, cuando llega alguien de afuera, quieren hacerte parte, quieren mostrarte esa cultura, quieren compartirla. 

En cuanto a los contrastes, la comida obviamente es muy distinta. También estos elementos de la canción desgarradora tienen mucha más presencia que en Argentina, donde quizás las letras son un poquito más herméticas, más sensoriales. Esas son las cosas en las que siempre he pensado porque es lo que me compete, ¿no? La música.

¿Hay algún plato que extrañes de Argentina? 

Es muy simple y básico, pero extraño mucho la calabaza. Acá solamente la encuentro en octubre. En Argentina está todo el año y es muy común ver en las casas, no sé, puré de calabaza, sopa de calabaza o tarta de calabaza. Siempre me gustó de chica pero acá solo la encuentro en octubre. 

También este último año has tenido la oportunidad de trabajar de la mano de Esteman, lanzando Amorío y emprendiendo giras tanto dentro como fuera de México, como la que comenzarán en octubre por Estados Unidos. ¿Cómo nació esta colaboración entre ustedes y qué has aprendido durante esta etapa? 

Yo creo que nació de una manera muy natural, realmente. Vimos que a la gente le gustó mucho ‘Te alejas más de mí’, y a partir de ese tema empezamos a invitarnos a cantar en cada show que teníamos y comenzó a surgir, un poco como chiste y después más en serio, la idea de hacer algo juntos. Creo que primero estuvo la intención de hacer una gira y después surgió la idea de hacer un álbum, Amorío, que le dio un mejor marco y un enfoque más artístico al junte.

Para mí ha sido muy gratificante sobre todo la parte de la composición, del trabajo en el estudio y de la preparación de los conciertos. Eso ha sido para mí muy enriquecedor y lo hemos hablado también en muchas entrevistas y en distintos videos que compartimos en redes como parte de la despedida, porque es un proyecto que ya terminó. Nos queda la gira de Estados Unidos para octubre y noviembre, pero bueno, en esos videos de despedida hablamos mucho de las cosas que vamos a extrañar del otro. 

¿Hay algún momento de todo este proceso en el que sientas que haberlo vivido juntos les ayudó a fortalecer su relación?

Sí, yo creo que sí, sin duda. Creo que los viajes nos unieron mucho. Ahí tuvimos una convivencia que, de otra forma, no hubiéramos tenido. También la preparación de la gira y la preparación del show, que lo estrenamos en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México el año pasado. Fue súper desafiante porque fue aprender a compartir el foco de atención, aprender a compartir la toma de decisiones estando cada uno tan acostumbrado a hacer las cosas de manera individual. Fue un proceso muy interesante y desafiante al mismo tiempo, pero que nos unió muchísimo. 

Obviamente surgían muchas diferencias en las reuniones, y solo pudimos atravesar esos momentos uniéndonos más, conociéndonos más, manifestándole al otro que respetábamos lo que buscaba, que lo entendíamos y que estábamos en ese proceso, en ese proyecto de dúo, justamente para eso: para aprender del otro y de las formas del otro.

Ahora sí, entrando a ‘La Espina’ y a esta nueva era para tu carrera, algo que me gustó mucho fue la portada de este primer sencillo. En redes sociales compartiste que es una ilustración de una artista mexicana. ¿Cómo llegaste a conocer su trabajo y en qué momento sentiste que la obra que realizó capturaba exactamente lo que querías transmitir con el tema?

La artista en cuestión es Citlali Haro. Francisco Rondón, que es un colaborador mío y director creativo del proyecto desde hace ya mucho tiempo, me habló de ella y me dijo “¿cómo ves una portada que no sea una foto tuya, sino que sea una pieza de un artista?”. Al principio no estaba muy convencida porque realmente nunca había hecho una portada así. Entonces me mostró La Espina —que era una obra que ya existía— y me cerró todo.

En el momento en que la vi, me transmitió mucho. Sentí que tenía mucho que ver con la canción. Tenía esa intensidad, tenía como un dolor contenido pero expuesto, porque tiene un spotlight: la mano sosteniendo la espina, aferrándose a ella, de la que le está saliendo sangre, pero todo eso está iluminado por un seguidor ante un telón rojo, como estando en un escenario. Me hizo mucho sentido con la canción.

Me hablabas hace un momento de que esta composición ya tiene dos años. ¿Por qué decidiste guardarla en su momento y qué fue lo que te hizo sentir que tenía que salir ahora?

Lo que pasa es que esa canción salió cuando yo ya sabía que lo que seguía era Amorío, entonces era una de las canciones que yo estaba guardando para mi disco solista que sabía que iba a empezar una vez que se terminara esa etapa.

En verdad, para este nuevo disco escribí el 70-80% del álbum en diciembre y enero de este año, cuando me fui a pasar las vacaciones a la casa de mi familia en Córdoba. Ahí surgió todo el álbum, pero ‘La Espina’ era una canción que traía desde antes, que siempre me gustó mucho y que, a medida que yo iba escribiendo canciones, siempre seguía formando parte del repertorio. También fue una de las primeras que trabajamos en producción con Nico Cotton, y bueno, creo que lo que tienen estas primeras canciones es que marcan el camino. No siempre y no todas, pero muchas veces pasa, y con ‘La Espina’ pasó así: marcó el camino para el resto del disco y para el tipo de canciones que son más pop dentro del álbum.

Ahora que hablas del álbum en general y de cómo este primer sencillo marca el camino, no sé si me puedas comentar un poco más acerca del concepto o la idea que hay detrás de él.

El álbum surge de una pregunta que me empecé a hacer sobre mi origen y el lugar de donde soy. Nunca había hablado de eso en mi música. Es decir, siempre he dicho que soy de Argentina, pero nunca había puesto en mi música la relación con mi lugar de origen, con la familia, con la distancia de la familia, con el desarraigo. Nunca lo había contado y me surgió esta inquietud porque, cuando llegué a Córdoba a escribir, me di cuenta de que llevaba fuera la misma cantidad de tiempo que crecí en Córdoba. Eso me shockeó porque me llevó a preguntarme “¿de dónde soy? ¿Cuánto de mí queda de estos años que viví en Córdoba y cuánto de mí tiene que ver con el tiempo que llevo fuera?”. En ese limbo salieron muchas preguntas y muchas canciones.

‘La Espina’ justamente habla de esos sacrificios que yo he hecho por seguir mi camino, por seguir lo que quiero, que es la música. Cuando escribí la canción estaba en un momento muy mágico de mi proyecto. Estaban pasando cosas con las que siempre había soñado, pero también me sentía bastante agobiada por todo lo que estaba ocurriendo y no podía adaptarme a ese ritmo. De hecho, en medio de una sesión de composición me llaman porque tenía una entrevista. A mí se me había olvidado por completo, y yo soy una persona organizada, que tiene buena memoria, pero el momento me estaba superando.

Yo ahora lo relaciono con el dolor del crecimiento. ¿Viste cuando estás creciendo de chico, que te duelen los huesos cuando estás pegando el estirón? Fue un momento así para mí. En el 2024 pasaron cosas increíbles. Fue mi primera presentación en el Auditorio Nacional. Fue cuando una de mis canciones, ‘Lejos de la ciudad’, se volvió viral, lo que después me permitió trabajar con Camilo en una versión conjunta del tema. Era un estirón en mi música y la adaptación me costaba. Me daba mucha culpa también, porque al final no podía disfrutar del todo estas cosas increíbles que me estaban pasando. En medio de esos sentimientos escribí ‘La Espina’.

¿Qué cosas te estás atreviendo a hacer que quizás en tus proyectos anteriores no habías decidido explorar o que nunca te habías imaginado haciendo? Y, por otro lado, ¿qué elementos de tu forma de hacer música se mantienen a pesar de este cambio?

En el disco, por ejemplo, que tampoco es como que me “estoy atreviendo”, pero sí estamos explorando con metales. ‘La Espina’ tiene un arreglo de metales importante que le da muchísima intensidad a la instrumentación y al resultado final. Para este álbum también me estoy animando a trabajar con sonidos autóctonos.

Como hay muchas de estas preguntas sobre el origen, sobre de dónde soy, también hay instrumentos que remiten a eso. Por ejemplo, hay bandoneón, que igual esto es adelantar mucho, pero bueno, ahí hay unos elementos que también me conectan con mi tierra. Desde instrumentos hasta ritmos y estructuras de composición.

Otra cosa que me estoy animando a hacer, desde hace ya unos años, es a aceptar un poco más las fotos y los videos que grabamos. Siempre me ha costado mucho cuando me llega el primer corte de un video: no lo puedo ver. Si me lo mandan a la noche, prefiero no verlo, lo tengo que ver de día. Mucho drama. Pero ahora estoy tratando de aceptar lo que veo, aceptarme un poco más.

Pampa Aramburu

Y en cuanto a cosas que no han cambiado, yo creo que es la canción que va directo al sentimiento y que conecta desde el lado de la carencia. Me cuesta escribir sobre la plenitud. Escribo más sobre las cosas que faltan, sobre las cosas que me están doliendo, sobre las pérdidas. Eso sigue presente. He podido escribir canciones más desde la plenitud, como ‘Lejos de la ciudad’, pero aun así siento que le falta algo: la certeza. Es una pregunta hacia el otro. Es “¿qué vas a hacer el domingo?”. Creo que tengo una idea de lo que la otra persona puede llegar a responder, pero no está del todo explícito. Entonces, también es una canción desde la pregunta. No están todas las certezas. Creo que eso es lo que sigue. Lo que permanece.

Algo que siempre me gusta preguntar cuando los artistas están en un proceso de conectar con los ritmos de su país, que es tu caso ahora, es cómo se acercan a ellos, porque siempre hay lugares diferentes desde los que uno puede hacerlo. ¿Cuál fue tu caso?

Como te contaba, estaba en Córdoba escribiendo casi todo el disco. Eso me llevó a músicas y artistas que escuchaba cuando estaba estudiando piano. Hay una pianista argentina increíble que se llama Hilda Herrera. Ella ha hecho todo un camino de resaltar el folklore desde el piano, porque el folklore argentino siempre ha sido muy desde la guitarra, y su misión artística siempre fue aportar desde el piano. Me puse a escuchar mucho su música y a sacarla en el piano también, que yo soy mala para tocar a ese nivel el piano, pero al menos me sirvió para explorar a nivel armónico por dónde iban las canciones. 

A Mercedes Sosa también la escuché mucho. Fue recuperar el contacto con esa música que en un momento de mi vida me influenció mucho, que fue muy determinante en mi formación musical. El rock nacional de Argentina tiene artistas que han coqueteado mucho con el folklore y que lo han hecho de una manera muy natural.

Creo que Fito Páez es uno de los casos más notorios y más evidentes. Charly García, Calamaro con el tango se ha fusionado mucho. Esas fueron las cosas que escuché. Los discos de Fabiana Cantilo también, que tiene un pie en el pop, en cierta forma. Ella ha sido una artista que a mí, de chica, me inspiraba mucho porque casi que era la única artista mujer que yo veía en la televisión que hacía esa clase de canciones. Había otras, pero yo conectaba mucho con ella y ha sido una gran inspiración siempre.

Pampa Aramburu

Por el momento, Daniela prefiere mantener algunos detalles del proyecto bajo reserva, como los próximos sencillos que vendrán, la fecha de lanzamiento e incluso su nombre. Sin embargo, adelanta que este año llegará mucha más música y que verdaderamente no falta mucho tiempo para tener el álbum disponible en todas las plataformas.

Mientras ese momento llega, Daniela sabe que las historias que encontraremos en este disco vienen de un viaje muy personal, uno que seguramente, hace un tiempo, nadie la habría imaginado dispuesta a contar. “Es un disco que a mí me ha movilizado muchísimo escribirlo, entonces espero que ahora que le llegue a la gente pueda acompañarlos también en sus momentos de dudas y de preguntas”, concluye.

Ahora solo queda esperar su siguiente movimiento. Con una nueva etapa apenas comenzando y una historia que todavía tiene varias páginas por revelar, Spalla parece estar lista para descubrir, junto a su público, qué hay al otro lado de todas esas preguntas.

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Como si fuera la banda de sonido de una verbena, esas fiestas populares que son una tradición en las islas Canarias. Así pensó Pedro que quería que fuese el próximo disco de Quevedo, uno de sus apellidos devenido alter ego por el que el mundo entero lo conoce. Un álbum que gire en torno a su tierra, a sus raíces, a la música que escuchaba en las calles cuando era niño y todavía ni soñaba con convertirse en uno de los músicos españoles más escuchados del planeta. “Lo empecé a hacer hace casi un año y medio, en medio de la gira del disco anterior, viajando mucho y pasando mucho tiempo fuera de mi casa. En ese momento, por más que disfruté todo lo que hice, la verdad es que lo único que me apetecía era volver a mi isla, a Canarias, que es de donde soy yo”, dice Quevedo, en visita fugaz por el país, a dos meses de la salida de El Baifo, su tercer álbum de estudio. 

Quevedo: “A Duki lo siento como el líder del movimiento”
“Este disco es como volver a celebrar en casa. Es full Canarias”, dice Quevedo (Foto: Fernando Gutiérrez).

