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En la vida hay momentos llenos de euforia y momentos en los que simplemente hay que sentarse a reflexionar sobre el pasado. Por alguna extraña razón, las fiestas funcionan en una estructura similar, o al menos eso plantea Lykke Li en The Afterparty, su más reciente material discográfico. 

Después de casi dos décadas de carrera, la artista sueca se sienta a reflexionar sobre cómo ha cambiado su percepción sobre la vida y la industria musical en estos años. En tan solo nueve temas, Lykke Li presenta una narrativa completa que gira alrededor de una lucha interna que todos hemos experimentado alguna vez: enfrentarse a la peor versión de uno mismo. Pero esto no viene de la culpa, sino desde la esperanza, lo que resulta en un proyecto catártico y sanador. 

A tan solo días de que el álbum salga a la luz, Lykke Li se reunió con ROLLING STONE en Español para conversar sobre el proceso creativo detrás del álbum, la profundidad de su concepto y los pequeños detalles que lo convierten en uno de los proyectos más distintos de su catálogo. 

Felicidades por The Afterparty, tu nuevo álbum. Me parece muy interesante cómo, en cierto modo, es completamente opuesto a tu disco anterior, no solo en su sonido, sino también en su producción y en el lugar de grabación. ¿Por qué quisiste que fuera tan diferente a tu última entrega?

Creo que siempre he sido así. Con cada álbum que hago, intento ir súper a la derecha y luego pienso, “Oh, la próxima vez quiero ir completamente a la izquierda”, así que es como si estuviera en un viaje como artista y quisiera explorar todas estas cosas diferentes.

Cuéntame sobre la grabación de este nuevo álbum en tu país natal, Suecia, ¿qué diferencias supuso en comparación con la grabación de tu anterior álbum, que fue en Los Ángeles?

En su mayoría, todos mis primeros álbumes los hice en Suecia también. Siempre vuelvo al estudio de Ingrid. También hice el último álbum en la pandemia, así que no pude viajar mucho. Por eso también se convirtió en una especie de álbum claustrofóbico y esta vez quería que fuera súper maximalista; mucha gente, muchas voces, en vivo, todo en vivo, y toda mi gente está en Suecia, así que fui allí.

Pero escribiste The Afterparty en Los Ángeles. ¿Encontraste algún contraste entre la idea que tenías al escribir el disco y la que tenías al grabarlo?

Son completamente diferentes y la forma en que llamo a Los Ángeles es “el ashram”. Escribo principalmente en Los Ángeles porque te obliga a pasar mucho tiempo solo en tu coche y el coche se convierte en una especie de burbuja espacial y luego miras el mundo. No sé si es así en México, pero especialmente en Los Ángeles hay tanta destrucción, sufrimiento y decadencia, así que básicamente es un mundo en llamas.

Sí, aquí también pasa. Es crear o morir, ¿no?

Sí, es exactamente así. 

Lykke Li se despide de sí misma en The Afterparty
Chloé Le Drezen

Uno de los aspectos clave de este nuevo álbum, al menos en lo que respecta a su sonido, es el papel protagónico de las cuerdas. Tuviste una orquesta de 17 músicos para la grabación, ¿por qué quisiste que las cuerdas fueran una parte tan importante de The Afterparty?

También las tuve cuando toqué cuatro conciertos con la orquesta sinfónica en Suecia, que era una orquesta de 60 músicos, y fue tan hermoso. Cuando hice eso, pensé, “¡Dios mío! Definitivamente necesito usar cuerdas en este álbum”. Creo que las cuerdas también representan el drama y la emoción; es tan hermoso que como humano puedes tocar cuerdas y pintar el mundo entero en emoción. Son instrumentos muy poderosos.

Otro aspecto clave del sonido de este disco son los “bongos apocalíptico”s, que podemos escuchar desde la primera canción, ‘Not Gon Cry’. ¿Cómo fue el proceso de experimentar con ese instrumento hasta encontrar el sonido específico que buscabas?

Para mí, eso también es un elemento tan humano porque realmente tienes que tocar el bongó, y también me inspiraron mucho los álbumes de Marvin Gaye y los Rolling Stones que también siento que tenían los mismos temas, como que el mundo también estaba lidiando con la guerra, y realmente muestra el caos del mundo, como la sangre y el sudor de ser humano también. 

Ese instrumento también es muy importante en la música latinoamericana, ya sea cumbia o salsa…

Me encanta la cumbia. Estoy obsesionada.

Y me preguntaba si esos géneros fueron de alguna manera una fuente de inspiración para este disco.

No directamente, pero sí indirectamente. He pasado mucho tiempo en México y me encanta ese tipo de música. 

Contrastan un poco porque los bongos son muy alegres y le dan un ritmo animado a muchas canciones. Pero el concepto principal de The Afterparty es lidiar con tu peor versión. ¿Por qué quisiste que tuviera este contraste entre un concepto tan profundo y potente con sonidos alegres?

Porque creo que la naturaleza humana siempre está en la delgada línea entre la oscuridad y la luz. Y siempre tiene que existir esa yuxtaposición en todo. Así que si vas a ir muy oscuro, tienes que compensarlo con mucha luz. 

Chloé Le Drezen

Y háblame del concepto del álbum en sí. ¿Por qué quisiste que se abandonara un tema tan profundo y desafiante para muchas personas como lo es lidiar con la versión más oscura de uno mismo?

Eso es lo que hago como artista. Tomo todas esas emociones que son difíciles de manejar, las transformo y compongo canciones. Así que, básicamente, tomo aquello que no entiendo y con lo que no puedo vivir, e intento comprenderlo.

Te diste cuenta de que querías grabar un álbum completo después de grabar ‘Famous Last Words’ en una sola toma. Es una canción muy potente y emotiva, y eso se nota no solo en los instrumentos, sino también en tu voz. ¿Qué recuerdas del proceso de grabación? ¿Fue emocionalmente exigente de alguna manera?

No realmente. Cuando tienes una canción así, es como un hermoso misterio y piensas, “¡Guau!”, como si fuera una descarga celestial. Entonces, cuando tienes algo así, te das cuenta de que has descubierto algo importante. Y la verdad es que, sobre todo con la letra, ese chico malo, ese chico rebelde, esa criatura de la noche, me interesaba mucho ese personaje.

¿Fue esa la primera canción que grabaste del álbum?

Sí, creo que esa es la primera que tengo grabada como es debido.

¿Y esa canción dio pie a todo el concepto que hay detrás de The Afterparty?

No, eso fue solo un capítulo. A veces uno no sabe. Te preguntas, “¿Estoy haciendo solo unas pocas canciones o estoy haciendo un álbum?”. Ahí es cuando me doy cuenta, “Bueno, estoy haciendo un álbum”. Me di cuenta de que ‘Famous Last Words’ es solo un capítulo. Ahora, necesito encontrar todos los demás capítulos y descubrir la trama completa de la historia.

¿Por qué quisiste construir esta narrativa en la que comenzamos con una especie de euforia y avanzamos hacia un punto emocional apagado en el que no hay nada más que hacer que reflexionar sobre lo que acaba de suceder en esta fiesta, que es una metáfora de la vida misma?

Para mí, eso es lo que significa hacer un álbum: construir este mundo que es casi como una obra de teatro, una película o un libro, donde hay todo un arco argumental, narrativa y personajes. Me gusta construir realmente todo el mundo. Eso es lo que lo hace divertido. 

¿Y qué imágenes te llegaban a la mente mientras escribías y grababas el álbum?

Cuando imagino cosas, nunca hay limitaciones de presupuesto. En mi mente soy Stanley Kubrick, pero luego llega la realidad y aparece mi compañero, Theo Lindqvist, que es casi como mi Björn en la música. Es mi compañero visual. Entonces, empezamos a reflexionar sobre los tiempos que vivimos, ya sea que todo esté en TikTok o en Instagram. Son pequeños fragmentos de realidad, ya sea ver una guerra, un meme o una sesión de fotos de moda. Son trozos fragmentados de realidad. Pensamos, “Creo que tenemos que crear una especie de regla fundamental donde todos los vídeos sean reales”. Está sucediendo todo. Es un iPhone o una cámara de video. No hay nada de ilusión. No hay filtros añadidos. Es la realidad y los seres humanos intentando superar sus circunstancias.

Chloé Le Drezen

Quiero hablar de la canción ‘Knife In The Heart’ porque siento que es el clímax de toda la historia que nos estás contando. Así que quiero preguntarte cómo fue el proceso de creación de esa canción. ¿Fue tan catártico como parece?

Sí, lo fue. Creo que esa fue la última canción que escribí para el álbum, y también me salió en una sola toma. Y te das cuenta cuando estás escribiendo algo y dices, “Oh, esto es lo que he estado buscando durante meses”. Y es una canción bastante sencilla, casi como una canción de cuna. En realidad trata sobre aceptar la condición humana. Esa canción es bastante emotiva y se puede sentir desde la perspectiva del público o del oyente.

