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El cantautor Santiago Cruz se ha destacado a lo largo y ancho de su carrera —además de sus canciones románticas— por hablar de tópicos sensibles dentro de la introspección. No siempre destacando las virtudes de su ser o de distintos individuos, sino, más bien, hablando de realidades difíciles de hallar cuando nos sentamos a hablar con nosotros mismos; realidades que son difíciles de afrontar, pero que, con el pasar del tiempo y una vez reconocidas, seguramente nos ayudarán a mejorar en distintos aspectos

Mucho de eso hay en Fragmentos, su nuevo disco, en el que la introspección hace de cada canción un mundo diferente: algunos llenos de luz y otros en los que la oscuridad se abre paso de manera reflexiva. Canciones que no idealizan, canciones verdaderamente reales.

¿Cuándo te sientas a pensar en tu vida, en el paso del tiempo… a qué conclusiones llegas normalmente?

Son distintas las conclusiones en las diferentes orillas de la vida. Una de las más claras es que vale mucho la pena jugársela por lo que uno cree. Uno debe estar muy enfocado en lo que uno cree y quiere, y tratar de conseguirlo de la manera más coherente posible.

Uno debe jugársela. Si uno no salta, la vida lo empuja a uno. Yo me la he pasado saltando porque no quiero que sea la vida la que me empuje. Muchas veces uno se equivoca, algunas otras uno acierta, pero lo importante es mandarse, porque la vida es corta, esto pasa rápido.

Mi vida ha podido salir muy mal, pero ha salido muy bien. Ha habido muchos elementos para que todo haya salido mal, pero, por suerte, me he empeñado en que saliera bien, porque sí creo que, en la vida, muchas cosas dependen de la decisión de uno. Uno, como individuo, parte de las condiciones en donde nace y se cría y, a partir de esas condiciones —que en mi caso fueron bastante positivas—, la vida se construye a base de decisiones.

Me alegra haberme decidido a romper cárceles que uno mismo se construye: “yo simplemente soy así”, “como mi familia es así, yo soy así”. Esas son frases que fortalecen una cantidad de muros que uno mismo se crea. Además, eso se construye a base de definiciones que uno cree que creen las otras personas respecto a uno.

¿Cuál podría ser una cárcel o un muro que tú mismo te hayas construido, pero que ya hayas roto?

Uno de los triunfos más grandes de mi vida ha sido la superación de la adicción. Me pude haber quedado con: “Santi es el borrachito”, “como él es músico, como es artista”… Uno puede comerse ese cuento. Para mí, esa ecuación no servía. Logré romper esa cárcel y salir de ahí, logré convertirme en otro ser humano.

La idea de la paternidad tuvo mucho que ver. Si me hubieras preguntado hace 25 años, no me hubiera gustado que un hijo mío hubiera tenido como padre a ese yo. Entonces, me empeñé en ser ese ser humano que sí quería como padre para mis hijos.

“Romper cárceles que uno mismo se construye”: Santiago Cruz
Andrés Alvarado.

Este disco se percibe verdaderamente personal, porque muchas veces los artistas dicen eso, pero no se siente así en realidad. Este disco verdaderamente se siente muy personal. ¿A qué crees que se deba eso?

Eso pasa mucho. Uno escucha el disco y queda: “¿Personal de quién?” [risas].

Es una lindísima pregunta porque no sabría qué responderte. Primeramente, hay un elemento que es contradictorio: es el disco en el que más colaboraciones de composición he tenido en mi carrera. Habitualmente, mis discos son 85 % composición mía y un poco de colaboraciones. Este es lo contrario: solo dos canciones están completamente escritas por mí; el resto son colaboraciones a la hora de componer.

Pero ¿qué creo que pasó? Estaba yo en un momento personal de tanta exigencia emocional que me senté en cada cuarto de composición a defender con mucho ahínco mi punto de vista. Absorbí, aprendí a recibir lo que decían mis colegas, pero siempre defendiendo mi territorio.

Ese fue el ingrediente de intimidad que hizo que se exacerbara la manera de sentir tan personal el álbum. Y es contradictorio, porque hay más autores involucrados, pero me dediqué a defender mi punto de vista, que al final es lo que he tratado de hacer durante toda mi carrera.

También, con la edad vienen un montón de cosas maravillosas. Yo no tengo que demostrar absolutamente nada. Sé que tengo muchas cosas por lograr, muchos sueños, muchas ilusiones, una cantidad de metas y objetivos; me faltan un huevo de cosas dentro de mi vida artística, pero también soy consciente del camino que he recorrido, sé la coherencia con la que he tratado de caminar ese recorrido. Cuando uno tiene eso claro, no hay mucho que demostrar, salvo seguir persiguiendo la canción.

La canción dedicada a tu padre es diferente porque siento que no es una idealización, es más como una carta que habla de lo real. ¿Por qué sentiste que era el momento de escribirle a tu padre, de enviarle esa carta?

Mi papá falleció en diciembre de 2002, a sus 51 años. Cuando yo me fui acercando a la edad en que murió, la cabeza se me fue a la mierda y, con ella, la salud también. Me enfermé, los indicadores míos del laboratorio eran de una persona muy enferma, y yo llevo una vida bastante saludable. Mi doctor no entendía el colesterol, los triglicéridos… Llegamos a la conclusión de que era un tema emocional, era algo mental de estar acercándome a la edad en que había fallecido mi papá.

Empecé con rituales psicológicos, espirituales, emocionales, terapias… Yo le quiero durar a mis hijos muchos años. Parte de esos rituales terminó siendo esa conversación que se plasma en ‘Donde quiera que estés’, que es esa carta a mi padre.

En alguna terapia hice el ejercicio de la silla vacía, que es asignarle a una silla una persona, imaginar que está ahí sentada y hablarle. Esta canción es justamente ese ejercicio, pero en anfetaminas, con esteroides, que se fue a la mierda ese ejercicio [risas].

Terminó siendo algo muy bonito porque, al final, me hubiese encantado compartir un montón de cosas con él. Así como mi mamá me ha visto en el Movistar Arena, ha jugado con mis hijos y estuvo en el hospital cuando nacieron, también me hubiese encantado que mi padre estuviera allí.

Más allá de ser una canción de: “cómo te extraño”, es contarle todo lo que ha pasado, porque, al final, uno va entendiendo cómo uno se va realizando con lo que van logrando los hijos. Lo que yo quise pensar fue que, donde quiera que él esté, el tipo esté feliz y orgulloso de cómo me he ido realizando yo. Es más eso que una idealización.

Andrés Alvarado.

El cierre del disco con ‘Sigo de pie’ es bastante personal, pero al mismo tiempo siento que mucha gente se puede ver reflejada. Hay una parte en la que dices: “Viéndome al espejo, no reconocí el reflejo / Cada vez que intento huir termino siempre en el mismo lugar, ya no quiero huir, no quiero terminar en el mismo lugar”. Me gustaría saber de dónde nacen esas frases de la vida de Santiago Cruz.

Aprendí que si los retos, los momentos incómodos o los sucesos dolorosos no los enfrentas y, al contrario, sales huyendo rápido, al final terminas volviendo a ellos. Es como volver a ese nivel del juego. Uno no puede huir de esas cosas porque van a volver a aparecer, con otro nombre o de diferente manera, pero vuelven.

En cambio, si enfrentas esos retos o esos momentos difíciles, si los gestionas y los tramitas como se debe, lo más seguro es que pases al siguiente nivel. Yo pasé muchos años de mi vida volviendo siempre al mismo nivel. Todavía hay cosas que siento que me regresan al nivel anterior, al punto de partida, porque no he logrado afrontarlas como corresponde, pero hay muchas cosas, muchos niveles que ya he logrado superar.

Lo maravilloso de este camino que es la vida es eso: no es un plano absoluto. Hay cosas que se manejan mejor que otras y hay días en que uno está capacitado, así como hay días en que uno es un absoluto inútil.

¿Cuál dirías que es la cualidad más importante para afrontar esos niveles difíciles de la vida?

El trabajo personal. Lo más fácil es responsabilizar a todos los demás de lo que nos pasa y, sí, la gente nos ha hecho cosas, pero la tarea es de uno y no se puede pasar la vida culpando a los demás. Todo empieza por uno, por la relación que uno tenga con uno mismo.

El diálogo interno es clave, cómo te hablas a ti mismo. Muchas veces nos hablamos de una manera en que no seríamos capaces de hablarle a otra persona. Somos demasiado tiranos con nosotros mismos.

¿Por qué decidiste que el único cover dentro del disco fuera ‘Tumbas de la gloria’, de Fito Páez?