“Fue como un momento de añoranza de mi tierra, extrañaba volver a casa. Siento que en todos estos años desde que empecé mi carrera más a nivel grande, he podido estar poco tiempo, o menos del que me gustaría. Este álbum ha sido eso, como un momento de pararme a reflexionar y hacer música pensando en volver a casa y pensando en lo que quiero que suene ahí. Era una cosa de nostalgia, qué sé yo”. 

Días antes de la salida del álbum, en abril pasado, las redes de Quevedo invitaron misteriosamente a sus seguidores a que se acercaran a la playa de Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria, y llegada la noche anunció la salida de El Baifo a través de una decena de drones en el cielo, que formaron distintas figuras vinculadas con las islas y cerraron el evento con el nombre del disco y la fecha de lanzamiento. Un mimo para su primer público, el que lo vio crecer hasta el infinito y más allá.

Pero lo cierto es que El Baifo está concebido de manera conceptual desde su mismísimo nombre. Baifo se les llama en Canarias a las crías de las cabras. “Vivo en un archipiélago donde tocan el tambor. Y la gente se mueve en medio del Atlántico donde vivimos tú y yo. Donde sé que me quieren”, canta este joven de 24 años en el estribillo del tema que da nombre al disco, pero no son versos suyos, sino que los tomó prestados de “Vivo en un archipiélago”, una canción popular de la cultura canaria, compuesta por Moisés Patricio González Pérez y Manuel Negrín, mejor conocido como Pololo, una suerte de himno del archipiélago. 

“Este disco es como volver a celebrar en casa y está muy ligado a la festividad. Me lo imagino como lo que suena en una fiesta de pueblo. Tiene reggaetón, salsa, hay varios merengues. Es full Canarias, con las chácaras, los tambores y varios instrumentos de allí. Es volver a celebrar con mi gente y en mi casa todo lo que me ha pasado en mi carrera”. 

“Hoy se perrea, porque El Baifo está en casa”, canta en el primer tema del disco, “Está en casa”, mientras que en “Galdar” le rinde tributo a uno de los primeros pueblos aborígenes de las islas y el cierre es con “Hijo de volcán”, junto a la agrupación Los Gofiones, orquesta tradicional canaria, confiesa en plan autobiográfico: “Me contradigo todo el rato, pero me hace sentir vivo. Humilde y arrogante, pero las dos con motivo. Moriré esperando de mi padre un mensaje emotivo. Y de mi madre, algún cumplido que sea objetivo”. 

Un chico de pueblo convertido en apenas un par de años en fenómeno popular, que después de haberse mareado y golpeado de bruces contra el expansivo efecto de la fama y el éxito (tras el suceso global que significó la BZRP Music Sessions 52, en 2024 decidió alejarse de la vida pública durante un año, según confesó, para cuidar su “salud mental y física”), se refugia ahora en su hogar, mientras estudia e investiga sobre sus raíces y orígenes, para recuperar algo de aquel Pedro soñador de la infancia. 

“Leí sobre los guanches, que eran las tribus que estaban en Canarias antes de que llegaran los españoles, y sobre la conexión que existe entre nuestro pueblo y el Caribe y de ahí la identidad de nuestra música”, dice. “Canarias es un sitio donde ha pasado mucha gente y tiene una historia muy fuerte que ha influenciado mucho en nuestra cultura musical. Desde hace 500 años hemos sido un punto clave a la hora de entrar a los mercados en Europa y al mismo tiempo somos el punto más cercano a Latinoamérica y especialmente a Centroamérica. Eso hizo que al día de hoy seamos una mezcla de tantas cosas que nos hace únicos en cierto aspecto, multidimensionales. De ahí que sintamos también un montón de ritmos que por ahí son de afuera, como la salsa, que todos sabemos que es de Puerto Rico, o el merengue, de República Dominicana. En un punto los sentimos como nuestros y lo bueno es que muchos de los merengueros y salseros de allí, clásicos de siempre, han hecho conciertos supermultitudinarios en Canarias. Celia Cruz cantó para 400.000 personas en Tenerife, Juan Luis Guerra hizo lo mismo para 450.000 también. El otro día, hablando con Elvis Crespo, que canta en mi disco, él me contaba cosas de la historia de los guanches, que sabía por haber ido tantas veces allá. Yo tengo un padre peninsular, de Madrid, mi madre es canaria, de chico viví unos años en Brasil, o sea, he tenido una vida increíble que hizo que abrazara esa mezcla en todos los sentidos, en la música, en mi cultura, en lo que significa ser canario”.

La música latina parece pasar por un gran momento tanto en Europa como en los Estados Unidos, ¿cómo ves vos este fenómeno?

Para mí es increíble. O sea, al final yo he crecido escuchando música latina, ¿sabes? Y desde que soy joven a mí lo que me inspira y con lo que me veo… O sea, yo soy de Canarias, que está como pegado a África, es un sitio que está muy apartado del resto, y las mayores influencias, y en donde nosotros vemos más un espejo a nivel de cómo es la ciudad y todo eso es con el Caribe, ¿sabes? A mí siempre me ha inspirado mucho y me parece que ahora está en auge porque tenía que pasar. Siento como que ha habido siempre mucho talento en lo latino y sobre todo muchas cosas que decir, que a día de hoy hay unos exponentes grandes, y en algunos casos enormes, que han llevado eso al nivel más alto. Bad Bunny, Karol G, Shakira y un montón de gente que ha sabido representar y llevar todo lo latino a todo el mundo.

¿Qué música escuchabas cuando eras niño? ¿Qué discos tenían tus padres?

Pues te diría que en mi casa lo que más se escuchaba era música de bandas pop españolas, porque a mi madre le gustaba mucho La Oreja de Van Gogh, o cantautores como Serrat y Sabina, pero siento que lo del tema de escuchar la música latina viene más de la calle, ¿sabes? En los barrios, en la calle, ahí en Canarias, se escucha full salsa, merengue, en las fiestas patronales. Es todo eso, vallenatos, etcétera. Es un lugar donde se hace mucha vida en la calle.

Antes decías que en el núcleo del álbum había algo de la nostalgia por tu hogar y lo cierto es que buena parte de los músicos de tu generación que hoy triunfan en la música urbana hablan constantemente de nostalgia, siendo realmente muy jóvenes aún. ¿Creés que hay algo generacional ahí?

Totalmente y creo que tiene mucho sentido, porque creo que ha cambiado más la vida en los últimos 20 años que en los anteriores 50, ¿sabes? Entonces creo que la manera en la que me crié yo, no es la misma manera en la que se cría la gente allí ahora mismo. Y hay muchas cosas que se echan en falta, o al menos es lo que siento. Vengo de un sitio muy apartado y he tenido la oportunidad de viajar el mundo, de ver sitios enormes, estar en ciudades grandes, conocer culturas distintas, pero siempre echo de menos ese momento de volver a casa. Y sobre todo de volver a casa y que esté todo igual, ¿sabes? Creo que ese es el punto de nostalgia que quizá me acompaña y que en mi carrera como que a veces tengo ganas de que el tiempo no pase para poder todo ese tiempo que me paso afuera disfrutarlo en mi hogar.

Por estos días, la nostalgia no es lo único que une a Quevedo con otros artistas del género urbanos. Esa mirada hacia sus raíces musicales que se despliega a lo largo de los catorce tracks de El Baifo es la misma que exploró Bad Bunny con la salsa en su última producción, Debí tirar más fotos, y también es similar a la de los últimos movimientos de Milo J con guiños explícitos al folklore argentino. “Creo que a toda la gente de nuestra generación que empieza a hacer música la mueve algo más, que tiene que ver con decir algo, más allá del género que haga. Es algo natural y cuando es así se puede hacer desde distintos ritmos y diferentes formas de componer. ¿Por qué limitarse cuando uno puede probar y experimentar con otras cosas, por más que te salga mejor o peor? Mi generación también ha crecido escuchando mucha variedad de música ¿sabes? Y creo que es bonito también, porque cada uno busca su camino y busca de qué manera puede aportar más allá de lo que es el full urbano y géneros como el trap o el rap”.

Quevedo se hizo mundialmente popular inmediatamente tras la salida de la colaboración con Bizarrap en 2022, a caballo de ese estribillo irresistible que pedía “queeeeeedate, que la noche sin ti duele”. Un año antes había grabado un gran hit con Duki, “Si quieren frontear”, y desde entonces su relación con la escena argentina fue de lo más fluida (grabó con Rei el tema “Fernet” y junto a YSY A “Lugares que llevo”). “Creo que Argentina es uno de los primeros sitios que me acogió, gracias a Duki y a Bizarrap, que me abrieron las puertas de su proyecto y me dejaron participar con ellos. Tengo muchos amigos, como Tiago PZK y tantos otros con los que he compartido el camino. Yo admiro mucho a la Argentina y al movimiento urbano que ha salido desde allí en los últimos diez años. Duki y todos los de su generación abrieron un camino de algo que no existía en España, con todo ese rollo del trap y con algo muy valioso: hablar en nombre de los jóvenes y de lo que ocurre en la calle. Porque en ese momento había como un estigma sobre las malas palabras, o hablar de drogas y de sexo. Pero eso era parte importante de la realidad, lo que ocurre en los barrios, ¿sabes? Y creo que hay muchos jóvenes que se sintieron representados. Ellos le pusieron voz a una generación que necesitaba a alguien que comandara en ese momento. Lo hicieron muy bien y además nos han enseñado el camino. A Duki lo siento como el líder del movimiento, una persona que nos fue enseñando cómo seguir después de cada paso y acompañó a todo el mundo en el crecimiento personal de cada uno. Él también nos enseñó a que si nos juntábamos entre nosotros el movimiento iba a crecer aún más, por eso nuestra generación produce tantos juntes, creo que fue una apuesta muy importante y también una buena enseñanza para lo que vengan detrás y quieran seguir nuestros pasos”.

Quevedo anunció que actuará en el país en 2027 (Foto: Álvaro Mendosi).

Pedro Luis Domínguez Quevedo nació el 7 de diciembre de 2001, en Madrid, pero a los pocos meses su familia debió mudarse a Río de Janeiro. “Mi padre trabajaba en Hispasat (operador de satélites de telecomunicaciones), con todo ese tema de satélites y cosas así. Él no se dedicaba a nada de eso, pero no sé por qué acabamos volando a Brasil y allí vivimos dos o tres años. Tengo muy pocos recuerdos, algunas cosas puntuales como el salón de mi casa, la guardería, pero no mucho más. Algún día me gustaría volver, porque si bien no tengo idea de cómo es el lugar, es un sitio que siento que es parte de mi vida”.

A los 4 años el pequeño Pedro y su familia se instalaron entonces definitivamente en Las Palmas de Gran Canaria, su lugar en el mundo, esa suerte de tierra prometida a la que cada vez que se aleja siempre sueña en volver. “Vivir en una isla es algo especial”, dice. “No sé cómo serán las otras islas, pero en Canarias hay determinadas situaciones que solo vimos nosotros, ¿sabes? Es como que estamos apartados de todo, incluso de España, y eso en algún punto es algo limitante también. Crecer allí fue hermoso y muy especial, aunque hay cosas no tan buenas, especialmente a la hora de desarrollar una mentalidad de un joven ambicioso. Viviendo en una isla es más difícil salir, pero a la vez te venden que el éxito es salir, ¿sabes? Entonces es un poco complicado lidiar con eso. Desde que somos pequeños nos venden que si queremos tener éxito o seguir nuestros sueños, vamos a tener que hacerlo desde afuera. En el fondo tienen un poco de razón en algunos aspectos, pero a la vez pues estamos nosotros intentando que por lo menos con el tema de la música eso cambie y que la gente pueda hacer su producto desde allí y que no tengan que irse lejos de su familia o de su isla en busca de oportunidades”.

Quevedo dio sus primeros pasos en la música rapeando en las calles canarias y al poco tiempo se introdujo en la pequeña escena de las islas. Pero su historia grande en la industria de la música llegó, como la de tantos otros músicos de su generación, con la pandemia. “Yo no sé si estuviera hoy aquí si no fuera por la pandemia. Sin dudas la pandemia fue un impulsor de que empezara a sacar música”, asegura. 

Este joven de honestidad nada brutal (todo en su carácter está matizado por su amabilidad y sonrisa franca), dice que ya tenía la idea en la cabeza de hacer algo con aquellos primeros temas grabados. Rapeaba con amigos, se juntaba con gente que estaba comenzando a hacer música, iba a los parques a despuntar el vicio, pero sostiene que todavía no estaba seguro ni tenía muy en claro que la música iba a ser lo suyo. “Lo veía como algo muy lejano vivir en el mundo de la música, algo casi imposible”. Pero entonces, llegaron el virus y el encierro. 

“La pandemia me pilló en mi primer año de universidad. Recién había terminado el instituto y me anoté para estudiar administración de empresas, pero no sentía como una conexión. Ni con la carrera ni con nada. Llevaba mucho tiempo desmotivado por la vida en general. Me costaba encontrar algo que me apasionara. Hasta que llegó la música y ahí sí sentí algo especial, aunque todavía no lo veía como una opción viable para poder vivir de eso. Pero durante ese tiempo de encierro, que me sirvió para reflexionar y cambiar cosas de mi vida de ese momento, como volver a conectar con mis padres, decidí jugármela y las cosas empezaron a salir”. 