¿Y cómo se vive desde la perspectiva del artista? ¿Cómo fue escribirla?

Al escribir, simplemente estás explorando. Intentas encontrar las palabras adecuadas para expresar un sentimiento. Así que, cuando escribo, estoy totalmente inmersa. Solo tengo curiosidad. Solo estoy viendo hacia dónde va. Y luego creo que la producción fue realmente interesante porque mi amigo vino y le dije que quería esta introducción súper cara y luego él estaba tocando Ebo y esos primeros acordes. Yo pienso, “¡Dios mío, sí!”, como si estuviéramos lanzando un apocalipsis total en la producción.

Increíble. Y algunas de las letras de The Afterparty son muy reflexivas, pero te divertiste mucho escribiéndolas. ¿Por qué te resulta gracioso escribir ese tipo de letras?

Por ejemplo, estaba obsesionada con la palabra “payaso”. Entonces, pensé, “¿Cómo puedo usar esa palabra?”, o buscaba palabras que, para mí, evocaban una imagen irónica o humorística. Me preguntaba cómo incorporarlas a la canción. Era simplemente curiosidad por las palabras y las imágenes, y sí, a veces me hacía reír, por ese estilo un tanto absurdo.

Corrígeme si estoy mal, pero durante el proceso creativo de este nuevo álbum encontraste una nueva pasión en el pro-wrestling o la lucha libre profesional. ¿Qué fue lo que te interesó tanto de este mundo?

Me parece que es muy parecido a lo que significa ser humano, como ver esos combates de lucha libre donde tienes que competir por tu lugar a pesar de sentirte derrotado y con todas esas lesiones. En la lucha libre, tienen todas esas historias y arcos argumentales increíbles. Se trata mucho de venganza y traición. Me pareció completamente fascinante. 

En una entrevista que te hicieron hace más de 15 años, mencionaste que sentías que la música te llegaba como un regalo de Dios. ¿Sigues pensando lo mismo?

Sí. Bueno, no hay una respuesta a por qué algunas personas escriben canciones y otras no. Simplemente, puedes ir a ese lugar. Y es tan hermoso. Sigue siendo un misterio. Y es un regalo tan grande para mí que realmente no sé cómo viviría sin él.

Chloé Le Drezen

Finalmente, The Afterparty se siente como una especie de despedida. Sé que has insinuado que este podría ser tu último álbum. ¿Intentabas dar un cierre a tu carrera, al menos a la Lykke Li que conocemos?

Sí, creo que sí. Y creo que también es que esta industria se basa en ser joven. Y cuando ya no lo eres, tienes que reajustarte y te das cuenta de que la industria está bastante podrida. Entonces, a medida que te vuelves más sabia y espiritual, empiezas a cuestionar toda esta industria. Es como una despedida a la niña que empezó tan joven. Estoy haciendo esto para mi yo de 18 años, que ni siquiera podía imaginar quién sería a estas alturas. Es casi como honrar esa parte de mí misma.

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Actualmente, no sería descabellado afirmar que la escena musical latina está dominada por el género urbano. En Chile, particularmente, esta escena ha tenido un segundo aire gracias a artistas como Akriila, Easykid o Sinaka, rescatando sonidos e influencias del pasado y mezclándolos con otras corrientes como el hyperpop o el neoperreo.

Sin embargo, en el país austral, a pesar de esta gran carga sobre lo urbano, en paralelo se han ido construyendo proyectos más cercanos al rock indie, como es el caso de agrupaciones como Niños del Cerro o Asia Menor. En ese contexto, en 2023 aparece una banda que ha ido creciendo poco a poco, con una propuesta que para muchos jóvenes resulta nueva ya que retoma sonidos clásicos del rock chileno y los cruza con influencias modernas, sobresaliendo y convirtiéndose en un referente dentro de la escena independiente: Candelabro.

Candelabro: una llama contestataria y esperanzadora para el rock latinoamericano
Cortesía

Candelabro, integrada por Matías Ávila, Franco Arriagada, Carlos Muñoz, Javiera Donoso, Luis Ayala, Nahuel Alavia y María Lobos, lleva varios años construyendo un proyecto sumamente profundo e interesante, algo que la ha hecho destacar dentro del mundo indie chileno. Sin embargo, fue en 2025 cuando su propuesta entró en el radar de gran parte del público con su álbum Deseo, carne y voluntad, amado por los melómanos latinos y aclamado por la crítica, demostrando que su sonido, estética y mensaje no podían permanecer ocultos por más tiempo.

En conversación con ROLLING STONE en Español, Matías Ávila, fundador y líder del grupo, habla sobre los inicios de la banda, sus dos álbumes de estudio hasta ahora, la importancia de tomar una postura política y su gira por España.

La verdad, me emociona mucho hablar contigo. Candelabro es una de las bandas que más he escuchado desde el año pasado y, antes de entrar de lleno en Deseo, carne y voluntad y su gira por España, me gustaría ir al inicio. ¿Cómo nace Candelabro y qué intención había detrás desde el comienzo?

Candelabro como tal nace en 2023, cuando Franco, Nahuel, Luis, Carlos, Javi y yo —éramos seis en un inicio— estábamos tocando canciones que yo había compuesto para mi carrera solista. Antes teníamos una banda que se llamaba “La Sonora Matías Ávila”, porque éramos muchos. En Chile existe toda esta tradición de “sonoras”, como La Sonora de Tommy Rey o La Sonora Palacio, bandas grandes que tocan cumbias y animan fiestas, especialmente en fechas como Año Nuevo. Jugábamos con esa idea.

Después empezó a tener más sentido convertirnos en banda, porque el trabajo colectivo era fundamental para que existiera un proyecto así. También era raro tener una agrupación tan numerosa bajo mi nombre. A mí no me acomodaba, y era más lógico bautizar el proyecto. Ahí, después de muchas conversaciones, decidimos llamarnos “Candelabro”.

El nombre tiene una historia personal. Mi abuela tenía una lámpara que simulaba ser un candelabro, y como mi mamá trabajaba mucho cuando yo era niño, pasaba bastante tiempo con mis abuelas. Uno de mis pasatiempos era hablarle a ese objeto por horas. El candelabro, además, es algo ostentoso, pero también presente en espacios cotidianos como universidades o edificios antiguos. Tiene esa dualidad: es extravagante, pero accesible.

Creo que la banda también tiene algo de eso: somos un grupo grande, con pasajes a veces raros o extensos, pero que no pierde la fuerza de la música popular ni del canto que conecta con la gente, que hace que griten, lloren o celebren con nosotros.

Foto compartida por Matías Ávila
Foto compartida por Matías Ávila

Son varios integrantes, muchas miradas distintas. ¿Cómo conviven esas visiones dentro de la banda? ¿Cómo funciona el proceso de composición, especialmente entre Ahora o nunca y Deseo, carne y voluntad?

Aunque Candelabro nace en 2023, con Franco llevamos casi diez años tocando juntos. Con Carlos, el bajista, unos siete u ocho. Con la Javi también hay una historia larga —nos conocemos hace unos cinco años y  fuimos pareja dos—. Hay vínculos muy fuertes entre todos, y además cada uno escucha cosas muy distintas. Nos encontramos en ciertos puntos, sobre todo en la música chilena: 31 Minutos, Congreso, Los Prisioneros, Los Jaivas, pero venimos de lugares bien distintos.

En el primer disco, Ahora o nunca, muchas canciones las compuse en pandemia. Eran ideas que tenía dando vueltas y que después se transformaron en canciones de banda. Yo llegaba con algo armado y sobre eso improvisábamos hasta construirlas.

En Deseo, carne y voluntad el proceso fue parecido, pero mucho más colectivo. Ya no estaba la pandemia encima, nos encontrábamos más en la sala de ensayo y empezamos a hablar un lenguaje común. A veces yo llevaba una idea muy pequeña, o por ejemplo Lucho llegaba con un riff, y desde ahí armábamos todo. Muchas canciones nacieron directamente en ese espacio.

Eso terminó definiendo el sonido del disco y también el de la banda hacia adelante. Lo que estamos trabajando ahora sigue esa lógica: todos aportan, todos proponen, y muchas ideas que surgen en el ensayo cambian completamente la dirección de una canción.

Entrando en este segundo álbum, lo primero que llama la atención es la portada. ¿Qué significado tiene y por qué decidieron apostar por esa imagen?

La responsable —y genia— detrás de la portada es Javiera Donoso, que es cantante, percusionista, arreglista, ocupa sintetizadores en el grupo y además se encarga de toda el área visual. Ella venía trabajando este concepto de tensión entre lo blanco y lo oscuro, lo divino y lo terrenal. A partir de ahí desarrolló múltiples bocetos del cordero con la estrella y la corona de espinas. Fue un proceso largo, de diálogo constante —incluso se consideró dejar solo la estrella—, que tomó varios meses, pero que sin duda valió la pena.