Fito es tan importante en mi vida. Hay una historia muy linda alrededor de él: en un disco llamado Ey! del 87, él tiene una canción que se llama ‘Canción del amor mientras tanto’ y en esa canción tiene un verso que dice: “Santiago Cruz, el adivino, violó las leyes del destino”. Cuando me enteré de eso, me la pasaba pensando y buscando quién carajos había sido Santiago Cruz en la vida de Fito Páez. Pasó el tiempo y nunca supe.

Me pusieron a abrir un concierto de Fito en el Palacio de los Deportes en 1999 y él, como todo gran artista, le pidió a su mánager que nos invitara a su camerino para saludarnos. Yo me presenté justamente como la canción: “Mucho gusto, Santiago Cruz, el adivino”, a lo que contestó: “Yo soy el brujo mayor”.

Me fue fatal abriendo ese concierto, pero me convencí de que ese camino era el que quería para mi vida, porque yo trabajaba de corbata en una oficina. Ese concierto me marcó. Fito Páez me marcó. Él tiene mucho que ver con ese gran paso que di para perseguir el sueño de la música.

Con los años, logré enterarme de quién era Santiago Cruz en la vida del tipo: me llegó un video de él contándome que no era nadie, que fue un nombre que simplemente le sonaba bien y, dentro del universo que se estaba inventando, sonaba bien, pero que ahora existía, que era real.

A pesar de nunca haber grabado covers en mis discos, me pareció que este era el momento de hacerle un homenaje a un tipo que, sin saberlo, fue determinante en mi decisión de hacer música.

Grabaste en inglés ‘The Lucky Ones’. ¿Por qué te dio por esas?

Fue culpa de la canción. Ahorita están muy de moda estos campamentos de composición y fui a uno en Nashville, en donde juntaban talento local con talento latino. El pop country me parece una vaina increíble y Nashville es la meca de muchas cosas, entonces fui y me pareció increíble.

Estando allá, en un cuarto hay un productor bogotano, un compositor venezolano, un artista sudafricano y yo, todos haciendo una canción. La canción la hicimos en inglés y me encantó. Invité a este sudafricano a grabarla conmigo —Roan Ash—. ¿Por qué no hacerlo? Cantar en inglés fue una delicia y seguramente aparecieron conexiones en mi cerebro que antes no existían. Fue algo fantástico y la canción es increíble.

También, me parece lindo cuando estoy de gira en Estados Unidos, ver en el público al marido gringo con la esposa latina o al revés, ver al gringo perdido en el concierto sin entender nada [risas]. Entonces, con esta canción ya voy a tener alguito en su idioma para que no se aburran tanto.

Para terminar, en una entrevista me habías dicho que siempre del proyecto del que más te sentías orgulloso era del trabajado más recientemente. En este caso, ¿crees que te puedas sentir más orgulloso en un futuro de otro proyecto distinto a este?

Sigo pensando eso: que mi próximo disco sea nuevamente del que me sienta más orgulloso. Espero que nunca haga un disco solo para ver qué pasa.

Una vez le preguntaron al maestro Armando Manzanero cuál había sido su canción más importante y él respondió: “Aún no la he escrito”. ¡Qué belleza una carrera así! Que a uno le pregunten por lo más importante de su vida y que uno pueda responder: “Aún no ha pasado”. Claro, han pasado cosas maravillosas, pero espero que lo más importante todavía no haya ocurrido.

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Stereo

Durante mucho tiempo, la figura del productor estuvo asociada a un lugar relativamente fácil de ubicar: alguien detrás de una consola, tomando decisiones mientras otro ocupaba el centro de la canción. La música de los últimos años volvió bastante más difícil trazar esa frontera. Una melodía puede empezar en una computadora, transformarse mientras se escribe […]

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Hace casi una década, comenzó la carrera de uno de los músicos más importantes que el regional mexicano tiene hoy en día: Carín León, quien el pasado viernes dio inicio a su histórica residencia en Sphere Las Vegas. Esta serie de conciertos no solo es importante porque el oriundo de Hermosillo se convierte en el primer latino en presentarse en el recinto, sino también porque marca el punto más alto de un año plagado de éxitos. 

A lo largo de 2026, Carín León ha sido uno de los músicos más activos del panorama musical hispanohablante al estar constantemente lanzando música nueva y presentándose en diversos escenarios alrededor del mundo. Aunque quizá lo más destacado sea el estreno de MUDA, un álbum que concluye una etapa en su carrera, pues se trata de la última entrega de una serie de proyectos relacionados a la boca. 

Desde su título, el disco es una invitación a mirar hacia adelante sin perder de vista de dónde venimos. MUDA hace referencia a la hache muda de Hermosillo, la ciudad natal de su autor, pero también al cambio. “Siempre reinvento desde lo tradicional, desde la misma tradición de Hermosillo, del ser más hermosillense”, comparte León con ROLLING STONE en Español tan solo una noche antes de que arranque su residencia en Sphere Las Vegas. “Para mí siempre ha sido lo mismo, siempre ha sido Hermosillo, pero ahora tengo la oportunidad de mostrar esas cosas que no se me habían permitido mostrar antes”. 

En sus propias palabras, este nuevo material discográfico “se trató de cambiar este sonido como si fuera una muda de piel, pero manteniendo esa esencia de lo que es Carín León, que tiene que ver mucho con mi ciudad y con la región donde soy”. Fiel a esta idea y a lo que ha estado presentando desde sus anteriores proyectos, el hermosillense decidió averiguar cuáles son los límites sónicos del regional mexicano al fusionarlo con distintos géneros que van desde el blues hasta la música electrónica. 

“Soy una persona que escucha mucha música desde que tengo razón; he coleccionado muchos sonidos. Aparte del regional mexicano, escucho una variedad importante de música, y siempre he tenido estos deseos de hacer música. Más que un músico del regional mexicano o un músico de algún género, me considero una persona que ama la música”, comparte el sonorense. 

Esta fuerte conexión con la música se refleja en su forma de componer, pues Carín no llega al estudio con una idea clara sobre lo que va a ser una canción, sino que deja que esta se apodere de sí mismo y lo guíe entre letras, melodías e instrumentos. “Dejo que las canciones me digan hacia dónde se quieren ir o qué sonidos quieren tomar”, menciona León. “Al momento de imaginarme cómo va a sonar la canción, también tengo una paleta de colores muy grande de dónde agarrar”.  

Manuel Zuñiga 

Este estilo de composición resulta en canciones mucho más orgánicas tanto en melodía como en lírica. De hecho, MUDA es un proyecto donde no solo se muestra Carín León, el artista, sino también la persona detrás del proyecto. De acuerdo al cantautor, esto surge de una visceralidad que siempre está presente cuando se sienta a escribir. “Soy de la idea de que si una canción no la compongo en menos de 30 minutos, es que no quiere nacer”, dice. “He preferido mantener mi arte de esa manera, que tenga esa visceralidad y que las canciones tengan que nacer por una necesidad de expresar algo”. 

Dentro de esta exploración sónica, León decidió invitar a su universo a artistas ajenos al regional mexicano. En MUDA encontramos únicamente dos colaboraciones: ‘Carranga’, junto a Juanes, y ‘Bingo’, de la mano con Rawayana. “Creo que siempre crean cosas nuevas, así que soy muy fan de sus proyectos. Tuve el honor de poder tenerlos en esta gran producción”, externa el hermosillense, quien siempre ha estado abierto a colaborar con artistas que lo sacan de su zona de confort. 

“Coleccioné muchos, muchos amigos a través de esto y me encanta hacer música con personas que quiero y que tienen la misma visión sobre la música que yo”, dice Carín León, quien este año ha estrenado colaboraciones con artistas como The Warning, Chanela Clicka y Kany García, con quien presentó ‘El Sombrero y La Camisa’. “Ya tenía añejada bastante tiempo, unos tres años o un poco más, y no habíamos tenido la oportunidad de sacarla, pero es una letra impresionante —como lo que hace Kany todo el tiempo— y quisimos lanzarla esta vez, pero siempre con la calidad que nos brinda ella como artista y como compositora”, comparte el mexicano. 

A pesar de esta exploración sónica y sus diversas colaboraciones, Carín León tiene muy claro que su amor más fuerte está en el regional mexicano, un género al que describe de una forma tan bella que vale la pena plasmar de forma íntegra: “El regional mexicano es eso: es familia, es amigos, es simpleza, es sencillez, es la base para nosotros, sobre todo en el noroeste del país. Es nuestra canasta básica, y es algo que tenemos tan arraigado, y que es tan lindo, y tan importante, que nunca nos va a dejar, por más que vayamos a otras partes del mundo”. 