Las cosas salieron tan bien que en 2022 Bizarrap lo convocó para una de sus famosas sesiones y el “queeeeedate, que la noche sin ti duele” se cantó y se bailó aquí, allá y en todas partes (hoy día tiene más de 2.100.000.000 de escuchas solo en Spotify), incluso, en cierto punto, a pesar de él. En medio del éxito de la canción, Quevedo fue invitado al programa La resistencia, uno de los talk show españoles más vistos, y el productor y músico argentino salió al aire a través de un audio en el que desafiaba al canario a contar en público qué parte del tema quería quitar antes de grabarlo. Ante las carcajadas del público y el asombro del conductor, Quevedo confesó que él quería quitar esa parte que decía “queeeeeedate…”. “Ya teníamos la primera parte de la canción, antes del quédate, y como que para mí cambiaba mucho. Me gustaba, pero creía que podíamos encontrar algo mejor. Pero Biza me dijo: ‘No, amigo, esa es la mejor parte’”.

Por aquellos días Pedro tenía 21 años y estaba en la cima del mundo, todo lo que había soñado se hacía realidad. Sin embargo, un año después aseguraba ser “la persona más hateada de España” y confesaba cuánto daño le estaba haciendo tamaña exposición: “Te dicen que estás gordo, que estás flaco, que no sabes cantar, que eres un hijo de puta, que eres un retrasado, que vaya cara de tonto…”. Allí fue que decidió parar y retirarse por una temporada. 

¿El éxito es lo que te habías imaginado?

Mmm… En parte sí y en parte no. Creo que cuando uno se imagina el éxito en verdad no sabe ni lo que se está imaginando. Es una cosa que llega y cuando llega es como que tú dices: “Ah, vale, ¿esto es?”. Pero antes de eso tú estás buscando algo que no sabes ni lo que es, ¿sabes? Entonces por eso creo que hay que hacer la música de corazón, sin pretensión de nada. El éxito puede ser muy complicado si tú haces la música solo esperándolo, porque ese éxito no va a ser exactamente lo que imaginabas. A mí me renta porque amo lo que hago y disfruto haciendo lo que hago, pero si no fuera así, creo que no me rentaría ni por mucho dinero que me den, ni por muchas oportunidades que me brinden. La fama cambia tu vida de un día para el otro. 

¿También cambia tu forma de relacionarte con la música?

No, eso no. Lo único que cambió con respecto a la música es que ahora trato de disfrutarla más y estar más presente. Hacer cada vez más lo que me apetece. Seguramente he cambiado algunas cosas en mi manera de componer, pero creo que de una manera natural y acorde al momento en el que estoy. A mí lo que más me gusta de la música es componer y de verdad que me encanta crear melodías o sentarme a escribir algún tema que sea más denso. Eso es lo que más disfruto y creo que lo que mejor se me da.

El Baifo es el cabrito en Canarias, pero entiendo que también es un juego con “la cabra”, sinónimo hoy de “el mejor de todos los tiempos”… ¿Quién es hoy “la cabra” para vos?

Bad Bunny, sin dudas, ¿no? Creo que no hay discusión alguna. Es un poco lo que te decía antes de Duki. Gente que ha llevado muy lejos y aun mucho más algo que era lo que los jóvenes de ese momento necesitaban expresar. Bad Bunny le puso voz y lo llevó hasta el Super Bowl, a las giras de estadio que está haciendo. Y creo que al final es un orgullo para la gente de nuestra generación, que ellos que nos han representado tanto estén consiguiendo cosas tan grandes.

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Sunshine es el quinto álbum de estudio de Jungle y llegará el 14 de agosto como sucesor de Volcano (2023). En este disco, el grupo británico incorpora influencias de la música brasileña, Motown, reggae, dub y highlife de África Occidental. Josh explica que durante el proceso escucharon mucha bossa nova, música latina y artistas como Sérgio Mendes y Fela Kuti.

El grupo también buscó hacer canciones más simples. Varias parten de estructuras de pocos acordes y ponen el ritmo al centro. Josh señala que esa idea también está presente en canciones anteriores de Jungle, como ‘Casio’, y que no sienten que este cambio los aleje de lo que han hecho antes.

Sunshine también es el primer álbum de esta nueva etapa con Lydia Kitto como una figura más visible dentro de Jungle. Kitto trabaja con Josh desde 2019 y su voz ya aparecía en discos anteriores, incluido Loving in Stereo. Sin embargo, su mayor presencia ha generado comentarios de algunos seguidores que consideran que el sonido de la banda se ha acercado demasiado a Loaded Honey, el proyecto que ambos comparten.

Kitto reconoce que esas críticas afectaron su confianza durante algunas semanas. Para Josh, el cambio es parte natural de la evolución de cualquier banda. Jungle busca mantener elementos que siempre han definido su música, pero también evitar repetir la misma fórmula. “Si hiciéramos exactamente lo mismo de siempre, la gente también se quejaría de que no hubo ningún cambio”, dice. “Es imposible darle gusto a todos”.

Lee la entrevista a continuación: 

Han mencionado influencias que van desde la música brasileña, como Sérgio Mendes, hasta grupos de Motown como The Supremes. ¿Cómo influyeron esas referencias en el sonido general de Sunshine?

Josh: Últimamente hemos estado escuchando muchísima música, sobre todo música de atmósferas y de vibras: Lover’s rock, dub, mucha música latina, bossa nova, highlife de África Occidental de los años setenta, Fela Kuti, ese tipo de sonidos. Hay una libertad muy especial en esa música; es música en vivo, se siente auténtica, no está tan limitada por una cuadrícula o algo así.

Entonces creo que todo eso nos ha influido bastante. Pero, al mismo tiempo, los elementos más futuristas y la música electrónica siempre han estado presentes. El último año hemos estado haciendo muchos DJ sets y creo que esa energía también se refleja en canciones como ‘Move Like You Do’ y ‘Come Back To Me’.

¿Qué encuentran en la música brasileña que conecta de manera tan natural con el sonido de Jungle?

Lydia: Se siente muy libre y natural; todo el mundo está de fiesta. Al final, es música para fiesta.

Josh: Sí, es divertido, ¿sabes? Te hace sentir que no todo tiene que ser tan serio. Además, el ritmo es la columna vertebral de todo. Está la vibra, hay muchas personas tocando al mismo tiempo y distintos instrumentos de percusión que crean polirritmos y construyen todo un universo sonoro. Creo que Jungle siempre se ha caracterizado por esas capas de polirritmos y por elementos que terminan dando forma al groove de las canciones.

Con Sunshine, ¿cuál sienten que fue el mayor cambio creativo para Jungle? ¿Había algo que quisieran explorar o hacer de manera diferente esta vez?

Josh: Sí, creo que simplemente nos fuimos inclinando hacia una vibra mucho más consistente. Tomamos cosas del reggae y del dub, donde muchas canciones se sostienen sobre dos acordes que van y vienen todo el tiempo. Y, curiosamente, algunas de nuestras mejores canciones de discos anteriores también funcionan con dos acordes; ‘Casio’, por ejemplo, está construida así. A veces piensas: “Voy a escribir una canción con muchísimos acordes”, pero luego está esa frase que siempre dice tu papá…

Lydia: O tocas tres acordes para tres mil personas, o tres mil acordes para tres personas.

Josh: Hay una simplicidad en todo eso, no hace falta que sea demasiado complicado. La emoción se transmite a través de la voz y de la vibra que tiene la canción.

Jungle encuentra nuevas formas de seguir siendo Jungle
Cortesía

Lydia, ¿cómo ha sido para ti el proceso de entrar cada vez más en el mundo de Jungle? Imagino que existe cierto reto al incorporar tu propia voz a una banda que ya tiene un sonido y una audiencia tan definidos. ¿Qué tan exigente ha sido?

Lydia: Al principio no fue realmente un reto, porque fue hace bastante tiempo. Fue por ahí de 2019, cuando Josh y yo hicimos ‘Keep Moving’, la primera canción que creamos juntos. Todo surgió de una manera muy natural. En ese momento ni siquiera pensaba que estaba haciendo música específicamente para Jungle; simplemente ocurrió y las canciones terminaron publicándose así. Nunca lo vi de esa manera. Con el tiempo, poco a poco, me fui involucrando más en el proyecto.

Más recientemente sí ha sido un poco más desafiante, porque siento una mayor presión. Ahora realmente formo parte de esto, la gente sabe que estoy aquí, y es como volver a empezar desde cero, pero dentro de un proyecto que ya tiene muchísima atención. Ese es el mayor reto para mí.

Pero, al mismo tiempo, es algo increíble. No conozco otra situación que pudiera permitirme vivir algo así. Es una locura y me siento profundamente agradecida de que los chicos quieran que forme parte de esto junto a ellos.

Josh: Jungle siempre se ha caracterizado por la sensación que provoca. El proyecto nunca nació alrededor de un vocalista principal; empezó con dos personas cantando, o cinco, o diez. Desde el principio quedó claro que Jungle podía ser cualquier cosa y que cualquiera podía interpretar esta música, porque lo realmente importante es la música en sí.

Creo que eso nos permitió evolucionar e incorporar cada vez más la voz de Lydia dentro del proyecto. Si empiezas con algo como Adele y luego intentas poner a otra cantante en su lugar, simplemente no funciona. O si piensas en Coldplay, inmediatamente piensas en Chris Martin como la voz de la banda. Nosotros siempre hemos operado de una manera un poco distinta.

Josh: Sí, es como Daft Punk o Justice, ¿sabes? Podría ser cualquiera quien cante esas canciones.

¿Cómo trazan una línea clara entre el sonido y el mundo emocional de Loaded Honey y el sonido de Jungle?

Josh: Sí, al final, tanto Loaded Honey como Jungle seguimos siendo nosotros. Para nosotros, Loaded Honey siempre ha representado la mañana de un domingo, mientras que Jungle es más bien un sábado por la noche. Son dos energías distintas que conviven.

Creo que, conforme nos hacemos mayores, también disfrutamos más la música tranquila, y eso se refleja en un sonido más relajado. Y la verdad es que me parece positivo que la gente debata sobre la música; al final, todo el mundo va a tener una opinión.

A mí, por ejemplo, me encanta la primera etapa de Tame Impala, la adoro. ¿Me gusta lo nuevo? Tal vez sí, tal vez no, no lo sé. Pero creo que los artistas siempre evolucionan y que su sonido siempre va a cambiar. Y eso es lo interesante.

Cuando empezaron a compartir la nueva música, algunos oyentes sintieron que el sonido se estaba acercando más a Loaded Honey o que parte de la energía de los primeros discos de Jungle había cambiado. ¿Cómo procesan ese tipo de reacción? ¿Qué les dirían a los fans que lo sienten de esa manera?

Lydia: Sí, definitivamente me afectó un poco al principio. Pensé: “Ay, no”, y durante un par de semanas perdí la confianza en el álbum. Pero después dije: “No, en realidad el disco es increíble y estoy muy emocionada por que la gente escuche el resto”.

Es complicado cuando lanzas una sola canción y tú ya sabes todo lo que viene después, mientras que la gente está juzgando el proyecto únicamente a partir de ese tema. Además, como no salió acompañado de un video o de una propuesta visual, lo único que podían evaluar era la canción. Y, en cierto modo, también me evaluaban a mí, porque era mi voz la que estaba al frente. Ese fue el verdadero reto.

En cambio, con ‘Let’s Go Back’ prácticamente solo estoy yo cantando, pero había un video. Entonces la reacción fue: “Wow, el baile es increíble, me encanta la vibra, me gusta la canción”. Nadie estaba preguntándose quién cantaba o por qué era yo quien estaba cantando.

Josh: Creo que lo que nos resulta un poco difícil de entender es, ¿por qué ahora? Lydia ya cantaba en Loving in Stereo desde 2021, entonces, ¿qué es lo que hace que justo en este momento genere una reacción distinta?

Lydia: Es porque ahora saben quién soy, porque ya tengo una cara visible dentro del proyecto.

Josh: Pero, ¿sabes? Si escuchas el coro de ‘Keep Moving’, esa voz que se oye ahí es Lydia cantando. Para nosotros es un poco extraño, porque ya hay más discos con Lydia participando que álbumes de la etapa original.

Por eso nos desconcierta que sea hasta el quinto álbum cuando la gente reaccione como si esto fuera algo completamente nuevo. Es como decir: “Despierten, esto lleva pasando desde hace tiempo”.

Lydia: Sí. Y también me gusta que ‘Carry On’ sea completamente distinta a las demás canciones, porque tiene ese factor sorpresa. Para mí, representa una especie de despedida de ese sonido; es como un funeral para esa etapa musical. Y a partir de ahí, el nuevo sonido se siente diferente.

Muchas bandas que llevan mucho tiempo bajo los reflectores se encuentran con cierta resistencia de sus fans más antiguos cada vez que cambian o evolucionan. Al mismo tiempo, tampoco pueden quedarse congelados en una sola versión de ustedes mismos. ¿Cómo han lidiado con eso dentro de Jungle? ¿Cómo han sido esas conversaciones entre ustedes?