El impacto ha sido tal que muchas personas incluso se han tatuado la imagen. Su significado, según lo que hemos conversado, se articula en torno a los conceptos del disco: el deseo, la carne y la voluntad. El deseo aparece como algo puro, representado en el cordero; la carne, en la corona, como límite o atadura a lo terrenal; y la voluntad, en la estrella, como aquello que ilumina y permite avanzar. Así, ese deseo se transforma en una convicción que atraviesa tanto las canciones como el universo visual de la banda.

Hay un claro componente religioso que atraviesa todo el álbum y, aunque algunos lo han leído como un proyecto netamente “cristiano”, también hay una crítica a la religión y un comentario político que dialoga con la situación actual no solo en Chile, sino en América Latina. ¿Cómo nace este concepto? ¿Qué querían explorar o tensionar con este proyecto?

Me acuerdo perfecto de una noche en la que veníamos saliendo de la sala de ensayo con los chiquillos y les dije que quería que el disco se tratara precisamente de religión, de Chile y de las tensiones políticas. Creo que América Latina es una región profundamente atravesada por el catolicismo, eso es evidente. Somos un continente con mucho que ofrecer y con una historia muy potente, pero es cierto que, desde la llegada del catolicismo como institución, nuestra historia cambia y marca un antes y un después. Es muy distinto, por ejemplo, a lo que sucede en Europa, donde el vínculo está mucho más enraizado; no sé si es menos complejo, pero sí diferente. Acá nuestras raíces eran otras, y lo que ocurre es un quiebre: la colonización.

Sin embargo, la Iglesia católica en Latinoamérica —y en específico en Chile— ha jugado un rol transversal, sobre todo en los momentos más oscuros del país, como la dictadura militar. Están el Comité Pro Paz, la Vicaría de la Solidaridad, figuras como Mariano Puga o Raúl Silva Henríquez, que fueron férreos opositores a la dictadura de Augusto Pinochet. Y hay muchos otros ejemplos de esa entrega por el otro, que es algo con lo que, de alguna forma, todos hemos sido educados. Es algo que excede las creencias individuales: una persona puede ser agnóstica o atea, pero igual cargar con cierta culpa cristiana propia de esta sociedad.

Lo mismo pasa en las instituciones. Uno puede decir que el Estado es laico, pero, al final, en la toma de decisiones políticas de muchos países latinoamericanos hay factores que adhieren a órdenes más conservadoras del catolicismo o, por el contrario, a una línea más social dentro del cristianismo. Ambas cosas conviven. Entonces, esas tensiones son parte de la idiosincrasia latinoamericana, y particularmente de la chilena: están a la vista. Y al mismo tiempo, la Iglesia Católica también representa, en distintos países, episodios de atrocidades tremendas. Así como hubo personas que se enfrentaron a la injusticia, también hubo otras que se aprovecharon de ella, como en el caso de Karadima en Chile, un cura que abusó de menores. Es algo que sucede.

Frente a eso, hacer un disco de alabanzas nos parecía tremendamente irresponsable e inconsecuente, porque no era lo que queríamos hacer. Al contrario, buscábamos una revisión, una reflexión, una crítica y, sobre todo, instalar preguntas. Por ejemplo: ¿qué significa hoy ser chileno? Y eso se puede extender a ¿qué significa ser latinoamericano?, en un contexto en el que nuestra identidad está siendo cada vez más mercantilizada por la cultura pop estadounidense, manoseada, incluso pervertida. Es complejo. Son tiempos complejos para hablar de identidad.

Cuando hablamos de lo que es ser chileno, en realidad hablamos de una mezcolanza. Hoy, ser chileno es, en gran medida, la incertidumbre misma. Y creo que eso se puede trasladar a cualquier país de Latinoamérica. Es incertidumbre, pero también la capacidad de levantarse frente a ella. Somos un continente tremendamente fluctuante, con altos niveles de migración, lo que nos complejiza y nos enriquece, pero también nos plantea desafíos que nos obligan a estar en diálogo constante, tratando de entender qué está pasando.

Yo te lo digo también como profesor: es algo que veo. Al enseñar historia de Chile a estudiantes que muchas veces no son de origen chileno, surgen preguntas y dificultades que obligan a replantear cómo abordar esos contenidos. Son tensiones que terminan permeando otros espacios culturales. Es el mundo, el país y el continente que nos toca habitar, y hay que tratar de sacarle el mayor provecho posible, de hacerlo un mejor lugar para vivir para todos.

Y en medio de todas esas reflexiones aparece también algo muy personal: la enfermedad de mi padre, a quien le detectaron cáncer de estómago en 2024. Ese fue un momento clave. Yo tuve una formación católica en el colegio, no porque venga de una familia particularmente religiosa —más bien lo contrario—, pero igual es algo que marca la forma en que uno ve el mundo. Conceptos como la bondad, la empatía, toda esa estructura valórica que transmiten esas instituciones, de alguna forma quedan. Y ahí entro en un conflicto profundo. Creo, incluso, que los colegios católicos son más una fábrica de agnósticos y ateos que otra cosa [Risas]. Nadie sale muy convencido después de pasar por ahí.

Pero cuando pasa lo de mi padre, entro en una tensión muy fuerte: ¿a quién recurre uno cuando todo se va al carajo? Sobre todo en momentos así. Y ahí encontré otra forma de conexión espiritual, distinta. No tenía que ver con ir a misa o repetir rituales, sino con encontrar mi tiempo, mi espacio, cuidar a mi familia, estar presente, ir a templos vacíos, leer, pensar, hacer pausas. En un mundo que va cada vez más rápido, hiperaccesible, donde todo es inmediato, también existen formas de ir más lento, de respirar, de reconocerse con límites, errores, fracasos, y construir algo desde ahí. Edificarse desde las propias derrotas y los propios perdones. Para mí, eso también es una forma de espiritualidad sana.

No todo tiene que estar ligado a una doctrina rígida. Uno puede creer en un país mejor, en un mundo mejor, en ser mejor persona. Y también se puede creer en Dios sin necesariamente endiosarlo tanto. Puede ser incluso una figura más humana, más abierta a interpretaciones. Creo que, al final, lo importante para nosotros era abrir esa conversación, poner sobre la mesa todas estas preguntas y tensiones.

También me pareció muy interesante cómo, como banda, no les da miedo tomar una posición política. Lo demostraron en el álbum y también en sus presentaciones en Lollapalooza, por ejemplo. En ese sentido, ¿qué lugar creen que debe ocupar la música frente a la política? ¿Sienten, como grupo y a nivel personal, una responsabilidad en ese sentido?

Nosotros creemos que la música tiene que hablar, principalmente, del mundo en el que vivimos. Y es evidente que este contexto —tremendamente agitado a nivel socioeconómico, cultural y político— nos tiene que interpelar sí o sí, y llevarnos a conversar sobre lo que está pasando antes de que esas cosas nos pasen por encima. Hay que entender que, si no hablamos de lo que sucede en este mundo que se nos dio, si lo rechazamos y hacemos como que no existe, esas cosas van a seguir ocurriendo. No dependen de nuestra interpretación: el mundo es lo que es, pero también puede —y debe— ser mejorado de alguna forma. Me rehúso a creer que las cosas van a seguir así por el resto de nuestras vidas, como si fuera simplemente “lo que es” y ya. No.

Siento que, al menos, podemos encontrarnos en la diferencia y conversar en torno a las cosas que nos afectan, a las que nos tiran para atrás. En Chile son varias. Están pasando muchas cosas a nivel político. Tenemos un gobierno de una línea ultraconservadora que acaba de asumir, y vemos cómo su aprobación se cae a pedazos. Pero no es cierto que Chile sea un país de ultraderecha. No es cierto que sea un país hipermega conservador. Tampoco lo es Argentina, ni Perú. Lo que hay es un momento de tremenda desilusión política, una crisis profunda de confianza en las instituciones. Son tiempos en los que el continente empieza a cuestionarse incluso la palabra “libertad”: hasta qué punto cedemos nuestras libertades individuales y cuál es su verdadero alcance.

Vemos, por ejemplo, cómo en Argentina se posiciona Javier Milei como presidente electo, haciendo gárgaras de este lema de “viva la libertad, carajo”. Y uno se pregunta: ¿qué es la libertad?, ¿cuáles son sus límites? Si la libertad a la que aspiramos como continente es la de Estados Unidos, sinceramente yo no estoy de acuerdo, no me parece. Y, a partir de eso, de lo que vemos y de lo que nos toca vivir, hacemos arte.