Además de por el estreno de su nuevo álbum y su serie de presentaciones en Sphere Las Vegas, el año de Carín León también estuvo marcado por experiencias como la organización de su propio festival en Hermosillo, Sonora, donde fue acompañado por artistas como Alejandro Sanz, Grupo Frontera y Kevin Kaarl, y que fue el resultado del profundo amor que siente por su ciudad. “Tengo algo enfermo”, menciona el cantautor. “Siempre la he visto como un paraíso y estamos en la búsqueda de construirla —entre muchos hermosillenses, muchos artistas y su servidor— como un epicentro musical donde se expongan las cosas que nunca se han expuesto, pero que siempre han estado en nuestro estado y en nuestra ciudad”, añade. 

A esta experiencia también se suma su participación en Summer Sonic, donde no solo fue uno de los actos estelares, sino también curador de una escenario dedicado a la música mexicana donde también participaron Latin Mafia y Paloma Morphy. “Ha sido algo de mucho orgullo”, menciona el sonorense. “A fin de cuentas, son diferentes géneros los que hace Latin Mafia, los que hace Paloma y los que hago yo, pero creo que hay una sinergia y la sinergia que hay dentro es que somos muy mexicanos”. 

La presentación de Carín León en la “Tierra del Sol Naciente” es un reflejo de cómo el regional mexicano ha roto fronteras y lo va a seguir haciendo. “La música es otro idioma”, comparte el hermosillense. “Creo que nuestro género, el regional mexicano, es tan visceral, es tan fácil de entender, tan fácil de digerir, que cualquier persona en cualquier parte del mundo, siempre y cuando esté bien hecho, lo va a gozar”. 

Manuel Zuñiga 

“Lo que para nosotros estaba la orden del día; lo que para nosotros muchas veces hasta lo tildamos como que es música del pueblo —porque por mucho tiempo se le marginó al género de esa forma—, en otros lugares se le valora como arte, como cultura, como lo que siempre ha sido. Creo que el estigma hay que cambiarlo desde adentro. Nuestra cultura es suficientemente potente y hoy en Japón nos dimos cuenta que la gente está hambrienta en México”, continúa el mexicano. 

A pesar de que Carín León ha tenido la oportunidad de presentarse en algunos de los escenarios más importantes del mundo, puede que ninguno sea tan imponente como Sphere Las Vegas. “Hay un poco más de tranquilidad, pero siempre está el nervio de que todo puede pasar”, comparte el artista la noche antes de su primera presentación. “Pero sabemos que la gente se va a llevar, un gran, gran sabor de boca, y que va a ser un show memorable”. 

Ese nerviosismo desapareció un poco tras el primer ensayo, donde el sonorense pudo dimensionar realmente lo que estaba por pasar en los próximos días. “Fue como un shock de realidad”, externa el cantautor, quien tiene claro que esto no solo se trata de su crecimiento profesional, sino también de poner en alto su estado y a su gente. “Quiero que la gente se sienta orgullosa y, sobre todo, que el sonorense y el hermosillense también se sientan más orgullosos que nunca de ser hermosillenses y sonorenses y festejen junto conmigo lo que está logrando nuestra cultura, porque más allá de mi logro personal es un logro cultural y es un logro de todos”, añade. 

Carín León es el primer artista latino en presentarse en el recinto, algo que él mismo describe como una oportunidad para inspirar a más músicos. “Quiero inspirar a mucha más gente, a los músicos del regional, a que piensen que no hay imposibles, que los límites solo existen en la cabeza, y uno mismo se los pone”, dice la estrella. 

A pesar del gran presente que está viviendo, el año aún no termina y Carín León aún tiene más cosas preparadas para cerrar su 2026, incluyendo su tradicional álbum decembrino, el cual es un regalo que él mismo se hace. “Esta vez haré lo mismo, pero de manera muy distinta, de una manera muy creativa”, revela. “Es un disco que yo quería hacer desde hace muchísimo tiempo, que es un acercamiento a la música country en español”, añade el artista, quien considera que este nuevo material es uno de los mejores que ha hecho hasta la fecha. De igual manera, el cantautor volverá a Sphere Las Vegas en septiembre del próximo año para seguir haciendo historia. 

Sin embargo, a pesar de lo emocionante que puede ser el futuro, Carín León no despega los pies de la tierra y se mantiene conectado a su presente. “Me mantengo ocupado, me mantengo haciendo música, me mantengo volviendo a casa. Eso me ayuda muchísimo: volver a Hermosillo, volver a estar con mis camaradas, tener bien firme el sueño y el estar en constante contacto con mi humanidad”, comparte el hermosillense. “Mi negocio principal, más allá de cualquier cosa, es hacer música y creo que eso siempre va a estar cubierto porque me encanta hacerlo”, finaliza.

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Julieta Laso tenía 16 años cuando escuchó el disco que, acaso sin saberlo, iba a cambiarle la vida. Hasta ese momento, su universo musical se dividía entre el folclore que le llegaba por herencia de sus padres (Mercedes Sosa, Violeta Parra) y el rock nacional: Los Redondos, Divididos, Bersuit Vergarabat y Los Fabulosos Cadillacs. Ah, y una precoz fascinación, desde los doce años, por las canciones de Tita Merello. Pero fue en cuarto año de la escuela secundaria que una compañera le mostró Tangos bajos, el disco de 1998 con el cuál Daniel Melingo no sólo reinventaba su carrera, sino que plantaba bandera en el mundo del tango.

Julieta Laso y Daniel Melingo, una conexión profunda que trascendió los escenarios (Emiliano Rojas Salinas).

“Desde ese momento, nunca paré de escucharlo”, dice, ahora, Julieta, en un bar coqueto de Villa Crespo. “Estoy segura de que había cosas de las que no tenía idea de lo que hablaba, pero no sé, fue algo que me entró. Y bueno, las cosas de la vida que después te recompensan”, dice con tristeza en sus ojos. O, en términos de Manu Chao, algo de “malegría”.

La inesperada muerte de Daniel Melingo, el 30 de junio pasado, es un golpe que Laso no termina de asimilar. No sólo por la partida de uno de sus referentes seminales. En los últimos dos años, habían establecido un vínculo profundo, que derivó con Melingo produciendo su último disco, el flamante Fabriquera. El álbum, disponible en todas las plataformas desde el 10 de septiembre, será presentado en vivo el 23 de octubre a las 20 hs. en el Teatro Margarita Xirgu, Chacabuco 875, CABA. “Él me marcó muchísimo en la adolescencia, mucho antes de pensar que iba a cantar. Años más tarde, desde el primer momento en que me metí con el tango pensé: ‘Mi sueño es colaborar con el maestro’. Sentía también que había algo en mi voz o en mi color que podía funcionar. Y diez años más tarde, cuando yo ya había pasado por la Orquesta Típica Fernández Fierro y todo eso, me llama para invitarme a cantar en su concierto. Fue un sueño hecho realidad”.

Fue en un concierto en Café Berlín, coqueto escenario de Villa Devoto, y Julieta cantó dos canciones, “El tango del vampiro” y “Este cuore”. La conexión fue inmediata. A partir de ahí se generó una relación muy hermosa, dice Julieta. “Para mí, él era mi maestro, y me empezó a invitar a casi todos los conciertos que hacía. De hecho, también me invitó a algunas giras, fuimos juntos a Montevideo, y a partir de ahí no nos soltamos más. Un día le dije que me encantaría hacer un disco producido por él, y enseguida le gustó la idea. Se puso a trabajar muy fuertemente; es un hombre muy minucioso y muy exigente para el trabajo, muy manija. Así fue que empezamos a grabar un disco, y lo estuvimos grabando durante dos años. ¡Nunca hice tantas tomas para una canción!”.

El repertorio ofrece piezas inéditas, temas del propio Melingo, obras de los poetas cayengues Julián Centeya, de Evaristo Carriego, de María Celeste Torre y del cantautor español Patxi Andión. La banda está integrada por Javier Casalla en violín; Camilo Ferrero en bandoneón; Patricio Cotella en contrabajo; Agustín Della Croce en chelo; Muhammad Habbibi en trombones; Melingo en guitarra y tzouras, y con invitados como Vicentico y el legendario guitarrista Kubero Díaz, pionero del rock argentino.