Josh: Sí, la verdad es que no le prestamos demasiada atención. Creo que, si pensáramos que el álbum es malo, probablemente sí nos preocuparía. Pero sabemos que el disco es bueno.

Y lo curioso es que, si hiciéramos exactamente lo mismo de siempre, la gente también se quejaría de que no hubo ningún cambio. Así que, al final, es imposible darle gusto a todos.

Lydia: Claro, pero también es algo muy único, porque ha evolucionado de una manera en la que otra persona se ha incorporado al proyecto.

Josh: Volviendo al ejemplo de Tame Impala, su último álbum refleja muy bien esto. Y que nadie piense que estoy criticando a Tame Impala, porque me encanta la banda, de verdad me encanta. Pero escuchas ese disco y podrías preguntarte: “¿Dónde está el Tame Impala que conocíamos? ¿Eso sigue siendo Tame Impala?”. Porque es música house.

Lydia: Sí, pero también tiene todo el derecho de expresarse exactamente como quiere. Y me encanta que haga música para sí mismo, que diga: “No me importa lo que piensen ustedes, esto lo hago para mí”. La verdad, respeto eso.

Josh: Sí, porque hay una línea muy delgada. Una vez que compartes tu música con el mundo, deja de pertenecerte por completo y, en cierto sentido, también pasa a ser de la gente. Hay personas que establecieron conexiones emocionales muy fuertes en 2015 con algo que hicimos hace diez años y que terminó siendo el soundtrack de sus vidas.

A mí me pasa con los primeros discos de The Strokes. El primero y el segundo forman parte de mi juventud. En mi cabeza, siento que también me pertenecen un poco, ¿sabes?

Lydia: Y en esta etapa del lanzamiento es muy fácil quedarse enganchada con unos cuantos comentarios negativos. Pero también he tenido que aprender a decirme: “Está bien, eso no me define”.

Josh: Yo no estoy en internet, así que…

Lydia: Vi unos cuantos comentarios y pensé: “Ay, no, todo el mundo me odia”. Pero luego me dije: “No, está bien, no pasa nada”.

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Sus videos se han convertido en una parte esencial de la identidad de Jungle. ¿Cómo suele comenzar la conversación con los coreógrafos? ¿Les dan una guía muy clara o tienen mucha libertad para interpretar la música a través del movimiento?

Josh: Creo que puedes darles una guía o explicarles un poco la idea, pero al final van a reaccionar con el cuerpo y a moverse según lo que les haga sentir la música. Yo no soy bailarín, no puedo decirle a un bailarín cómo debe bailar.

Lo que sí puedo hacer es tratar de moldear un poco la propuesta a partir de lo que transmite la canción y de lo que nosotros imaginamos, pero justamente por eso trabajas con un coreógrafo, para dejar que haga lo suyo.

Sí, esa parte también se la dejamos al coreógrafo, porque siento que ellos saben perfectamente lo exigentes que pueden llegar a ser las rutinas a nivel físico. Hay cierto nivel de complejidad en estos movimientos y es importante que conozcan bien las capacidades de los bailarines para asegurarse de que puedan ejecutarlos.

Jungle ha tenido durante años una identidad visual y sonora muy fuerte: el arte, los videos, la coreografía, la paleta de colores, todo el universo que rodea a la banda. ¿Cómo encuentran el equilibrio entre preservar esa identidad y seguir sorprendiendo a la gente para que no parezca que se están repitiendo?

Lydia: Creo que él está creando arte constantemente, pinta y trabaja en todos los visuales. Pienso que su faceta visual influye muchísimo en la manera en que Jungle se presenta y se muestra ante el mundo. Además, su arte está en constante cambio y evolución, y eso también ha hecho que al mismo tiempo exista una evolución artística y visual dentro de Jungle.

Josh: Sí, a veces es complicado, porque quieres mantener ciertas cosas iguales, pero al mismo tiempo cambiar otras. Si transformas todo de manera demasiado drástica, corres el riesgo de perder a la gente que ha conectado contigo.

Yo lo comparo con un restaurante o con algo como McDonald’s: ellos hacen hamburguesas y, si un día de repente empiezan a vender sopa, todo el mundo se preguntaría qué está pasando. En cambio, sí pueden añadir algo nuevo al menú de vez en cuando. Creo que se trata de evolucionar con el tiempo.

Las canciones de Jungle suelen sentirse hechas para el movimiento, incluso cuando surgen de un proceso de estudio muy preciso. ¿En qué momento empiezan a imaginar cómo va a vivir una canción en el escenario o en los videos?

Josh: En este momento estamos completamente enfocados en el álbum. Terminamos en marzo y, enseguida, nos pusimos a trabajar. De hecho, íbamos un poco retrasados con los videos, porque normalmente tenemos más tiempo para prepararlos, así que tuvimos que movernos muy rápido para que todo saliera adelante.

Y ahora ya estamos pensando en el show en vivo, en cómo incorporar más movimiento, cómo seguir desarrollándolo y cómo hacer que la gente sienta que está entrando en un mismo universo cuando viene a vernos.

¿Cómo va a cambiar Sunshine el show en vivo de Jungle?

Josh: Ahora tenemos más canciones buenas para sumar al repertorio, lo que también significa que puedes sacar algunas que quizá ya no funcionan tan bien y hacer que el show sea cada vez mejor. Al final, tienes una hora y media de concierto y un catálogo mucho más amplio con el que trabajar.

Claro, siempre hay que encontrar un equilibrio, porque el público todavía no conoce la música nueva. Pero ya nos pasó con ‘Back on 74’. Lanzamos la canción en agosto de 2023 y, cuando fuimos a tocar a Estados Unidos en septiembre, la gente todavía no la conocía demasiado. Sin embargo, para septiembre del año siguiente, ‘Back on 74′ ya había tenido un momento enorme y se había convertido en una favorita de los fans. Así que las cosas pueden cambiar.

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“A veces digo, ‘¿En qué me metí?’”, dice Danna sobre su próximo paso, aunque en su voz no existe un atisbo de duda. La artista mexicana lleva alrededor de dos años trabajando en su proyecto más ambicioso hasta la fecha, VISIONS, un álbum cuyo lanzamiento se ha ido haciendo de forma paulatina con EPs que representan un capítulo distinto de esta historia. Traer a la realidad el mundo que ha visto y sentido en sus sueños ha sido un proceso que le ha implicado mucha dedicación y atención al detalle, pero también le ha permitido mantener su mente enfocada y reafirmar su promesa de respetarse como artista. “Estoy tan comprometida con mi visión, tan comprometida por terminar el proyecto y no dejarlo por muy ambicioso que suene”, afirma.

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Fue a mediados de abril pasado cuando puso en marcha este universo con LUCID DREAMS, un disco en el que predominan los sonidos club y el synth pop, pero que aún conserva esa identidad latina que la caracteriza. Allí, Danna expone su lado más místico y espiritual a través de cinco cortes que se centran en la introspección y que buscan inducir al oyente en ese trance que difumina los límites entre la realidad y los sueños. “Es mi lado más artsy”, comenta. “[Es] una parte super cáncer; toda la ‘hija de la luna’”. Además de relacionarlo con su signo solar, enlaza su estética y sonido con la primavera al tratarse de una época en la que aún se siente algo de frío y, aunque se vaya haciendo cálida de a poco, el clima ardiente no termina de llegar.

Ya es agosto y el verano boreal está por alcanzar su punto más candente, así que para la cantante, actriz y compositora es momento de un cambio de energía. Ya que dio espacio para la reflexión y para que el público apreciara esa primera entrega con el mimo que requería, ahora está preparada para desvelar el segundo capítulo de VISIONS: WET DREAMS. “LUCID DREAMS está en este lugar suspendido en el aire y WET DREAMS te aterriza la tierra. Es fuego, tienes que tocar, tienes que sudar, tienes que sentir y te tienen que dar ganas de moverte”, explica. El art cover del EP habla por sí solo. Creado por la fotógrafa y artista visual Elizaveta Porodina, a quien Danna ha admirado desde hace mucho, enseña a la mexicana vestida de dorado y sudando mientras que de ella emana una llama que no la quema. Para ella, era crucial poder representar visualmente el fuego interno y el impulso que lleva al ser humano a ir por lo que realmente desea, ya sea bailar sin inhibiciones, aventarse al mar o besar y seducir a alguien.

Danna explora la sexualidad y el deseo en WET DREAMS
Art cover de WET DREAMS por Elizaveta Porodina

Si hay algo que a Danna se le da muy bien, es hacer discos conceptuales pues ya lo demostró en el pasado con CHILDSTAR. Por esto es que cada capítulo de VISIONS tiene una premisa, una sonoridad y una estética tan marcadas; nada es al azar, todo tiene su razón de ser.  En sus palabras, WET DREAMS “es un viaje a la sensualidad 100%. Es un viaje al calor, a conectar con tu fuego interior y con el lado de empoderamiento femenino. Es un viaje a invitarte a soltar. Creo que lo que genera esta música es dejarte ir, disfrutar y dejar que tu cuerpo se mueva”.

Aunque todavía faltan unas semanas para conocer a qué suena exactamente el EP entero, por el momento se conocen dos sencillos que permiten darse una idea de lo que se viene: ‘KHE CALOR’ y ‘SI SE ACABA EL MUNDO’. Cada uno es sensual a su manera pues mientras que el primero es bien palpitante e intenso, el segundo es más seductor e íntimo. También es intencional que El Malilla sea un común denominador en ambos temas —en uno hizo un cameo en el videoclip y en el otro figura como artista invitado— dado que, para Danna, tenía todo el sentido del mundo tener a “el Mali” (como le dice de cariño) como una representación de los sueños húmedos de “un chingo de morras y un chingo de weyes”.

Otro de los sueños húmedos generalizados de los que habla Danna es Belinda, con quien tiene preparada una de las colaboraciones más esperadas del año y que también hará parte de WET DREAMS. La industria de la música ha tenido un historial de crear rivalidades falsas entre mujeres, buscando separar a las artistas en lugar de propiciar un ambiente en el que puedan unirse para crear proyectos maravillosos. Danna comenta que, por sus contextos dentro de la música y el entretenimiento, muchas veces se quiso poner a una en contra de la otra, así que trabajar juntas en ‘DOLCE VITA’ funciona como un statement de que no se trata de quién brilla más que quién, sino de brillar en colectivo.

“Me encontré con una compañera en el estudio, con un ser humano increíble y una artista muy creativa, muy llena de vida; es increíble”, comenta sobre trabajar junto con “Beli”. “Esta colaboración tiene una magia y una energía muy especial. Me siento muy afortunada de haber logrado llevarla también dentro de este contexto que es WET DREAMS”. Al fin y al cabo, además de la sexualidad y el deseo, el disco trata sobre el empoderamiento de la mujer y el amor propio, dos cosas que son prioridad en estos tiempos tan oscuros.

Las colaboraciones del EP se completan con Nicole Horts, a quien Danna considera una gran amiga. Ambas estuvieron trabajando en una canción por casi tres años luego de proponerse hacer “un himno para nosotras”, y finalmente saldrá a la luz en las próximas semanas con el lanzamiento del disco.

Los trabajos colaborativos, admite, no se le dan fácil pues se considera una persona demasiado perfeccionista que se toma el tiempo necesario para que su visión se materialice del modo que espera, algo que no siempre es del agrado de una industria que bebe de lo inmediato. No obstante, desde la catarsis que hizo con CHILDSTAR, comprendió que su arte merece respeto y que lo que hace tardará lo que tenga que tardar para garantizar que sea hecho con cariño y cuidado.

A su vez, esta filosofía se ha traducido en su meta de desligarse de la etiqueta de “popstar”, puesto que no quiere encasillarse en un solo género. Por eso describe VISIONS como un álbum “multigénero” que refleja fielmente su forma actual de crear y disfrutar música, dejando una parte de su personalidad en cada canción.

Aquí todo es profundo, sobre todo teniendo en cuenta que la temática de las visiones y el mundo onírico estuvo dentro de ella desde antes de darse cuenta: reconoce haber heredado la capacidad visionaria de su padre, su espiritualidad le ha permitido estar en sintonía con sus sueños y sus fans se llaman dreamers (soñadores). “Sin querer, ha sido muy loca esta gran epifanía que he tenido”, medita.

Danna continúa enorgulleciéndose por lo que ha logrado hasta el momento. Está en una etapa en la que se siente más segura que nunca, en la que ha podido reunir un equipo que la entiende y que la ha llevado a trabajar de la mano de artistas que admira como Elizaveta Porodina. “[Estoy teniendo la posibilidad] de poder producir mi música, de tener la capacidad de mis cinco sentidos tan despiertos y tan a disposición”, dice. “Estoy en un punto en el que de verdad estoy disfrutando, me estoy disfrutando a mí, me estoy disfrutando a los míos, a mi equipo, a mi fandom. Están super emocionados y muero porque vean todo el proyecto y lo demás que estoy preparando”. Pero no hay prisa. La artista aconseja que “disfruten del camino” porque tal como sucedió con LUCID DREAMS, a WET DREAMS le dará espacio para que crezca, ya el tercero llegará a su tiempo.

WET DREAMS estará disponible en todas las plataformas de streaming musical a partir del 27 de agosto, así que solo queda una pregunta, Are we WET?