Con Candelabro siempre hemos hecho canciones en torno a eso. El primer disco tiene temas más adolescentes, más joviales, más inocentes, incluso más juguetones, pero también otros más oscuros, porque ese era el momento que estábamos viviendo como país y a nivel individual. Este último disco, en cambio, es más denso —y más raro— porque los tiempos en los que vivimos también lo son. Obviamente, también hay espacio para gritar, para llorar y para bailar. No todo es terrible, no todo puede ser malas noticias. Hay muchos motivos para seguir creyendo, para querernos, para aspirar a ser felices. Pero frente a la situación que estamos atravesando como país, ¿cómo no hacer canciones sobre eso, si está tan al alcance, tan a la vista?

Yo vivo a una cuadra del Palacio Presidencial, La Moneda. Literalmente a una cuadra. Vivo en el centro de Santiago y me ha tocado ver de todo. Después de haber vivido años en Peñalolén, que es una comuna más periférica, he visto el tránsito de la ciudad, el deterioro en algunos casos, pero también el crecimiento y el auge de otros espacios. En mi caso, y en el de los chiquillos de Candelabro, muchos somos primera generación universitaria. Venimos de familias de clase media baja, de mucho esfuerzo, familias que lograron tener casa propia gracias a subsidios estatales. Yo estudié con gratuidad, es decir, no pagué mi educación superior.

Entonces, ¿cómo no hablar de política? Creo que esa es la verdadera pregunta: ¿cómo no hacer canciones sobre política? Tendríamos que vivir en otro mundo, en otro Chile, en otro continente. Pero este es el mundo en el que vivimos, este es el país en el que vivo, y soy profundamente agradecido de ser chileno y de ser parte de Latinoamérica. En eso no me pierdo.

No sueño con hacer música de vanguardia en Europa, no me interesa. No sueño con tocar en un club de jazz en Nueva York, tampoco. Lo que me importa es que mi música haga sentido aquí, donde vivo, para la gente que conozco y para la que no, en mi país y en el continente. Y si se abren puertas para tocar afuera, obviamente no voy a decir que no, pero mi intención primaria —y la de todos nosotros— es hacer eco del país en el que nos gusta vivir y que también elegimos vivir.

Cortesía

Es un mensaje potente, sobre todo al pensar en su proyección fuera de Chile. Ahora, con su próxima gira por España, ¿cómo se sienten al llevar su música a nuevos públicos? ¿Qué esperan de esta experiencia y qué les gustaría dejar en el público español?

Para seis de los siete, será la primera vez en Europa. Muchos de nosotros también salimos por primera vez del país gracias a Candelabro: fuimos a Argentina, después a México y ahora nos toca España. Antes de eso, eso sí, vamos a pasar por Perú.

Sumar España a la ecuación es algo que no teníamos previsto. Es una emoción muy grande, pero también un desafío importante. Queremos —como en cada lugar donde tocamos— dar lo mejor de nosotros y ofrecer un show a un nivel excelente: que suene bien, que la gente se vaya contenta y nosotros también volver a Chile con la sensación de haberlo dado todo en unas fechas que sabemos que van a ser intensas.

Es la primera vez que Candelabro tiene una gira como tal, con varias fechas seguidas, y tenemos muchas ganas de disfrutar la experiencia. En lo personal, también me entusiasma mucho la comida [Risas]. La gastronomía argentina me encantó, la mexicana es una locura, y ahora estoy muy emocionado por lo que será Perú y, por supuesto, España. También por conocer gente, hacer amigos y generar vínculos que den ganas de volver.

Ahora que mencionas esa primera experiencia de salir de Chile con Candelabro, es inevitable hablar de Lollapalooza y todo lo que generó para ustedes. ¿Cómo vivieron la experiencia de presentarse en un escenario tan grande y con una recepción tan positiva del público?

Es nuestro segundo año yendo. Fuimos el año pasado con nuestro primer disco, después pasamos por Fauna Primavera y ahora nos tocó volver a Lollapalooza. La verdad, fue una experiencia increíble: tocamos para mucha gente, fue muy emocionante y quedamos súper contentos.

La invitación llegó porque se había bajado una banda gringa —no recuerdo cuál—, y obviamente no dudamos en aceptar. Fue un show en el que dimos todo. Además, trabajamos con un equipo muy profesional: María José Tapia en las visuales, Chalo González en el audio, Emanuel Irarrázabal en los retornos, junto a todo un equipo humano tremendo como Isidora Blanco y Carla Arias de Armónica, entre otros, todos muy comprometidos con el proyecto.

También fue muy especial que se transmitiera vía streaming y que quedara registro en YouTube. Hubo familiares, amigos y gente de otros países viéndolo en vivo, algo que nunca nos había pasado y que lo hizo aún más significativo.

Cortesía

Tras este recorrido, queda claro que Candelabro, aún en sus primeros pasos, ya es uno de los proyectos más relevantes del rock latinoamericano actual. Su forma de abordar temas como la religión y la política resuena con especial fuerza en el presente, donde las coyunturas en ambos ámbitos interpelan tanto a adultos como a jóvenes. Así, la banda logra conectar con distintas generaciones a la vez y, más importante aún, abrir espacios para la reflexión y la memoria.

En ese sentido, Candelabro no aparece como una excepción, sino como una señal: el rock en español no está mirando hacia atrás, sino buscando nuevas formas de existir en el presente. Y en ese proceso, su música ya no solo acompaña el momento, sino que empieza a definirlo.

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Mestiza está de regreso con su segundo álbum de estudio, Spanish Chica, un trabajo que reafirma la identidad artística y la visión global del dúo electrónico español. En este material, la protagonista es la mujer española: empoderada, fuerte y ambiciosa. 

Más que un simple proyecto de Pitty Bernad y Belah como Mestiza, este álbum representa una actitud que se transforma en sonido y trasciende fronteras. Aunque parte de una figura femenina de origen español —inspirada en las propias artistas—, su mensaje es universal: puede ser cualquier mujer que se atreva a perseguir sus sueños, salir adelante con los recursos que tenga y alcanzar el éxito en los caminos y metas que se proponga. “Son todas aquellas que quieren cumplir sus sueños y tener todo el éxito que deseen, porque podemos con todo”, afirma Pitty Bernad a ROLLING STONE en Español. 

El disco llega en un momento clave en la trayectoria de Mestiza, consolidándose como uno de los proyectos más destacados de la escena electrónica internacional. Su presencia en escenarios de gran relevancia, como Coachella, presentaciones en la Torre Eiffel en París y una residencia de temporada completa en la sala principal de Hï Ibiza, confirma la solidez de una propuesta artística definida y ambiciosa. En ella conviven de forma orgánica su herencia cultural española y la electrónica contemporánea, dando lugar a un proyecto con identidad propia y proyección global.

En esta entrevista exclusiva con ROLLING STONE en Español, el dúo habla sobre su nuevo álbum Spanish Chica, la relevancia de mantener vivas sus raíces en el proyecto y mucho más. Lee aquí la conversación completa:

Acaban de publicar su segundo álbum de estudio, Spanish Chica. Cuéntenme la historia detrás de este nuevo material.

Belah: Como bien has dicho, es nuestro segundo disco. Se trata de un proyecto inspirado a la mujer y cultura española, que llevamos por todo el mundo, con nuestra fusión de la electrónica. Surge hace dos años, cuando nos vamos haciendo más internacionales. Cuando salíamos fuera de España, nos empezaron a reconocer como ‘Las spanish chicas’, entonces nos surgió la idea de hacer un futuro álbum con ese título. Como decía, es un homenaje a esa cultura que es tan increíble y rica en sonidos e historia. Es una fusión con la música electrónica y los sonidos tradicionales españoles, inspirados en nuestros orígenes. 

Este material nos plantea a la mujer española empoderada, ¿cómo definen a esta mujer? ¿Cómo es su visión de esta persona ante el mundo o cómo desean que los demás la vean?

Pitty Bernad: Esa mujer, que queremos representar, sería como nosotras mismas: han peleado por lo que quieren, han seguido sus sueños, han sido valientes han tomado sus propias decisiones y han salido a la calle a conseguir lo que han estado buscando toda su vida, aunque no ha sido fácil. Esta mujer es empoderada, valiente y muy fuerte. 

Son un dueto en un proyecto muy diverso en este panorama de la electrónica contemporánea. ¿Quién se encarga de qué en el proyecto? ¿Cómo han asignado las tareas dentro del proyecto?
Belah: Nosotras nos unimos hace cinco años, entonces venimos de un background que está relacionado en diversas áreas. Pitty tiene experiencia en el periodismo o con las redes sociales; ella siempre se ha dedicado a producción musical. Yo hice Bellas Artes y me dediqué al mundo de la moda. En ese sentido, sí nos hemos desarrollado en otros roles, aunque obviamente las dos nos involucramos en todo, pero quizás sí llevo la parte de estética, y Pitty la parte de comunicación. La música la hacemos las dos por igual.