Para una intérprete, tal el caso de Laso, la piedra fundamental de un álbum suele estar en la elección del repertorio. “Daniel me pidió que marcara los temas que a mí más me gustaría cantar”, cuenta Julieta. “Y era una lista interminable, así que grabamos más de los que quedaron en el disco. Dejamos afuera algunos, porque quisimos seleccionar lo mejor, y lo elegimos un poco entre los dos. Yo tiré la primera idea de los temas que sentía que me interpelaban más, y, en el hacer, la fuimos puliendo. Llegamos a cerrar todo el disco e, incluso, definimos la fecha de estreno. Estábamos esperando que terminara el Mundial para definir el lanzamiento. Estuvo hasta en el último detalle de todo: dónde se iba a hacer, de quién iba a ser la puesta. También está en el videoclip de ‘Corazón y hueso’, dirigido por María Alché. Por suerte, pudo verlo y estaba muy emocionado, le parecía bellísimo. Decidimos todo juntos, eso me da mucha tranquilidad. Eso también devino en una relación de mucho cariño, de mucho respeto, de mucha admiración y de bastante intimidad, de charlas hermosas. Es como que recién ahora empiezan a decantar tantas cosas que me dejó”.

En tiempos de lanzamientos vertiginosos, dos años parece demasiado tiempo para hacer un disco. Melingo hacía una especie de apología de ese proceso. “Me decía todo el tiempo que había sido un disco pintado al óleo”, evoca Laso. Y explica algunos de los aspectos más importantes del rol del productor. “Él me habló mucho. Para él lo importante era poner el protagonismo en la voz, y tratar de escapar de estos vicios que tiene el género: de tanto grito, de que todo suene tan fuerte. Así que empezamos a enfocar el laburo ahí: pocos instrumentos, arreglos muy pensados, con mucho peso, y la voz en el lugar protagónico. Buscando lugares diferentes, sutilezas. Hay muchas canciones del disco que cuando las escucho no me reconozco en mi forma de cantar anterior, así que eso es algo que le agradezco infinitamente. Siento que de alguna manera él me cambió la forma de cantar, o por lo menos me indicó un camino por el que estoy yendo”. . 

– ¿Hablaban mucho de la interpretación? 

 – Mucho. Él hacía mucho foco en el protagonismo de la voz, en confiar en ese instrumento muy fuertemente y buscarle matices, lugares, sutilezas en las que no me había detenido mucho. Hay dos o tres canciones del disco que están hechas con una tranquilidad y una dulzura que yo no tenía, y para que llegáramos a ese resultado él me coacheó fuertemente: parábamos, grabábamos de nuevo, y me marcaba pequeños detalles del fraseo, de la intensidad, de dónde cantar; cosas de mucho detalle que por ahí a mí se me escapan. Él me decía que eso también tiene mucho que ver con un vicio del folclore y del tango. Yo he cantado mucho en las plazas; empecé cantando en Plaza Dorrego con un sonido horroroso y teniendo que tratar de que los turistas escuchen, entonces tenía que gritar. Obviamente todo mi recorrido fue cambiando, pero faltaba este trabajo en el que realmente hiciera un cambio profundo. Sin exagerar, creo que hice 40 tomas de cada canción.

 – ¿Cómo te marcó el haber cantado en la calle? 

 – Era un poco duro, pero también una cosa de mucha alegría. Yo ya había cantado en escenarios grandes, pero así como la calle te genera vicios o cosas que no están buenas, también te da herramientas y estrategias para captar la atención, cosas que todavía hoy utilizo. No son los momentos más alegres del trabajo, pero te forman.

Cuando habla de Melingo, Julieta lo menciona como “El maestro”. Le brillan los ojos, se le cierra la gola, se escapa una lágrima. “Él era un hombre muy sabio, muy espiritual en su forma de ver la música y el arte. Se notaba que me quería cuidar, que me quería pasar algunas cosas que a él le habían servido. Sobre todo en ver la música y el arte de una forma espiritual, de no caer en las trampas en las que caemos muchas veces. Cosas que tenían que ver con su propio recorrido. Era un chabón que hablaba como si fuera un filósofo. Hubiese querido compartir muchos más años con él, pero tengo que agradecer infinitamente el haberme cruzado con una persona así. Fue un privilegio”, asegura. “Un hombre culto, que sabía mucho de música. Todo el tiempo que lo escuchaba hablar quería grabarlo; muchas cosas las grabé, otras no. Siempre me acuerdo de una conversación que tuvimos de tres horas antes de empezar a grabar el disco, y decía: “¿Cómo no lo grabé?”, porque era un maestro”.

Más allá de cualquier aspecto técnico, el aporte de Melingo trasciende la carrera de Laso, transformándose en un referente vital, espiritual, casi místico. “Mucho de lo que aprendí en estos años va a ir decantándose con el paso del tiempo y de este duelo”, asegura. “Mi trabajo como cantante empezó 16 o 17 años antes. Yo nunca pensé que iba a ser cantante porque mi infancia fue por la actuación; cantaba, pero como algo más. Empecé a cantar porque los músicos me apoyaron mucho; me dieron mucha fuerza porque yo no creía en mí. Toda mi vida me había interesado mucho el folclore latinoamericano, quería ser percusionista, me fui a Colombia a estudiar percusión afrocolombiana. Estando allá, tratando de tocar el alegre y cantar, una colombiana me dijo: “Pero vos tenés que cantar tango”. Esa noche le canté un tango. Y pasaron años hasta que asumí ese desafío. Si no hubiese sido con esa llave, con el tango, yo no creo que me hubiera animado nunca a cantar; descubrí algo que estaba muy adentro mío y que no tenía tan visto”.

Hay que prestar especial atención a la interpretación que Laso hace de “Este cuore”, la composición de Melingo sobre unas líneas del poeta lunfardo Julián Centeya que publicó originalmente en Santa Milonga (2004). La interpretación, justamente, es clave en una cantora como Laso, que se formó como actriz y recién a los 20 años empezó a cantar.

La complicidad entre Julieta Laso y Daniel Melingo (Emiliano Rojas Salinas).

“Esa es una de las herramientas de las que más me agarro”, explica. “Nunca sentí que tuviera una voz tan privilegiada; el caminito que pude ir armando tiene mucho que ver con la interpretación y con la transmisión. Siento que a veces no me da el aire o no me da la cabeza, pero genero una conexión con las personas, unas ganas de transmitir, y eso es lo que me permitió armar el oficio que hoy tengo. Lo fui trabajando con mi maestra Beatriz Muñoz, pero lo que estaba ahí de poderoso era esa capacidad de conectarse con el otro, que me la dio mucho el teatro”.

Nunca abandonó la actuación del todo. En 2021, por ejemplo, protagonizó Terminal Norte, un corto dirigido por su pareja, Lucrecia Martel, en la provincia de Salta. Y también obtuvo el premio Trinidad Guevara como Revelación Femenina por su participación en Ojo de Pombero, la obra escrita y dirigida por Toto Castiñeiras. Entre sus proyectos esporádicos se destaca un espectáculo junto a la escritora, performer y cantora cordobesa Camila Sosa Villalda: “Aúllan a Horacio Guarany“, se llama el particular homenaje conjunto al autor de “Si se calla el cantor”.

Desde esa temprana fascinación por Tita Merello cuando todavía era una niña, hay un patrón de conducta en la obra de esta artista que, confiesa, muchas veces se imaginó viviendo en un tiempo pretérito, en la edad de oro del tango y los boleros en aquella Buenos Aires del siglo pasado. No es casual, tampoco, que su círculo afectivo sea con personas bastante más grandes: ni el que construyó con Daniel Melingo en los últimos dos años, ni que su pareja, Lucrecia Martel, sea bastante más grande que ella. “Es algo que estuvo siempre en mi vida”, argumenta. “De chica siempre me relacioné con gente más grande; iba al colegio pero ya tenía mi grupo de teatro y salía con ellos todos los fines de semana. Valoro mucho la experiencia, soy más de ponerme en el lugar de discípula. Siempre me gusta tener a alguien referente fuerte cerca, lo necesito, y me han hecho crecer mucho. Otra persona muy importante en mi vida musical y artística es Macha Asenjo [líder de los grupos chilenos Chico Trujillo y El Bloque Depresivo, y productor de Pata de perra, el disco anterior de Laso, editado en 2023], también más grande que yo y con mucha más experiencia. Ese disco tuvo otra historia muy dura porque lo hicimos con Macha y con un músico increíble y legendario de Chile, Pajarito Araya, que falleció apenas lo habíamos editado. Hizo todos los arreglos y grabó muchos instrumentos, así que fue una gran despedida”.