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En 2024, ROLLING STONE en Español publicó un artículo dedicado a los artistas mexicanos alternativos más destacados de la escena. En él, recorrimos el universo sonoro de proyectos que hoy brillan con una identidad inconfundible, como Latin Mafia, Nsqk, Humbe, Emjay, iza tkm y Paloma Morphy, entre muchos otros. En ese momento, varios de estos nombres apenas comenzaban a consolidar su lugar dentro de la música contemporánea. Sin embargo, había algo en su propuesta que nos hizo apostar por ellos desde el primer instante. Entre aquella selección figuraba también un singular dúo de productores: RØZ. Su esencia nos cautivó desde el inicio de nuestra búsqueda. Más allá de las cifras en plataformas o del alcance en redes sociales, lo que verdaderamente sobresalía era una convicción inquebrantable por crear música. Desde entonces, aquellos productores de nicho que componían y daban forma a sus canciones desde la intimidad de sus habitaciones, impulsados por un sueño compartido, han recorrido un camino extraordinario. Hoy, RØZ se ha consolidado como un proyecto de alcance internacional, convirtiendo aquel sueño en una realidad.

Hay historias que confirman que la intuición también forma parte del periodismo musical. RØZ es una de ellas. Después de formar parte de nuestra selección de ‘Artistas alternativos mexicanos que tienes que escuchar’ en 2024, el dúo dejó de ser una promesa para convertirse en uno de los proyectos que hoy elevan el nombre de México dentro de la escena electrónica alternativa a nivel internacional. Lo que entonces nacía entre sintetizadores, computadoras y un sueño compartido encontró rápidamente eco en escenarios cada vez más grandes. Para 2025 llegó un momento que parecía reservado para unos cuantos: su debut en Coachella, uno de los festivales más importantes e influyentes del mundo, compartiendo cartel con artistas de la talla de Sabrina Carpenter, Justin Bieber y Karol G. A ese logro se suma su paso por festivales esenciales de la cultura electrónica como EDC y EDC Las Vegas, donde confirmaron que su propuesta ya no pertenecía al nicho, sino a una conversación global. 

Hoy, con el lanzamiento de su primer álbum de larga duración, SE ESTÁ HACIENDO TARDE, RØZ celebra el inicio de una nueva etapa. El disco reúne colaboraciones con figuras como J Balvin, Ryan Castro y Peso Pluma, artistas que decidieron sumarse a una visión creativa construida desde la autenticidad y la perseverancia. Ver el camino de RØZ es recordar que los grandes proyectos no siempre comienzan en los escenarios más imponentes, sino en habitaciones donde la música pesa más que las cifras y donde la convicción termina encontrando su lugar en el mundo. Lo que alguna vez fue una apuesta hoy es una realidad: RØZ se ha convertido en uno de los nombres mexicanos con mayor proyección dentro de la electrónica contemporánea.

RØZ está lejos de ser un proyecto cualquiera. Incluso antes de presentar su álbum debut, el dúo ya había construido una trayectoria marcada por hitos que muchos artistas tardan años —o incluso una carrera entera— en alcanzar. Su evolución habla de una visión clara y de una pasión inquebrantable por la música, impulsadas por una ambición que no se conforma con ocupar un espacio en la escena, sino con redefinirlo. SE ESTÁ HACIENDO TARDE funciona como una carta de presentación que condensa todo aquello que ha distinguido a RØZ desde sus inicios: una estética profundamente emotiva y cinematográfica, colaboraciones que nacen desde la afinidad creativa y un sonido fresco, pero completamente libre de las fronteras que imponen los géneros musicales.

Lee aquí nuestra entrevista completa con Manolo Cabrera y Hugo Lara de RØZ:

¿Cómo se sienten con el lanzamiento de SE ESTÁ HACIENDO TARDE? ¿Qué tal esas emociones? 

Hugo Lara: Emocionados y nerviosos. Hay un miedo ahí, porque obviamente da. 

Me interesa el nombre del álbum debut: SE ESTÁ HACIENDO TARDE. ¿A dónde van tarde? ¿Sobre qué se está haciendo tarde? ¿Por qué este concepto de tiempo y espacio para su álbum debut? 

Hugo Lara: Creo que cuando surgió esto, fue como una frase muy intensa, desde lo pudieras ver: ‘Se te está acabando el tiempo’. También lo podías ver desde otra forma, pero creo que me estoy haciendo bolas [Risas]. Pero creo que básicamente es como una sensación de que se está haciendo tarde para amar, perdonar, reconciliarse, hacer el viaje que siempre habías querido hacer y muchas más cosas. Es como una sensación de urgencia. 

Manolo Cabrera: Es como un mantra de vida. Es una expresión tan mundana. También es como nuestro EP mañana, temprano, que es algo de postergar. Nos gusta agarrar esas frases diarias y que todos dicen. Creo que en el día a día, todo el mundo lo dice. Nos gusta abordar los conceptos tan mundanos y sencillos para encontrarles ese jugo. Si lo piensas bien, se está haciendo tarde para todo. El tiempo está pasando siempre. Si estás pasando un momento bueno o malo en tu vida, se está haciendo tarde para que se acabe o empiece. 

¿En qué, en su vida personal o artística, sentían que se les hacía tarde?

Hugo Lara: [Risas] Para todo. Llevamos dos años desde que empezamos a trabajar este álbum, y ahora ya está listo, solo falta que pase el tiempo y salga. Hasta con simples cosas, como cuando nos daban fecha para entregar el álbum y no lo teníamos listo, o también cosas de nuestro show. Tuvimos que mover un show en Nueva York porque no pudimos llegar. 

Manolo Cabrera: Creo que irónicamente, en nuestra carrera y proyecto, se estaba haciendo tarde para poner esta nueva etapa más madura. Nos gusta mucho tocar DJ, pero ya sentíamos que estábamos en una especie de techo de cristal. Ya habíamos hecho EDC, EDC más grande, EDC Las Vegas. Cuando llegó Coachella, obvio que lo queríamos hacer, pero no como DJ. Llegamos a un límite en nuestras mentes y carreras. Dijimos que si nuestro primer disco era DJ, nos íbamos a encasillar. De forma irónica, se nos estaba haciendo tarde para poner esta nueva era en la calle. A quien le guste, que se quede con mucho cariño, y a quien no le guste, pues también es válido. Tampoco vamos a dejar de sacar canciones club. 

RØZ consolida el éxito de sus inicios en SE ESTÁ HACIENDO TARDE
Cortesía prensa

Mencionan que el disco tardó en gestarse dos años. ¿Qué tanto mutó en el proceso?

Hugo Lara: Creo que era muy similar. La idea siempre fue la misma. Lo único que fue cambiando fuimos nosotros, las canciones y las colaboraciones. Al principio, solo éramos Manolo y yo agarrando el micrófono, escribiendo y grabando. La idea es la misma. En dos años aprendimos mucho. Hasta hace dos días, seguimos cambiando las canciones, aunque fueran las primeras que hicimos, porque con el tiempo aprendes más cosas técnicas. Uno solo se hace mejor La idea es exactamente igual, así como el sonido y el concepto. 

Manolo Cabrera: También tuvimos que aprender nuevas formas de escribir y transmitir. Sientes que tienes que escribir lo que sientes o lo que estás viviendo, pero hay veces que hay sentimientos que solo tienes o piensas, pero te dices que estaría chido decir esto o abordar lo otro. Esto fue un reto: desarrollar la pluma. 

¿Cómo han vivido su transformación como proyecto? Recuerdo que en sus primeros conciertos eran ustedes dos en un formato tipo Boiler Room, haciendo un DJ set. En cambio, la última vez que los vi ya habían evolucionado el proyecto: comenzaron a cantar. ¿Cómo fue ese proceso y cómo lo vivieron ustedes?

Manolo Cabrera: [Risas] Eso estuvo muy cagado. Esa canción no va a salir en el disco, pero jurábamos que sí. Era algo que simplemente queríamos hacer, y en el concierto ya teníamos a la gente, y qué mejor que hacerlo con nuestra gente. A mí no me gusta llamarlos fans, pero son parte de nosotros. Si alguien gastó su dinero en nosotros, es porque siente algo con el proyecto y la música, así que les quisimos dar eso ese día. No recuerdo cómo nos fue ese día, pero es difícil porque es algo nuevo. Son momentos más difíciles de agarrar el pedo. 

Hugo Lara: Una cosa es que Manolo y yo cantemos en la regadera o en el estudio, cosas a las que estemos acostumbrados, pero otra muy diferente, es pararte en un escenario y hacerlo en vivo y hacerlo bien. Es otra sensación. Esa vez estuvo muy chistosa. A mí me gustó porque es otra onda, pero obviamente ensayamos. Ya nos hacía falta poner esa parte de nosotros allá afuera. 

Manolo Cabrera: En todo el disco ya cantamos y escribimos.

Ya se estaba haciendo tarde para cantar. 

Manolo Cabrera: Ándale. 

Hablemos del tracklist que conforma SE ESTÁ HACIENDO TARDE. Young Sister, Peso Pluma en una nueva colaboración, J Balvin y Ryan Castro. También me encanta que no se olviden de sus compañeros y artistas que los vieron desde sus inicios, como Natt Calma Cuéntenme cómo se dieron estas colaboraciones y canciones que conforman el disco. 

Hugo Lara: Todo fue muy orgánico. Nos ha tocado esta bendición. Yo sí siento la cuestión de las energías. Nos da mucho gusto que artistas como Balvin, Ryan, Peso, y todas estas personas que están en el álbum, sean artistas que admiramos y que nos gusta mucho su música. Resuenan mucho con la música que hacemos nosotros. No es que nosotros nos sintamos muy grandes, porque somos dos personas súper normales que nos gusta hacer música. Esto es muy loco. Llegaron de una forma muy orgánica y son personas súper chidas. Es increíble. Se dio a lo largo del año. 

Manolo Cabrera: Cada una llegó de una forma distinta. A Peso lo conocimos desde ‘Apaga la luz’, y ya había una amistad y comunicación; a Balvin lo conocimos en Sueños y platicamos muy poco, después nos pasaron una canción para que intentáramos un remix y lo hicimos, pero la verdad quedó muy cabrona y se sentía como una canción nueva y no como un remix. Con Rauw fue un proceso similar, pero esas canciones ya estaban programadas para salir en el verano. Lo de ‘Bengalí’ lo vimos como el ‘Ultimate DJ move’ [Risas], que es hacer un remix de artistas que admiras y meterlo en tu disco. Nunca lo pensamos, pero se nos ocurrió.

Hugo Lara: Es un concepto raro. Metes a un disco cosas desde cero o que sean originales, y esto fue algo raro, pero a todos nos gustó: a Ryan, Balvin, a nosotros, nuestra disquera, todos. 

Manolo Cabrera: Balvin es un tipazo. Me sorprende que es un artista enorme y masivo, pero te contesta en 15 minutos los mensajes. Es enorme. Se portó muy tranquilo con la canción. Fue muy sencillo hacerlo posible. 

Hugo Lara: Se agradece mucho. 

¿Qué tal los sentimientos de experimentar sus sueños cumplidos? Por ejemplo, sus colaboraciones con artistas que idolatran. 

Hugo Lara: Es loquísimo. Somos dos personas que hacían música en sus cuartos, solo porque les gustaba y compartían. De hecho, solo era música para nosotros, no la compartimos o algo por el estilo. Ya con el tiempo, empezaron a salir. Todo comenzó por amor a la música y porque era muy divertido. Gracias a esto, comenzamos a tener una amistad tan fuerte. Tuvimos pláticas como: ‘¿Te imaginas colaborar con J Balvin o Rauw Alejandro? Estaría padre. Sí, bueno’. Y ahora son cosas que están pasando, y no solo eso, son parte de nuestro primer disco. Me vuela la mente. 

Manolo Cabrera: J Balvin le pudo haber pedido el remix a quien sea: Skrillex, Tiësto o David Guetta, pero no, se lo pidió a dos pendejos [Risas]. Fue muy random. Tenemos muy claro a dónde queremos llegar, y desde el inicio lo hemos tenido en mente. Nunca hemos hecho música sin rumbo. Sabíamos que queríamos un equipo fijo, profesional y llegar a hacer grandes cosas. Estamos conscientes que hemos logrado cosas, pero queremos hacer mucho más. Aún no hemos tocado nuestra música en Europa o en Ecuador. Son cosas que queremos hacer. Nos imaginamos haciendo más y más y más. Estamos muy agradecidos por este gran escalón. 

Hablando de todo esto, ¿cómo han vivido estos últimos meses? ¿Creen que todo lo han vivido muy rápido?

Manolo Cabrera: Todo ha ido muy rápido, la neta. Vuelos y vuelos y vuelos. Hacer la maleta para deshacerla y volverla a hacer. En el medio, trabajar. Llegar al estudio y al show es muy cabrón, pero cuando sientes la parte del trabajo, levantarte temprano y el vuelo, sientes el cansancio. En esto se ha resumido el tiempo. 