Mestiza y la mujer española empoderada como su musa 
Cortesía prensa

La cultura tradicional española es muy importante para ustedes, y ahora están expuestas a un público internacional, ¿qué les gustaría que sus oyentes y el mundo entendieran de su cultura y tradición a través de su música?

Pitty Bernad: En España tenemos un background multicultural muy amplio, a nivel tradicional y musical. El flamenco es una joya, tenemos auténticos tesoros en nuestra cultura. Por supuesto nos encantaría que se recordará y viera la reinterpretación que todos los días intentamos hacer, además de que quede para la posterioridad. También nos gustaría que emocionara como lo hace el flamenco, pero llevado al club, que es lo que hacemos nosotras. 

¿Cuál creen que es la mayor diferencia de Spanish Chica a comparación de su álbum debut?

Belah: Podemos ver diferencias en los sonidos. Este es un álbum más electrónico, aunque hay una presencia muy importante del flamenco, tanto a nivel vocal como a nivel instrumental. Sobre todo, en la parte de la producción electrónica, hemos incorporado un sonido más oscuro, más de pista, es decir, más cercano a una música más fuerte. También hemos incorporado sonidos de India y otros países que en el primer álbum no estaban tan presentes. 

Cortesía prensa

¿Cuál creen que es el área que más han evolucionado como Mestiza?

Pitty Bernad: En los últimos cinco años que hemos estado juntas, hemos crecido mucho. Es una evolución constante, tanto artísticamente como personalmente, hasta emocionalmente. Hemos hecho un proyecto que tiene una relevancia internacional, y que va creciendo cada día más. Esto te cambia la vida. La evolución que tenemos es continúa. Lo hacemos de manera conjunta, y es bonito compartirlo con una compañera, porque te hace ver las cosas. Es mucho más bello cuando lo haces con alguien. 

En estos años de trayectoria como dueto, ¿qué es lo que más las tiene orgullosas de lo que han logrado juntas?

Belah: Creo que es haber construido un proyecto de manera independiente, con nuestros propios medios, sobre todo haber llegado tan lejos y a un panorama internacional. Estar actuando en festivales como Coachella también es increíble. También tendremos un show en la Torre Eiffel, en París. Es algo que hemos conseguido nosotras mismas, con nuestros medios y recursos, trabajando mucho. Al final, es lo que más esfuerzo nos ha costado, pero lo que estamos recogiendo y disfrutando ahora. 

¿Qué es lo que más les emociona de su proyecto?

Belah: Llevar nuestra cultura por el mundo. Hacer que los sonidos de nuestro país se escuchen en un contexto tan diferente, como el club, y para un público tan diverso y joven. Nos emocionan muchas cosas de nuestro proyecto. 

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Juan Rosasco en Banda: "El piano es mi casa, es mi lugar en el mundo"

La trayectoria de Juan Rosasco en Banda tiene peso propio y está marcada por una constancia silenciosa, casi artesanal, que a lo largo de dos décadas fue moldeando una identidad singular. Desde aquel germen en la ciudad de San Fernando, allá por 2004, hasta este presente que los encuentra celebrando 20 años de carrera, el […]

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En el mundo del entretenimiento, la palabra “versatilidad” termina casi siempre como parte de algún discurso de marketing vacío. Sin embargo, para Juan Felipe Samper —conocido simplemente como Samper— esa palabra se ajusta plenamente a la realidad, es una bandera, una armadura forjada a través de dos décadas de búsqueda incesante. Hoy, a sus 40 años, el artista colombiano atraviesa un momento en el que los planetas de la actuación y la música parecen alinearse desde la perspectiva de una madurez muy consciente.

Samper no solo carga con el peso de haber sido la cara visible del tropipop, uno de los movimientos musicales más grandes de Colombia en lo que va de este siglo XXI, sino que hoy se erige como un actor con muchísimo potencial y un músico comprometido que ha decidido, finalmente, dejar de complacer a los demás para encontrarse consigo mismo. 

Samper, con los ojos bien abiertos
Mario Alzate

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Para muchos, ver a Samper es recordar los conciertos multitudinarios de mediados de los 2000. Pero para la industria del cine y la televisión, Juan Felipe es un lienzo sobre el cual se han empezado a vislumbrar posibilidades dramáticas de múltiples tonalidades. Este año se perfila como el de su consolidación actoral, un frente que él mismo define con enorme entusiasmo.

“Por el lado actoral hay tres lanzamientos que a mí me tienen muy emocionado. Sale [una nueva temporada de] Perfil falso, donde me estreno haciendo un papel que nunca antes había hecho en ninguna ficción que yo hubiera realizado. Él es gay, a mí eso me pareció muy interesante al interpretarlo”, confiesa Samper. Para un artista que creció en un entorno donde “uno no se viste así, uno no dice eso, pilas con esto”, asumir un rol que rompe con el estereotipo del galán tradicional es, en esencia, un acto de rebeldía creativa.

Esa búsqueda de la diferencia lo ha llevado a cruzar fronteras. “Va a salir otro que es Memorias de un sinvergüenza, una producción que hicimos para VIX y Televisa, y sale hacia finales de año la primera película que hice para cines, para cine mexicano. Eso me tiene muy contento, me tiene feliz. Entrar al cine y más al cine mexicano no es algo que pase todo el tiempo y que le pase a todos los actores”. Ese proyecto está basado en el libro Memorias de un sinvergüenza de siete suelas, de la colombiana Ángela Becerra.

“En la actuación me encantaría hacer cosas que me saquen totalmente de mi realidad y sobre todo que muestren un lado oscuro mío”, dice. Cita a Meryl Streep para explicar su proceso: “Meryl Streep dice una cosa que yo amo y es que cada papel que interpretas deja en evidencia una parte que existe en ti, y eso a mí me vuela la cabeza porque, claro, si tú haces un loco demente y tiene que ser porque tú de alguna u otra manera lo tienes ahí. Me gustaría explorar eso”. En estas recientes producciones, Samper ha compartido set con figuras de la talla de Jaime Camil, Natalia Tellez, Carolina Miranda, Eric Elías o Manolo Cardona.

A pesar de su éxito actual, Samper no es ajeno a lo desafiante que puede llegar a ser la industria. “La competencia en televisión, en teatro y en cine también es muy alta, y a mí hoy no me ha llegado un papel que yo diga, ‘Este es el que soñé. Este es el que quiero’, uno en el que pueda tener un salto emocional berraquísimo. Me gustaría mucho eso, pero uno va de a poco”. Esa paciencia es el síntoma más claro de su madurez: “Lo que sí creo es que con el tiempo te vas volviendo un poco más picky, y ya hoy en día cuando recibo libretos y cosas, ya también tú dices, ‘Mierda, no quisiera hacer esto’”.

Mario Alzate

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Mientras Juan Felipe Samper continúa consolidándose en los sets de grabación, el eco de su pasado musical sigue resonando con una fuerza que ni él mismo esperaba, y hoy es muchísimo más que un eco. Sin Ánimo de Lucro, la banda que —inspirada por el trabajo que empezó Carlos Vives en los años 90— fusionó el pop con el acordeón y la parranda, vive un segundo aire, impulsada por la nostalgia y un catálogo que evidentemente se niega a morir.

“Después en el lado de la música, fíjate que yo he vivido mi vida como en esos dos frentes y dentro de la música tengo dos frentes, además. Tengo Sin Ánimo de Lucro, con quienes volvimos a tocar después de pandemia, y realmente ha sido maravilloso”, comenta. El regreso no fue un movimiento calculado de marketing, sino una respuesta a una audiencia que creció y maduró con ellos. “Sin Ánimo tiene esta cosa en donde ahorita le apela la nostalgia, mucha de la gente que creció oyendo esa banda hoy en día está en posiciones en las que quiere tener la banda en, es decir, están en posiciones de toma de decisiones en empresas, sobre todo. Y hay como un renacer de este contenido nostálgico, vuelve, y la gente dice ‘Ah, quiero volver a oír esta’”.

El regreso no se ha limitado a repetir una fórmula, y les ha permitido disfrutar de un proceso de autodescubrimiento que valoran cada día más. “Esto es como si tú hubieras dejado una pareja, un noviazgo durante muchos años, ya sabes qué le gusta, qué no le gusta, por qué se pone bravo, qué puntos es mejor uno no tocarle a la otra persona porque puede evitarse algún problema. Pasó mucha agua debajo de nuestros puentes”, confiesa Samper.