Con Melingo compartió otra experiencia trascendental y profunda. Conocieron a María Elena Lamadrid, nonagenaria actriz y cantante, referente matriarcal de la cultura afro en la Argentina. “Cuando me encontré con un maestro así, decidí no desperdiciar ni un minuto: lo acompañé en todo el proceso de grabación del documental sobre Tangos bajos que estaba haciendo. A todos lados que podía ir, le pedía y él me llevaba. Ese fue un día muy especial; porque yo no conocía a Lamadrid, ni conocía su disco Afroargentina. Son esas cosas que decís: “Canto tango hace 15 años, no puede ser que no conozca esto ni que me lo haya nombrado ninguno de mis compañeros tangueros”. Esa información me llegaba de Dani, que era un investigador, un filósofo, un músico. Fue maravilloso ese día; cuando terminó, Daniel estaba muy feliz. Habíamos logrado entrar en comunidad con ese grupo de gente, cantamos, cantó él, cantó ella, tocaron los tambores, y después nos abrazamos y nos pusimos a llorar de la emoción. Le agradecí para siempre que me haya llevado ahí. Ella habló poco al principio, no quería cantar porque hacía mucho frío, pero el maestro le empezó a hablar de Alberto Castillo. Ahí ella se soltó, contó que bailaba en la comparsa con Castillo, y el maestro —que era fanático de Castillo— se volvió loco. Toda esa investigación que hizo Dani para el documental va hacia la raíz afro en el tango, algo que es obvio pero que está negado como tantas cosas en la historia de nuestro país”.

Salvo el tema de Patxi Andión, “Toda la mar detrás”, todo el repertorio del álbum es de Daniel Melingo. Aunque Fabriquera no fue concebido como un homenaje, esa idea sobrevoló tácitamente todo el proyecto. “Yo lo sentí así, aunque no lo hablamos claramente”, reconoce Julieta. “Todo el tiempo sentí que eso era lo que estaba pasando, y me daba cuenta de lo hermoso que era formar parte de ese encuentro. Siento que él de alguna manera se estaba despidiendo y dejando su legado: la película, el disco que está por salir, muchas cosas que dejó porque estaba muy manija y trabajaba sin parar. Los últimos días, hasta un día antes de partir, era hablar de trabajo: “Nos vemos acá, vamos allá, este es el arreglo para el Coliseo”. Siento que él estaba dejando su legado. Y sí, el disco es su obra porque son sus temas, porque él graba el clarinete, la guitarra, los efectos, las voces, los coros, está metido en todo el disco. Hay temas inéditos con letras de poetas lunfardos como Carlos de la Púa y Julián Centeya, autores que conocía de nombre pero que ahora me puse a leer y son una maravilla. Como un lujo extra, aparece Kubero Díaz, grabando un solo hermoso. El resto son letras de María Celeste Torre, su pareja; es increíble lo que escribe, soy muy admiradora suya. Hay un tema con el que cerraba el disco que Celeste lo escribió y le dijo al maestro: “Esta la imaginé para ella, me parece que puede andar”, y cuando el maestro la trajo me volví loca”.

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Festival Mutante 2026

Toda escena musical está en movimiento, aunque sus transformaciones rara vez ocurran de manera ordenada. Cambian los sonidos, las formas de producir y de encontrarse, aparecen nuevos nombres y otros acumulan años de recorrido sin dejar de buscar una dirección diferente. En ese movimiento se instala Festival Mutante: un encuentro que reúne proyectos de recorridos […]

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Pink Pablo sabe que incluso las relaciones que comienzan desde la ilusión terminan enfrentándose a momentos agrios. En Pink Lemonade, su nuevo EP, el músico puertorriqueño convierte esas experiencias en siete canciones que se mueven entre el pop alternativo y la electrónica, con elementos de la música urbana.

“Esos limones fueron sentimientos agrios durante una relación, cuando está empezando o cuando se está acabando”, explica Pink Pablo. Para él, esos momentos resultan inseparables de la parte más dulce de cualquier vínculo. “Si uno le quita lo agrio, tampoco puede saborear lo dulce”.

El EP tiene una serie de cartas dirigidas a distintos amores, o a él mismo, una forma de escritura que ha acompañado al artista desde que comenzó a hacer canciones. “Todas las canciones están dedicadas a alguien”, señala. “Siempre han sido como journal entries, diario, querido diario. Pequeños mensajes para las personas”.

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Pink Pablo intenta mantener un flujo constante de creación porque considera que los sentimientos funcionan mejor cuando todavía están frescos. Para él, escribir una canción no ocurre después de entender completamente una experiencia, sino durante ese proceso.

“Si lo proceso mucho no llega la canción, porque ya la canción me está ayudando a procesarlo”, explica. Incluso reconoce que algunos de sus periodos más turbulentos han terminado siendo especialmente productivos. “A veces la turbulencia es buena para crear arte”.

La frustración ocupa por ello un lugar importante dentro de Pink Lemonade, Pink Pablo la entiende como una fuerza capaz de provocar movimiento. “La frustración es una energía”, dice. “A veces es lo que nos empuja a ser mejor, a darle más duro o a buscar alternativas”.

Musicalmente, el concepto apareció después de las canciones. Pink Pablo comenzó a identificar que seis o siete composiciones compartían temas relacionados con el amor y decidió construir alrededor de ellas un universo común. “Cuando estoy haciendo la música, yo no estoy pensando en nada de eso. Estoy pensando en hacer la mejor canción”, cuenta. “Una vez tengas la canción, puedes crear el universo alrededor de la canción”.

Entre las colaboraciones del EP aparecen Bloodstein y De La Ghetto. Este último participa en ‘creiziiii’, una canción que conecta el universo alternativo de Pink Pablo con una de las figuras más reconocibles de la música urbana puertorriqueña.

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La colaboración llevaba tiempo gestándose. Pink Pablo había creado previamente la sección que terminaría interpretando De La Ghetto sin saber todavía quién la cantaría. Uno o dos años después, recibió un mensaje directo del músico y comenzó la conversación.

“Que él lo entendiera, siendo una persona del mundo urbano y yo viniendo de un mundo más alternativo, me hizo sentir que estaba en el camino correcto”, recuerda. Tras enviarle la canción, De La Ghetto aceptó participar.

El encuentro también refleja un momento en el que las fronteras entre distintas generaciones y escenas de la música latina parecen cada vez menos rígidas. Pink Pablo observa que el sonido está cambiando y todavía no existe una dirección completamente definida. Dentro de ese panorama, su aspiración es convertirse en lo que define como un artist’s artist, alguien capaz de inspirar a otros músicos a tomar riesgos. “Espero siempre ser esa persona que tomó ese riesgo”, afirma, “y que está abriendo camino con su sonido”.

Esa búsqueda continuará también fuera de Puerto Rico. El músico planea pasar más tiempo en Ciudad de México, donde quiere conocer nuevos artistas, acercarse al sonido local y desarrollar colaboraciones. “Estoy emocionado porque el sonido se expanda y cambie y se transforme en algo mucho más grande”, dice.

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Hay algo particularmente significativo en volver al lugar donde comenzó todo. Para Chino Pacas, ese regreso tiene nombre propio: Que sigan llegando las pacas Vol. 2. Si el primer volumen documentaba los primeros pasos de un artista que apenas comenzaba a descubrir el estudio, esta segunda entrega representa el resultado de varios años de aprendizaje, experimentación y trabajo.

“Muchas experiencias y mucho trabajo que he realizado. Más que nada, la experiencia que tengo al meterme al estudio”, explica Chino al hablar sobre la diferencia entre ambos proyectos. En el primer álbum, recuerda, todavía estaba descubriendo cómo funcionaba el proceso de hacer música. Ahora, después de pasar mucho más tiempo en el estudio, siente que trabaja de una manera diferente: “Ya este que sigue en Que sigan llegando las pacas Vol. 2 es conmigo más experimentado”.

Ese aprendizaje no solamente se refleja en la manera de grabar. También está en la forma en que escucha y evalúa sus propias canciones. Chino cuenta que una de sus principales lecciones ha sido aprender a explorar, investigar y, sobre todo, darse tiempo para escuchar la música antes de decidir que está terminada.

“Cada que hago [una canción], la escucho como unas 80 veces”, cuenta. Si después de tantas reproducciones continúa convencido, la canción avanza. Si encuentra algún detalle que no termina de convencerlo, prefiere dejarla para otro momento, transformarla o volver a trabajarla.

Ese método también ayuda a entender por qué Que sigan llegando las pacas Vol. 2 se siente como un proyecto abierto a distintas posibilidades. El álbum no se limita a una sola fórmula. Chino se mueve entre sonidos y géneros que forman parte de su historia personal, incluyendo hip-hop y hyperpop.

“Son géneros que desde morrito, desde pequeño he escuchado con mi mamá, con mis papás”, explica. Por eso, llevarlos ahora a su propia música tiene un significado especial. No se trata simplemente de experimentar con sonidos diferentes, sino de convertir en canciones influencias que lleva escuchando desde hace años.