Hugo Lara: Ha sido un año muy loco. Han pasado muchas cosas, en general, tanto buenas como malas. Cuando nos dijeron lo de Coachella era septiembre y era en abril, y sentía que era mucho tiempo, pero abrí y cerré los ojos y ya estaba en el escenario. Sí siento que hemos hecho cosas muy grandes en poco tiempo, relativamente. El primer show fue en septiembre del 2024, un año después nos dijeron que haríamos un Coachella. Hace dos años, yo ni sabía que iba a comer al otro día. Fue muy drástico. Es padrísimo, pero también está la otra parte, que es la mental en donde no te avisan cómo caen las cosas. Puede ser complicado saber cómo llevar a cabo los cambios porque son significativos. Aquí estamos, muy agradecidos. 

¿Qué es lo que esperan de SE ESTÁ HACIENDO TARDE? ¿Cómo desean que el público vea a RØZ tras su álbum debut?

Manolo Cabrera: Que cuando escuchen ‘RØZ’ no solo se imaginen que estamos detrás de un DJ. Queremos que se imagine que irán a ver un show increíble a nuestras expectativas y capacidades. Somos un proyecto desarrollado en cierto sentido. Estamos donde queremos estar, en cuestión creativa. Estamos haciendo cosas donde nos sentimos cómodos y felices. Siento que eso se contagia de forma indirecta a la gente. El proyecto se siente como algo que queríamos lanzar, al que le metimos un chingo de ganas. 

Hugo Lara: Le metimos un chingo de ganas y refleja mucho nuestra esencia, y creo que es algo muy importante. Espero que la gente se sienta identificada, por lo menos con alguna parte. También queremos que lo disfruten porque es como meterse en nuestras cabezas. 

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Para Andrés Cepeda, mirar hacia atrás no significa quedarse atrapado en la nostalgia. En Big Band 2, el cantante colombiano vuelve sobre algunas de las canciones, arreglos y sonoridades que ayudaron a construir la identidad musical de América Latina para ponerlas nuevamente en circulación y recordar de dónde viene buena parte de lo que escuchamos hoy. El álbum continúa una inquietud que lo acompaña desde hace más de dos décadas, cuando descubrió las posibilidades de las grandes orquestas al grabar “Piel Canela” para la televisión, y que en 2018 tomó forma con su primer proyecto dedicado al formato big band.

Esta vez, Cepeda amplía el recorrido: boleros, porros, cumbias y otros ritmos permiten seguir el viaje de las grandes bandas desde el jazz y el swing estadounidense hasta su encuentro con las músicas de Cuba, Puerto Rico, México, Venezuela y Colombia. Grabado en vivo en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, después de una serie de 12 conciertos agotados, Big Band 2 es también un ejercicio de preservación y arqueología musical que llega hasta los archivos: además de Lila Downs, el álbum cuenta con las voces de Celia Cruz y Benny Moré recuperadas de grabaciones originales. “Hay que evitar la palabra rescatar porque la música no necesita que nadie la rescate”, dice Cepeda. Su propósito es otro: recordar que esta música sigue ahí y acercarla a generaciones que quizás nunca tuvieron contacto directo con ella.

El proyecto de Big Band merece varios álbumes. ¿En qué momento usted se dio cuenta de que esto merecía más que un solo volumen?

El viaje de big band empezó para mí hace muchos años, yo creo que fue en el año 2003, tal vez, y me invitaron a hacer la banda sonora de una telenovela. Yo tenía que estar muy chiquito, no sé si recuerde…

Se llamaba El Inútil y la productora quería que la banda sonora fuera esta canción muy famosa de Bobby Capó que se llama Piel Canela. Y yo dije que me la imagino en big band con todas las de la ley y con el tema de época. Y esa canción terminó convirtiéndose en una canción muy importante en mi repertorio.

Me di cuenta del potencial del formato, que me gusta mucho. Unos años después, bastantes años después, hice mi primer “big band” en el 2018, creo que tal vez fue. Lo hice de manera independiente, ni ninguna casa discográfica me quiso apoyar ese proyecto. Sin embargo, lo hice solo y me fue muy bien. Vendí muchos discos en ese momento y me gané un Latin Grammy al mejor álbum tropical.

Me quedó la idea de que “¡claro! Había hecho un primer álbum de solo boleros, pero había mucha más música que presentar ahí”. Entonces el año pasado quise hacer una serie de conciertos para grabar el segundo álbum, también en vivo, pero contando y explicando un poquito cómo era ese viaje del formato del big band.

Como todos sabemos, el big band nace en Estados Unidos con las grandes bandas de jazz y de swing en los años 20 y 30 y entonces, esas grandes bandas empiezan a viajar. Primero van a Cuba con los casinos de las mafias americanas, llegan a Cuba y se encuentran con las compañías de baile, pero sobre todo con los músicos cubanos y con la música cubana, con el son, con el bolero, etcétera.

Se empiezan a fusionar y como estaba esta moda del swing en Estados Unidos en Latinoamérica, queríamos emularla, entonces empiezan a aparecer todos estos experimentos que fusionan música folclórica del Caribe con el formato de big band. Pasa lo mismo en Puerto Rico, México, pasa lo mismo, obviamente, en Colombia y en Venezuela.

Aparecen bandas como La Billos Caracas Boys o Los Melódicos en Venezuela; en Colombia Lucho Bermúdez, Pacho Galán; en México artistas como Pedro Vargas también graban con una big band; en Puerto Rico Bobby Capó; en Cuba, el Gran Benny Moré y se fusionan estas dos cosas del jazz y la música del Caribe. Nacen grandes artistas, arreglistas, directores, intérpretes y quedan unas canciones que son muy importantes para la cultura latina.

En un mundo en donde la cultura latina se mira con ojos un poquito miopes y muy inmediatistas. Creo que vale la pena recordar de dónde viene todo esto, ¿no? ¿Cuál es nuestra relación con la música del Caribe? ¿Por qué la música afro es tan importante? El jazz es negro, la música del Caribe es negra, esa fusión es negra, bailamos como negros, ¿no?

Es chévere hacer esa reflexión, de presentar unas canciones que creo que son muy buenas, con unos arreglos que son eternos, que hay que respetar y seguirlos haciendo, a unas generaciones que, de pronto, no han estado tanto en contacto con esa información. De ahí sale el deseo de seguir haciendo álbumes de Big Band y presentándolos en concierto, invitando a la gente a que los disfrute, los baile, los oiga.

¿Hasta qué punto quiso ser usted respetuoso con la tradición y en qué momento dijo que había que traicionarlo un poquito para que igual sonara a “Andrés Cepeda”?

Quise ser bastante respetuoso. Son pocas las canciones en el álbum en donde nos damos la libertad de hacer nuestros propios arreglos o de adaptar los arreglos. Quisimos ser respetuosos porque, así como son importantes las canciones, las composiciones, son superclaves los arreglos, pertenecen a un estilo particular de una época de la música que vale la pena mantener.

Pero claro, ahí nos damos algunas libertades aquí y allá para jugar un poquito más con la orquesta, para alargar un poquito una parte de la canción, para, de alguna manera, contemporizar un poquito lo que se está haciendo ahí. En términos generales tratamos de ser muy respetuosos con arreglos, incluso con tonalidades, a veces con los BPMs [pulsos por minuto] no siempre, pero pues, eso presenta un reto interesante que es tratar de cantar las canciones en las tonalidades originales.

Andrés Cepeda: “Hay que recordar de dónde viene nuestra música”
Cortesía

También tiene un repertorio muy variado, ¿no? O sea, hay un montón de salsa, un montón de música de acá colombiana-

¡Claro!Al ser la historia del viaje del formato, pues, eh cada país que visita tiene su manera de asumir ese formato.

Entonces, están los porros colombianos y las cumbias y está la parte venezolana y está la parte puertorriqueña, está la parte cubana. Cada aproximación a la big band por parte de los artistas de estos países genera un sonido diferente, ¿no? Por eso se siente esa variedad en ritmos y en estilos.

¿Hubo alguna canción del repertorio que lo intimidara?

Sí, sí, sí, hay dos en particular que me iban sacando canas. Una que se llama ‘Lamento borincano’ que es difícil de interpretar y es larga, tiene una letra que es una letra que es más un poema que una canción, una letra de Rafael Hernández. Otra canción es mexicana, que se llama ‘Alma Mía’, que también tiene unos retos interpretativos interesantes y que tocó trabajarles bastante.

¿Dónde lo grabó? ¿Dónde fue eso?

Hice un concierto en el Julio Mario Santo Domingo para grabar el álbum. La gente se entusiasmó muchísimo, agotó la boletería ese mismo día. Terminamos haciendo 12 shows, boletería agotada en el Julio Mario, y eso me dio oportunidad de tener muchísimo material para editar, lo cual fue chévere.

El otro, el primero, lo habíamos grabado también en el Julio Mario, pero solamente hicimos dos shows. En esta ocasión logramos hacer 12 y pues, fue mucho más cómodo al momento de post producirlo, el álbum.

Hay una particularidad. Tengo tres invitados. Tengo a Lila Downs de México en una canción que se llama ‘Rayito de Luna’ y tengo a Benny Moré y a Celia Cruz. Lo de Celia Cruz vino como un accidente, cuando yo estaba ya grabando el disco, estaban ensayando para grabar el disco. Vino mi memoria… hace muchos años yo fui… pues, yo soy ingeniero de grabación y cuando estaba como practicante en varios estudios de Bogotá, en uno de esos estudios de Bogotá en los años 90, a ese estudio llegó Celia Cruz a grabar una canción del maestro José Barros que se llama ‘Las Pilanderas’ y la grabó con Matilde Díaz, la cantante de la orquesta de Lucho Verdugo.

Yo fui testigo de esa grabación porque yo estaba trabajando ahí como asistente y yo recordaba perfectamente a Celia cantando, pero a mí fue un momento lindísimo ver a Celia grabar en un estudio. Dije, “¡Eso tiene que estar en alguna parte! ¡Esa cinta tiene que existir!” Entonces empecé a buscar, a desenterrar esa cinta, a hurgar por todos lados… apareció la cinta, una cinta de cuarto de pulgada donde estaba la voz de Celia original.

Por fortuna estaba bien almacenada, no tocó hacerle mucha labor de restauración. Después tocó empezar a conseguir los permisos: primero, de la discográfica que mandó a hacer la grabación, después de la otra casa disquera, a la que le vendieron esa grabación, y esa casa disquera después fue con comprada completa por otra discográfica que a su vez vendió el catálogo a una más.

Eso fue un enredo tremendo, pero fui consiguiendo y con el equipo fuimos consiguiendo las autorizaciones, y dándole la pista a la vaina y después conseguir la autorización de los herederos de Celia, de la persona que maneja… la albacea su legado para que nos permitiera usar esa cinta y poner los créditos de Celia en la canción.

Todo esto sin la utilización de inteligencia artificial, a la antigüita. Así logré utilizar la voz de la cinta de Celia y llevarla a la canción.

Esa canción no la toqué en los shows que grabé, esa canción la grabé en las pruebas de sonido antes de que entrara la gente a los conciertos en el Julio Mario, sin la voz mía, sin la voz de ella. Posteriormente, la canté yo y puse las partes que quise poner de la voz de Celia. Logré obtener el permiso, participar en entre otras cosas en el año pasado en los Grammy en un homenaje que se le hizo a los 100 años de nacimiento de Celia, el centenario de Celia.

Logré hacer eso, una vez aprendí a hacer eso, me sometí a hacer el mismo proceso, pero esta vez con la voz de Benny Moré y tengo esos dos invitados de lujo en el álbum.

Cortesía

Es una labor de archivo y de arqueología muy grande.

Sí, sí, sí. Pura arqueología musical

¿Qué más aprendió de este disco? ¿Qué le deja a este disco?

Bueno, primero, la sensación de que hay que hacer otro, por lo menos. Hay mucho repertorio. Creo que lo que hablamos al principio; es importante recalcar el valor de esta música y seguirla presentando.

Me recuerda que es una delicia y que hay que seguir haciendo álbumes en vivo. La tecnología nos ayuda mucho, una buena sala, como es el caso del Teatro Mayor, pues, ayuda muchísimo a tener una buena grabación. El equipo técnico que me acompaña, vale la pena destacarlo: el director es Carlitos Taboada; Juanito es el director musical, arreglista y transcriptor de los arreglos; en la grabación estuvo Kiko Castro y estuvo Pilito.

La mezcla la hicimos con Carlos Taboada. Se hizo un equipo técnico muy bueno con el que vale la pena repetir y meterse en otras aventuras de grabación en vivo más adelante.

Eso le quería preguntar, ¿para dónde quiere coger? ¿A dónde quiere llevar el big band?

No, pues, yo quisiera… El big band se puede llevar a muchísimos lados, no solamente la música tropical. Eso tiene muchas posibilidades, ya nos lo demostraron Sinatra, Bublé y el mismo Quincy Jones. Se puede hacer pop con la big band, se pueden hacer muchas cosas. Entonces, ahí queda como la inquietud para seguirla explorando.

¿Cuál fue alguna versión que usted escuchó ya al final y la haya impactado de todas formas como haya quedado?

Me gustó mucho como nos quedó… Hay algo que pasó con la versión de ‘El año viejo’ que es muy raro porque quedó sonando como si lo hubiéramos grabado en el 59, o sea, adoro el sonido del disco, me gusta muchísimo.