Mario Alzate

La banda ha celebrado este año dos décadas de existencia con el lanzamiento de un disco en vivo, un registro que, curiosamente, no tenían. “La primera intención que había con este disco en vivo es que Sin Ánimo no tenía nada en vivo… es una manera de refrescar y contar a la audiencia, ¿quién es Sin Ánimo de Lucro hoy en día? ¿Cómo suena hoy en día?”. El registro captura un concierto íntimo en una casa colonial del barrio La Candelaria, en Bogotá, un espacio donde la banda se desnudó musicalmente. “Quedó plasmada esa intimidad, ese reencuentro con los fans que empezaron el club de fans cuando tenían 15 años y hoy en día tienen 35. Nosotros también, teníamos 20 años, y ahora tenemos 40”.

Samper reflexiona sobre el lugar que ocupa el grupo en la historia de la música colombiana. Para él, Sin Ánimo de Lucro es parte del “top tres” del tropipop, sin duda alguna. Este género fue duramente atacado en su momento, pero una buena parte del público considera que el tiempo ha validado. “A mí me impresiona que Sin Ánimo de Lucro sí es un clásico y es un himno de una época colombiana, es muy bonito voltearte a ver y decir, ‘Mierda, mira el daño que hicimos con esto’ [risas]”.

Sin embargo, no olvida las cicatrices de la época de las críticas. “A mí me dio muy duro. Yo era muy pelado, tenía 25 años, y teníamos la nominación al Grammy. Había una inconsecuencia entre una cosa y la otra… Internamente esto desestabilizó mucho al grupo”. Hoy, su visión es más firme: “Me da rabia porque, si tú te pones a ver el reggaetón, sin que sea mi género preferido para nada, sufre mucho de eso y les vale huevo, y tienen una fortaleza interna. Yo creo que le faltó eso al tropipop… nos faltó arroparnos un poco más por parte de quienes manejaban en ese momento las bandas”.

Mario Alzate

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Si Sin Ánimo de Lucro es la “cajita de música de fiesta”, el proyecto de Samper como solista, parece ser su confesionario. Tras años de trabajar un poco en la sombra con muchísima gente, incluyendo sesiones con Justin Bieber para el remix de ‘Despacito’ en Colombia, colaboraciones con Morat, Andrés Cepeda y Adriana Lucía, finalmente está listo para lanzar su primer álbum de larga duración.

“Lo que más emocionado me tiene es que acabo de terminar de grabar mi álbum, que coproduje junto a Daniel Duplat. Es el primer álbum solista, y en este realmente va a quedar en evidencia toda mi influencia del rock argentino, del rock británico”, revela. Para Samper, este disco es más que otro paso en su carrera, y lo ve como una necesidad vital. “Tuve la fortuna de grabarlo en bloque, como se grababa antes, siempre había querido hacer un álbum así, y todas las historias que vamos a contar ahí son historias reales de mi vida, de mis relaciones con el amor en sus diferentes estados”.

El camino hacia este álbum ha estado lleno de obstáculos administrativos que Samper ha transformado en fortaleza creativa. “Para mí es súper doloroso que haya habido mucho espacio entre los lanzamientos de Samper solista… Pero todo ese proceso le ha dado una fortaleza, tengo una ilusión gigante, como cuando uno habla de un bebé, literal [Risas]. Me brillan los ojos y toda la cosa, y estoy en ese momento de mi vida en que me vale huevo y me importa un culo si le gusta a muchos, a poquitos o a nadie”.

Este Samper solista busca ser un storyteller, es el tipo que creció escuchando a Oasis, a los Beatles, a los Rolling Stones, o a Fito Páez, Charly García, Soda Stereo y Aterciopelados. Es el artista que prefiere la simpleza de un acorde bien puesto a la pirotecnia del virtuosismo intelectual. “Una cosa que aprendí en estos 20 años de carrera, es que uno chiquito quiere hacer cosas complicadas… hoy en día creo que la simpleza tiene mucha más fuerza que otras cosas. Hacer bien un ritmo en la guitarra es mucho más difícil que hacer una armonía que suene bien enredada”.

Mario Alzate

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Más allá de los desafíos y reflexiones que han venido con el arte, Samper ha venido emprendiendo una serie de búsquedas y viajes espirituales que parecen redefinir sus prioridades. Habla de su experiencia con la ayahuasca no como una moda, sino como un proceso de conciliación con su propia existencia y sus miedos más profundos.

“Fíjate que ese tipo de trips y ese tipo de experiencias en mi vida han sido fundamentales, porque yo sí tengo una cantidad de cuestionamientos sobre para qué estoy acá. ¿Por qué le tengo tanto miedo a la muerte? ¿Por qué la muerte se me presentó tan de frente siendo tan chiquito?”, se pregunta. Esa búsqueda lo ha llevado a entender que su identidad no está amarrada a su profesión. “Si tú me preguntas a mí ‘¿Tú quién eres?’, yo no te voy a decir que soy un cantante o un actor. Eso es lo que hago… Yo soy este bicho que está acá, y ayudarle a ese bicho a que encuentre qué mierda es lo que está haciendo dentro de esta locura de vida era muy importante para mí”.

La ayahuasca lo ayudó a soltar cargas innecesarias y a entender que el éxito no se mide por la rapidez con la que llegan los premios. Recuerda cuando, a los 24 años, estaba en los Latin Grammy y vio a Luis Enrique ganar después de 22 años de espera. “Mi reflexión en ese momento fue, ‘Esto a algunos les cuesta mucho, a algunos nos llega más rápido’, y creo que todo tiene que ver con tu nivel de conciencia… la manera en que lo disfrutas y en lo que tú necesitas crecer va a pasar en la medida que tú conscientemente lo puedas leer”.

Hoy, Samper se parece a un hombre que habita tres planetas: Uno es el del actor que explora la un mundo de nuevas posibilidades, está el del músico que canaliza la nostalgia colectiva en la fiesta, y está el hombre que se sienta al piano para dejar que las historias fluyan. En ese equilibrio ha encontrado una paz que le llena de satisfacción. Samper ya no está buscando el éxito; está buscando la verdad, y en ese camino, finalmente, ha encontrado su voz más poderosa.

Porque, como él mismo dice: “Las cosas pasan cuando tienen que pasar… y ¿sabes cuándo tienen que pasar? Cuando tienes los ojos abiertos para reconocer lo que pasó y ahí es donde estás listo”. Y Samper, después de 20 años de ruido y silencio, parece estar más listo que nunca.


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En 2025 Bunbury lanzó un álbum titulado Cuentas pendientes, y para esa grabación formó un equipo con el que logró “una conexión muy especial”. Nunca antes había trabajado con esos músicos, y ellos le acompañaron una investigación muy profunda del folclor y la cultura hispanoamericana. “Tanto los técnicos como los músicos disfrutamos muchísimo grabando ese disco”, dice el zaragozano. Después de eso se preguntaba si debía moverse una vez más hacia el rock, o algo más contemporáneo que gravitara hacia la electrónica, pero decidió que el camino estaba en en quedarse “un rato más en la música latina, porque había disfrutado mucho de la compañía de todos estos individuos, y del proceso de trabajo que fue Cuentas pendientes. Finalmente, el nuevo álbum fue grabado con el mismo equipo humano, en el mismo estudio, ubicado en el Desierto de los Leones en México. Según Bunbury, se hizo “por el puro placer de continuar investigando y viviendo en el mundo del folclor hispano y latinoamericano”.

Es claro que no se trata de tu primer acercamiento a estos sonidos; ‘De un siglo anterior’ se siente como un son cubano, de pronto, ‘Peor que como estamos’ es una cumbia, y está la versión de ‘Zamba para olvidar’… Este proceso en el que continuaste explorando, ¿qué nuevos aprendizajes y/o lecciones te dejó en relación con la música latinoamericana?

Bueno, yo no utilizaría la palabra “nuevo”, digamos que fue una profundización. Yo no buscaba el factor sorpresa, no me parece interesante en esta ecuación; lo que buscaba era otra cosa. Primero, es una satisfacción mía personal, el seguir escribiendo canciones que me parece, a mí, muy demandante el trabajar con ciertas armonías, con ciertos ritmos, el comprender cómo se estructuran y cómo se trabajan determinados géneros concretos. Entonces, para mí, el factor novedad no estaba en la ecuación, estaba el factor profundidad, el “OK, es un terreno que ya hemos pisado en Cuentas pendientes”.

Claro, no es la primera vez que me asomo a la música latinoamericana e hispana, pero, hice un disco llamado Licenciado Cantinas, que era de versiones; estos son discos mayoritariamente de composiciones propias, exceptuando ‘Zamba para olvidar’, todas las demás son canciones propias, entonces, es una exigencia mía personal, quizá para el sonido ajeno es otro disco dentro de esa era en la que estoy, la era latina.