“Para mí poder crearlos, menearme en ellos, es algo que es muy bonito para mí porque me encanta crear nueva música, me encanta estar creando”, dice.

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Una película alrededor del álbum

La evolución musical también viene acompañada de una evolución visual. Chino describe este como su álbum más cinematográfico hasta la fecha, una dimensión que comenzó a desarrollar junto a sus hermanos y que se convirtió en una parte central de la manera de presentar el proyecto.

Los videos que acompañan al álbum fueron concebidos desde una perspectiva mucho más cercana al cine. Incluso el tráiler del proyecto se aleja deliberadamente del formato tradicional del videoclip: es una pieza visual construida como una película y sin diálogos. “En sí son todas nuestras ideas y ver nuestras ideas de nuestra mente pasarlas a lo visual, pues es algo bien perrón”, cuenta.

La participación de sus hermanos resulta fundamental en ese proceso. Chino no solamente aparece frente a la cámara, sino que participa activamente en la construcción del concepto y en la dirección. Para él, la posibilidad de convertir una idea que existe en su cabeza en una pieza visual terminada es una de las partes más satisfactorias de todo el proceso.

Y hay una razón personal detrás de esa apuesta. El cine es un mundo que siempre le ha interesado y al que también le gustaría acercarse más en el futuro.Paradójicamente, una producción cada vez más ambiciosa nació desde un espacio bastante íntimo. Chino trabajó buena parte del álbum en un estudio casero, acompañado por su hermano.

No necesitó necesariamente un gran estudio industrial para construir el proyecto. Lo importante fue el proceso que desarrollaron entre ambos: escuchar, analizar y tomar decisiones sobre cada canción. “Todas las canciones las analizamos yo y él. Lo que a él no le gustaba lo quitamos, lo que a mí no me gustaba lo quitamos”, explica.

El resultado es un álbum construido durante varios años. Algunas de las canciones comenzaron a tomar forma en 2024, otras llegaron en 2025 y otras fueron realizadas durante 2026. Esa amplitud temporal convierte al proyecto en una especie de fotografía de distintas etapas de su evolución artística.

Pero también hay algo que Chino tiene claro: antes de pensar en lo que el público espera de él, necesita sentirse satisfecho con lo que está entregando.

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‘Billetes’ y las canciones que hablan desde otro lugar

Dentro del álbum hay una canción que ocupa un lugar especial para él: ‘Billetes’. No necesariamente porque sea la más comercial, sino precisamente porque siente que representa de manera directa lo que quería decir. “Es la que viene desde mi corazón”, afirma.

Chino escribió la canción completamente por su cuenta y recuerda que el proceso fue especialmente fluido, como si la canción ya estuviera construida en su cabeza antes de llevarla al papel. Incluso después de terminar el álbum, continúa considerándola su favorita.

También destaca ‘I’ll Know How to Get’, una colaboración que representa otra novedad para el artista: es la primera canción que realiza junto a una mujer. Más allá de la colaboración específica, Chino reconoce que siempre le ha interesado la manera en que las mujeres se desenvuelven dentro de la música y que tenía pendiente explorar esa dinámica.

El cambio en su vida personal es quizás la transformación más evidente de todas. Antes de dedicarse completamente a la música, Chino vivía en Tampa, Florida, donde trabajaba en construcción. Ahora su rutina está completamente atravesada por la creación musical.

“Mi vida ha cambiado mucho a bien. Mi estabilidad ha mejorado. También mi estabilidad emocional. Así como económicamente”, cuenta.

El cambio no ha eliminado la presión, pero sí modificó de dónde viene. Chino asegura que no siente que la competencia con otros artistas sea su principal preocupación. Su presión está puesta sobre él mismo: quiere seguir haciendo música nueva, pero sobre todo música que le guste.

Esa misma independencia se extiende a la manera en que ha construido su relación con el público. Las redes sociales fueron fundamentales desde el comienzo de su carrera y siguen siendo una herramienta central para compartir canciones y sonidos.

“Desde que empecé mi carrera supe que era algo importantísimo porque hoy en un día la gente está 100% en el teléfono”, explica.

Música para ponerse las pilas

Hay otra idea que atraviesa Que sigan llegando las pacas Vol. 2: el movimiento. Chino está particularmente enfocado en el ejercicio y en llevar una vida más saludable, y esa energía terminó filtrándose también en el álbum.

Para él, escuchar música puede producir una reacción física inmediata. Algunas canciones invitan a la fiesta; otras, en cambio, producen una sensación que obliga a activarse. Esa es la energía que quería capturar en este proyecto.

“Este álbum es como para enfocarte”, explica. Su referencia es también la música de Fetty Banton, cuya energía asocia con ponerse las pilas y hacer ejercicio.

La idea incluso salió del álbum para convertirse en una experiencia con sus seguidores. Chino prepara un run club en Los Ángeles, una carrera de cinco kilómetros en la que espera reunir a fanáticos, figuras conocidas y colegas de la industria.

El propósito, dice, es sencillo: que la gente escuche su música y encuentre en ella una motivación para moverse, ya sea en el gimnasio, corriendo o haciendo cualquier otra actividad.

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“En sí también es para la salud, para que la gente se ponga las pilas”, afirma.

Chino Pacas ya puede mirar hacia atrás y reconocer una transformación profunda: de trabajar en construcción en Tampa a dedicar sus días completamente a la música; de sus primeras experiencias en un estudio a producir un álbum durante varios años; de concentrarse exclusivamente en un sonido a permitirse explorar géneros y lenguajes visuales diferentes.

Que sigan llegando las pacas Vol. 2 representa justamente ese momento de transición. Es un regreso a un nombre asociado con sus comienzos, pero hecho desde una perspectiva completamente nueva.

Y parece que el volumen dos tampoco será el final de esta historia. Cuando se le pregunta qué viene para él durante 2026, Chino deja caer una posibilidad breve pero significativa: “Tal vez otro disco”.

Por ahora, sin embargo, la prioridad está en disfrutar el presente: hacer música, experimentar, llevar sus ideas al cine, entrenar y encontrar nuevas maneras de conectar con quienes han acompañado su crecimiento.

Porque si algo deja claro esta nueva etapa es que Chino Pacas ya no está simplemente aprendiendo a hacer música. Está aprendiendo qué quiere hacer con todo lo que ha aprendido.

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Javiera Mena

Veinte años pueden transformar por completo el significado de un disco. Las canciones permanecen, pero cambian quienes las escribieron, quienes las escucharon y el mundo que las rodea. En el caso de Esquemas juveniles, el paso del tiempo produjo un efecto particular: el debut de Javiera Mena conserva algo de aquella sensibilidad adolescente con la […]

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Fernanda Villalobos es un claro ejemplo de perseverancia, pasión y fortaleza. Criada en la comuna de Conchalí, Chile, en el seno de una familia humilde, descubrió desde muy temprana edad que tenía algo especial que compartir con el mundo. A los 13 años comenzó a crear contenido en Musical.ly, plataforma que años más tarde se convertiría en TikTok. Lo que comenzó como un sueño de adolescencia pronto se transformó en el inicio de una trayectoria extraordinaria. Con un carisma arrollador, una personalidad que conquistaba a quienes la seguían y, sobre todo, unas inmensas ganas de salir adelante, Fernanda logró abrirse camino en medio de una creciente generación de creadores de contenido. Su historia demuestra que el origen no determina el destino. Desde Conchalí y con apenas 13 años, comenzó a construir, paso a paso, una carrera que terminaría convirtiéndola en una figura única dentro de su generación.

Sus primeros pasos en internet no tardaron en convertirse en una historia de crecimiento y conexión. Con el paso de los años, Fernanda logró construir una comunidad fiel que creció junto a ella y que hoy se traduce en una impresionante audiencia de 12.8 millones de seguidores en Instagram y 45.1 millones en TikTok. Pero detrás de esas cifras existe una visión mucho más profunda: para Fernanda, las limitaciones no son fronteras, sino desafíos que pueden superarse. Esa convicción la impulsó a perseguir uno de sus sueños más grandes desde niña: convertirse en artista. Sin embargo, el camino hacia ese sueño no ha estado exento de dificultades. Detrás del éxito, las luces y los millones de seguidores también han existido momentos de incertidumbre, tropiezos y duras batallas personales. Una cuesta arriba marcada, en buena parte, por desafíos relacionados con su salud mental, que la han obligado a enfrentarse no solo al mundo exterior, sino también a sus propias luchas internas.