Obviamente, tiene más resolución y el sonido es más pulido, pero tiene como una nostalgia y una cosa que quedó capturada, superlinda. Eso tiene que ver mucho con el trabajo de los músicos, algunos de ellos son gente ya mayor que, de hecho, o grabó o participó en orquestas como los que tratamos de emular nosotros, ellos traen… como esa experiencia y ese sonido, esas texturas, a nuestra grabación.

Me parece muy bacano que usted está haciendo un trabajo primero de arreglos y de composición muy bacano, o sea, de traer esto de regreso, pero sobre todo de preservar los sonidos de América Latina de una forma moderna.

Sí, hay que evitar la palabra rescatar porque la música no necesita que nadie la rescate, la música es más grande que todos nosotros, pero, sí me parece chévere que algunos nos ocupemos de recordar que existe.

Y recordar a la gente que no tuvo contacto con esa música que existe ahí para que entendamos por qué nuestra escena musical es lo que es hoy y cómo podría ser aún más interesante si conocemos de dónde venimos.

Sí, inclusive, digamos, a las nuevas generaciones les gustan mucho los boleros.

Sí, claro

Es una expresión completamente idiosincrática de cómo somos formados y como somos educados a pesar de que pasan las generaciones.

Hay ciertas cosas y ciertas maneras de ver la vida que encajan perfectamente en cómo fueron escritas las letras de tantos boleros.

Ya después de tantos años interpretar sus canciones, de todas formas, ¿qué le deja a usted interpretar canciones de otros?

Ah, no, pues eso se llama estudiar.

Cuando uno está en la universidad, a uno lo ponen a estudiar los clásicos y lo ponen a oír jazz y aprenderse los standards, ¿no? Porque es la manera de educarse.

Y como uno nunca termina de aprender en la música, hacer este tipo de covers y sumergirse en otros mundos musicales es un gran aprendizaje.

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A veces olvidamos que, antes de convertirse en quienes son, los artistas pasaron años soñando con ser escuchados. Anhelaban que su música encontrara un público, que su arte fuera reconocido y que un golpe de suerte transformara por completo su realidad. Lo que pocas veces imaginan es que, cuando ese momento finalmente llega, la cotidianidad y la privacidad dejan de existir tal como las conocían. Kendall Peña, oriundo de Costa Rica, soñó con ser cantante desde muy temprana edad. Y, a decir verdad, lo ha conseguido de una manera tan enriquecedora como admirable. Sus canciones narran una verdad tan honesta que, por momentos, pareciera que estamos escuchando un audiolibro —con una impecable banda sonora— sobre su propia vida. 

En los últimos años, todo dio un giro vertiginoso. Pasó de componer en la intimidad de su habitación a vivir entre hoteles y giras; los estudios de grabación sustituyeron su cuarto como espacio creativo, su equipo de trabajo creció, su comunidad de seguidores se multiplicó y su música cruzó fronteras. Pero, por encima de todo, quien más cambió fue él. Y no hablo únicamente de su evolución artística —que es evidente—, sino también de la personal. Comprendió matices y significados que antes reducía a respuestas absolutas: sí o no, verdad o mentira. Dejó atrás el escepticismo para convertirse en alguien dispuesto a abrazar las experiencias que le ha regalado el mundo, su nueva vida como artista y la música que hoy crea. Esa versión renovada de sí mismo queda plasmada en Hotel 506, su más reciente material discográfico. Un álbum que, según sus propias palabras, será el disco más pop que hará en toda su vida.

Lee aquí nuestra entrevista con Kendall Peña:

Cuéntame sobre Hotel 506. Háblame sobre la historia detrás del material.

Yo venía de una gira, de casi tres o cuatro meses por todo México. Empezamos en Cancún y terminamos en Tijuana. Terminó la gira y todos regresaron a sus casas y países, pero yo me quedé en México un tiempo más. Me metí de nuevo al estudio con mi productor apenas terminó la gira. Estuvimos una semana, y creo que en ese tiempo se crearon la mayoría de canciones que están en el álbum. La canción de ‘506’ es sobre amor, de que yo sigo en la misma habitación del hotel pero esa persona ya no está conmigo y tiene otra vida con alguien más. A raíz de ese tema, nos dimos cuenta que todo se estaba basando en historias que me había pasado en hoteles y en lugares durante la gira. 

Yo vivo en Costa Rica, entonces mi vida cambió bastante cuando se empezó a hacer mucho más profesional, cuando me empecé a dar a conocer en más lugares. Comencé a viajar mucho, a componer en más lugares y a tener otro proceso de composición. Antes componía en mi cuarto en Costa Rica y hacía TikToks, y ahora salí de mi país y estuve en México, España, Argentina y demás. Conocí la música a través de irla escribiendo en una gira. Cuando nos pusimos a pensar en un concepto, pues lo hicimos literal, en donde estuve: hoteles. Ahí sucedieron la mayoría de las historias. La mayoría del álbum es de amor y desamor, que cuenta una historia cronológica, las partes lindas que es el amor, hasta cuando uno se da cuenta que no es lo que siempre se había pensado. Es un álbum muy de cantautor sobre las experiencias que tuve entre el 2024 y 2025. No le quisimos dar mucha vuelta, es sobre lo que se trató mi vida: viajes, hoteles, estar en diversas partes del mundo y hablar sobre personas que llegaron a marcar mi vida, pero que siguieron su camino. 

También es un poco surreal y dreamy para que no fuera aburrido y se centrara en un hotel. Es un viaje de ilusionarse hasta caer en la realidad, que es un poco lo que me pasa en la vida. Creo que mis proyectos son un diario de mi vida. Este es mi segundo álbum, y creo que es el más rockstar porque comencé a vivir más cosas que jamás había vivido: estar en festivales, hacer conciertos, no dormir, irnos en camionetas a otro lugar. Creo que se vivió muy fuerte. Las emociones y experiencias en el álbum se viven muy fuertes. 

Kendall Peña y el gran giro que transformó su vida 
Cortesía prensa
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Me interesa lo que mencionas sobre tu primer acercamiento a la vida ‘rockstar’. ¿Cómo te sientes con este giro tan importante en tu carrera? ¿Crees que se rompió la fantasía o se hizo más grande?

Creo que se rompe la fantasía, pero a la vez no. Es una mezcla. Es muy extraño porque como seres humanos siempre estamos inconformes. Lo que tengo ahora mismo no es lo que quiero, y quiero otra cosa, y cuando ya consigo lo que quiero, ya extraño lo que tenía en mi pasado. Hay cosas que extraño mucho de estar escribiendo solo en mi habitación, donde sentía que era un proceso más personal. Ahora, tal vez me tengo que abrir más a otras personas y a otros compositores. Siento que mis materiales son muy personales, entonces a la hora de estar conectado con tantas personas, puede ser complicado abrirse, porque no le puedo estar contando a cada productor mis cosas personales. Siento que fue bueno exponerme a tanto, pero ahora es crear un balance entre lo que era antes y lo que soy ahora. 

Había un momento en el que sentí que era cansado estar en tantos aeropuertos y estar viajando tanto. También uno extraña a la familia y se pierde de muchas cosas, entonces siento que es agridulce. Igual creo que uno exagera porque hay peores cosas en la vida y uno la está pasando súper bien, pero sí es cierto que me di cuenta de lo inconformes que somos como seres humanos, y lo que no tenemos es lo que siempre estamos buscando, pero cuando lo tenemos, lo normalizamos. Más que entenderlo, pretendo disfrutar del presente porque es algo que casi no hice. Estaban pasando cosas y siempre estaba pensando en lo siguiente que estaba por pasar, y tal vez no iba a pasar más. Creo que lo importante es disfrutar de ese presente. Quiero disfrutar de llegar a Costa Rica y que sea lindo estar con mi familia. Quiero agradecer esas dos cosas. Lo cool es que no es tan rockstar como uno lo siente, porque cuando comienzas a conocer más personas y relacionarte, te das cuenta de que todo es más normal de lo que parece. Esto es parte de un trabajo, y tiene sus partes bonitas y sus partes cansadas. 

También mencionas la importancia de lo visual en tu proyecto. Cuéntame del peso que tiene en tu vida personal y artística este lado creativo. 

Estudié diseño en Costa Rica. Siempre quise estudiar música, pero en Costa Rica es súper difícil. Recuerdo cuando me estaba graduando, antes de entrar a la universidad, mi mamá me preguntó sobre mis planes, y ella siempre me había dicho que siguiera mis sueños, entonces le dije que quería ser cantante, pero me dijo que no [Risas]. Tenía que estudiar otra cosa, porque según las personas, me iba a morir de hambre. Eso fue antes de la pandemia, antes de que pasaran las cosas de TikTok y así. Estudié diseño porque era lo más relacionado al arte que encontré en Costa Rica. Siempre ha sido muy importante para mí. Recuerdo que cuando era pequeño veía MTV, y tal vez una canción no me gustaba, pero luego veía el video de la canción y cobraba un sentido diferente y tenía otro significado. Para mí, ya tenía un peso diferente. 

Desde mis TikToks, trataba de darle una forma estética y un significado. Cada proyecto mío ha tenido sus eras y sus etapas. Me gusta mucho que los proyectos sean conceptuales, aunque sí se vuelven más cansados porque se tiene que pensar en un concepto y trabajarlo por meses. Creo que esto tiene mucho peso en los proyectos. Para mí no es solo la música, sino que también se tiene que crear un concepto en lo que se quiere expresar.

Cortesía prensa
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Sobre el cambio en tu composición, mencionas que ahora compones en los hoteles y en plena gira. ¿Qué tanto te ha ayudado como compositor el salir de tu zona de confort?

Creo que más como compositor, me ha ayudado en temas personales. Antes, cuando estaba solo en Costa Rica, mis problemas se hacían más grandes de los que eran. Cada vez que viajaba, o cuando conocí México por primera vez, dando un ejemplo, veía que había mucho más, y que la vida era mucho más que solo mi cuarto y mis problemas en Costa Rica. Esto me ayudó a relativizar mucho más las cosas y a vivir más tranquilo. 

¿En qué etapa crees que te encuentra Hotel 506?

Este disco me enseñó que el amor no es blanco y negro. En mis primeros proyectos era: o me quiere o no me quiere, o es todo o es nada. A través de los viajes y de todo lo que me ha pasado, he entendido que hay personas que llegan a nuestra vida para que aprendamos algo, para que nos acompañen en un periodo corto de nuestra vida y seguir cada quien en nuestro camino. Creo que es un álbum que me hizo ser más introspectivo en aspectos de la vida. En el amor hay demasiados grises. También me hizo ser más exigente, en cuanto a calidad y lo que quiero. Creo que este es el álbum más pop que haré en toda la mi vida. 

Me encanta Ralphie Choo, Rusowsky y Rosalía, lo que se me hace curioso, porque es música que yo no hago. Lo siguiente que haga, me gustaría darle tintes de lo que me gusta y escucho. Creo que me ayudó a saber que hay canciones que no se escriben en 20 minutos o 40. Lo siento más profesional, completo o con más sentido. Esto me deja ganas de seguir haciendo más, y considero que será cada vez más difícil. Lo disfruté bastante y me hizo crecer bastante. 

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Cuando los y las artistas hablan de los procesos creativos detrás de algún álbum, suelen decir que muchas canciones se quedaron por fuera del corte final. Puede que al decidir lanzar una edición deluxe de dicho trabajo incluyan unas tres o hasta cinco extra, pero es una rareza que compartan una segunda parte que le dé continuidad a esa primera entrega. Después de publicar Femme Fatale el año pasado, a Mon Laferte le quedó una cantidad considerable de temas que sentía que merecían ver la luz, así que en junio presentó Femme Fatale Vol. 2, un LP de 20 canciones nuevas que nacieron dentro del mismo momento emocional del primer volumen. “Se me ocurrieron muchas canciones en el camino, muchísimas. De hecho, me quedaron como 20 más”, cuenta.

A diferencia del primer disco, en el que el jazz fue fundamental para la historia, el más reciente es más ecléctico en cuanto a sonidos. En un momento estás escuchando una balada folk y al siguiente te aturdes porque llega un tema intenso de punk. También es un álbum en el que sale —aunque parezca imposible— un lado de Mon más personal.

La cantautora chilenomexicana comenta que esta ha sido una de las etapas artísticas más exigentes de su carrera hasta ahora, pero de cualquier modo, la ha estado disfrutando. “La exigencia física es alta y es muy exigente para la voz también porque, por ejemplo, tuve tres conciertos de tres horas en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México y fueron tres días pegaditos”, dice respecto a su gira actual. De hecho, su interpretación en vivo de ‘Femme Fatale’ durante una de estas noches que menciona quedó registrada en un video que ya puede apreciarse en su canal de YouTube a modo de celebración de lo que ha sucedido alrededor de este universo.

Semanas antes de la publicación del video, Mon Laferte, desde París, habló con ROLLING STONE en Español sobre lo que hay detrás de Femme Fatale Vol. 2.

Hace poco publicaste Femme Fatale Vol. 2, y si bien tiene canciones que nacieron dentro del mismo proceso creativo del primero, su sonoridad es distinta. ¿Tuviste dudas de incluir estas canciones en el vol. 2 de Femme Fatale? ¿Por qué no sacarlas bajo otro título?