Eso podría llevarnos a una reflexión en torno al papel del artista, o tal vez a una comparación entre el artista y el artesano en términos de la preservación, la innovación, la conservación o la sorpresa, ¿qué pasa en esa reflexión para ti? Teniendo claro que en este álbum no te interesaba sorprender, innovar…

Bueno, la innovación por la innovación no es necesariamente un bien en sí mismo. Ahí hay una reflexión interesante acerca de si el progreso siempre es deseable. Toda progresión es siempre hacia adelante y hacia mejor, pero yo creo que donde está la pregunta que estás realizando, que es en el terreno del arte, a mí, particularmente, siempre me han interesado tanto la vanguardia como la retaguardia, la tradición como la innovación.

Me gustan los discos contemporáneos que aportan en sonido, en producción, en arreglos, en tecnología, en instrumentación o en forma de trabajar con cierta instrumentación; y me interesa también de dónde proviene la música que me apasiona. Lo he hecho con las raíces del rock, que a mí me interesan, me interesan de dónde viene, del country, del jazz, del blues, del hillbilly, todo eso me apasiona. Y las raíces de la música latina también, que es por lo que estoy en estos discos, pero no es un lugar donde yo me vaya a quedar eternamente, de hecho este es el cierre, digamos, de esa etapa latina.

En el próximo disco, posiblemente mi interés pase otra vez a lo contemporáneo, a qué es lo que puedo aportar dentro de lo contemporáneo. Siempre me ha gustado moverme entre las dos áreas, y creo que no se contradicen entre sí, aunque lo pueda parecer; creo que toda música actual, podemos nombrar cualquier género, desde lo urbano hasta el reguetón y la música electrónica, dance, todo tiene unas raíces, viene de algún lugar, y han bebido de unas fuentes. Entonces, a mí me interesa tanto la novedad como la raíz.

PyR: Bunbury
Jose Girl @josegirl_official

Hablas de cerrar un poco esta etapa de música latinoamericana y me causa mucha curiosidad entender, ya que has conocido tanto la música latina, a profundidad y en términos de diversidad, ¿qué perspectiva tienes ante la música que actualmente hace tan visible a América Latina en el mundo? A estos sonidos urbanos por los que hoy nos reconocen más en el mundo.

Bueno, digamos que mi interés individual nunca ha estado demasiado en el mainstream, en ningún momento, ni en los 80, ni en los 90, ni en los 2000, ni ahora mismo, en los 2020. No es la música que yo consumo, nunca me interesó lo que sonaba en los 40 más vendidos, o en la música que sonaba en la radio fórmulas, me interesan artistas más alternativos.

Ahora existe, incluso dentro del mainstream, un interés por lo alternativo, y hay artistas mainstream que tienen un interés por estrujar un poco las producciones, y que eso sea más demandante, que no sea una música meramente comercial por el hecho de que pueda llegar a más gente, y nada más; intentan buscar gente con mucho talento para aportar en sus terrenos.

También es una cosa interesante, ahora que estabas hablando de cómo la música latina ha entrado en el mainstream mundial, aunque mis artistas favoritos latinos no están dentro de ese mainstream. Pero, lo que me parece más interesante de todo eso es la evolución que está teniendo el género urbano hacia la mirada de lo tradicional, ¿no? Cómo grandes artistas del género urbano están viendo que tienen —o han tenido siempre— una conexión… como en el caso de Bad Bunny, de Karol G, de Nathy Peluso, de Milo J, el artista argentino, cómo están mirando hacia sus propias raíces y de ahí están encontrando un lugar intermedio, un puente entre el género al que ellos en teoría pertenecen y esa mirada hacia sus raíces, y creo que ahí están saliendo cosas bastante interesantes.

Que escuchen la música latina en Australia, pues, es una cosa simpática, ¿no? A mí me da igual, en realidad. Quiero decir, a mí me gusta la música del norte de África, y el hecho de que la escuche mucha gente, o poca gente, me es bastante indiferente. Creo que lo importante son los discos, lo importante es la música en sí, ojalá haya muy buena música, creo que en el continente hay muy buena música, fuera de lo que es el mainstream, y dentro también, pero lo que hay fuera y que no se escucha mucho es en lo que me gustaría que se pusiera más el foco.


“El arte es un lugar en el que me encuentro siempre seguro y del que siempre extraigo aprendizajes y conexión con otras personas…”


Desde tu perspectiva, ¿cómo definirías o cuál sería el espíritu, en términos líricos, de este nuevo álbum? ¿Hay algo que buscabas decir puntualmente? ¿Buscabas intencionalmente reflejar algo de tu vida actual? ¿Cuál era el foco en lo lírico?

Ninguno, es un disco cero conceptual, no hay ningún concepto. Hay canciones que tienen un componente más social, hay canciones que hablan de mí, hay canciones que no hablan de mí, hay canciones que hablan del presente, hay canciones que hablan del pasado… yo no veo una temática que las una de ninguna manera. Digamos que el concepto en este álbum es la mirada al folclor; es un concepto musical, no lírico.

Apenas empecé a escuchar el disco, encontré que decías “descubrí tarde las cosas importantes”, en ‘Creer que se puede creer’. Tan pronto te oí cantando eso, me pregunté, ¿cuál es la más reciente de las cosas importantes que crees haber aprendido?

Estoy en proceso de intentar aprender algo que, de alguna manera, nos permiten las nuevas tecnologías y el momento en el que vivimos, y es el cómo acomodar tu forma de ser a la estructura de la industria musical en la actualidad. Creo que, actualmente, podemos proyectar nuestra música de una forma mucho más personal e individual que en el pasado.

Quiero decir, en el siglo XX teníamos un ABC de promoción, un ABC de exposición; qué es lo que teníamos que hacer para comunicar que habíamos sacado un disco, para establecer una conexión con nuestro público. A día de hoy, creo que las posibilidades son, si no infinitas, muy amplias. Nos han hecho creer que las redes sociales se tenían que manejar de una manera, ahora vemos que se pueden manejar de muchas, que no tenemos por qué estar expuestos todo el rato, que podemos estar expuestos si lo deseamos, que podemos unir nuestro nombre a una marca si queremos, o no, o podemos alejarnos de las sponsorizaciones, que podemos hacer giras largas o cortas, o no hacer giras, que podemos hacer residencias, que podemos viajar por todo el mundo.

Hay muchas opciones a día de hoy, eso nos lo ofrece un mundo nuevo que se está abriendo. Y el gran problema al que nos enfrentamos es el compararnos con los demás, el pensar, “Bueno, pues si Karol G ha hecho esto y le ha salido bien, pues a lo mejor lo debería hacer yo también”, y mi aprendizaje viene por ahí. El decir, “No, yo no quiero compararme con Karol G, ni con Robert Smith”, no me puedo comparar con ninguno, tengo que encontrar cuál es mi forma verdadera de expresarme, cuál es mi necesidad, dónde me encuentro a gusto, qué es lo que quiero hacer, qué es lo que no, y ser consecuente con ello; aceptar las consecuencias de lo que eso traiga.

Obviamente, hay cosas que te pueden hacer más popular, y digamos que cierto ostracismo te puede hacer mucho menos popular. ¿Dónde está tu lugar? Encontrar tu lugar es, para mí, el gran descubrimiento, el saber que existe un lugar para mí, y que ese lugar no necesariamente es compartido por los demás.

Jose Girl @josegirl_official

Esta gira en la que estás, de las Nuevas Mutaciones, ¿irá enmarcada en esto que defines como esta etapa latinoamericana, en términos del formato y del repertorio?

No, es una decisión que tomé recientemente en las dos últimas giras. Decidí que quería hacer cada gira de una manera muy concreta, con unos arreglos y una banda especiales para la ocasión, con un espectáculo especial, pero que no necesariamente fuera la gira de apoyo o presentación del disco. El disco que se las apañe él solo, que encuentre su lugar entre el público, y la gira tiene sus propias características.

Esta se llama Nuevas Mutaciones y, de alguna forma, tiene una conexión con el disco que hice para la MTV, que era Unplugged: El libro de las mutaciones, y con la gira que hice, que se llamaba Mutaciones. Esta gira es de las Nuevas Mutaciones, porque tenemos una banda electroacústica con metales, con violín, con instrumentos acústicos, y revisamos todo el cancionero. Hay canciones de este nuevo disco, canciones de la época latina, pero hay canciones de todas las etapas, con unos arreglos muy específicos para esta ocasión.

Ahora se siente un ambiente pesado en todo el mundo, es un mundo en guerra, una vez más, y todo el tiempo nos están recordando una amenaza de la inteligencia artificial, por ejemplo. Desde tu perspectiva, ¿qué lugar tiene la esperanza en todo esto? Hacer música para mantener viva la esperanza, hacerla para sobrellevar la resignación, ¿qué relación tiene, en este momento, para ti, la música con la esperanza?