Dejó atrás el nombre de Iamferv para convertirse en Katteyes, consolidándose como una de las artistas chilenas con mayor proyección internacional. Comenzó su camino en la música a los 18 años y, aunque una pausa de un año puso su carrera en espera, nunca logró detener su sueño; por el contrario, volvió con más fuerza y determinación. Su álbum debut, Deseo, se posicionó entre los proyectos femeninos latinos más exitosos de 2026, superando los 400 millones de reproducciones en plataformas y más de 600 millones en YouTube. Compartiendo espacio con artistas como Bad Gyal, Anitta, Kenia OS y Luísa Sonza, Katteyes demuestra que su propuesta musical llegó para trascender fronteras.

Este proyecto fue apenas la carta de presentación de Katteyes y uno de los primeros grandes hitos de su regreso a la música. Para ella, su carrera se construye sobre pilares fundamentales: la salud mental, el trabajo en equipo y, sobre todo, creer en sí misma. Y esto es solo el comienzo. Katteyes continúa dando pasos firmes con un objetivo claro: llevar el nombre de Chile cada vez más lejos y demostrar que los sueños, cuando se persiguen con pasión y determinación, no conocen fronteras.

Lee aquí nuestra entrevista completa con Katteyes:

Creo que las entrevistas, o en su mayoría, se centran en la figura artística y se quedan en lo superficial, que queda en cámaras o en lo que vende. Pero me interesa saber y me gustaría iniciar con un: ¿Cómo estás? ¿Cómo se encuentra Fernanda Villalobos? 

No sé cuándo fue la última vez que me preguntaron eso, de una forma genuina [Risa nerviosa]. He estado descubriendo todo lo que conlleva ser artista dentro de lo que ha sido el año pasado y este año. Es un sube y baja de emociones. El lado bueno es cuando te está yendo bien. Lo que más me gusta de hacer música es crear, pero también hay un lado negativo, que son las frustraciones de cuando tienes muchas cosas encima y no sabes qué tienes que hacer. Yo he estado descubriéndome, pero también he estado descubriendo cómo se siente mi equipo. La verdad es que ha sido bastante entretenido, pero también una aventura estos dos últimos años desde que volví a sacar música. Por ahora, podría decir que me siento muy bien y plena. 

Mi pregunta es genuina debido a que te mostraste real en redes sociales con un mensaje diciendo que cada vez más pierdes el gusto de hacer música. Cuéntame sobre este sentimiento y lo que te llevó a externarlo. 

Yo sentía en esos momentos que hacía cosas que quizá no estaba sintiendo del todo. Yo vengo de crear contenido; del mundo de TikTok y de ser influencer, entonces a mí me gusta mucho ver estadísticamente los resultados y que el trabajo está yendo hacia algún lugar. Pero llegó un momento en el que no sabía a lo que le estaba trabajando o lo que iba a venir después. Sentí que ese miedo e indecisiones que pasaron por mi cabeza, terminó siendo en mucha incertidumbre para mí en lo que iba a pasar. Creo que fue un momento de colapso mental. Pero ya recapacité conmigo misma. Al final, también creo que eso le gusta a la gente: verme real y que no todo es un mundo de colores. Una realmente está teniendo frustraciones como cualquier otra persona, y no por ser un personaje público tenemos que ser un robot con una sonrisa de oreja a oreja todo el tiempo. Con mi recapacitación, me dije que no debería de estarme quejando porque con mi gente, con todos lo que me han dado y convertido en lo que soy. Más que mostrarles mi frustración, entendí que no puedo enseñar ese tipo de frustraciones; puedo mostrar cuando me sienta triste por otra cosa, pero no por culpa de mi trabajo, porque gracias a la gente es que mi trabajo funciona. Fue una recapacitación. 

Me encanta esta faceta de los artistas en los que esta nueva era les da la fuerza de mostrarse como seres humanos y no como héroes que por mucho tiempo las personas creyeron que eran. Al final, es una realidad que necesita el público y la industria. 

Total. Igualmente, en ningún momento quise minimizar el trabajo de otras personas porque creo que se malinterpretó y se sintió como que me estoy quejando de mi vida, cuando hay gente con trabajos mucho más pesados y horas laborales más complejas. Jamás quise minimizar eso, solo quise mostrar que yo también tengo complejidades en mi vida, solo que se malinterpretó de una manera. El significado principal era la salud mental. Así tengas la vida resuelta y tengas un montón de privilegios, no vas a ser feliz si no tienes una buena salud mental. Todos deberíamos tener el mismo valor de la salud mental.

Por eso me parecía importante platicar de esta situación contigo, porque mucha gente no entendió bien el mensaje sobre la importancia de la salud mental. 

Mil gracias. 

¿Ya no tienes el sentimiento de querer dejar la música?

No, no, no. Para nada [Risas]. Me encanta lo que hago: la música, bailar y todo. Sí fue un momento de recapacitar hacía dónde estoy yendo hacia dónde quiero llegar. Tuve que volver a tomar conversaciones con mi equipo y sentirme cercana con todos para que me ayuden a llegar a donde quiero. Quiero que todas las opiniones sean escuchadas. Siempre he sentido que mi equipo me ha apoyado en mis decisiones, así que esto no ha sido nada difícil. Pero sí cambié mis decisiones que tenía en el momento.

¿Qué es lo que ha hecho mantener tu fuerza y convicción en lo que alguna vez fue tu sueño? Eso que no te deja rendirte.

Ufffff. Cuando tenía 16 años, recuerdo que estaba en la playa en la casa de mi abuela y no tenía ni idea de qué se trataba las manifestaciones y el universo, en lo absoluto. Me compré un libro que se llama El secreto. Ese libro cambió mis creencias limitantes, y comencé a sentir que con 16 años yo me podía comer el mundo. Creía que todo lo que soñara se me iba a dar. Fue tanto el poder de manifestación y el poder que tenía en mí misma que me ayudó a complir mis sueños. Comencé a tener alternativas y a tomar las oportunidades que Dios me puso en esos momentos para ir hacia mi cometido. Cada vez que me siento perdida, o cuando estoy viviendo muy rápido y se me olvida sentir, agarro mi libro y regreso a mis creencias. Me recuerda que nunca me debo poner límites. 

Cortesía prensa 

Tanto así que pasaste de ser TikToker a una de las artistas más escuchadas y reconocidas de Chile. ¿Cómo te sientes con eso? ¿Qué se siente representar a tu país a un nivel internacional?

Es algo que siempre me propuse, desde muy pequeña. Me encanta Chile, mi país, la gente y todo lo que lo conforma. Nunca lo cambiaría. Una de mis metas personales era que la gente de acá se sintiera orgullosa de mí. Me lo propuse, trabaje, trabaje y trabaje, hasta que la gente de acá vio que me lo tomé en serio y tomaron en cuenta mi esfuerzo y trabajo, que me la empezaron a dar poco a poco. Siento que si todo hubiese sido de la noche a la mañana, y no me hubiese puesto a trabajar, la gente diría que fue muy fácil, pero la verdad es que el cambio de influencer a artista fue lento. Todo lo que construí como influencer lo hice sola, no fue gracias a ningún privilegio porque yo vengo de una familia muy humilde de Chile. Me fui a los 16 años de mi casa para trabajar a México, después a Estados Unidos. Cuando la gente ve eso en entrevistas, entiende un poco de dónde vengo y me familiariza más. 

¿Crees que ha sido difícil el cambio de influencer a artista? 

Lo que se me ha hecho pesado es llevar las dos vidas. Siento que ser artista requiere todo tu tiempo y toda tu dedicación. Entonces, ser artista y ser influencer, tengo que esforzarme el doble porque tengo que estar haciendo música, entrevistas, ensayos, visuales y más cosas, mientras grabo contenido, y que sea contenido orgánico, no sólo contenido para mis canciones o que sea publicidad, porque al final tengo una comunidad muy linda. Llevar esas dos vidas se me ha hecho difícil, pero lograble. Siento que es una herramienta muy grande. Más que perjudicarme el antes solo ser influencer, me ha ayudado. 

¿Cómo fue tu regreso a la música? ¿Hubo emoción, miedo, incertidumbre? 