No, porque se me hacía como una trampa. Cuando empecé Femme Fatale, siempre supe que quería que sonara más hacia el jazz. Empecé a recopilar canciones en el proceso y se me ocurrieron un montón de otras nuevas, pero no todas necesariamente eran de jazz o tenían algo que ver con ese universo. Y era como, “OK, compuse esto, existe dentro del universo, pero no suena a la canción ‘Femme Fatale’”, que fue la primera que hice pensando en el álbum y el sonido que quería crear. Entonces, compuse una que se llama ‘No le regales tu corazón’ y no quedaba en Femme Fatale, pero la hice en el mismo momento con la misma energía. Era parte de lo mismo.

Pude haberlas usado todas en otro álbum, pero realmente sentí que era como hacer una trampa. Me gusta la idea de empezar de cero un material. Siempre tengo notas en mi teléfono y voy agarrando cositas y las trabajo cuando me toca hacer un disco, pero igual para mí es importante que sea una fotografía sonora del momento en el que estoy. Entonces dije, “Voy a lanzar el Femme Fatale como está, y en una parte dos que se entienda que es todo lo que no puse en la parte uno”, pero no por eso es descarte, sino que fueron parte de todo esto.

P&R: Mon Laferte
Portada Femme Fatale Vol. 2

Es un álbum con mucho contenido donde también eres bastante directa. Por ejemplo, en ‘For Your Consideration’ hablas de la contradicción de querer seguir haciendo arte, pero no querer sentirte como mercancía e incluso desear una vida normal. ¿Cómo evitas que la industria controle tu arte?

Yo creo que la industria no controla mi arte y creo que siempre ha sido así. Si hablamos de industria, pensar en netamente el venderte un álbum o venderte la canción del verano no es parte de mis intereses, nunca lo ha sido realmente. No digo que esté mal, pienso que cada artista tiene sus maneras de percibir el éxito y lo que le gusta, pero a mí me gusta tanto hacer mi música, mis experimentos, estar ahí en la computadora mil horas y escribir pendejadas. Si tuviera que estar todo el rato pensando en hacer un hit, no sería feliz, sería una persona muy desgraciada. Tengo la fortuna de que hago mis canciones y hay un público ahí, y es un nicho que está esperando este tipo de música y afortunadamente me va bien. Entonces yo siento que lo de la industria es porque a veces me doy cuenta de que estoy cansada y digo, “OK, voy a parar un rato”, y yo misma voy y digo, “No, no voy a parar, quiero seguir haciendo esto un rato más porque tengo que producir”. Y es un pensamiento bastante capitalista que creo que nos atraviesa a todos hoy en el presente, el sentir culpa por echarte a ver una serie o lo que sea.

Sí, por no sentirte “productivo”.

Totalmente. Es como una epidemia y no nos queda otra que trabajar porque si no, “estás mal”, como que el mundo te castiga si no estás produciendo. Entonces, claro, por ahí tal vez sí me gana, soy víctima de la industria y el capitalismo. Por eso dice, “El capitalismo, el neoliberalismo, no me dejan descansar”. Pero eso es otra cosa, creo yo.

A mí me gusta ‘No le regales tu corazón’ porque es la canción más larga y es bien experimental, pero aparte de todo, siento que también es una de tus canciones más directas. Creo que nunca te había escuchado cantarle a tu familia tan de tú a tú.

Sí. Esa canción es muy especial y, de hecho, pensé en no publicarla porque mi pareja estuvo muy deprimido en un tiempo. Nosotros ya llevamos varios años juntos, y tenía mucha depresión (esto es algo que nunca había contado y le pedí permiso para hablar de esto). Su padre se suicidó cuando él tenía tres años, y yo tenía mucho miedo de que se repitiera la historia porque él entró en una depresión muy fuerte. Entonces, yo le digo, “No le regales tu corazón a la depresión. Tú no eres como él, como tu padre”. Es por eso que dice esa frase, “Tú no eres como él”. 

¿Al final se escuchan los latidos de tu hijo?

No, pero la idea era que se sintiera como un corazón. Lo que digo al final, “Amor de mi vida, voy en el ferry hacia Venecia…”, eso es algo que escribí mientras iba en el ferry a encontrarme con él y finalmente esa carta que le escribí fueron mis votos en nuestra boda. Esa canción es muy personal, es una carta de amor y también una manera de representar todo lo que se vive en una relación de muchísimo amor, con todos sus altos y bajos, pero siempre desde el amor. Te das cuenta de que el amar y el tener una relación es una decisión y es un trabajo de todos los días, y eso es lo que yo quería que se sintiera en la canción. A veces se siente como un bálsamo, a veces está pesado, está tortuoso, pero así es la vida también.

¿Qué lugar ocupa esta canción en tu carrera entonces?

Yo siento que es parte de un grupo de canciones que tengo que son muy personales y muy honestas, y no son la canción estereotípicamente de amor, sino que entran en otro sitio. Por ejemplo, en esas canciones yo diría que está una que se llama ‘Pa’ dónde se fue’, se la hice a mi padre; hay otra que se llama ‘El cristal’, se la hice a mi abuela; hay una que se llama ‘Te vi’, que se la hice a mi madre. Ese tipo de canciones son de las que más me gustan porque son canciones con nombre y apellido, y con una honestidad que me llega a ser incómoda.

Neil Krug

¿Cuál es la historia detrás de ‘Mary’? ¿Le cantas a una persona en específico o a tus amigas en general?

Mary es mi mejor amiga. Somos amigas hace 25 años, más o menos. Desde muy jovencitas. Mary tiene una enfermedad autoinmune en el hígado y ha sido trasplantada tres veces. Y cuando le escribí esa canción, ella estaba en su último trasplante de hígado, estaba muriendo, y yo escribí esa canción para ella. Por suerte, ahora está superviva, feliz y celebramos la vida juntas.

¿Qué es lo bonito de cantarle a las amistades?

Es precioso. No hacemos tantas canciones para los amigos. Como que siempre las declaraciones de amor son para tu pareja, pero al final te das cuenta de que los amores que se te quedan casi siempre son las amistades porque normalmente son amores sin condiciones. En cambio, en las relaciones de pareja siempre hay un condicionante, es decir, esta cosa de pertenencia y en las amistades no, es un amor libre.

En contraposición a ‘No le regales tu corazón’, siento que su opuesto sonoro es ‘Tal vez yo soy el problema’ porque es bien corta y bien ruidosa, es la más ruidosa del álbum. ¿A qué se debe este desquicio en Femme Fatale Vol. 2?

[Risas] Para mí es una travesura de esa canción. Es una broma porque, obvio, la inventé, y tenía escrito mucho de eso en mi teléfono, como lo irónico, como la parte de que “no llenó el vacío que dejó mi papá”. Y yo decía, “Ay, esto tiene que ser con una música rockera punkera”. Es una canción graciosa con mucha ironía y yo la siento así, como que quise jugarle una broma a la gente, porque aparte viene un momento supertranquilo del álbum y de repente es como “¡Me sentía tan sola…!” [risas]. De hecho, el día que salió el disco, lo quise oír porque se escucha distinto el máster que tú entregas al que escuchas en las plataformas, entonces me puse los audífonos y me puse a oír el disco. Me había olvidado que ahí venía esa canción y me saqué de onda, pero muchísimo y dije, “OK, esto mismo siente la gente”. Se asustaron igual que yo, pero está chido. Es una broma, pero también hay mucha realidad, es parte de la música que me gusta y que alguna vez he hecho en mi vida. Mis primeros dos discos eran muchísimo más rockeros y alternativos, y está bueno que también es algo que es parte de mí, que a lo mejor en mis últimos álbumes no ha estado muy presente, pero es algo que me gusta.

Sí, así lo sentí. Me remontó a tus inicios, a esta Mon con capul.

Sí, totalmente.

También me gusta ‘Gigante’, cuya letra la escribiste hace más de 15 años en un momento en el que sentías que ibas a perder tu voz. ¿Cómo ves ahora la Monserrat que en ese entonces temía ser olvidada y que ahora hace parte de la historia de la música latinoamericana?

¡Ay, qué emoción lo que dices! Fíjate que esa canción desde hace tres, cuatro discos atrás yo decía, “La voy a poner”. Siempre decía que tenía que meterla en algún álbum porque me gusta y es una canción tranquila, como que puede ser un bonus de cualquier disco, siento yo. Y vi la oportunidad, fue como, “Estoy poniendo muchas canciones en este disco, pues pongamos una más y recuperemos ‘Gigante’”. Es una canción en la que casi que me estoy despidiendo del mundo, de la vida; me voy a quedar sin voz. Yo pensé que también me podía haber pasado cualquier cosa en ese tiempo porque era muy joven y percibía el mundo de otra manera. Pero hoy, 15 años después, como dices esto de “haces parte de la historia de la música latinoamericana”, es cierto, soy parte de miles de artistas que forman nuestra identidad sonora y es superemocionante pensar que se logró. Yo despidiéndome hace 15 años atrás en una canción y 15 años después, “Ah, no, siempre no, no me despedí, aquí estoy” [risas]. Me da gusto, me siento feliz. Y creo que es una forma de celebrar también el que esté la canción.

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En el disco también hay muchas letras en las que siento que eres muy dura contigo misma, pero también está ‘Hello Monserrat’. Igualmente eres autocrítica en esa canción, pero es como “bueno, necesito espabilar”.

Esa me encanta. Al principio no me convencía tanto y ahora es una de mis favoritas del disco porque justamente llegué a ser extremadamente honesta; me gusta mucho eso, la verdad. Siento que no puede ser de otra manera, por lo menos en mi manera de ver el mundo, de percibir la música. Es decir, “Pienso en el bótox. En la soledad de estar de gira”, porque, aunque estás con mucha gente, de repente se extraña estar en la casa. Al final me doy cuenta de que solo soy una mujer más, que nada es tan importante. Un momento de la canción dice como, “Igual todos nos vamos a morir”, y estoy en el proceso de aprender a quererme, como dice la canción. Creo que todos estamos un poco ahí. Hay unos que se quieren más, otros un poquito menos, pero nos cuesta vernos y realmente amarnos. Siento que nos enseñaron, de alguna manera, a mi generación a merecer las cosas, a tener que esforzarte mucho para que te quieran o quererte tú mismo y hacer algo importante, y estoy en esa búsqueda de quererme más porque ya me quiero. Hubo un momento en que no me quería nada, sobre todo en la adolescencia, pero ya me quiero bastante y me quiero querer más todavía porque quiero que mi hijo vea a una mujer que sabe amar y amarse también a ella misma.

Qué bonito escuchar eso. Igual es un trabajo en construcción y siento que es importante tener estos puntos de vista de que uno está siempre en constante aprendizaje.

Sí, todo el tiempo. Y me encanta porque claro, ahora te digo, yo ya me quiero. Justo hoy hablaba con una amiga de eso y hablaba también con el tema del peso, trastornos alimenticios y le decía, “Es una locura ver cómo pasé todos mis 20 pensando que era fea y gorda”, porque en los 2000 era cruel el mundo también con las mujeres. Una de mis películas favoritas es El diario de Bridget Jones y me acuerdo que en esa época se decía [de Renée Zellweger], “Es que es gorda”, y ahorita la veo y digo, “¡¿Qué?!”. Me tocó ese mundo. Entonces pienso que en ese tiempo no me quería y ahora me quiero mucho, pero siento que me puedo querer más, aceptar más también y no ser tan dura conmigo. Soy un ser humano.

Mon, ¿qué es lo que más has apreciado de toda esta era de Femme Fatale?

Con cero humildad, te diría que yo creo que son mis mejores composiciones hasta ahora [risas]. Espero que, si hago otro álbum en un futuro, poder decir lo mismo, que sea mi mejor disco y que vaya creciendo con los años. Pero me gusta mucho este disco. Me siento más tranquila en el tema de composición, siento que como escritora crecí mucho, encontré la mejor forma de contar mi historia y me encanta que podamos hablar de estos temas de las letras, de las canciones, que no había puesto antes como de la maternidad, de cómo me siento con la industria, no sé. Me deja eso para empezar: crecimiento como compositora.

Siento que he conectado mucho más con mi público y creo que tiene mucho que ver las letras de las canciones. También me la he pasado muy bien en el sentido del personaje Mon Laferte-Femme Fatale. He jugado con el personaje, con la peluca, con el brillo, ha sido muy rico también en eso, he podido colaborar con gente increíble. Siento que he crecido y que he conectado más con el público y con mi equipo de trabajo también. Creo que ha sido mucho crecimiento en general.

Me gusta que digas esto de “con cero humildad” porque no es no tener humildad, sino apreciar las cosas propias. Si yo luché por esto, tengo que sentirme orgullosa.

Sí. Espero que siempre sea así, que mi último trabajo siempre sea el mejor, porque me esforcé mucho para que fuera el mejor. Me pasé horas y horas buscando la palabra para contarte la historia. De hecho, todo empezó porque yo estaba viendo una entrevista de un maestro y poeta chileno que se llama Floridor Pérez, y decía, “Yo lo que más le enseño a mis alumnos de literatura es a borrar. No a escribir, a borrar”. Y me quedó dando vueltas y claro, es importante saber quitar. Creo que hice mucho eso en este disco.

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