Es que el arte es una tabla de salvación, ya no solo con respecto a lo que socialmente o políticamente puede ocurrir en el mundo, sino con respecto a nuestras vidas reales, la vida de tener que llamar al fontanero, o la vida de tener que pagar impuestos, y llevar el coche a arreglar y todo este tipo de cosas; digamos que, para mí, desde luego, el arte es un lugar en el que me encuentro siempre seguro y del que siempre extraigo aprendizajes y conexión con otras personas que han creado música libros, películas, cuadros que me llenan.

Entonces, creo que siempre he pensado que el arte es un servicio social, tiene una labor, digamos, que está por encima del entretenimiento, y por encima de la mera conexión y diversión que puedes extraer de “me voy a un concierto y me lo paso bien”. No, es algo mucho más profundo, más etéreo. Entonces, tú hablas de esperanza y a mí me parece una palabra maravillosa, pero creo que alcanza a más temas aparte del social, abarca también la parte cotidiana nuestra de nuestras relaciones humanas, nuestras desdichas familiares. Todo, de alguna forma, es un oasis de emoción y de seguridad, un lugar maravilloso donde vivir. Yo creo que, a mí, por lo menos, es el lugar que me salva de todo pensamiento apocalíptico.

Jose Girl @josegirl_official

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Lo primero que muchas personas piensan al mencionar a la artista dominicana son las controversias que la rodean, como la que protagonizó junto a J Balvin por su canción ‘Perra’, o sus múltiples canciones y videos, en los que su manera explícita de expresarse ha dado de qué hablar. Pero, en esta entrevista, Tokischa —que así es su nombre de pila— no solo explica el porqué de sus expresiones, sino que también se detiene a contarnos sobre una época oscura de su vida, en la que un mal amor la llevó por el camino de las drogas. Una etapa que la marcó, pero que hoy, con el paso del tiempo y varios años de sobriedad, es solo un recuerdo que sirvió de semilla para lo que será su primer álbum: Amor y droga.

¿Cómo definirías la esencia de Tokischa?

Orgánica, natural, del momento. Una persona que ama a los viejitos y le gusta tratarlos muy bien.

Madonna, Rosalía, Ozuna, J Balvin… muchos artistas te llaman para hacer colaboraciones, ¿a qué crees que se deba?

A la autenticidad en mi música, en mi carrera y en mi nombre. Lo que hago es realmente natural, auténtico, real y honesto. Siento que otros artistas se identifican con esa parte que ven en mí.

¿Qué te gusta mostrar con tu música?

Lo que siento en el momento en que la hago, la energía de ese instante. Muchas veces no se crea música para mostrar algo al mundo, sino para desahogarse. Mostrar el arte es secundario; lo principal es expresarme. Es muy satisfactorio plasmar un sentimiento en una canción.

Tokischa: el orgullo de encontrar la sobriedad
Cortesía.

Muchas personas te critican por tu forma explícita de ser, pero siento que en realidad no te importa mucho lo que la gente diga de ti, ¿cierto?

No, en realidad nunca me ha importado ni creo que me vaya a importar. Sé lo que quiero y lo que sueño, y solo me importa estar bien conmigo misma y con la gente verdaderamente cercana a mí. Busco ser feliz, tener paz y calma, poder crear y decir lo que quiera, sin limitarme por ningún comentario, motivo o persona.

No es mi intención ser considerada tan explícita; simplemente soy así y me expreso libremente.

Pronto saldrá a la luz tu primer disco, ¿por qué sientes que llegó el momento de presentar un álbum?

Siempre he hecho música de forma casual, como random. Nunca había tenido la oportunidad de construir un álbum completo, de desarrollar una historia canción tras canción. Mis canciones eran momentos: si me sentía horny (sexualmente excitada) o triste, eso era lo que salía.


“No me siento orgullosa de haber sido drogadicta, pero sí de haber encontrado la sobriedad. Es un tema importante, porque hay mucha adicción en el mundo”.


Siento que llegó el momento de contar una historia específica de mi vida, una etapa importante que mucha gente no conoce. Este disco da contexto de por qué soy así y de dónde vengo. Además, como artista, hacer un álbum es mostrar mi arte a mayor escala. Me ha enseñado mucho, sobre todo en la atención al detalle.

Cuéntanos un poco más de esa historia que vas a plasmar en tu primer álbum.

Se titula Amor y droga. Llevo trabajando en el disco entre tres y cuatro años, y será muy especial porque su lanzamiento coincide con los 10 años de la etapa que representa.

Hace 10 años estaba empezando a conocer el mundo, me fui de la casa de mi papá, conseguí trabajo y empecé a relacionarme con gente del barrio. Vengo de una familia muy abusiva, tanto verbal como físicamente; había delincuencia y consumo excesivo de drogas. Aunque tuve buenos ejemplos femeninos —mi mamá, mi abuela y mis tías—, viví momentos muy oscuros. Me quedé sin casa y empecé a vivir con un novio que era drogadicto.

La primera canción del álbum, ‘Mi novio’ —producida por Diplo—, marca el inicio del enamoramiento. Cada canción cuenta una etapa de esa relación y del entorno en el que vivía. ‘Surfboard’ habla de la devoción inicial, casi como una honeymoon; luego viene una etapa más obsesiva en un rap junto a KASE.O. También hay un dembow, ‘Celos’, muy bailable pero con una letra extremadamente tóxica. El disco narra ese enamoramiento y la adicción, tanto a él como a las drogas.

¿Qué sientes ahora al recordar esa etapa de tu vida a través de este disco?

Un gran alivio. En ese entonces estaba completamente perdida. Sabía que quería hacer arte, pero la realidad me golpeó y no tenía dirección. Volver a esos recuerdos desde un momento de vida sano, completamente sobria, es un gran orgullo para mí.

También es darle nueva vida a ese pasado desde un lugar artístico. De alguna manera, hace que haya valido la pena vivirlo, porque sin eso no tendría la inspiración del álbum. Honro todo lo que he vivido porque me ha enseñado mucho. No me siento orgullosa de haber sido drogadicta, pero sí de haber encontrado la sobriedad. Es un tema importante, porque hay mucha adicción en el mundo.

Cortesía.

¿Cómo encontraste la dirección y la sobriedad?

Me tomó mucho tiempo. Empecé a consumir marihuana y alcohol a los 16 años, y más adelante, con ese novio, probé el éxtasis y otras sustancias. Lo que realmente me salvó —además de la música— fue que mi mamá siempre me inculcó el aprendizaje. Incluso estando drogada, me gustaba leer e investigar; eso me hizo ver la vida de otra manera, conectar con la naturaleza y con mi espiritualidad.

Iba a estudios y conciertos muy borracha y drogada, y esa sobreestimulación me llevó a querer bajarle. Empecé a hacer música sobria con la intención de mejorar.

El punto final fue un viaje con LSD en enero de 2020. Fue una experiencia muy difícil que me hizo entender que necesitaba la sobriedad. Desde entonces corté toda adicción.

Ahora que mencionas la espiritualidad, ¿cómo la vives hoy?

En ese entonces fue clave irme a vivir al campo, porque en la ciudad sentía mucha contaminación espiritual. En el campo logré calmarme.

Al volver a la ciudad entendí que la espiritualidad está en la calma. Es importante meditar, aunque a veces sea difícil por el ritmo de vida. Algo que siempre hago es pasar una hora sin el celular al despertar, tomar té o agua sin mirarlo; eso me estabiliza.

También es importante estar presente, no dejar que los pensamientos se vayan por un camino negativo y cuidar el lenguaje. Yo trato de que mi vocabulario sea limpio. Muchos dirán: “pero hablas de totos y sexo”, pero eso no son malas palabras; en mis canciones no hay insultos.

Después de recordar toda esta historia, ¿qué le dirías a la Tokischa de hace 10 años?

Que este álbum es para ella. Que encontramos la dirección y logramos lo que soñábamos. Todo ese trabajo y sufrimiento se transformó en arte. Superamos los traumas y encontramos paz y calma.

¿Y a ese muchacho?

Que deje las drogas. Aún trato de estar presente para él. Siempre doy amor y deseo que él y otros amigos puedan salir de eso. Son personas increíbles, con corazones nobles, pero sus traumas los llevan al consumo.

¿Cómo ves tu carrera en 10 o 20 años?

Con una discografía variada, divertida y emotiva. Con un estilo increíble y explorando otras áreas como la moda, las artes visuales y el modelaje. También me encanta la cocina y la jardinería, así que me gustaría dedicarles más tiempo.

¿Cómo te gustaría que el mundo viera a Tokischa?

Con amor.

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Mag: "La crisis me acompaña constantemente"

Mag utiliza los escombros del rock y el metal para alimentar una maquinaria de hyperpop y techno profundamente humana. 2001, su disco debut, funciona como un ritual de pasaje en el que las guitarras viscerales y la síntesis digital convergen para darle forma a un sonido mutante, diseñado para habitar la tensión entre la nostalgia […]

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