Yo empecé a sacar música en el 2023. Estaba yendo a estudios en Chile y me quedaba en casa de mi abuela trabajando, pero en 2024 no pude sacar nada de música. Fue un año muy difícil emocionalmente porque tenía una relación tóxica; lo único que pude hacer en ese año era grabar videos y solo me pude dedicar a eso. Tenía unos problemas de contrato en esos momentos. En el 2025, apenas termino mi relación tóxica y salgo de ese contrato, todo cambió. Al dejar los malos hábitos y la toxicidad, puse mi energía en mí en vez de ponérsela a otra persona. Dios me destapó un montón de bendiciones y oportunidades. Ahí fue cuando empecé a sacar música y que todo se empezó a dar y a fluir. En el 2024 nada se podía dar porque mi energía estaba puesta en alguien más. Apenas me recuperé como mujer y todo cambió. Solo comencé a ser segura de mí misma, a elevar mi autoestima y dejé de darle todo a un narcisista, y Dios me dio lo que realmente era para mí. Fue increíble. Es un momento en el que te quitas la ceguera y por fin puedes ver lo que el mundo tiene para ti; antes no lo podías ver porque estabas viendo a alguien más. 

Desde que regresaste a la música, ¿sientes que tu éxito ha pasado muy rápido? ¿Cómo lo vives?

Siento que rápido rápido no ha sido. Hago música desde los 14 años. En 2023, que ya tenía 18 años, me dediqué a hacer un montón de música, y en 2024 también. Estuve haciendo un montón de música pero no la podía sacar. Era mucho más frustrante hacer esa música y no poder sacarla. Iba al estudio a trabajar con la mentalidad de que no iba a poder sacar el trabajo que hiciera, pero también pensaba que el día de mañana podría hacerlo y quería estar preparada para ese momento. Quería ir a Chile y agarrar todo el sonido chileno, que fuera muy mi esencia. No quería hacerme una popstar o irme al rock. Me pregunté: ‘¿Qué es lo que realmente me llena?’. Pasé por un montón de estilos musicales: trap, alternativo, R&B, dancehall, de todo. Llegó un momento en el que encontré lo que me hacía sentir cómoda y hacía que mis melodías fluyeran. Todo hacía sentido cuando empecé a hacer reggaetón. La gente me dice que me estoy apropiando de algo, pero, ¿cómo me puedo apropiar de un sonido que escucho desde los 12 años? No es que me apropie de algo, estoy inspirándome para crear algo que es 100% mío. 

El que trabajaras en silencio te dio la oportunidad de lanzar tu álbum debut, Deseo, a los pocos meses de tu regreso a la música. 

Así es. Yo he de tener 115 canciones, pero en el álbum solo salieron 10. Imagínate. Yo creía que muchas de esas canciones no servían para nada, pero la verdad es que sí me sirvieron para practicar y hacerme mejor como artista. De todas esas, agarramos las mejores. He estado haciendo música desde los 18 años. 

También hablando de Chile, ¿qué opinas de la escena musical de la región?

Siento que falta más apoyo en las mujeres. Creo que el género masculino ya está más sólido, pero hace falta mucho más apoyo en la escena femenina urbana, así como voces femeninas para que la gente pueda escucharlas. Esto es algo que quiero implementar, por eso hace poco grabé con Loyaltty, una mujer urbana acá de Chile que le mete demasiado. Ella trabaja muchísimo: todos los fines de semana tiene shows y mil cosas. Aún siento que hace falta mucha música femenina a niveles internacionales. Me quería proponer eso para el siguiente año: darme a conocer full internacionalmente y que mi voz se escuche, una mujer cantando reggaetón, porque no solo los hombres puedes romperla al cantar reggaetón. 

Al mismo tiempo, me encanta la escena en Chile. Todos nos apoyamos muchísimo, hay un montón de talento y sonidos nuevos. Todos los días sale alguien nuevo con propuestas nuevas. Me gusta que finalmente Chile está escuchando música chilena. Cuando era pequeña, se daba que solo escuchábamos música internacional. Habían exponentes, pero quizá en otros géneros que estaban pasando. Escuchábamos mucha música de Argentina, Colombia, Puerto Rico y otros países, pero hacía falta que los chilenos escucharan de Chile. Me gusta lo que está pasando con la escena urbana de Chile. 

Algo que también me gusta de mis colegas es que todos venimos de abajo, todos hemos hecho el mismo recorrido, por decirlo así. Todos somos súper trabajadores. Obvio habrá uno que otro que está medio loquito [Risas], pero le ponen mucho esfuerzo en la música y se nota en todo su proyecto. Se ve en todo lo que hacemos que queremos que lo nacional sea igual que lo internacional, no menos. Hubo un momento donde lo chileno se minimizaba mucho, y nos minimizabamos mucho, como que el talento internacional era mejor. Ahora, mis colegas y yo queremos demostrar que somos iguales o mejores. Queremos estar al mismo nivel que los artistas globales. Para allá es a donde queremos ir. 

¿Algunos artistas que nos puedas recomendar de Chile?

Ufffff. Me encanta Lua Lacruz, ella es divina; me ayuda a componer, pero tiene un proyecto musical que es súper lindo y acaba de sacar un álbum. Su novio, Cris Melej, también es un súper artista y tiene un proyecto muy lindo. Hace poco conocí a Ober, y él hace R&B y es un poco experimental y alternativo, se me hace muy bueno. Estos son los artistas que me gustaría recomendar. 

Para ir finalizando. ¿Qué te gustaría agregar, Katt?

Me gustaría hacer una mención especial a mi comuna que se llama Conchalí en Chile. Es una comuna que no es pobre, pero tampoco es clase alta ni privilegiada, es común y corriente. Me gustaría motivar a todos los niños que vienen de abajo y de familias humildes para que persigan sus sueños y que demuestren lo que tienen en su corazón y dentro de sí mismos. Siento que la misma sociedad te hace limitarte y creer que no eres suficiente y capaz, pero el talento puede salir de cualquier lugar, así como el esfuerzo. Si se lo proponen, pueden cumplir sus metas. 

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Nostalgia City encuentra a Big Soto trabajando alrededor de la nostalgia que le provoca vivir lejos de Venezuela y de la relación que ha construido entre Caracas y Ciudad de México, donde ha desarrollado buena parte de su carrera. Largos periodos de tiempo sin ver a su familia terminaron convirtiéndose en una fuente constante de inspiración.

“Puede pasar una o dos veces a la semana que me pongo a pensar en mi mamá, mi papá, mi hermanito, mis amigos que están en Venezuela”, explica a ROLLING STONE en Español. “Pero cuando entro al estudio es creación. Todas esas cosas se vuelven musas”.

Ciudad de México tiene un peso importante dentro del álbum. Big Soto explica que la ciudad está ligada tanto a su crecimiento personal como a la distancia con su vida anterior. Esa relación también aparece en la portada, donde conviven referencias a Caracas y a la capital mexicana.

El disco también desarrolla dos facetas de su música. Sotipop representa su lado más romántico y melódico, mientras Sotorius está más relacionado con el trap y una energía más irreverente. “Ha existido una dualidad de un Big Soto que siempre ha cantado para las mujeres, para lo romántico, para lo bonito, y el otro Big Soto que es más trapero”, señala.

México también transformó su manera de trabajar. Fue aquí donde tuvo sus primeras sesiones formales de composición, participó en camps y comenzó a desarrollar canciones junto a productores, compositores y otros artistas. “México para mí, a nivel industria, cultura y música, ha sido una escuela gigantísima”, asegura.

En Nostalgia City, Big Soto reúne historias de amor, desamor y recuerdos de distintas etapas de su vida. “Esta es mi etapa más adulta y estoy haciendo la música de esta manera, estoy cantando de esta manera, le estoy cantando al amor de esta manera”, explica sobre el enfoque del álbum.

ROLLING STONE en Español presenta además en exclusiva el video de Big Soto x Suei, ‘TANTO.. (Remix) (Video Oficial)’. La colaboración surgió después de que los fans identificaran la participación de Suei como compositor principal de la versión original y comenzaran a pedir que apareciera en una nueva versión.

“Este es un remix súper especial porque nace principalmente de una idea de los fanáticos”, cuenta Soto. Cuando comenzaron a trabajar en Nostalgia City, decidió hacer una prueba con Suei. “Literalmente la rompió y nos obsesionamos con la canción. Fue de las primeras canciones que se terminaron para Nostalgia City”.

El video se grabó durante una visita de Suei a Ciudad de México. Recorrieron terrazas, estacionamientos y distintos puntos de la ciudad durante la noche, buscando una estética cercana al city pop, el lo-fi y las luces urbanas. “Usamos simplemente una cámara, una persona que estuviera ahí con nosotros pendiente, un Airbnb y la ciudad. El resto es historia”.

Big Soto también reconoce que este fue uno de los discos en los que sintió menos presión durante el proceso. Después de años pensando en números, hits y crecimiento, buscó recuperar una forma de trabajar más sencilla. “Recuperamos eso desde la nostalgia, hacer las cosas con cariño, meternos al estudio con amor, sin esperar algo a cambio. Simplemente vamos a hacer buena música”.

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